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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-03-2011

Sobre la visita de Obama
Es la Amazona, estpido!

Atilio A. Boron
Rebelin


Todos recuerdan aquella frase con la que Bill Clinton desarm a George Bush padre en la competicin presidencial de 1992. Una expresin parecida podra utilizarse en el momento actual, cuando muchos piensan, en Brasil y fuera de l, que Obama est de visita en ese pas para vender los F-16 fabricados en Estados Unidos, desplazando a su competidor francs, y para promover la participacin de empresas estadounidenses en la gran expansin futura del negocio petrolero brasileo. Tambin, para asegurar un suministro confiable y previsible a su insaciable demanda de combustible mediante acuerdos con un pas del mbito hemisfrico y menos conflictivo e inestable que sus proveedores tradicionales del Oriente Medio o la propia Latinoamrica. Aparte de eso, la carpeta de negocios que lleva Obama incluye la intervencin de empresas de su pas en la renovacin de la infraestructura de transportes y comunicaciones de Brasil y en los servicios de vigilancia y seguridad que requerirn la Copa Mundial de Ftbol (2014) y los Juegos Olmpicos (2016). Quienes apuntan a estas realidades no dejan de sealar los problemas bilaterales que afectan a la relacin comercial, sobre todo debido a la persistencia del proteccionismo estadounidense y las trabas que ste implica para las exportaciones brasileas. La relacin, por lo tanto, est lejos de ser tan armnica como muchos dicen. Adems, la creciente gravitacin regional y en parte internacional del Brasil es vista con preocupacin por Washington. Sin el apoyo de Brasil y Argentina, amn de otros pases, la iniciativa bolivariana de acabar con el ALCA no habra prosperado. Por lo tanto, un Brasil poderoso es un estorbo para los proyectos del imperialismo en la regin.

Dado lo anterior hay que preguntarse acerca de los objetivos que persigue la visita de Obama al Brasil. Observemos primero los datos del contexto: desde la inauguracin del gobierno de Dilma Rousseff la Casa Blanca despleg una enrgica ofensiva tendente a fortalecer la relacin bilateral. No haban pasado diez das de su instalacin en el Palacio del Planalto cuando recibi la visita de los senadores republicanos John McCain y John Barrasso; pocas semanas ms tarde sera el Secretario del Tesoro, Timothy Geithner, quien golpeara a su puerta para reunirse con la presidenta. El inters de los visitantes se desat ante el recambio presidencial y la esperanzadora seal procedente del Brasilia cuando la nueva presidenta anunci que estaba reconsiderando la compra de 36 aviones de combate a la firma francesa Dassault que, en su monento, haba anunciado el saliente presidente Lula. Este cambio de actitud hizo que los lobbistas de las grandes empresas del complejo militar-industrial es decir, el gobierno permanente de los Estados Unidos, con prescindencia del transitorio ocupante de la Casa Blanca- se dejaran caer sobre Brasilia con la esperanza de verse beneficiados con la adjudicacin de un primer contrato por 6.000 millones de dlares que, eventualmente, podra acrecentarse significativamente si el gobierno brasileo decidiera, como se espera, ordenar la compra de otros 120 aviones en los aos siguientes. Pero sera un error creer que slo la motivacin crematstica es la que inspira el viaje de Obama.

En realidad, lo que a aqul ms le interesa en su calidad de administrador del imperio es avanzar en el control de la Amazona. Requisito principal de este proyecto es entorpecer, ya que no puede detener, la creciente coordinacin e integracin poltica y econmica en curso en la regin y que tan importante han sido para hacer naufragar el ALCA en 2005 y frustrar la conspiracin secesionista y golpista en Bolivia (2008) y Ecuador (2010). Tambin debe tratar de sembrar la discordia entre los gobiernos ms radicales de la regin (Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador) y los gobiernos progresistas principalmente Brasil, Argentina y Uruguay- que pugnan por encontrar un espacio, cada vez ms acotado y problemtico, entre la capitulacin a los dictados del imperio y los ideales emancipatorios, hoy encarnados en los pases del ALBA, que hace doscientos aos inspiraron las luchas por la independencia de nuestros pases. El resto son asuntos secundarios. Sorprende, dados estos antecedentes, la indecisin de Rousseff en relacin con el reequipamiento de sus fuerzas armadas porque si finalmente Brasil llegara a cerrar el trato favoreciendo la adquisicin de los F-16 en lugar de los Rafale franceses su pas vera seriamente menoscabada su voluntad de reafirmar su efectiva soberana sobre la Amazona. Con esto no se quiere afirmar que Brasil debe comprar los aviones de la Dassault; lo que s se quiere decir es que cualquier otra alternativa es preferible a su adquisicin a un proveedor estadounidense. Si tal cosa llegara a ocurrir es porque la cancillera brasilea habra pasado por alto, con irresponsable negligencia, el hecho de que en el tablero geopoltico hemisfrico Washington tiene dos objetivos estratgicos: el primero, ms inmediato, es acabar con el gobierno de Chvez apelando a cualquier expediente, sea de carcter legal e institucional o, en su defecto, a cualquier forma de sedicin. Este es el objetivo manifiesto y vociferado de la Casa Blanca. Pero el fundamental, a largo plazo, es el control de la Amazona, lugar donde se depositan enormes riquezas que el imperio, en su desorbitada carrera hacia la apropiacin excluyente de los recursos naturales del planeta, desea asegurar para s sin nadie que se entrometa en lo que su clase dominante percibe como su hinterland natural: agua, minerales estratgicos, petrleo, gas, biodiversidad y alimentos. Para los ms osados estrategas estadounidenses la cuenta amaznica, al igual que la Antrtida, es un rea de libre acceso en donde no se reconocen soberanas nacionales y abierta, por eso mismo, a quienes cuenten con los recursos tecnolgicos y logsticos que permitan su adecuada explotacin. Es decir, los Estados Unidos. Pero, obviamente, ningn alto funcionario del Departamento de Estado o del Pentgono, y mucho menos el presidente de Estados Unidos, anda diciendo estas cosas en voz alta. Pero actan en funcin de esa conviccin. Y, coherente con esta realidad, sera insensato para Brasil apostar a un equipamiento y una tecnologa militar que lo colocara en una situacin de subordinacin ante quien ostensiblemente le est disputando la posesin efectiva de los inmensos recursos de la Amazona. O es que alguien tiene dudas de que, cuando llegue el momento, Estados Unidos no vacilar un segundo en apelar a la fuerza para defender sus vitales intereses amenazados por la imposibilidad de acceder a los recursos naturales encerrados en esa regin?

