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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-04-2011

Revoluciones rabes, caos libio
Las trampas de la guerra

Serge Halimi
Le Monde diplomatique

Traducido para Rebelin por Caty R.


Desde hace varios meses, las revueltas rabes agitan las cartas polticas, diplomticas e ideolgicas de la regin (Leer nuestro dossier Une rgion en bullition). La represin libia amenaza esta dinmica. Y la guerra occidental autorizada por las Naciones Unidas acaba de introducir en ese panorama un aadido de consecuencias imprevisibles.

Incluso un reloj estropeado da la hora exacta dos veces al da. El hecho de que Estados Unidos, Francia y el Reino Unido hayan tomado la iniciativa de una resolucin del Consejo de Seguridad que autoriza recurrir a la fuerza contra el rgimen libio, no basta para descalificarla de entrada. Un movimiento de rebelin desarmado y enfrentado a un rgimen de terror, a veces se ve obligado a dirigirse a una polica internacional poco recomendable. Concentrado en su desgracia no rechazar la ayuda slo por el hecho de que dicha polica internacional desdee las llamadas de otras vctimas, por ejemplo los palestinos. Incluso se olvidar de que es ms conocida como fuerza represiva que como una organizacin de ayuda.

Pero eso que, lgicamente, ha servido de brjula a los insurgentes libios abocados a un peligro extremo, no basta para legitimar esta nueva guerra de las potencias occidentales en tierra rabe. La intervencin de pases miembros de la Organizacin del Tratado del Atlntico Norte (OTAN) constituye un medio inadmisible para el intento de llegar a un fin deseable (la cada de Muamar Gadafi). Si este recurso tom la apariencia de inevitable, obligando a todos a elegir entre los bombardeos occidentales y el aplastamiento de los revolucionarios libios, es nicamente porque las dems vas la intervencin junto a una fuerza de la ONU, egipcia o panrabe- se descartaron.

Pero el historial de los ejrcitos occidentales impide que se conceda algn crdito a los motivos generosos que alegan ahora. Quin cree, por otra parte, que siendo quienes son dediquen sus recursos y sus armas a conseguir objetivos democrticos? Adems la historia reciente recuerda demasiado que aunque las guerras con esos pretextos consiguen unos primeros xitos fulgurantes ampliamente mediatizados, las etapas siguientes son ms caticas y menos exitosas. En Somalia, Afganistn e Irak, los combates no han cesado a pesar de que Mogadiscio, Kabul y Bagdad cayeron hace aos.

A los insurgentes libios les habra gustado, como hicieron sus vecinos tunecinos y egipcios, derrocar ellos solos al poder desptico. La intervencin militar franco-anglo-estadounidense amenaza con convertirles en deudores de potencias que jams se han preocupado de su libertad. Pero la responsabilidad de esta excepcin regional corresponde en primer lugar a Gadafi. Sin la furia represiva de su rgimen, que en cuarenta aos pas de la dictadura antiimperialista al despotismo pro occidental, sin sus filpicas asimilando a todos sus oponentes a agentes de al-Qaida, o ratas que reciben dinero y trabajan para los servicios de inteligencia extranjeros, el destino del levantamiento libio slo habra dependido de su pueblo.

La resolucin 1973 del Consejo de Seguridad que autoriza el bombardeo de Libia quiz impedir el aplastamiento de una revolucin condenada por la pobreza de sus medios militares, pero se parece a un baile de hipcritas. El hecho de que se bombardee a las tropas de Gadafi no se debe a que ste sea el peor de los dictadores o el ms asesino, sino a que tambin es ms dbil que otros y no tiene armas nucleares ni amigos poderos que puedan protegerle de un ataque militar o defenderle en el Consejo de Seguridad. La intervencin que se ha decidido contra el coronel confirma que el derecho internacional no tiene unos principios claros cuya violacin conllevara siempre una sancin.

En realidad se trata de un blanqueamiento diplomtico a la manera de un blanqueamiento financiero: el minuto de virtud permite borrar decenios de ignominia. As, el presidente francs bombardea a su antiguo compadre en los negocios, al que recibi en 2007 cuando todo el mundo conoca la naturaleza de su rgimen sin embargo se agradece que Nicolas Sarkozy no le ofreciera el savoir-faire de nuestras fuerzas de seguridad que ofreci el pasado mes de enero al presidente tunecino Zine El-Abidine Ben Al En cuanto a Silvio Berlusconi, el amigo ntimo del Gua libio que viaj en once ocasiones a Roma, arrastrando los pies tambin se uni a la coalicin virtuosa.

