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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-04-2011

Brevsima respuesta a Mikel Arizaleta
El gordo y el flaco

Santiago Alba Rico
Rebelin


Sin duda Alma Allende y yo deberamos sentirnos molestos o humillados o al menos avergonzados despus de la severa reconvencin de nuestro amigo Mikel Arizaleta, especialista en la Iglesia catlica. Nos ha pillado! Qu calladitos estamos! Pero no hemos estado callados. Es que Arizaleta no nos ha querido escuchar. Ms all de las entrevistas en radio, de las traducciones y los muchos textos publicados en otros medios (uno de los cuales se reproduce hoy precisamente en Rebelin), resulta que, tras el largamente citado en su catilinaria, hemos publicado dos artculos en estas mismas pginas. El primero, el 4 de marzo, mantena un razonamiento que nos sigue pareciendo inobjetable, pero contemplaba ya la posibilidad de una intervencin militar y la abordaba en estos trminos: nadie mnimamente de izquierdas puede apoyar, justificar o permanecer callado ante una intervencin de EEUU. Esto hay que decirlo alto y claro. Pero no menos alto y claro hay que decir que la situacin nueva del mundo rabe entraa riesgos y que habr que escoger uno de ellos. Los riesgos son tres: una intervencin de la OTAN, una victoria de Gadafi y una victoria del pueblo en armas contra l. La intervencin de la OTAN entraa el riesgo mayor. En cuanto al segundo artculo, publicado el 19 de marzo, poco despus de que Zapatero anunciase su intencin de participar en los bombardeos de la coalicin, deca literalmente lo siguiente: Nuestra responsabilidad, la de los pueblos europeo y estadounidense, es la de salir a la calle, no slo para protestar contra la intervencin, no, sino para mandar a Zapatero y a Rajoy, a Sarkozy, a Berlusconi, a Obama y Clinton (y a todos los dems) a hacer compaa a Mubarak y Ben Al. Arizaleta pasa elegantemente por encima de esas palabras para exigirnos precisamente que las pronunciemos, so pena de condenarnos a las llamas eternas del infierno: Libia nos muestra, levanta el dedo nuestro Savonarola, la corrupcin y la criminalidad de nuestros gobiernos. Derribarlos se ha convertido en deber humano si no quiere convertirse en sospecha colaboracionista por nuestra parte.

Es verdad que cuando no se pueden derribar aviones, es ms fcil tratar de derribar a un ser humano, aunque para ello haya que utilizar las mismas tretas fangosas que reprochamos al enemigo. Cuntas veces Arizaleta ha reprochado con razn al gobierno espaol que exigiese a la izquierda abertzale la renuncia del demonio y de sus pompas antes de escuchar su voz! Y cuntas veces ha sealado justamente que esa prctica criminalizadora no es ms que un expediente inquisitorial para silenciar un discurso poltico alternativo! Aqu pasa lo mismo que en el Pas Vasco, pero al revs. Las diferencias polticas entre Arizaleta y yo -sospecho- deben ser muy grandes, pero l prefiere llamarme colaboracionista (por muy alto que clame contra la OTAN) antes que afrontarlas; y conminarme al retracto (debe querer decir retractacin) antes que pensar en lo que he dicho y tratar de oponer datos y argumentos. Desgraciadamente son bastante frecuentes en estos das de confusin las reacciones ms elementalmente paulovianas: salivar y sacar las garras. Analizar siempre entraa angustia e incertidumbre; es mucho ms cmodo cargarse de razn, esa expresin que de manera luminosa Snchez Ferlosio identificaba con la actitud crispadamente paciente del torpe, pomposo, clerical y cortimirante Oliver Hardy -el gordo- ante los disparates del siempre errado e infantil Stan Laurel -el flaco.

Y si, en ltimo trmino, Arizaleta no slo se cargase de razn sino adems la tuviese contra Santiago Alba Rico y Alma Allende, y nosotros nos retractsemos y expisemos nuestros pecados y nos azotsemos y caminsemos de hinojos sobre brasas ardientes, qu? Bueno, pues eso: mientras las bombas caen aqu y all y los pueblos se levantan sin que nosotros comprendamos nada de nada, habramos resuelto al menos un asuntillo personal.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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