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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-03-2011

Entrevista a Rony Brauman, expresidente de Mdicos sin Fronteras y profesor de Estudios Polticos en Pars
"No creo que los bombardeos puedan instaurar una democracia"

Eric Aeschimann
Liberation

Traducido para Rebelin por Marina Almeida


En esta ocasin, una parte de los que se oponan a la intervencin estadounidense en Irak estn de acuerdo con la resolucin del Consejo de seguridad sobre Libia. Usted no lo est. Por qu?

Porque como en el pasado, hoy en da sigo sin creer en las virtudes de los bombardeos areos para establecer la democracia o pacificar un pas. Ah estn Somalia, Afganistn, Irak, Costa de Marfil, para hacernos rememorar la cruel realidad de la guerra y su imprevisibilidad. Proteger a las poblaciones, en la prctica, significa dehacerse de Gadafi y, si seguimos paso a paso la lgica hasta el final, reemplazarlo por un Karzai local, o bien dividir el pas congelando la situacin. En ambos casos seremos incapaces de asumir las consecuencias. Cuando se dar por ganada la guerra?

Hay que asistir como espectador a la aniquilacin de la rebelin libia por parte del ejrcito de Muamar Gadafi ?

Claro que no. Entre la guerra y el statu quo hay un margen de accin: el reconocimiento del Consejo Nacional [rgano poltico de los insurrectos ndlr] por parte de Francia fue un gesto poltico relevante, hay que seguir apoyando militarmente a la insurreccin: proporcionarle armamento y asesoramiento militar para reequilibrar la relacin de las fuerzas sobre el terreno, as como informacin sobre los movimientos y los preparativos de las tropas enemigas. El embargo comercial, el embargo sobre las armas y la congelacin de los activos del clan Gadafi son otras tantas medidas de presin ante las que el rgimen de Trpoli no puede permanecer insensible.

No se corre el riesgo de dejar que se produzca una tragedia ?

Tome como ejemplo a Ruanda, a la que se hace referencia a menudo a propsito de lo que no debimos hacer: la ONU haba enviado soldados y los retir antes del genocidio, esto se rememora como un error garrafal. Sin embargo, aunque dicho error pueda entenderse, lo que la crtica moral no ve es que para cambiar el curso de los acontecimientos se tendra que haber establecido un tutelaje total sobre el pas, lo cual es imposible. A mi entender, nuestro fallo no consisti en la retirada de 1994 sino en la intervencin en 1990 para salvar al rgimen en el poder, con la ilusin de poder imponer la paz. Hubiese sido mejor aceptar la violencia del momento que congelar, por un perodo necesariamente limitado, la relacin de fuerzas. Los ms radicales de ambos bandos son los que se aprovecharon de la situacin.

Incluso si nos conformamos slo con intervenciones areas?

Las operaciones areas nunca han permitido ganar una guerra. Esta ilusin tecnolgica proviene del pensamiento mgico. El balance de estas intervenciones armadas internacionales indica que ya no poseemos los medios para decidir sobre lo que es bueno o no en el extranjero. El remedio es peor que la enfermedad. Cuando la fuerza ya no nos permite hacer que una circunstancia histrica se transforme a nuestra conveniencia, ms vale no hacer uso de ella y renunciar al sueo de la guerra justa. En esta materia, como en otras, la poltica regida por la emocin es muy mala consejera.

Se trata de una oposicin de principio a cualquier intervencin ?

No, las Brigadas Internacionales que fueron a combatir a Espaa al lado de los republicanos en 1936, representan un momento importante de solidaridad internacionalista aunque con toda seguridad no lo fueron en lo que se refiere a la defensa de las libertades democrticas! y yo aprobara totalmente la idea de que brigadas internacionales fueran a apoyar la rebelin libia. Sin embargo, las intervenciones de los Estados es una cuestin completamente diferente!

Y agrego que la tica est bastante lejos de salir ganando si se comparan las situaciones en las que se ha considerado justificable una intervencin internacional con las de los pueblos a los que abandonamos dejndolos a merced de sus opresores : Chechenia, Palestina, Zimbabwe, Corea del Norte, etc. Y para citar un ejemplo reciente, entre los que reclaman el establecimiento de una zona de exclusin area sobre Libia, cuntos habran abogado por la neutralizacin de la fuerza area israel sobre Gaza en enero del 2009 o sobre el Lbano en agosto de 2006?

Entonces es imposible una diplomacia de los derechos humanos?

Pregnte qu piensan de ello a los manifestantes de Bahrein, reprimidos por nuestros aliados, las monarquas petroleras del Golfo. Por su parte los iranes ya podran preocuparse de la defensa de los derechos humanos en la pennsula arbiga. No, los derechos humanos no constituyen una poltica, y la oposicin cannica entre los derechos humanos y la realpolitik es un callejn sin salida. Slo existe una poltica, que es el arte de querer las consecuencias de lo que se desea. Los derechos humanos son invocados o revocados por los Estados segn la voluntad de stos.

Qu dice a los libios que piden a Occidente que los auxilie?

Les digo que se hacen ilusiones sobre nuestra capacidad para corregir la situacin a su favor y que pagarn un precio muy alto. Recuerde que en 2003 muchos iraques se pronunciaron a favor de una intervencin militar. Pensaban que los estadounidenses cortaran la cabeza al tirano y luego se iran de all. Los mdicos saben, aunque no slo ellos, que dar la ilusin de proteccin puede ser peor que no ofrecer proteccin.

Y el hecho de que Gadafi haya recuperado el control de Libia, acaso no constituye el fin de la primavera rabe, e incluso una amenaza para las revoluciones tunecina y egipcia?

No veo por qu sera as. Por un lado, no es slo la situacin en Libia la que determinar el futuro de la democracia en los pases rabes; por otro lado, vemos que, eclipsada por intervencin en curso, la represin se abate sobre otras manifestaciones en los pases del Golfo. Por otra parte, en Francia somos los ms indicados para saber que entre la revolucin y la democracia hay bastante camino que recorrer y que tambin hay retrocesos. Y la primavera rabe no constituye una excepcin. Estoy convencido de que el rechazo hacia los poderes despticos y corruptos est profundamente arraigado en todas las sociedades contemporneas, pero tambin, de que son ellas las que deben hacer de dicho repudio un programa poltico.

Rony Brauman fue presidente de Mdecins sans frontires [Mdicos sin fronteras], es profesor en Sciences-Po [Instituto de Estudios Polticos de Pars], desde hace muchos aos reflexiona sobre las consecuencias de las intervenciones humanitarias.

Fuente: http://www.liberation.fr/monde/01012326703-je-ne-crois-pas-aux-bombardements-pour-instaurer-la-democratie

rCR



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