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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-04-2011

Crnica desde Misratah
El columpio sin nios

Gabriele Del Grande
Fortress Europe

Traducido por Alma Allende


Hay un columpio sin nios que sube y baja, va y viene y movido por el viento enfrente de lo que queda de una casa reducida a escombros. Tambin hay dos nios sin columpio ni ganas de jugar. Son dos hermanos. Mohamed Ali tiene once aos y Ali, catorce. El misil cay en el patio de su casa mientras se estaban divirtiendo. Cuando llegaron a urgencias, ya era demasiado tarde. A Mohamed le tuvieron que extirpar un ojo y amputar una mano. Est acostado en una cama de hospital con una pierna rota atornillada a una gua de hierro y el resto del cuerpo cubierto de vendas y cicatrices. Llora y dice que le duele. Pero su hermano mayor, Ali, no tiene palabras de consuelo, porque tambin l est en una cama del mismo hospital. Su infancia se acab en un instante. El momento de la explosin de un misil disparado a lo loco contra un distrito de la ciudad con el nico objetivo de herir a civiles. Bienvenidos a Misratah. La ciudad rebelde de la Tripolitania que lleva 40 das resistiendo heroicamente el asedio de las milicias de Gadafi y que desde hace tres semanas permanece aislada del resto del pas. Las lneas telefnicas estn fuera de servicio, la mitad de las casas no tiene corriente elctrica y la nica agua ya accesible es la de los pozos, porque los conductos del acueducto han sido cerrados por los hombres de Gadafi, que rodean la ciudad. La nica va libre que se mantiene abierta es el mar, y es precisamente sa la que hemos elegido para romper otro aislamiento: el de la prensa internacional. Porque hasta el momento ningn corresponsal de un gran medio ha logrado llegar hasta aqu.

Desembarcamos en Misratah el mircoles al medioda en un pesquero libio que zarp de Malta el da anterior, con una carga de ayuda humanitaria para la poblacin recogida por la comunidad libia en el extranjero. 150 toneladas de leche, paales, judas, arroz, pasta, atn y agua mineral. Durante la noche, en la travesa, nos hemos cruzado con los porta-aviones de la OTAN. Los mismos desde donde das antes se lanzaron los ataques contra las tres naves de la marina libia que bloqueaban el acceso al puerto de Misratah a una nave turca cargada de medicinas para el hospital de la ciudad, ahora sin frmacos y con centenares de heridos graves y gravsimos a los que hay que atender.

Nos lo confirman los mdicos de la clnica Hikma. Es el nico servicio mdico que queda en la ciudad. En principio era una clnica privada, pero el propietario est con la revolucin y, despus de que las milicias de Gadafi bombardearan el hospital, cedi gratuitamente las cincuenta camas y los quirfanos a los mdicos del policlnico. Los pacientes fueron evacuados de noche y trasladados de un hospital a otro en ambulancias. Las mismas ambulancias en las que, dos semanas antes, se montaron los mercenarios para disparar indiscriminadamente sobre la gente en la avenida Tarabulus, la calle que atraviesa el centro de Misratah y que ahora est completamente controlada por los militares del coronel.

A lo largo de la calle, en los cuatro edificios ms altos, estn apostados los francotiradores, que disparan con sus fusiles de precisin a cualquiera que se desplace en un radio de dos kilmetros. No importa si se trata de jvenes armados o de civiles. El objetivo es golpear a toda la poblacin, porque toda la poblacin ha dicho no al rgimen. De otro modo, cmo explicar la matanza del 20 de marzo, cuando murieron 40 ciudadanos de Misratah bajo los disparos de mortero lanzados por las milicias gubernativas sobre una manifestacin pacfica de 4.000 ciudadanos que haban salido a la calle despus de que el dictador anunciase al mundo el alto el fuego tras los primeros bombardeos de la OTAN a las puertas de Bengasi?