La mayora de los gerontcratas rechazados por el impulso democrtico tienen un asiento en la Liga rabe, que se uni al movimiento de la ONU antes de fingir consternacin en cuanto se dispararon los primeros misiles estadounidenses. Rusia y China podan oponerse a la resolucin del Consejo de Seguridad o enmendarla para reducir el alcance o los riesgos de escalada. Si lo hubiesen hecho, despus no habran tenido que lamentar el uso de la fuerza. Finalmente, para que quede clara la rectitud de la comunidad internacional en este asunto, hay que sealar que la resolucin 1973 acusa a Libia de detenciones arbitrarias, desapariciones forzosas, torturas y ejecuciones sumarias, todas esas cosas que por supuesto no existen en Guantnamo ni en Chechenia ni en China

La proteccin de los civiles no es simplemente un requisito irrecusable. Tambin impone, en perodo de conflicto armado, el bombardeo de objetivos militares, es decir, de soldados (a menudo civiles requeridos para llevar el uniforme), ellos mismos mezclados con poblaciones desarmadas. Por su parte, el control de una zona de exclusin area significa que los aviones que patrullan dicha zona corren el riesgo de que los derriben y capturen a sus pilotos, lo que a continuacin justificar que los comandos de tierra se dediquen a liberarlos (1). Se puede forzar el lenguaje hasta el lmite, pero no es posible maquillar indefinidamente la guerra mediante eufemismos.

Porque, en ltima instancia, la guerra pertenece a los que la deciden y la dirigen, no a los que la recomiendan soando con que ser corta y venturosa. Dirigir desde casa los planes impecables de una guerra sin odio y sin errores tiene muchos encantos, pero la fuerza militar a quien se confa la tarea de ejecutarla lo har en funcin de sus inclinaciones, sus mtodos y sus exigencias. Es decir, que los cadveres de soldados libios ametrallados durante su retirada son, lo mismo que las masas alborozadas de Bengasi, consecuencias de la resolucin 1973 de las Naciones unidas.

Las fuerzas progresistas de todo el mundo estn divididas con respecto al asunto libio, segn hagan hincapi en su solidaridad con un pueblo oprimido o en su oposicin a una guerra occidental. Ambos puntos de vista son necesarios, pero no siempre se puede reclamar su satisfaccin simultnea. Cuando hay que elegir no queda ms remedio que determinar si una etiqueta de antiimperialista obtenida en el escenario internacional autoriza a alguien a machacar diariamente a su pueblo.

En el caso de Libia, el silencio de algunos gobiernos latinoamericanos de izquierda (Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia) sobre la represin que Gadafi ha ordenado es an ms desconcertante que la oposicin del Gua libio a Occidente, pura fachada. Gadafi denuncia que es vctima de un complot colonialista, pero lo hace despus de que asegur a las antiguas potencias coloniales que todos estamos en la misma lucha contra el terrorismo. Nuestros servicios de inteligencia colaboran. Os hemos ayudado mucho en los ltimos aos (2).

El dictador libio, cuyas palabras repitieron Hugo Chvez, Daniel Ortega y Fidel Castro, pretende que el ataque del cual es objeto se explicara por el deseo controlar el petrleo. Pero el petrleo libio ya es explotado por la empresa estadounidense Occidental Petroleum (Oxy), la britnica BP y la italiana ENI (lase al respecto el artculo de Jean-Pierre Srni Le ptrole libyen de main en main. Hace varias semanas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) celebraba los grandes resultados macroeconmicos de Libia y sus progresos en el fortalecimiento del papel del sector privado (3). Amigo de Gadafi, Ben Al recibi alabanzas comparables en noviembre de 2008, pero servidas personalmente por el director general del FMI Dominique Strauss-Kahn, que llegaba derecho de Trpoli (4).

La antigua ptina revolucionaria y antiimperialista de Gadafi, recuperada en Caracas y en La Habana, sin duda tambin se le escap a Anthony Giddens, terico de la tercera va de Blair, que anunciaba en 2007 que Libia se iba a convertir bien pronto en una Noruega del norte de frica: prspera, igualitaria y proyectada al futuro (5). Ante una lista tan eclctica de embaucados, cmo vamos a creer todava que el Gua libio tambin est tan loco como pretenden?

