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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-03-2011

Libia: entre la tardanza y el desconcierto

Alberto Piris
www.republica.es


Muchos millones de palabras se han publicado desde que comenz la intervencin militar de ciertos pases, tanto occidentales (incluida Espaa) como orientales, en la guerra civil libia. La multiplicidad de puntos de vista aplicados a este conflicto ha generado, adems, en nuestro pas, duros y variados enfrentamientos de raz ideolgica, suscitados por la participacin espaola y los trmites parlamentarios necesarios para autorizarla. Tambin en Alemania y en otros pases se han encrespado los nimos polticos por motivos parecidos.

Puesto que de intervenir en una guerra se trataba, aunque sta slo fuese civil, para cualquier mediano conocedor de la historia blica fue una inquietante sorpresa observar que empezaron a caer sobre Libia las primeras bombas de una coalicin que an no estaba definida, y sin que se hubiera establecido formalmente una autoridad poltica responsable de la operacin. El ms elemental manual de teora de la guerra destaca la necesidad de que, por encima de cualquier mando militar, terrestre, naval o areo que la ejecute, haya una direccin poltica encargada de definir cul es la finalidad que se pretende alcanzar mediante el recurso a las armas.

Esto es aconsejable, adems, porque es la mejor forma de establecer ciertas condiciones, por todos conocidas, que una vez cumplidas permiten vislumbrar el fin de la guerra. Naturalmente, no se debe olvidar el hecho de que se suele saber cundo y cmo comienzan las guerras, pero siempre se ignora todo sobre su final; esto es an ms inquietante cuando ni siquiera desde el comienzo de la guerra se ha definido bien qu se busca con ella.

Nada de lo anterior fue precisado en la resolucin 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que dio luz verde a los primeros cazabombarderos -en este caso franceses- que iluminaron la noche libia con las explosiones de sus bombas. Luminarias que en das posteriores fueron reforzadas por los misiles de crucero de EEUU y del Reino Unido lanzados desde el mar. La finalidad expresada en la citada resolucin es la de proteger a los civiles y a las reas pobladas bajo amenaza de ataques, pero deja en el aire el modo de conseguirlo, aunque autoriza la creacin de una zona de exclusin area y prohbe una invasin terrestre.

No se puede ahora anticipar si habr o no alguna nueva resolucin de la ONU aclarando estos extremos, pero es obligado temer que, ante la incertidumbre reinante al escribir estas lneas sobre la atribucin de responsabilidades polticas y militares en la operacin, el desconcierto producido por los no siempre coincidentes intereses de los dirigentes polticos implicados en ella conduzca a situaciones complicadas que hubieran podido evitarse con una planificacin menos apresurada y ms coordinada.

Hay que reconocer que el retardo y las vacilaciones de los mismos pases que luego han apoyado la intervencin han sido el motivo por el que sta se haya iniciado de modo tan poco coordinado, lo que no parece un buen comienzo para empeo de tanta envergadura. Aceptar la culpabilidad occidental en el retraso en ayudar a un pueblo que lo vena pidiendo con urgencia no debera llevar a cometer errores en sentido contrario, autorizando actuaciones improvisadas, de cuyos resultados sea luego difcil volverse atrs.

Entre tanta confusin, algunos conceptos siguen estando claros. Al pueblo libio corresponde resolver la situacin por s mismo, aunque los rebeldes necesitarn ayuda exterior para afrontar la brutalidad de la represin gubernamental y poder determinar en libertad su futuro. Una situacin de estancamiento, con Gadafi conservando el poder en Trpoli y los rebeldes atrincherados en Bengasi, conducira probablemente a la divisin de Libia y a un futuro de peligrosa inestabilidad en el Mediterrneo. En este caso, adems, otros dirigentes polticos rabes, que empiezan a padecer los efectos de la onda liberadora que se gener en Tnez y se amplific en Egipto, podran sentirse tentados de imitar a Gadafi, al comprobar que la represin violenta de su propio pueblo le permite conservar el poder. Sin embargo, la resolucin de la ONU no autoriza ni sugiere un cambio de rgimen ni el derrocamiento de Gadafi.

Tambin est claro que la intervencin no debera verse, desde frica y el mundo rabe, como una nueva operacin imperialista para asegurar los hidrocarburos libios, razn por la que deberan participar las respectivas organizaciones interestatales. Por ltimo, no est de ms resear que en el fondo de tantas dudas e incertidumbres se agitan los fantasmas de Irak y Afganistn, los errores cometidos en ambos pases y la difcil situacin en que han puesto a los principales Estados ahora dedicados a resolver el conflicto libio. Es cierto que haba que proteger a la poblacin sublevada de la crueldad del tirano que la oprimi durante decenios. Pero no hay que olvidar que lo hizo bajo la mirada benevolente, cuando no amistosa, de los mismos dirigentes que ahora apoyan el bombardeo de su pas. Hipocresa tan evidente no constituye una inyeccin moral para una operacin militar, sino todo lo contrario. Y no olvidemos que la moral juega un papel determinante en todo conflicto blico.

http://www.republica.es/2011/03/24/libia-entre-la-tardanza-y-el-desconcierto/



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