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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-04-2011

Por qu no un nuevo tratado con Bolivia?

Editorial de Punto Final
Punto Final


El anuncio del presidente de Bolivia, Evo Morales, de que su gobierno recurrir a la Corte Internacional de Justicia de La Haya para obtener una salida soberana al Ocano Pacfico, provoc fuertes reacciones en Chile. El recurso se basara en la ilegitimidad del tratado de 1904, vigente entre Chile y Bolivia como consecuencia de la guerra del salitre de 1879-83. El presidente Sebastin Piera seal que la decisin boliviana constituye un serio obstculo para las conversaciones que se llevan en el marco de una agenda consensuada entre los dos pases, que incluye la demanda martima. Grupos ultranacionalistas propusieron -como era de esperar- la ruptura de relaciones con Bolivia, reducidas desde 1978 slo a nivel consular.

Para Chile, as como para Bolivia, llegar a un acuerdo sobre la salida al mar (y tambin sobre los dems problemas pendientes entre ambos pases), tiene primera prioridad por su vecindad y conflictiva historia. Conviene ampliamente a los dos pueblos en todos los planos, tanto productivos, de intercambio, de complementacin as como en materia cultural, educacional y tecnolgica y, sobre todo, porque reparara el trauma histrico que afecta al pueblo boliviano por la prdida de su litoral y de la actual regin de Antofagasta. Se eliminara as un foco de resentimiento y rencor, que no debe existir entre pueblos hermanos.
La importancia de este entendimiento para el futuro de nuestros pueblos exige una mirada comprensiva y buena voluntad de las partes, y en el terreno prctico, prudencia, imaginacin y flexibilidad para solucionar los problemas.
Como pas soberano, Bolivia tiene derecho a concurrir a la Corte Internacional de Justicia para que sta se pronuncie sobre la justeza de su peticin. Podra recurrir ahora mismo o ms adelante, si fracasan las conversaciones con Chile o si ellas llegaran a resultados que considerara insuficientes.
Si Bolivia ejerce un derecho legtimo, propio de su soberana, no corresponde a Chile considerar inamistosa esa decisin, ni alterar las negociaciones en marcha, salvo para acelerarlas y llegar pronto a una solucin. La validez o nulidad del tratado de 1904, que ha estado vigente durante ms de un siglo, es un tema complicado, que, sin embargo, no debera preocupar a Chile ya sea por los precedentes internacionales como porque existiendo consenso, es posible modificar o reemplazar tratados vigentes por otros que se ajusten a la nueva realidad. Es el caso de este tratado, producto de una guerra de rapia instigada por el imperialismo britnico de la poca. Regular las relaciones chileno-bolivianas a travs de un nuevo tratado de lmites y de convenios que corrijan injusticias y que abran cauce a la cooperacin e integracin de ambas naciones, sera una profunda leccin de justicia y hermandad para el mundo.
En plena dictadura militar, Chile no rompi relaciones con Argentina cuando la junta militar de ese pas declar insanablemente nulo el fallo arbitral de la Corona britnica que favoreca a Chile en el diferendo por el Canal de Beagle.
Ahora mismo, la presentacin de Per ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya demandando la modificacin del lmite martimo con Chile, no ha influido mayormente en las relaciones bilaterales que ambos gobiernos desean intensificar. Por qu con Bolivia no se hace lo mismo? Acaso se busca un pretexto para interrumpir conversaciones que hasta el momento han significado un considerable avance con relacin a las tensiones y dificultades que hubo antes del triunfo del presidente Evo Morales? Es ms, se ha producido en Chile una creciente apertura de la ciudadana para aceptar la salida al mar para Bolivia, aunque el tema de la soberana claramente tiene menos acogida, en especial si se propusiera un acuerdo que rompiera la continuidad territorial del pas.

Sin embargo, siempre es posible lograr soluciones aun en las situaciones ms difciles. Soluciones que seran producto de transacciones de ambas partes, pero que permitiran avances graduales en un tiempo que probablemente no ser breve.
Chile tiene la responsabilidad tica de continuar y apurar las conversaciones con Bolivia. Esa responsabilidad recae sobre nosotros, pues hemos disfrutado durante ms de cien aos de las riquezas de una regin conquistada en una guerra que ninguno de los dos pueblos quiso, y que benefici en ltimo trmino a capitalistas extranjeros. Adems, el vicepresidente de Bolivia, Alvaro Garca Linera, ha reiterado que por ningn motivo su pas interrumpir las conversaciones en marcha, voluntad que debera compartir Chile.
Incluso los que critican al presidente Evo Morales por su decisin de recurrir a la Corte Internacional de Justicia deberan tener presente que el pueblo boliviano ha esperado mucho tiempo -ms de un siglo- una solucin que no llega y que, con razn, desconfa de conversaciones que se prolongan indefinidamente. En esas circunstancias es obligacin de un gobernante tratar de encontrar caminos alternativos. Es lo que precisamente ha hecho el presidente Morales.

Los intereses de Chile y Bolivia son complementarios, sobre todo en su zona fronteriza. Para Chile es la posibilidad de agua, gas natural y petrleo, alimentos derivados de la agricultura y ganadera, intercambios culturales y educacionales y la contencin del deterioro de los poblados del altiplano que se van convirtiendo en villorrios fantasmas. Para Bolivia significa disponer de una salida al mar para sus exportaciones hacia los mercados asiticos, complementacin con los corredores ocenicos, intercambios culturales, tecnolgicos y educacionales, en definitiva, romper el enclaustramiento y comenzar a cicatrizar una herida profunda.
El entendimiento entre Chile y Bolivia, al que debera en algn instante sumarse Per, posibilitara crear una zona de desarrollo de alto dinamismo en el Pacfico Sur, en el marco de una integracin latinoamericana que se abre camino a pesar de todas las dificultades y de los intentos desestabilizadores que azuza el imperialismo, vido de controlar las riquezas naturales para garantizar su supervivencia.



(Editorial de Punto Final, edicin N 730, 1 de abril, 2011)
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