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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-03-2011

El rgimen sirio podra resistir, pero no hay que apostar al futuro de Gadafi
El verdadero desastre en Libia tendr lugar despus del derrocamiento

Patrick Cockburn
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Se espera que el presidente de Siria, Bashar al-Asad, anuncie reformas que incluyan el fin del estado de emergencia vigente desde hace 50 aos, para tratar de aplacar las protestas, mientras miles de personas siguen enfrentndose a los soldados.

El presidente Asad tiene que convencer a los sirios de que es sincera su promesa de desmantelar los poderes arbitrarios del gobernante partido Baas, los servicios de seguridad y su propia familia. Desde que comenzaron las manifestaciones hace una semana el gobierno ha hablado de reformas, pero ha permitido que sus fuerzas abran fuego repetidamente contra desfiles y mtines, matando por lo menos a 61 personas. La crisis de Siria afecta a la poltica de todo Medio Oriente ya que ese pas es el poder predominante en el Lbano, el aliado extranjero ms importante de Irn, un protagonista significativo en Iraq, y un respaldo de Hizbul en el Lbano y de Hams en Gaza.

La violencia de las fuerzas de seguridad en la ciudad surea de Deraa, que convirti los llamados iniciales por la reforma en demandas por un cambio de rgimen, hasta ahora no han logrado intimidara la gente.

Algunos testigos, citados por agencias noticiosas, dijeron que 4.000 manifestantes se negaron a dispersarse cuandolasfuerzas de seguridad les lanzaron gas lacrimgeno y dispararon al aire con municin de guerra. Tanques y vehculos del ejrcito rodearon la ciudad, mientras 1.200 personas ocupaban la mezquita al-Omari, foco de las protestas en Deraa.

Los manifestantes coreaban Queremos dignidad y libertad y No a las leyes de emergencia, mientras los soldados y fuerzas de seguridad ocupaban el terreno frente a la mezquita y apuntaban sus armas hacia cualquiera reunin de civiles. Los francotiradores se posicionaron en las azoteas.

En Siria, siempre existe el peligro de que cualquier ataque contra el rgimen tome una forma sectaria, ya que la familia Asad y muchos miembros de la elite gobernante son miembros de la secta chi/alauita, a pesar de que representan slo un 12% de la poblacin en ese pas de mayora sun.

La mayor revuelta contra el rgimen baasista fue encabezada por la Hermandad Musulmana, sun fundamentalista, de 1976 a 1982, que condujo a que hasta 10.000 personas murieran a manosde las fuerzas de seguridad durante un levantamiento en la ciudad de Hama.

El presidente Asad, de quien se piensa que retiene una cierta credibilidad, ha guardado silencio hasta ahora. El vicepresidente Farouk al-Sharaa dijo que el presidente pronunciar un importante discurso en los prximos dos das en el que dar confianza al pueblo.

Sus ayudantes han sugerido que revocar las leyes de emergencia impuestas desde 1963, liberar a miles de prisioneros polticos, permitir la libertad de expresin en los medios y restringir los poderes de los servicios de seguridad. An as, la gente dudar de si l y la elite gobernante realmente renunciarn a tanto poder.

Human Rights Watch llam al gobierno a que obligue a rendir cuentas a los responsables por todos los ilegales tiroteos contra los manifestantes.

El gobierno debe comprender que estas manifestaciones no terminarn hasta que deje de disparar contra los manifestantes y comience a cambiar sus leyes y prcticas represivas, dijo Sarah Leah Whitson, directora del grupo en Medio Oriente.

Las protestas se extendieron el viernes pasado a otras ciudades sirias, aunque tambin hubo numerosas manifestaciones a favor del rgimen.

Hubo enfrentamientos en el puerto de Latakia, una ciudad de mayora sun en una provincia en la cual la mayora de la gente pertenece a la secta alauita. En zonas perifricas, residentes armados dotaron de personal sus propios puntos de control ya que el gobierno afirm que haba pistoleros extranjerosen las calles secundarias. Se desplegaron tropas en el centro para proteger las sedes del partido Baas y el Banco Central.

Perspectivas a corto plazo para la OTAN en Libia

Es probable que el coronel Muamar Gadafi pierda el poder en las prximas semanas. Las fuerzas que se le oponen son demasiado fuertes. Su propio apoyo poltico y militar es demasiado dbil. Seguramente EE.UU., Gran Bretaa y Francia no permitirn que se llegue a un punto muerto en el cual Gadafi se aferre a Trpoli y a partes de Libia occidental mientras los rebeldes conservan el este del pas.

