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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2011

Libia: (Se puede estar a favor de la libertad y ser antiimperialista?)
Sentimentalismo, artillera e independencia

Manuel Garcia, Jr.
Informed Comment

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Recuerdo mi visita a mis abuelos en La Habana durante una vacacin de verano en 1958. Los colores, el calor, los sonidos y los olores eran todos ricos, acres y sensuales. Tambin era impresionante para un muchacho que creca en la ciudad de Nueva York la flagrante pobreza de muchos cubanos: adultos con nios desnudos alquilados se acurrucaban en las intersecciones de las calles mendigando al paso de los turistas. Fulgencio Batista era el dictador en Cuba, cuyo rgimen fue caracterizado por Arthur M. Schlesinger, Jr. como: La corrupcin del gobierno, la brutalidad de la polica, la indiferencia del rgimen ante las necesidades del pueblo de educacin, atencin mdica, vivienda, justicia social y econmica es una invitacin abierta a la revolucin. La revista Bohemia, equivalente cubano de la revista Life de EE.UU. en la poca, imprima fotos de revolucionarios muertos durante tiroteos con la polica de Batista, yaciendo en charcos de sangre en la calle. Slo o a adultos que hablaban de poltica de vuelta a Nueva York, cuando me llevaron a la parte noroeste de Manhattan, nuestro viejo barrio, para que me cortaran el pelo en la peluquera cubana bajo el tren elevado a lo largo de Broadway, y en los apartamentos de piedra arenisca de parientes y amigos de la familia durante visitas del domingo. Todos estaban ansiosos, todos queran una Cuba libre, todos pensaban en Fidel.

Ese otoo mi padre compr nuestro primer coche, un Ford Fairlane de 1959 con pintura a dos colores, blanco y caramelo, "caf con leche." Pareca bastante claro que nuestra familia se quedara en EE.UU. para siempre. Entonces, el primero de enero de 1959, Batista huy de la isla y el ejrcito victorioso de Castro entr siete das despus a una Habana en xtasis jubiloso. Volvimos en junio para una larga vacacin de verano. Incluso en el avin de Cubana de Aviacin (un Lockheed Electra) que vol desde el aeropuerto Idlewild, se poda sentir el jbilo, el sentimiento general de exultacin ante la llegada de la Revolucin Cubana. Pero el verdadero impacto de esa revolucin me impact cuando sal del tubo de metal lleno de aire viciado que era ese avin, y baj al asfalto y hacia el lujuriante calor aromtico de un pas tropical con su gente extasiada de alegra. Las familias de mendigos haban desaparecido, haba sonrisas por doquier, y los barbudos estaban por todas partes. Los barbudos de entonces eran revolucionarios en uniformes verde olivo inmaculados, con cartucheras con pistolas muy pulidas y excepcionalmente detalladas, algunas plateadas, otras doradas, algunas de acero azulado, algunas con caones muy largos, otras con mangos con grabados artsticos. Solo las barbas eran desgreadas, todo lo dems desde las suelas de las botas hasta los gorros estaba limpio, brillante y nuevo. Primero me puse un poco nervioso cuando un barbudo se suba a un tranva o a un autobs y se sentaba a mi lado. Pero eran invariablemente bien educados y pronto me acostumbr a sentarme junto a un largo can dorado.

Lugers (hermosas), Colts 45 brillantes y plateados, y robustos revlveres Smith & Wesson de calibre 44 para seis tiros. Algunos tenan a veces rifles, pero las pistolas eran universales y definitivamente pruebas de identidad.

Durante ese verano de 1959, viaj por toda la isla, vi muchas escenas (como en un tour por un hospital picado de balas en el campo, otrora escena de una batalla, y que haba vuelto afortunadamente al servicio), y mucha gente feliz. Incluso encontr a Fidel en Isla de Pinos (ahora Isla de la Juventud). Sin embargo, por materialmente pobres que hayan sido algunos cubanos, especialmente los campesinos, todos estaban igual de felices: se sentan libres, la vida era ahora una alegra a pesar de sus cargas. Cada persona, cada sitio, cada momento, exudaba el mismo sentido de alborozo. Me sumerg en un sentimiento nacional de libertad, que inund mi psique y mis huesos. Esa experiencia magnetiz para siempre mi comps poltico, de modo que a pesar de argumentos verbales y elucubraciones lgicas en aos posteriores, mi comps siempre apunta mis simpatas hacia la libertad de cualquier pueblo.

