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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2011

El periplo imperial de Obama: Veni, vidi y no dije nada

Carlos Rivera Lugo
Claridad


Algo nuevo bajo el sol? Absolutamente nada. Qu lstima, Obama! Con las esperanzas que cifraron en l tantos ingenuos de su pas y de por estos lares. sta fue la muy atinada valoracin que hizo el periodista costarricense Rafael Cuevas Molina de la Asociacin por la Unidad de Nuestra Amrica del reciente periplo del mandatario estadounidense por nuestra regin ( Procedan!, dijo Obama, y se march sin pena ni gloria , http:// connuestraamerica. blogspot.com , 26 de marzo de 2011).

Pero si hubiese alguno de esos ingenuos que an siguen pensando en que lo anterior constituye la tradicional minusvaloracin izquierdista de la diferencia que representa Barack Obama en relacin a sus predecesores, aqu va otra apreciacin, esta vez del exministro chileno Jos Piera, hermano del actual presidente Sebastin Pinera, de derecha, cuando en reaccin a la visita del presidente estadounidense a su pas escribi en su cuenta de Twitter: Veni, vidi, vici (Vine, vi, venc) fue el tweet de Csar a Roma tras una victoria. Veni, vidi y no dije nada ser el tweet , hoy, de Obama.

Quienes se empecinan en hallar alguna bondad en la retrica discursiva de Obama, le dan inexcusablemente la espalda a los hechos. Miren lo que hace y no lo que dice, e incluso sobre lo que dice, al fin y a la postre, puede ser interpretado al margen de sus acciones y las consecuencias concretas de stas?

Las expectativas que gener en la Cumbre de las Amricas celebrada en Trinidad y Tobago, en cuanto a que podra representar una nueva era en las relaciones de Estados Unidos con los pases al Sur del Ro Bravo, muy pronto fueron desmentidas por el golpe cvico-militar en Honduras, legitimado por la administracin de Obama. Desde entonces demostr que no rompera con las lgicas imperiales de sus predecesores. Los intereses estratgicos de Washington seguiran alineados, como de costumbre, en contra de los intereses soberanos de nuestros pueblos.

De ah que era de esperarse el saldo negativo de su deslucido periplo reciente por los pases hermanos de Brasil, Chile y El Salvador. Muestra de ello es lo que tambin seala al respecto el periodista uruguayo Ral Zibechi: Lo ms que puede decirse de la gira del presidente de Estados Unidos por la regin es que no se pareci en nada a una gira del principal representante del imperio. Sonrisas, visita de lugares exticos y frases que pretendan ser profundas pero sonaron huecas. Turismo poltico-familiar, y poco ms (Obama o la irrelevancia del Imperio, La Jornada, Mxico, 25 de marzo de 2011).

Como puertorriqueo, no deba sorprenderme en lo ms mnimo la infinita decepcin que cunde por doquier en Nuestra Amrica con el gobierno de Obama. Si de la falta de correspondencia en su caso entre lo dicho y lo hecho, Puerto Rico esa parte integral pero an irredenta de Nuestra Amrica- atestigu hace poco lo que a ste nuevo emisario imperial le vale el derecho a la autodeterminacin y la igualdad soberana de los pueblos. Un comit designado por l presidido, por cierto por una boliviana, llamada Cecilia Muoz, una representante de lo que el compaero Cuevas Molina llama ese trasnochado exilio latinoamericano en los Estados Unidos- propuso un mapa de ruta hacia la eventual anexin (incorporacin territorial le llaman eufemsticamente en Washington) como salida a la actual crisis por la que atraviesa el pas. Entretanto, recomiendan la profundizacin de la dependencia econmica colonial que conculca y frustra, efectivamente, el derecho nuestro a la libre determinacin de nuestro modo de vida.

En ese sentido, tiene sobrada razn el lder histrico de la Revolucin cubana, Fidel Castro Ruz, cuando desde una tierra que sigue sometida -luego de 50 aos y an bajo Obama- al ms criminal bloqueo, pone en entredicho la nueva alianza de iguales, la inslita alianza entre millonarios y hambrientos (Las verdaderas intenciones de la Alianza Igualitaria, La Jornada, Mxico, 23 de marzo de 2011) que le ofrece Obama a nuestros pases, como pretendida superacin de ese otro canto de sirena, la tristemente clebre alianza para el progreso de la dcada de los sesentas del pasado siglo.

