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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-04-2011

Islandia no, Magreb s

Juan Manuel Arags
Peridico de Aragn


Siguiendo con la cuestin que abordaba hace unos das, la silenciada revolucin islandesa, que ha supuesto un vuelco en el panorama poltico de esta pequea nacin europea, hay que preguntarse cul es el motivo de que un hecho de estas caractersticas no haya tenido reflejo meditico, mientras que cada da nos desayunamos, comemos y cenamos (TVE ha llegado a tener tres periodistas en El Cairo) con los sucesos del Magreb, con las revueltas populares de Tnez, Egipto o Libia.

Vaya por delante que entiendo que lo normal es lo que est sucediendo, informativamente hablando, con el Magreb, es decir, que sucesos de tal transcendencia sean recogidos por los medios. Lo que resulta sorprendente, desde esa presunta objetividad de los medios, encargados, en teora, de contarnos lo que sucede, es el silencio que se cierne sobre Islandia. Porque, si en Islandia ocurren cosas, por qu no nos las cuentan? Por ello, me atrever a proponer una hiptesis explicativa.

El tratamiento que los medios estn realizando de los acontecimientos del Magreb subraya que son movilizaciones de carcter democrtico contra regmenes de carcter autoritario. No vamos a entrar ahora a valorar que, de la noche a la maana, regmenes amigos, y en algunos casos puestos como ejemplo, vase Tnez, se hayan convertido en feroces dictaduras a las que ese faro de la libertad y la democracia que se llama Occidente exige respeto a los derechos humanos y libertades. No vamos a hablar de ello, ni de esa hermana monarqua marroqu, tan amada por nuestra Corona. Lo que s voy a subrayar es que se describen las movilizaciones como movilizaciones de ciudadanos, se ha dicho textualmente, que "quieren ser como los europeos". Es decir, somos tan magnficos que todo el planeta desea ser como nosotros. Resulta difcil saber con qu objetivos se mueven las masas en el Magreb, incertidumbre que, en el fondo, carcome a nuestros gobiernos. Sin duda, los proyectos polticos sern diversos: desde islamistas radicales hasta liberales, pasando por comunistas, nacionalistas, etc. Pero el mensaje meditico es claro: quieren ser como nosotros. Es una manera de subrayar lo afortunados que somos, pues no tenemos que recurrir a poner en peligro nuestras vidas para alcanzar la libertad: ya somos libres. Tanto, que somos la envidia del planeta. Podemos continuar con nuestra siesta democrtica, abismados ante la televisin, y decidir con tranquilidad, y muy democrticamente, quin nos representa en Eurovisin o si la mano del defensa en el rea fue o no penalti. Vote, vote usted!

Las movilizaciones en Islandia, sas que se han cargado dos gobiernos, que han exigido el encarcelamiento de los jerifaltes econmicos del pas, que se han negado a asumir las deudas de los bancos, que han promovido una asamblea popular para redactar una nueva Constitucin, que han dado un corte de mangas al FMI y a los mercados, esas movilizaciones no pueden ser presentadas por los medios con simpata, sino con preocupacin. Porque subiran al escenario a un pueblo que, lejos de doblegarse, de asumir deudas ajenas e imposiciones irracionales, ha dicho basta. El efecto de imitacin que provocan los medios es brutal. La televisin estuvo en el centro de las revueltas de los pases del Este, que comenzaron a imitarse los unos a los otros; lo ha estado en las revueltas del Magreb, con los efectos que estamos advirtiendo. Por eso es preciso silenciar a Islandia, o poner sordina a las diez huelgas generales de Grecia, no vaya a ser que a los europeos nos d por pensar que, hombre, igual tienen razn los islandeses y ya vale de que nos tomen el pelo. Y empezramos a reunirnos en las plazas, y a coger cacerolas, y a decirles a los Tanto-monta-Monta-tanto (PP-PSOE-CIU-PNV-PAR-CC) que hasta aqu hemos llegado.

Aquel volcn islands de nombre impronunciable, aquel que llen Europa de cenizas, sirve de perfecta metfora para lo que acontece. El volcn poltico del norte debe ser silenciado, pues su nombre no recuerdo bien si es democracia o participacin popular, en nuestras geografas polticas neoliberales, resulta impronunciable. Es preciso borrar las huellas de su erupcin.

Juan Manuel Arags es profesor de Filosofa. Universidad de Zaragoza.

Artculo publicado en el El peridico de Aragn, 26/02/2011.



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