Durante los 52 aos desde mi inmersin en la efervescencia revolucionaria, he aprendido de la erosin de la alegra natural por experiencia abrasiva que para gozar plenamente de su libertad un pueblo tiene que comprometerse individualmente con una conducta responsable y considerada. Como dijera tan bien Aristteles: He logrado esto mediante la filosofa: que hago sin ser comandado lo que otros hacen slo por temor a la ley. As, mi prejuicio es favorecer la libertad para otros, en la esperanza de que su aprecio por esa libertad se exprese como sentido de la hermandad aristotlica.

Hoy en da veo a la gente de Libia, y Bahrin, y Siria, como semejante a los cubanos con los que viv en casa de mis padres en la Cuba de Batista. Quieren libertad de sus dictadores, y soy incapaz de no sentir simpata por sus deseos. Tal vez si estudiara sus culturas e historias, encontrara buenos motivos para superar mis impulsos emocionales a su favor. Tal vez encontrara actitudes retrgradas entre ellos, digamos respecto a la religin, a la condicin de las mujeres, o prejuicios raciales, o hacia la administracin de justicia, o por el trato a los animales, y esas deficiencias relativas a mi propia cultura me alertaran para llegar a ser ms lgico y maduro en mi evaluacin del mrito de mi preocupacin, y especialmente de cualquiera consideracin de apoyo poltico y material del gobierno de mi pas. Podra llegar a saber que los pases no tienen amigos, tienen intereses. Si fuera as, quisiera asegurarme de no comprometer nada de lo que me interesa mis principios y causas, y recursos nacionales que podran ser utilizados para prestaciones sociales en el interior debido al apoyo irreflexivo a revoluciones en el exterior. Despus de todo, sentimientos semejantes pueden ser explotados por camarillas en el poder y gobiernos para crear intervenciones en el extranjero que son ejemplos de oportunismo imperialista apenas disimulado.

Sin embargo, probablemente debido a la inmediatez de las actuales telecomunicaciones por Internet, me es imposible concebir a los individuos que veo y escucho en las calles del Norte de frica y de Medio Oriente como tan remotos de mi experiencia, especialmente la joven generacin inalmbrica. Se parecen a mis hijos. Prefiero realmente formular argumentos lgicos a favor de Muamar Gadafi porque estn de acuerdo con mi inters por oponerme al imperialismo occidental disfrazado de intervencin humanitaria? No quiero hacerlo. Puedo realmente dejar de lado toda consideracin de la especificidad de esta revolucin particular en este momento en particular (escogido de manera tan inconveniente), y de ver el mayor bien en oponerme a toda ayuda a los rebeldes contra Gadafi porque su libertad personal no es tan importante en el contexto general actual como el esfuerzo por mantener una estricta no intervencin de las potencias occidentales (en particular EE.UU.)? No puedo hacerlo. Y no soy capaz de olvidar a la gente.

Por lo tanto os pregunto, es posible tener una inclinacin por la libertad, una oposicin a la dictadura en cualquier sitio, y tambin oponerse a la poltica capitalista-imperialista que una parte tan grande de (todas?) las polticas exteriores europeas? Es posible apoyar revoluciones populares contra tiranos y dictadores no importa cun benvolos esos dictadores puedan ser en ciertas ocasiones y ante las audiencias occidentales hasta el punto de estar de acuerdo con remedios segn la 2 enmienda, armar revoluciones populares para que puedan equiparar de modo verosmil el poder de fuego de sus opresores? En breve, pueden los antiimperialistas hacer que la libertad sea un principio gua? Somos solidarios con la consecuencia ideolgica, o con masas de seres humanos en todo el globo?

La respuesta positiva a lo sealado es creer que es posible identificar situaciones dignas de apoyo, en las que un pueblo demuestra visiblemente su deseo de derrocar la tirana y gobernarse democrticamente; y su rgimen dictatorial demuestra su extrema falta de legitimidad. En la ficcin popular, el personaje de Rick Blane, representado por Humphrey Bogart en la pelcula de 1942 Casablanca, podra identificar y apoyar semejantes revoluciones. (Ser posible filmar actualmente en EE.UU. una cinta tan radical?) El prefecto francs de polica en Casablanca acusa a Rick Blane de ser sentimentalista, porque en 1935 usted llev fusiles a Etiopia. En 1936, usted combati en Espaa del lado de los lealistas. Blane replica sarcsticamente Y me pagaron bien en ambas ocasiones. El prefecto termina su alegato: El lado vencedor le habra pagado mucho ms.