Varias razones explican que los gobiernos latinoamericanos de izquierda se hayan confundido con respecto a Gadafi. Han querido ver en l al enemigo de su enemigo (Estados Unidos), pero eso no debera bastar para convertirlo en su amigo. Un mediocre conocimiento del norte de frica Chvez dice que se inform de la situacin en Tnez llamando a Gadafi- los condujo a continuacin a defender lo contrario de la colosal campaa de mentiras orquestada por los medios (Fidel Castro dixit). Sobre todo porque eso los devuelve a situaciones personales cuya pertinencia era discutible en cada caso particular. No s por qu sucede esto y por qu sucede ah, declar el presidente venezolano a propsito de Libia, me recuerda a Hugo Chvez el 11 de abril. El 11 de abril de 2002, un golpe de Estado apoyado por los medios de comunicacin manipulados intent derrocarle.

La antigua ptina revolucionaria de Gadafi ha abusado de la izquierda latinoamericana

Y hay ms factores que han llevado a un error en el anlisis de la situacin libia: un esquema mental forjado por decenios de intervencin armada y dominacin violenta de Estados Unidos en Amrica Latina, el hecho de que Libia ayud a Venezuela a implantarse en frica, el papel de Estados Unidos en la Organizacin de los Pases Exportadores de Petrleo (OPEP) y en las cumbres Amrica del Sur-frica (ASA) o el enfoque geopoltico de Caracas dirigido a reequilibrar su diplomacia en el sentido de relaciones Sur-Sur ms estrechas.

A eso hay que aadir todava la tendencia del presidente Chvez a considerar que las relaciones diplomticas de su pas implican para l una relacin de proximidad personal con los jefes de Estado: Fui un amigo del rey Fahd de Arabia Saud, soy amigo del rey Abdal, que est aqu en Caracas (). Amigo del emir de Catar, del presidente de Siria, un amigo que tambin vino aqu. Amigo de Buteflika (6). Cuando el rgimen de Gadafi (amigo mo desde hace mucho tiempo) incurri en la represin de su pueblo, esa amistad se ha convertido en un lastre. En definitiva Chvez ha desperdiciado la ocasin de presentar las revoluciones del continente africano como las hermanas pequeas de los movimientos de izquierda latinoamericanos que l conoce bien.

Ms all de ese desacierto, sin duda la diplomacia representa el dominio en el que, en todos los pases, se revelan mejor los defectos de un ejercicio solitario del poder hecho de decisiones opacas, libres de cualquier control parlamentario y de toda deliberacin popular. Cuando adems se erige, como en el Consejo de Seguridad, en defensora de la democracia por medio de la guerra, el contraste es forzosamente llamativo.

Despus de haber utilizado, no sin xito, el resorte geopoltico antioccidental, el argumento progresista de la defensa de los recursos naturales, el dirigente libio no ha resistido mucho tiempo a la tentacin de jugar la ltima carta del enfrentamiento entre religiones. Las grandes potencias cristianas, explic el 20 de marzo pasado, se han comprometido en una segunda cruzada contra los pueblos musulmanes, con el pueblo libio a la cabeza, cuyo objetivo es borrar al Islam (del mapa). Sin embargo, trece das antes Gadafi compar su represin con aqulla que caus mil cuatrocientas vctimas mortales palestinas: Incluso los israeles tuvieron que recurrir a los tanques en Gaza para combatir a semejantes extremistas. Lo nuestro es parecido (7). Esto no ha debido de aumentar la popularidad del Gua en el mundo rabe.

Pero ese ltimo volantazo al menos tiene una virtud. Recuerda la nocividad poltica del enfoque que reproduce, invirtindola, la temtica neoconservadora de las cruzadas y los imperios. Los levantamientos rabes, porque en ellos se mezclan los laicos y los religiosos y se oponen a laicos y religiosos-, quiz anuncian el final de un discurso que se proclama antiimperialista cuando nicamente es antioccidental. Y en su odio a Occidente mete en el mismo saco lo peor la poltica de las caoneras, el desprecio por los pueblos indgenas, las guerras de religin- y todo lo bueno que ha aportado, de la filosofa de la Ilustracin a la seguridad social.