Lo que est en juego, en consecuencia, es precisamente el control de esa zona. Obviamente, de esto Obama no intercambiar una palabra con su anfitriona. Entre otras cosas porque Washington ya ejerce un cierto control de hecho sobre la Amazona a partir de su enorme superioridad en materia de comunicacin satelital. Adems, la extensa cadena de bases militares con la que Estados Unidos ha venido rodeando esa rea ratifica, con los mtodos tradicionales del imperialismo, esa inocultable ambicin de apropiacin territorial. La preocupacin que movi al ex presidente Lula da Silva a acelerar el reequipamiento de las fuerzas armadas brasileas fue la inesperada reactivacin de la IV Flota de Estados Unidos pocas semanas despus de que Brasilia anunciara el descubrimiento de un enorme yacimiento petrolero submarino frente al litoral paulista. All se hizo evidente, como una relampagueante pesadilla, que Washington consideraba inaceptable un Brasil que adems de contar con un gran territorio y una riqusima dotacin de recursos naturales pudiera tambin convertirse en una potencia petrolera y, por eso mismo, en un pas capaz de contrabalancear el predominio estadounidense al sur del ro Bravo y, en menor medida, en el tablero geopoltico mundial. El astuto minu cortesano de la diplomacia estadounidense ha ocultado los verdaderos intereses de un imperio sediento de materias primas, energa y recursos naturales de todo tipo y sobre el cual la gran cuenca amaznica ejerce una irresistible atraccin. Para disimular sus intenciones Washington ha utilizado exitosamente, porque la cuenca amaznica termin siendo rodeada por bases estadounidenses- un sutil operativo de distraccin en el cual Itamaraty cay como un novato: ofrecer su apoyo para lograr que Brasil obtenga un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Cuesta entender cmo los experimentados diplomticos brasileos tomaron en serio tan inverosmil ofrecimiento que franqueaba el ingreso a Brasil mientras se lo cerraba a pases como Alemania, Japn, Italia, Canad, India y Pakistn. Deslumbrados por esa promesa la cancillera brasilea y el alto mando militar no percibieron que mientras se entretenan en estriles divagaciones sobre el asunto la Casa Blanca iba instalando sus bases por doquier: siete, s, siete!, en Colombia en el cuadrante noroeste de la Amazona; dos en Paraguay, en el sur; por lo menos una en Per, para controlar el acceso oeste a la regin y una, en trmite, con la Francia de Sarkozy para instalar tropas y equipos militares en la Guayana francesa, aptos para monitorear la regin oriental de la Amazona. Ms al norte, bases en Aruba, Curazao, Panam, Honduras, El Salvador, Puerto Rico, Guantnamo para hostigar a la Venezuela bolivariana y, por supuesto, a la Revolucin Cubana. Pretender reafirmar la soberana brasilea en esa regin apelando a equipos, armamentos y tecnologa blica de Estados Unidos constituye un maysculo error, pues la dependencia tecnolgica y militar que ello implicara dejara a Brasil atado de pies y manos a los designios de la potencia imperial. Salvo que se piense, claro est, que los intereses nacionales de Brasil y Estados Unidos son coincidentes. Algunos as lo creen, pero sera gravsimo que la presidenta Rousseff incurriera en tan enorme e irreparable yerro de apreciacin. Y los costos econmicos, sociales y polticos- que Brasil, y con l toda la regin, deberan pagar a causa de tal desatino seran exorbitantes.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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