Por lo tanto, podemos ser sentimentalistas? Fue la flota francesa en Yorktown en 1781 bajo el comando del Comte de Grasse solo un asunto de intereses y no de amigos, o tuvo que ver con un cierto sentimentalismo? Dejo a vuestro criterio decidir si esa intervencin francesa fue algo bueno o una falla en la historia. Podemos lamentar seriamente la derrota dirigida por los cubanos de las Fuerzas Sudafricanas de Defensa en la batalla de Cuito Cuanavale en 1988 durante la guerra civil angolana, con la liberacin de Namibia y el inicio de la subsiguiente cada del apartheid en Sudfrica? Los 2.289 cubanos que murieron durante la intervencin de Cuba en el sudoeste de frica, y los 450.000 soldados y trabajadores del desarrollo cubanos que participaron en ese esfuerzo, fueron probablemente sentimentalistas incluso si muchos eran demasiado jvenes para recordar La Habana de1959.

Las noticias sugieren ahora que el presidente Obama y el gobierno britnico consideran la posibilidad de armas a los revolucionarios libios. (http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/africaandindianocean/libya/8415043/LibyaBritain-considers-arming-rebels.html) Es sentimentalismo, o una explotacin cnica de simpata pblica hacia los rebeldes libios, tal vez armndolos ligeramente como parte de una accin mayor para lograr el control del destino de Libia? Tal vez revolucionarios libios un poco mejor armados podran hacer el trabajo sucio de terminar con Gadafi, y absorber las bajas necesarias para esa tarea sin que se arriesgue a soldados de la OTAN. Tambin, la tctica de un programa de ayuda militar podra cooptar los servicios de seguridad y militares de la Libia posterior a Gadafi (como lo hicieron los gobiernos de Kennedy y Johnson con varias fuerzas policiales y militares suramericanas durante los aos sesenta). Por otra parte, tal vez los libios son suficientemente listos como para utilizar cualesquiera obsequios de armas para su propia liberacin sin perder su sentido nacional de direccin. Debieran armar a los rebeldes libios las naciones de la OTAN?

Si las naciones de la OTAN dan a los revolucionarios libios suficiente armamento pesado (y tal vez unas pocas sugerencias sobre tcticas militares) para que superen a las fuerzas de Gadafi, asegurarn el xito de la revolucin. Si esa revolucin lleva a un gobierno democrtico estable, la causa de la libertad habr sido bien servida, especialmente si ese gobierno posterior a Gadafi es autnticamente independiente. Si las naciones de la OTAN no son capaces de aceptar la posibilidad de un gobierno libio independiente posterior a Gadafi, no entregarn suficientes armas a los revolucionarios para lograr una victoria rpida y decisiva. En su lugar, harn llegar poco a poco slo los recursos suficientes para que el eventual gobierno posterior a Gadafi emerja como un rgimen cliente. Sera como la poltica de Stalin en Espaa de 1936 a 1939. Esa actitud fue plasmada sucintamente en la pelcula "Lawrence Of Arabia," donde preguntan al general Allenby si se propone cumplir su anterior promesa a T. E. Lawrence de armar a las tropas rabes con artillera fuera de armas porttiles, para que su revuelta contra el rgimen turco pudiera avanzar significativamente (http://www.youtube.com/watch?v=sppPQogIhxs): Si les dais artillera los habris hecho independientes. Pero, Allenby sabiendo lo que quera Londres, responde: Entonces no les puedo dar artillera, verdad?

Los sentimentalistas esperan que los revolucionarios libios obtengan pronto su artillera, y gozan con su versin de la euforia cubana de 1959, por inconveniente que su libertad resulte ser para los poderes imperantes. Los sentimentalistas prefieren tener amigos que solo intereses, y no pueden tolerar que otros sean oprimidos o esclavizados si quieren que sean sus amigos.

No deberamos permitir que nuestra oposicin a las fechoras, errores y desaciertos de nuestros gobiernos repriman nuestra disposicin de aprovechar eventos espontneos que puedan llevar al derrocamiento de tiranos, y al logro de libertad poltica para ms gente.

Manuel Garcia, Jr. es fsico jubilado (ensayos de bombas nucleares de EE.UU.) y su correo es:[email protected]

Fuente:http://www.juancole.com/2011/03/an-open-letter-to-the-left-on-libya.html#comment-58637



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