Apenas dos aos despus de la revolucin iran de 1979, el pensador radical sirio Sadik Jalal Al-Azm detallaba, para refutarlas, las caractersticas de un orientalismo a contrapelo que rechazaba la va del nacionalismo laico y la del comunismo revolucionario y llamaba a combatir a Occidente para un retorno a la autenticidad religiosa. Los principales postulados de este anlisis culturalista resumidos y despus sometidos a la crtica por Gilbert Achacar, estipulan que,

el grado de emancipacin de Oriente no debe y no puede medirse con el rasero de valores y criterios occidentales como la democracia, el laicismo y la liberacin de las mujeres; que el Oriente musulmn no puede aprehenderse con los instrumentos epistemolgicos de las ciencias occidentales; que no es pertinente ninguna analoga con los fenmenos occidentales; que el factor que mueve a las masas musulmanes es cultural, es decir, religioso, y que su importancia sobrepasa la de los factores econmicos y sociales que condicionan las dinmicas polticas occidentales; que la nica va de los pases musulmanes hacia el renacimiento pasa por el Islam; finalmente, que los movimientos que blanden el estandarte del retorno al Islam no son reaccionarios o regresivos como lo percibe el punto de vista occidental, sino al contrario, son progresistas en cuanto que se resisten a la dominacin de la cultura occidental (8).

Puede que este enfoque fundamentalista de la poltica no haya dicho su ltima palabra. Pero desde la onda expansiva nacida en Tnez, se siente que su pertinencia ha sido rebajada por los pueblos rabes que no quieren situarse ni contra Occidente ni a su servicio (9) y lo demuestran atacando tanto a un aliado de Estados Unidos (Egipto), como a uno de sus enemigos (Siria). Lejos de temer que la defensa de las libertades individuales, la libertad de conciencia, la democracia poltica, el sindicalismo o el feminismo constituyan otras tantas prioridades occidentales maquilladas como universalismo emancipador, los pueblos rabes se apoderan de ellas para marcar su rechazo al autoritarismo, las injusticias sociales, los regmenes policiales que infantilizan a sus pueblos tanto ms espontneamente puesto que estn dirigidos por los viejos. Y todo esto, que recuerda otros grandes impulsos revolucionarios, que arranca da tras da las conquistas sociales y democrticas de las que se ha perdido la costumbre en muchas partes, ellos lo emprenden con entusiasmo en el momento preciso en que Occidente aparece dividido entre su miedo al declive y su laxitud ante un sistema poltico necrosado en el cual lo parecido sustituye a lo idntico al servicio de los mismos.

Una resolucin de las Naciones Unidas que tambin vale para las luchas de las poblaciones occidentales

Nadie puede afirmar que ese entusiasmo y esa valenta rabe van a seguir marcando las pautas. Pero ya nos han descubierto posibilidades inexploradas. El artculo 20 de la resolucin 1973 del Consejo de Seguridad, por ejemplo, estipula que se declara resuelto a velar para que los haberes (libios) congelados (en aplicacin de una resolucin precedente) pasen en una etapa posterior, lo antes posible, a disposicin del pueblo de la Jamahiriya rabe libia y se utilicen en su beneficio. Por lo tanto, ser posible congelar los haberes financieros y devolvrselos a los ciudadanos de un pas! Apostamos a que esta enseanza no se perder: los Estados tienen el poder de satisfacer a los pueblos. Desde hace algunos meses, el mundo rabe nos viene recordando otra leccin, tambin universal: los pueblos tienen el poder de obligar a los Estados.

(1) Leer al respecto Libye: les enjeux dune zone dexclusion arienne, Philippe Leymarie, Dfense en ligne, 7 de marzo de 2011.

(2) Entrevista al Journal du dimanche, Pars, 6 de marzo de 2011.

(3) Vase Le FMI tresse des lauriers Kadhafi, Le Canard enchan, Pars, 9 de marzo de 2011.

(4) Strauss-Kahn ou le gnie du FMI- soutient Ben Ali!, Dailymotion.

(5) Antohony Giddens, Mi chat with the colonel, The Guardian, Londres, 9 de marzo de 2007.

(6) Chvez: Nos oponemos rotundamente a las pretensiones intervencionistas en Libia, Aporrea, 25 de febrero de 2011.

(7) Interview de Kadhafi 07/03/2011 pour France 24, part 2/2 Dailymotion.

(8) Gilbert Achcar, Lorientalisme rebours: de certaines tendances de lorientalisme franais aprs 1979, Mouvements, n 54, 2008, La Dcouverte, Pars.

(9) Vase Alain Gresh, Ce que change le rveil arabe, Le Monde diplomatique, marzo de 2011. En un discurso pronunciado el pasado 19 de marzo, el secretario general del Hizbul libans, Hasn Nasral, estim que cualquier imputacin que Estados Unidos fabrica, dirige, provoca o lanza a esas revoluciones (rabes) es injusta para esos pueblos, y falsa

Fuente: http://www.monde-diplomatique.fr/2011/04/HALIMI/20379



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