Incluso antes de los ataques areos Gadafi no haba logrado movilizar ms que unos 1.500 hombres para avanzar sobre Bengasi, y muchos de ellos no eran soldados entrenados. El motivo para su avance es que los rebeldes en el este no pudieron lanzar a la batalla a los 6.000 soldados cuya desercin desencaden el levantamiento original.

Los primeros das de intervencin extranjera son parecidos a la experiencia de EE.UU. y sus aliados en Afganistn en 2001 y en Iraq en 2003, por su exitoso desarrollo. Sus ataques areos desbarataron una columna de tanques e infantera al sur de Bengasi. Los sobrevivientes han huido. La derrota podra parecerse pronto a la rpida disolucin de los talibanes y del ejrcito iraqu.

En Iraq y Afganistn la mayora de la gente se alegr por haberse librado de sus gobernantes, y la mayora de los libios se alegrarn si se sacan de encima a Gadafi. Su rgimen podra caer ms rpido de lo que se espera actualmente. Los expertos han estado haciendo gestos admonitorios en los ltimos das, diciendo que Gadafi podr estar loco pero no es estpido, pero eso significa que subestiman la calidad de pera bufa de su rgimen.

Lo que tiene el potencial de producir un desastre similar al de Afganistn e Iraq es la prxima etapa en Libia despus de la cada de Gadafi-. En ambos casos una guerra exitosa dej a EE.UU. como el poder predominante en el pas. En Iraq esto se convirti rpidamente en una ocupacin imperial del tipo antiguo. La ocupacin fue la madre de todos los errores, como gusta repetir un dirigente iraqu. En Afganistn, EE.UU. siempre tom las decisiones, incluso aunque Hamid Karzai diriga el gobierno.

El mismo problema se va a presentar en Libia. Habr una falta de socios locales crebles. Los rebeldes han mostrado que son poltica y militarmente dbiles. Por cierto, si no hubiera sido as, no habra habido necesidad para una intervencin extranjera de ltimo minuto para salvarlos.

Los dirigentes locales que llegan al poder en estas circunstancias son usualmente los que hablan el mejor ingls y se llevan bien con EE.UU. y sus aliados. En Bagdad y Kabul los que ascendieron originalmente fueron los que adularon ms y estaban dispuestos a presentarse ante el Congreso para expresar su zalamera gratitud por las acciones de EE.UU.

Hay otra complicacin ms. Libia es un Estado petrolero como Iraq, y la riqueza petrolera tiende a sacar a relucir lo peor de casi todos. Lleva a la autocracia, porque quienquiera que controle los ingresos del petrleo puede pagar poderosas fuerzas de seguridad e ignorar al pblico. Pocos Estados que dependen totalmente del petrleo son democracias.

Los aspirantes a dirigentes libios que jueguen bien sus cartas durante los prximos meses podrn colocarse en una posicin para ganar mucho dinero. Un empleado pblico iraqu en Bagdad coment cnicamente antes de la cada de Sadam Hussein en 2003 que los iraques exiliados son una rplica exacta de los que actualmente nos gobiernan, pero la actual dirigencia estaba casi hastiada ya que nos han estado robando durante 30 aos mientras que los nuevos gobernantes sern voraces.

Ya hay seales de que David Cameron, Hillary Clinton y Nicolas Sarkozy comienzan a creer demasiado su propia propaganda, particularmente sobre el apoyo de la Liga rabe a los ataques areos. Diplomticos que normalmente se muestran despectivos ante los puntos de vista de la Liga rabe presentan repentinamente su llamado a favor de una zona de exclusin area como evidencia deque el mundo rabe favorece la intervencin.

En trminos de ejercicio de verdadera autoridad, probablemente Gadafi no ser reemplazado por libios, sino porlas potencias extranjeras que contribuyen a su derrocamiento. A juzgar por lo que sucedi en Afganistn e Iraq no pasar mucho tiempo para que sus acciones se perciban en Medio Oriente como hipcritas y egostas se resistan como tales.

Patrick Cockburn es autor de Muqtada: Muqtada Al-Sadr, the Shia Revival, and the Struggle for Iraq

Fuente: http://www.counterpunch.org/patrick03282011.html

rCR



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