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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-04-2011

Arabia Saud: la tirana amiga

Alberto Piris
republica.es


Con la intervencin militar en Libia como motivo dominante en los comentarios sobre poltica internacional de casi todos los medios de comunicacin, parece como si las cuestiones ms relevantes a considerar fueran las relativas a cmo resolver tan embrollado asunto: armar a los rebeldes? Intervenir directamente para derrotar a Gadafi? Enfrentar dialcticamente el pensamiento belicista con el pacifista? El espectro es amplio y crece da a da.

Ante tan vasto panorama de opiniones hay muchos que piensan que, ya que los hechos estn desbordando a las palabras y la accin se adelanta al pensamiento, bueno sera reflexionar sobre lo sucedido, para saber cmo convendra reaccionar ante futuras situaciones similares, que muy probablemente estn ya a la vuelta de la esquina.

Para aclarar debidamente este asunto, es preciso profundizar un poco ms, porque el meollo de la cuestin no est en el modo de ejercer la coercin militar en tal o cual situacin, sino en si es o no posible y conveniente hacerlo. Para ello, empecemos por cambiar el mbito del discurso. En el llamado ndice de democracia, que anualmente publica el grupo empresarial The Economist, de los 167 pases analizados el ao 2010 Libia ocupa el puesto 158 y Arabia Saud el 160, es decir, solo seis puestos por encima del colista, que es el indeseable y proscrito rgimen de Corea del Norte.

Con una puntuacin mxima posible de 10, Espaa obtiene un honroso 8,16 que le sita en el puesto 18 (la pole position la ocupa Noruega, con 9,80), mientras que el Gobierno saud se queda en un vergonzoso 1,84, una dcima detrs de Libia. Si yo fuera mujer, quiz esa dcima de diferencia sera la que me hara preferir Libia a Arabia (de no existir otra opcin, naturalmente), pues en este ltimo pas una mitad de la ciudadana es desdeada y humillada diariamente por una monarqua absolutista, en el fondo tan opresiva y tirnica como la denostada dictadura, tambin hereditaria, de Corea del Norte.

Ese rgimen de rasgos medievales, que exporta fanatismo religioso bajo la forma de salafismo y mediante la construccin de mezquitas y escuelas cornicas por todo el mundo, ha exportado tambin hace poco su fuerza militar para reprimir los disturbios populares en el vecino Bahrin, en una nueva edicin para Oriente Medio de la vieja doctrina Brezhnev, y lo ha hecho con no menos violencia que la inicialmente usada por Gadafi para acallar a los libios rebeldes.

Alguien, en el mundo occidental, ha sugerido que sera preciso condenar en el Consejo de Seguridad de la ONU la agresin sufrida por los bahreines a manos de los soldados saudes? O que convendra ayudar tambin al pueblo saud en su camino hacia la democracia? Ningn dirigente poltico de relevancia mundial ha manifestado que, igual que se aspira a la sustitucin de Gadafi por un nuevo rgimen, menos tirnico, tambin sera apropiado que la dinasta de los Sad fuera expulsada del poder que viene ejerciendo de modo absoluto, entre continuas denuncias de torturas, mutilaciones y ejecuciones por las organizaciones humanitarias.

La respuesta a estas cuestiones la da un pequeo grupo de especialistas: los que analizan los recursos energticos mundiales, en su especialidad de hidrocarburos. Oigamos sus razones. En el privado club de los pases petroleros se tiene a Arabia Saud como el nico productor swing, esto es, capaz de aumentar su produccin de crudo cuando es necesario para la mejor marcha de este negocio global. All se insiste en que cualquier inestabilidad poltica local sera una amenaza para los Gobiernos occidentales tanto o ms que para el propio rgimen saud. Desde muy altos niveles financieros europeos se ha asegurado hace poco que esa contingencia podra elevar el precio del barril por encima de 200 $, lo que creara muy graves dificultades a todos los pases que dependen de este suministro.

Aunque algunos informes de WikiLeaks revelaron que era discutible esa posicin privilegiada de Arabia Saud, donde la cuantificacin de las reservas de hidrocarburos es alto secreto de Estado, el ncleo de la cuestin queda al descubierto en toda su crudeza: mientras Occidente dependa en gran medida de los suministros petrolferos de la pennsula arbiga, nada ni nadie podr poner en peligro al desptico rgimen que gobierna Arabia Saud.

De modo que, para concluir, debemos deducir que el pretendido derecho de intervencin en un Estado que oprime o masacra a sus propios ciudadanos no es de aplicacin universal, aunque en la ONU se afirme lo contrario. En tanto que nuestra civilizacin sustente su desarrollo en el uso abusivo y despilfarrador de los limitados recursos petrolferos, la tan discutida responsabilidad de proteger o injerencia humanitaria queda limitada a los pases cuyos recursos no sean esenciales para la economa mundial. As pues, estimado lector, si desea seguir yendo al trabajo en automvil todos los das para no viajar en el metro o pavonearse en su 4X4 los fines de semana, deber cerrar los ojos ante lo que sucede en Arabia Saud y acoger con entusiasmo, cuando proceda, la munificente visita de sus medievales dspotas.

http://www.republica.es/2011/03/31/arabia-saudi-la-tirania-amiga/



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