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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2011

Las guerras del petrleo

Juan Manuel Arags
El peridico de Aragn


El historiador griego Tucdides, padre de la Historia como estudio del devenir humano y sus causas, fue el primero en distinguir entre causas superficiales y causas profundas en los acontecimientos histricos. Las causas superficiales son las excusas que se suelen argumentar para desencadenar, por ejemplo, una guerra, mientras que las causas profundas son las que realmente mueven al conflicto. A Tucdides le cabe el mrito de haber sido el primero en distinguir entre lo que decimos que motiva nuestros actos y lo que en realidad hay detrs de los mismos. En cierto modo, pudiera decirse que se halla detrs de la que debe ser la actitud filosfica fundamental, la sospecha, la desconfianza ante pretendidas evidencias.

Si Tucdides pudiera historiar los acontecimientos contemporneos probablemente agrupara las guerras de Irak, Afganistn y Libia bajo un mismo concepto: las Guerras del Petrleo. Las tres tienen en comn una causa superficial, una excusa, la defensa de la libertad, los derechos humanos, la poblacin civil, y una causa profunda, el control de regiones estratgicas para las financiocracias occidentales, ocultas bajo el concepto de comunidad internacional. Que las guerras de Irak y Afganistn nada tiene que ver con el biestar de sus poblaciones y la democratizacin de sus pases es una evidencia palmaria. Los gobiernos de Irak y Afganistn estn implicados en la corrupcin que asola a sus pases y sus polticas para con su poblacin, especialmente para con la mujer y las minoras, continan siendo tremendamente represivas. La intervencin de las potencias occidentales se hizo como medio de control de su materia prima esencial, el petrleo, caso de Irak, o de sus vas de exportacin, caso de Afganistn.

El caso de Libia es absolutamente semejante. Nuevamente la defensa de los derechos humanos es invocada, pues, nuevamente, el tirano al que hemos armado y que nos aprovisiona de crudo, utiliza esas armas contra su poblacin. En esas condiciones, se plantea una intervencin militar en defensa de la poblacin. Pero, por qu Libia, y no Israel o alguno de los pases del Golfo, ejemplos tambin de represin contra su poblacin?

Hace falta mucha ingenuidad para creer los discursos que nuestros gobernantes lanzan para proteger su petrleo. A estas alturas de la pelcula, cuando Sarkozy, Zapatero u Obama salen, con tono solemne, a justificar la intervencin, una carcajada homrica debiera salir de nuestras gargantas para helarles el gesto. Otra vez el mismo cuento! Y sin embargo, buena parte de nuestras anestesiadas sociedades acuden a la ensima tomadura de pelo como si fuera la primera. Cmo creer, de nuevo, que los pases de la OTAN actan para defender a la poblacin civil? Sera magnfico un mecanismo democrtico para defender a las poblaciones civiles, la duda que surge es por qu a unas se las defiende, si las bombas pueden entenderse como defensa, y a otras no.

La ingenuidad, o pasividad cmplice, de nuestras mayoras sociales slo es superada por la irresponsabilidad y ceguera de quienes nos dirigen. Un mnimo anlisis de lo ocurrido en Irak y Afganistn aconsejara, cuando menos, prudencia. Ha quedado demostrado, no en un caso, sino en dos, la dificultad que representa invadir un pas, la inestabilidad que se provoca, los efectos inesperados que suscita. Afganistn e Irak no han contribuido sino a empeorar la imagen de Occidente en el resto del planeta y ha promovido, entre los musulmanes, la idea de que contra ellos todo vale. Libia no hace sino profundizar en esa direccin.

Cada da que pasa, se acenta la sensacin de improvisacin e incertidumbre. Quin dirige la operacin? Cul es su objetivo si no es deponer a Gadafi? Qu sabemos de la oposicin? Cul es su discurso poltico? Qu piensa la Liga rabe, que un da dice una cosa y al siguiente la contraria? Y la Organizacin para la Unidad Africana? Tras la catstrofe de Japn y la profunda crisis econmica, parece que la prudencia es aconsejable, que los pasos que se den deben ir dirigidos a reducir incertidumbres, no a aumentarlas exponencialmente. Sin embargo, nuestros gobiernos se han metido en Libia con una ligereza que, descartada por los hechos su buena voluntad, solo habla de su nivel de irresponsabilidad.

Y no nos vengan con el discursito de siempre de que el que no est con la comunidad internacional est con Gadafi, como antes estuvo con Sadam o con los talibanes. Miren, no cuela, no nos vamos a sentir mal. Entre otras cosas porque los talibanes, Sadam y Gadafi fueron, en su momento, hijos bienamados de Occidente. No nos digan que la pasividad favorece las masacres, porque la pasividad es su norma (en Israel, en Honduras, en el Golfo Prsico, en Somalia, en el Shara...). Su conversin al humanitarismo queda desdicha por el reguero de sangre y petrleo que vienen dejando todas sus intervenciones humanitarias.

Juan Manuel Arags. Profesor de Filosofa. Universidad de Zaragoza

Fuente: http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=659943

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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