Desde entonces no ha dejado de aumentar la violencia contra los civiles. Las explosiones de la artillera pesada que retumban en los barrios escanden las jornadas. No busquis una lgica porque no la hay. No hay objetivos militares. Al menos a juzgar por las casas destruidas por los misiles que hemos visto en Qasr Ahmed, un barrio perifrico prximo al puerto. Y a diferencia de Idjabiya y Bengasi, aqu la OTAN tiene las manos atadas. Porque los tanques, los morteros y los lanzamisiles no estn fuera de la ciudad, en zonas aisladas donde pueden ser un fcil blanco para los aviones de los aliados. Aqu ninguna bomba puede ser lo bastante inteligente para reconocer un tanque, y esto por la sencilla razn de que estn en medio de la ciudad y en medio de las casas. En pleno centro, en la avenida Tarabulus y en la avenida Bengasi, en los barrios residenciales del paseo martimo Jazira y Zerrag e incluso dentro del hospital Karzas. Y apenas oyen zumbar los motores de los aviones de guerra, desaparecen en pocos segundos de la vista, yendo a esconderse detrs de las viviendas o en el viejo mercado de las hierbas.

Con los francotiradores el problema es el mismo. Los rebeldes saben exactamente desde qu edificios disparan. Pero no saben si en esos edificios mantienen a civiles todava como rehenes. Tampoco contra ellos, por tanto, puede hacer nada un bombardeo areo. Y entre tanto la batalla contina. Es una batalla sin reglas que en 40 das ha causado al menos 200 vctimas, segn las estimaciones ms prudentes de la clnica Hikma.

Hace diez das los milicianos del gobierno mataron a cuatro hombres, todos civiles, para apoderarse de su apartamente y utilizarlo como base para los francotiradores. Y hace dos das les cortaron la garganta a 17 jvenes de la revolucin, tras hacerlos prisioneros, tal vez una venganza por los francotiradores degollados a su vez por un grupo de jvenes armados de la revolucin. La moral de los jvenes de Misratah, sin embargo, es todava alta. Despus de todo, la historia de la guerra contra el colonialismo italiano debera haber enseado a Gadafi que sta es una ciudad combativa. En las avenidas centrales de la ciudad, entre los edificios de la vieja ciudad colinial, se combate hora a hora una verdadera guerra de guerrillas urbana.

Ir a la avenida Tarabulus es demasiado peligroso; nos dispararan los francotiradores. As que intentamos llegar a la avenida Bengasi. Todas las calles que la rodean estn cortadas por sacos de arena, filas de ccteles molotov listos para ser usados y decenas de mantas chamuscadas extendidas en el suelo, que en el momento oportuno son empapadas en gasolina e incendiadas para bloquear as el paso de los carros blindados de Gadafi y poder dispararles con los viejos kalashnikov y los cohetes rpg llegados de contrabando en las ltimas semanas desde Bengasi. A nuestro alrededor, todas las paredes estn acribilladas de disparos, cuando no derribadas por los misiles y por los tanques. Cuando comenzamos a hacer fotos nos disparan. Primero proyectiles y enseguida un cohete, que afortunadamente cae sin estallar en la calle de al lado. Suficiente para que salgamos corriendo y vayamos a visitar, antes de que se ponga el sol, las escuelas transformadas en refugios de solidaridad para las familias evacuadas.

Son centenares de personas. En lugar de los bancos, el suelo de las aulas esta cubierto de alfombras. Las escuelas estn cerradas desde hace cuarenta das. Masoud Masoudi es padre de seis nios. Est aqu con su mujer marroqu, Boushra. Les han destruido la casa y se han salvado gracias a un coche de los insurgentes, que les ha trasladado aqu indemnes. Mientras nos lo cuenta, no puede reprimir las lgrimas. La nia lo mira con una mirada grave, como si fuese la primera vez que descubre la debilidad del padre. Se hacen los mayores, pero tambin ellos tienen miedo, los ms pequeos. En la escuela de al lado hay 130. Todo ellos proceden del orfanato de la avenida Tarabulus. Hace tres das tambin hasta ellos llegaron las bombas. Por fortuna ninguno muri. Pero tienen mucho miedo, slo aliviado por la gran solidaridad popular puesta en marcha por la ciudad.

A pesar del asedio, se encuentra comida y se comparte. Vienen a distribuirla los jvenes de la revolucin, en las escuelas de los evacuados y en el puerto, donde estn acampados ms de 6.000 extranjeros, sobre todo egipcios, pero tambin bengales, nigerianos y sudaneses. Tienen miedo de volver a la ciudad entre las bombas. Esta no es su guerra. Slo quieren volver en paz a su propio pas. Pero ni sus gobiernos ni los nuestros parecen muy interesados por su suerte.

http://fortresseurope.blogspot.com/2011/04/laltalena-senza-bambini-di-misratah.html



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