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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-03-2011

El prximo Nagasaki
Temores nucleares acechan al mundo

Yoichi Shimatsu
Global Research

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Un segundo Hiroshima est teniendo lugar con las fusiones nucleares parciales en los reactores nucleares de Fukushima 1. Solo podemos esperar que el nmero de vctimas no se aproxime ni remotamente al de la primera catstrofe atmica del mundo.

La comunidad internacional se pregunta ahora: Cundo ser el prximo Nagasaki?

En EE.UU. con sus 23 envejecidos reactores de diseo idntico al de los reactores GE Mark 1 de Fukushima, junto a una docena ms de diseo ligeramente modificado?

En Francia, el pas ms dependiente de la energa nuclear?

Probablemente no en Alemania o en Venezuela, que estn reduciendo sus programas nucleares, ni en Gran Bretaa el lder mundial de la conversin energtica elica mar adentro. Ni incluso en China, un modelo de energa solar que ahora reduce sus planes de nuevas plantas nucleares.

Mucha gente tambin se pregunta: Cmo es posible que la nica nacin que ha vivido bombardeos atmicos haya confiado tanto en la energa nuclear? La respuesta es al mismo tiempo simple y complicada. En la economa moderna, la energa para mover las mquinas est entrelazada con la seguridad nacional, la poltica exterior y la guerra.

Progreso basado en el uranio

La Segunda Guerra Mundial fue en esencia una competencia por combustibles fsiles. Japn, hambriento de energa, invadi a China por su carbn y a Indonesia por sus reservas de petrleo. Las guerras relmpago de la Alemania nazi apuntaban a los campos petroleros de Rumania, Libia y la regin del Mar Caspio. EE.UU. y Gran Bretaa combatieron contra las Potencias del Eje para retener su control sobre el combustible fsil del mundo y siguen haciendo lo mismo en conflictos con naciones de la OPEP y para controlar Asia Central y la plataforma continental del Este de Asia.

Para impedir la recurrencia de otra Guerra del Pacfico, Washington trat de apartar al Japn de la posguerra de su dependencia del carbn y del petrleo. Cuando la industria japonesa resurga en la poca de los Juegos Olmpicos de Tokio de 1964, EE.UU. presion a Japn para que adoptara la segura y limpia energa del futuro: la energa nuclear.

General Electric y Westinghouse se encargaron enseguida de instalar una red de plantas de energa nuclear en toda la nacin isla, mientras se aada Japn en la lista del Organismo Internacional de Energa Atmica (OIEA) lanzado por EE.UU., y en el Tratado de No Proliferacin.

A diferencia de recursos de combustible ms antiguos, la energa nuclear era el nico derecho de propiedad de EE.UU., que no slo dominaba la minera del uranio sino tambin la produccin de boro, el mineral absorbente de neutrones necesario para reacciones nucleares controladas. Laboratorios estadounidenses, incluidos Los Alamos, Lawrence Livermore y Oakridge son las escuelas de posgrado de los fsicos nucleares del mundo.

En el mismo perodo de embriagadora infatuacin con la tecnologa, la Feria del Mundo de Nueva York de 1964-65 fue un baile de graduacin de un nuevo futuro universal ms brillante basado en la divisin del tomo. El pabelln de General Electric se llamaba Pas del Progreso con un show multimedia que mostraba una explosin de plasma de fusin de plutonio para visitantes impresionados. Japn sirvi como modelo de ciudadana y cooperacin internacionales bajo el patrocinio del poder atmico estadounidense. La planta nuclear de Fukushima, diseada por GE, fue conectada a la red en 1971.

El mito moderno de la energa nuclear segura fue alternativamente resistido y aceptado de malas ganas por el pblico japons. En aos ms recientes, las antiguas percepciones negativas hacia el proveedor nuclear Tokyo Electric Power han cambiado. Un joven diseador de grfica computarizada en Tokio me dijo que su generacin creci pensando: TEPCO tiene un aura divina de infalibilidad y de poder mayor que el gobierno. Mi experiencia como editor en la prensa japonesa revela que su imagen corporativa se promovi astutamente con comerciales de lavado verde que pretendan una falsa amistad hacia el medioambiente y con fuertes ingresos publicitarios para la televisin y los medios impresos.

Energa atmica en la Guerra Fra

La energa atmica no era nada nuevo para Japn. Durante la Segunda Guerra Mundial, los Aliados y el Eje compitieron por una nueva fuente extica de energa, el uranio. Mientras el Proyecto Manhattan preparaba en secreto la bomba atmica en Nuevo Mxico, Japn abri minas de uranio en Konan, en el Norte de Corea, que es ahora la fuente del programa de energa nuclear de Pyongyang.