Imbuido de ese funesto destino imperial para entrometerse en los asuntos internos de los dems, tan pronto Obama aterriz en Brasil, dio las rdenes para que Estados Unidos dirigiese la agresin imperial contra Libia, aunque bajo el transparente manto de la intervencin humanitaria. Si tanto le preocupa el destino de los civiles inocentes en Libia, qu dijo y qu hizo en su momento sobre los miles de inocentes civiles palestinos masacrados por la aviacin israel en Gaza o los inocentes civiles asesinados por sus propios actos de guerra en Afganistn y Paquistn, ese dao colateral al que el Imperio y sus aliados se sienten con derecho pero que le niega olmpicamente a todos los dems?

Mi hija, Isabel, me contaba el otro da cmo uno de sus maestros le habl acerca de los alegados crmenes cometidos por Gadafi contra su pueblo. Le seal que deba preguntarle a su mentor si al igual que el lder libio debe responder por sus actos, si esa misma vara le aplica a Obama o a su predecesor George W. Bush. Est, por ejemplo, Obama dispuesto a asumir igualmente ante la Corte Penal Internacional la responsabilidad por las muertes de los inocentes civiles producto de las directrices que l, como comandante en jefe de las fuerzas militares estadounidenses, ha emitido? Y quin responde por las muertes de los civiles inocentes producto de los bombardeos actuales de la aviacin estadounidense, britnica y francesa en Libia?

Es que bajo los estndares morales de Obama, el fin justifica los medios y, consiguientemente, sus muertos no son iguales a los muertos de Gadafi? Y si se pretende que el fin justifica los medios, qu justifica entonces el fin? Deca el laureado filsofo argelino-francs Albert Camus que el fin slo puede ser validado con medios humanos, es decir, medios que no sacrifiquen la vida ni la dignidad de los seres humanos a la consecucin de un objetivo ideolgico o poltico. De lo contrario, fines que requieren para su adelanto la comisin de crmenes, nada tienen de moralmente edificantes, justos o de revolucionarios. De ah que tiene mucha razn el presidente boliviano Evo Morales Ayma cuando reclama que se le retire a Obama el controvertible Premio Nobel de la Paz que le fuera otorgado.

Lo cierto es que a partir de su orden de batalla contra el gobierno de Gadafi en Libia, su gira pas a segundo plano. Lleg blandiendo el garrote y la zanahoria. A quien Washington declare fuera del orden internacional, ese sufrir el garrote. A quien, sin embargo, est dispuesto a colaborar y a comerciar con Estados Unidos, bajo aquellos trminos definidos desde el Norte, se le ofrece la zanahoria. En ese sentido, no era secreto para nadie que uno de los principales objetivos del viaje de Obama era mejorar la posicin competitiva de Estados Unidos para, aprovechndose del progreso econmico vivido en la regin durante la pasada dcada, aumentar los negocios aqu en apoyo de la elusiva recuperacin econmica en Estados Unidos.

Sin embargo, a los anfitriones de Obama, ni la zanahoria. Brasil se qued esperando por el apoyo de Obama a su inters en convertirse en miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. No siquiera atendi el mandatario estadounidense la demanda brasilea para que se eliminen de las relaciones comerciales entre ambos pases las trabas proteccionistas de Washington a la importacin de etanol, carne bovina, jugo de naranja, acero y algodn.

En Chile, mientras Obama peda a sus interlocutores no dejarse atrapar por la historia, atac charlatanamente a Cuba, la ms notoria vctima de esas trampas histricas de la guerra fra del que Washington sigue prisionero. De paso, hablando en el Palacio de La Moneda, lugar en el que en septiembre de 1973 result muerto el presidente constitucional Salvador Allende Gossens como resultado de un golpe de estado apuntalado por Washington, Obama recul ante preguntas de los periodistas de si tendra algo que decir sobre ese crimen perpetrado con la complicidad imperial. No puedo hablar de todas las polticas del pasado, balbuce para su mayor ignominia.

Finalmente en El Salvador visit el mausoleo de Monseor Oscar Arnulfo Romero, en la Catedral Nacional de San Salvador. Sin embargo, fue el presidente salvadoreo, del gobernante Frente Farabundo Mart para la Liberacin Nacional, el que pedira perdn por ese abominable crimen de Estado perpetrado en 1980 bajo un gobierno aliado de Washington y en el marco de una guerra civil financiada en parte con ms de un milln de dlares diarios procedentes del Norte, que dej un saldo de 75,000 salvadoreos muertos. Ms le interesaba a Obama asegurar, frente al gobierno izquierdista, la permanencia de la base militar estadounidense en Comalapa.

La vida no vale nada, dira el cantautor cubano Pablo Milans.

 

* El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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