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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-03-2011

Las revueltas rabes
Los temporalmente modestos objetivos del imperialismo

Ali Omar
throwemtothelions.blogspot.com


Un imperialismo en regresin, profundamente amenazado por la Gran Revolucin Panrabe, necesitaba de un prerrequisito para actuar en este escenario: que Gaddafi suprimiese brutalmente la rebelin de las masas populares, que cercenase su capacidad de tomar el poder de modo directo. Una vez desintegrada, parcialmente, la fuerza de los comits populares de la revolucin de febrero, asentado el embrin de un Gobierno de Transicin hegemonizado por ex-ministros del rgimen dispuestos a una conciliacin con el exterior (el plan de estos tiempos: benalismo sin Ben Ali, mubarakismo sin Mubarak, gaddafismo sin Gaddafi), es entonces cuando el imperialismo puede dedicarse a salvaguardar sus intereses fundamentales bajo un enfoque, aunque armado, esencialmente conservador.

Cules son estos intereses?

-Garantizar la continuidad o el reestablecimiento del suministro de materias primas energticas.

-Controlar los flujos migratorios frica-Europa.

-Bloquear la difusin a Argelia de la insurreccin panrabe.

-Evitar un conflicto prolongado en un territorio estratgico sensible y consolidar un Gobierno estable no dirigido por el pueblo.

-Para EEUU, en su obsesin securitaria, eliminar a aproximadamente unos 300 supuestos militantes de Al Qaeda recientemente liberados por el rgimen.

El imperialismo podra haber llegado a un acuerdo con Gaddafi para la continuacin del statu quo que tan productivo ha sido para ambas partes a lo largo de la ltima dcada. No obstante, son conscientes de que un ejrcito mercenario de 15.000 hombres, sostenido nicamente por la familia gobernante y unas absolutamente declinantes alianzas tribales casi residuales, pueden ganar militarmente una guerra, pero no pueden dominar unas ciudades en las que los rebeldes, muy precariamente equipados, han mostrado una determinacin mstica a luchar casa por casa con tcticas de guerrilla urbana e incluso parecen continuar combatiendo en la arrasada Zawiyah.
Finalmente, las fantasmagricas amenazas de Gaddafi (jugar con los contratos petrolferos, propiciar migraciones masivas, atacar el trnsito martimo en el Mediterrneo, financiar a Al Qaeda) no le han ayudado a reconstituir su relacin de afinidad ltimamente simbitica con el imperialismo. A la comunidad internacional le gustan los tiranos y no le importa que sean chiflados megalmanos, siempre que sean efectivos, hagan buenos negocios y que no les inquieten demasiado. En caso contrario, la principal barrera para su recambio es el pueblo en armas. Pero el pueblo en armas ya no est: Gaddafi ya se ha ocupado de eso en su definitivo gran servicio a los poderes imperiales.

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