Despus de la victoria aliada, la Unin Sovitica apunt a romper el monopolio nuclear estadounidense estableciendo un protectorado llamado Repblica de Turkestn del Este en la provincia noroccidental de China de Xinjiang. Los ricos depsitos de uranio cerca de Burjin, en las laderas de las montaas Altai, suministraron el material fisible para el desarrollo de la capacidad nuclear sovitica. Las minas apresuradamente excavadas por los soviticos dejaron tras de s la maldicin de la enfermedad por radiacin a los habitantes predominantemente uigures y kazajos tnicos as como a lascomunidades ro abajo en Kazajstn oriental. Cientficos kazajos y chinos han realizado desde entonces proyectos de correccin, utilizando rboles recolectores de istopos para limpiar la tierra irradiada.

Para impedir que los soviticos acumularan un arsenal nuclear, el gobierno de Truman inici un programa de mximo secreto para controlar todo el suministro de uranio del mundo. La Operacin Murray Hill se concentr en el sabotaje de las operaciones mineras en Altai. Douglas MacKiernan, que operaba bajo la cobertura de vicecnsul estadounidense en Urumchi, organiz un equipo clandestino de rusos anticomunistas y de guerrilleros kazajos para colocar bombas en las instalaciones mineras soviticas. Obligado a huir hacia Lhasa, MacKiernan cay muerto a tiros en un caso de identificacin errnea por un guarda fronterizo tibetano y se le honra como el primer agente de la CIA muerto en accin.

Las operaciones globales encubiertas de la Operacin Murray Hill son realizadas actualmente por el bur contra-proliferacin de la CIA. Un vistazo a sus operaciones clandestinas aparece en Fair Game, el libro y pelcula sobre Valerie Plame, la agente cuya identidad se revel bajo el gobierno de Bush. Se han librado batallas abiertas y encubiertas contra enemigos nucleares en sitios tan alejados como Pakistn, Egipto, Libia, Argentina, Indonesia, Myanmar e Iraq as como los sospechosos habituales Irn y Corea del Norte.

Amenaza para el pblico estadounidense

Las fusiones nucleares parciales en Fukushima 1 colocan a Washington ante un dilema. Si las liberaciones elevadas de radiacin hubieran ocurrido en Corea del Norte o Irn, Washington habra convocado sesiones del Consejo de Seguridad de la ONU, habra exigido inspecciones del OIEA y habra impuesto duras sanciones y posiblemente una intervencin militar. Las fusiones nucleares, sin embargo, provienen de reactores diseados en EE.UU. que operan segn protocolos creados por EE.UU.

Por ello, el gobierno de Obama ha minimizado la gravedad del actual drama nuclear que afecta a su aliado japons. En un tono defensivo poco convincente, el presidente estadounidense ha respaldado la energa nuclear como parte de la mezcla energtica que apoya a la economa de EE.UU. Su posicin pro nuclear es irracional e irresponsable, cuando pases aliados ms pequeos, entre ellos Gran Bretaa, Holanda y Alemania, hacen masivas inversiones en instalaciones elicas mar adentro en el Mar del Norte para terminar con su dependencia de combustibles nucleares y fsiles.

La comunidad internacional es plenamente consciente de ese doble rasero poltico. EE.UU. aplaudi silenciosamente los ataques areos israeles contra la planta Osirak de energa nuclear de Sadam Hussein en 1981, y desde entonces ha pedido sanciones cada vez ms estrictas contra Tehern y Pyongyang. No obstante, Washington se niega a dar el ejemplo y resta importancia a los llamados de los ciudadanos de Hiroshima y Nagasaki por un desarme nuclear total. La campaa de EE.UU. por un monopolio atmico, o por lo menos la dominacin nuclear, empuja a potencias ms pequeas hacia la obtencin de una capacidad disuasiva. Esas naciones no constituyen un cierto eje del mal; slo juegan al juego de la supervivencia segn las reglas no las palabras fijadas por Washington.

En los futuros das y meses, los propios ciudadanos de EE.UU. se estremecern de miedo ante la temida llegada de la contaminacin radioactiva. Ahora se ha olvidado prcticamente el terrorismo cuando una amenaza mucho ms amplia puede cubrir pronto los cielos estadounidenses de mar a mar resplandeciente. A menos que Washington se mueva rpido hacia el repudio de su propia adiccin nuclear, el espectro de otro Nagasaki ensombrecer el pas de los libres y hogar de los valientes.

Yoichi Shimatsu es ex editor de The Japan Times Weekly

Copyright Yoichi Shimatsu, Fourth Media (China), 2011

Fuente: www.globalresearch.ca/PrintArticle.php?articleId=23788

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