Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-03-2011

La izquierda del capitalismo

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


No cabe duda, la obligacin de adjetivar las conductas de los partidos socialdemcratas y progresistas como pertenecientes a la izquierda trae consigo ejercicios terico-ideolgicos propios de un malabarismo intelectual. Es comn hablar de la existencia de una izquierda institucional, sobre todo cuando nos referimos a organizaciones polticas cuyas bases doctrinales no cuestionan el capitalismo, factor suficiente para negarles el calificativo de izquierdas. No debemos olvidar que la socialdemocracia y los llamados reformistas no compartan las premisas del capitalismo. La estrategia cuestionada era la forma de enfrentarlo, la transicin al socialismo. El dilema se expresaba dualmente: reforma o revolucin. Ahora, el problema es otro. Quienes se autodefinen pertenecientes a la izquierda institucional comparten y aceptan las reglas del juego de la economa de mercado. El hacerlo trae consigo consecuencias inmediatas. Su decisin conlleva avalar el proceso de concentracin y centralizacin del capital como mecanismo para la creacin de riqueza. Por consiguiente, dentro de sus programas desaparece la crtica de fondo a las relaciones sociales de explotacin sobre las cuales, el capitalismo, construye y ejerce el poder poltico. Los militantes de esta nueva izquierda institucional, parecen sentirse cmodos navegando en las aguas del capital. Eso s, para justificar el abandono de la lucha anticapitalista, la izquierda institucional y la socialdemocracia utilizan argumentos maniqueos y pedestres. Su lgica consiste en negar la lucha de clases y la divisin social del trabajo basada en la propiedad privada de los medios de produccin. De su lenguaje han desaparecido, por arte de magia, los capitalistas y con ello la dualidad explotados-explotadores. Asumen, sin cuestionar, una visin del mundo donde el imperialismo y los intereses depredadores de las trasnacionales se esfuman en pro de la ideologa de la globalizacin. Sin explicacin coherente enfatizan el sentido armnico de la globalizacin, promoviendo una gestin de la crisis con rostro humano. Segn ellos, todos somos responsables y debemos compartir costos. As sugieren un pacto estratgico entre trabajadores y empresarios, considerndolos parte de un mismo equipo con las mismas metas. De esta manera, nadie quedara excluido de los beneficios de un trabajo solidario. Ni ganadores ni perdedores. Si actuamos con tino, nadie se ver perjudicado. Es el dilema del prisionero extrapolado ante las relaciones sociales de explotacin. Si se coopera se consiguen los objetivos, todos obtienen beneficios. Los trabajadores mantienen su empleo, aunque sea en peores condiciones, y los empresarios, ya nunca ms capitalistas, vern aumentar sus ganancias y con ello invertirn, incrementndose el producto interno bruto. Un verdadero pacto de caballeros. Puestos en esta lgica, el quid del capitalismo cambia de eje, no se encontrara en las relaciones de explotacin. Su sitio se ubicara, a partir de ahora, en la fuerza autorregulada de la economa de mercado para satisfacer las necesidades de los consumidores.

Para la nueva izquierda institucional y la socialdemocracia, el capitalismo debe redefinirse como un sistema poltico destinado a generalizar los beneficios de la economa de mercado. Con ello, lo importante es consumir, no importa qu, cmo y cundo. Se trata de garantizar el acceso al mercado y formar parte de un ejrcito de consumidores diferenciados por la calidad y la cantidad de los productos que adquiere. Unos comern angulas, caviar, bebern champagne, conducirn Lambordinis, Mercedes Benz , irn de vacaciones en yates y viajarn en primera clase; otros, en cambio, debern conformarse con sucedneos, imaginarse unas vacaciones virtuales, utilizar el transporte pblico, consumir gaseosas o tomar agua no contaminada, en el mejor de los casos. Pero tampoco se olvidan de los menos agraciados, quienes sobreviven con menos de un dlar al da o simplemente no tienen ni eso. Para este sector social les aplican el criterio de polticas para pobres. Podrn comer, tendrn un trabajo precario, y se vern avocados a la miseria, la exclusin y la marginalidad. Pero siempre tendrn una opcin de salir adelante, en s son capital humano y ese es su mximo activo. El mercado est siempre atento para recibirlos con las manos abiertas.

En otro orden de cosas, la izquierda institucional traslada el debate de la ciudadana plena y la centralidad de la poltica a la esfera de la eficiencia y la racionalidad econmica para lograr un mejor funcionamiento del mercado. No tienen empacho en sealar que estn actuando en beneficio de todos y en favor del progreso de la humanidad. Muy a su pesar, slo les queda constatar la prdida de los derechos laborales, sindicales y polticos en beneficio de la comunidad del mercado. Cmplices del secuestro de la democracia, se manifiestan en pro de los tratados de libre mercado, las trasnacionales y los grandes capitalistas. Asimilados a los postulados del capitalismo se han transformados en sus cancerberos. Adoptan la funcin del polica bueno. Mientras critican las maneras polticas de la derecha neoliberal y conservadora, ellos encarnan, dicen, el bien comn y la moral pblica. Pero ambos son la cara y cruz de una misma moneda y comparten un mismo objeto, doblegar la voluntad de las clases populares. Para ellos no hay alternativa al sistema, es mejor someterse y vivir de acuerdo a las leyes del mercado. Luchar contra el capitalismo es un suicidio, porque ste siempre gana.

No hay por donde equivocarse, gracias a la izquierda institucional y la socialdemocracia, el capitalismo se reinventa y queda absuelto de ser un orden de violencia, deshumanizante, asentado en la desigualdad, la explotacin y la injusticia social. Por consiguiente, es mejor llamar las cosas por su nombre y quitarle la mscara a esta nueva izquierda y sus aliados socialdemcratas. Es ms apropiado llamarla izquierda del capitalismo, concepto apegado a sus prcticas y claudicaciones estratgicas de lucha anticapitalista. Por este motivo, dmosle la bienvenida, poniendo al descubierto sus espurios intereses que consisten en mantener inalteradas las estructuras de explotacin inherentes al modo de produccin capitalista.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/03/26/index.php?section=opinion&article=022a1mun



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter