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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-04-2011

Puerto Rico
La soberana del pueblo

Carlos Rivera Lugo
Claridad


Si existe un hecho al que no se le puede dar la espalda en estos tiempos es al cambio radical por el que atraviesa la idea de la soberana. Menos an en Puerto Rico, donde la soberana decimonnica centrada en la constitucin del estado-nacin nos eludi. Una socioeconoma colonial mayormente enmarcada en la subsistencia de la inmensa mayora, pari una burguesa criolla dbil y un pueblo trabajador alienado en la produccin precaria de sus medios de vida. De ah que, a diferencia de lo acontecido en la mayor parte del resto de Nuestra Amrica en ese momento, no se produjo la coagulacin de fuerzas necesarias para el adelanto de un proyecto independentista.

Si bien hubo sus heroicas y significativas gestas independentistas, desde la yaucana Repblica de Boricua proclamada por una rebelin de esclavos a comienzos del siglo XIX hasta la Repblica de Lares de 1868, encabezada desde el exilio por el caborrojeo Ramn Emeterio Betances, lo cierto es que la burguesa criolla nunca tuvo la fuerza ni el inters para articular un proyecto propio de estado-nacin. De ah que se conform con ser una clase social intermediaria de los intereses de la metrpoli de turno, cuyo proyecto poltico nos reduca a mero apndice dependiente.

Por su parte, el pueblo, ese protagonista indispensable que haba despertado al calor de las luchas revolucionarias en Europa y Amrica (Norte y Sur), en Puerto Rico fue sometido bajo un paradigma de subsistencia que lo alienaba de los procesos bajo los cuales se disputaban las cuestiones de poder. De ah su ausencia de los procesos polticos y de ah la debilidad de nuestros reclamos tanto frente a Espaa como a Estados Unidos.

Ya en la primera parte del siglo XX, aunque surgen varios proyectos pro independencia, el ms importante siendo el del Partido Nacionalista encabezado por Pedro Albizu Campos, el proyecto de pas propugnado pareca ignorar la importancia que las libertades econmicas y sociales, as como el progreso material, tenan en el imaginario del pueblo de carne y hueso. Se enfatiza casi exclusivamente en la soberana jurdico-poltica de la nacin como el eslabn dbil de la cadena de dominacin colonial-capitalista. Incluso, se cay a veces en cierta adulacin temeraria del pasado espaol frente al presente yanqui, en total ignorancia de la memoria histrica. Complic el hecho de que las dos fuerzas polticas que ms impacto tuvo en esa patria-pueblo nuestro, el Partido Socialista y el Partido Popular Democrtico, pasaron a inscribir sus aspiraciones dentro del rgimen colonial, el primero como anexionista y el segundo como autonomista. La soberana fue demonizada por ambos como inters exclusivo de unas clases e intereses sociales an anclados en el pasado y sin pertinencia hacia el futuro.

Lamentablemente, el independentismo no ha logrado comprender las particularidades que este desarrollo histrico particular de nuestra formacin social puertorriquea le ha impuesto al fenmeno poltico y a las consideraciones estratgicas de ste. Tanto las excelentes investigaciones sobre el desarrollo histrico de nuestra clase obrera del reconocido socilogo puertorriqueo ngel Quintero Rivera y los ensayos crticos de ese insigne intelectual dominico-boricua Jos Luis Gonzlez sobre la relacin entre la estructura de clases y la cultura nacional en el contexto histrico puertorriqueo, por citar slo dos ejemplos, han sido en general ignoradas en sus implicaciones prcticas.

Se prefiere seguir pregonando un derecho del pueblo puertorriqueo a la autodeterminacin e independencia, en su calidad de sujeto jurdico, es decir, formal y abstracto. De ah que sera de esperarse que una vez se ha conseguido el reconocimiento formal de ese derecho para nuestro pueblo por el Comit Especial de Descolonizacin de la ONU, el paso a su concrecin depende de que ese mismo pueblo, ya como sujeto poltico real, se decida a hacerlo realidad. De lo contrario estamos soando con pajaritos preados si no entendemos que cualquier avance futuro en los reconocimientos internacionales a nuestros reclamos est determinado por los avances nacionales que protagonice el pueblo de Puerto Rico.

Es por ello que insisto en que si hay algo que aprender a partir de los cambios paradigmticos por los que atraviesa la cuestin del poder soberano a travs del mundo, tal y como lo hemos presenciado en la Amrica nuestra y ms recientemente en el Medio Oriente, la descolonizacin es en el fondo una cuestin de democratizacin radical de la sociedad pues slo a partir del pueblo es que se puede potenciar.

Hay que superar la reduccin que siempre se ha hecho del poder soberano a su dimensin jurdica, enmarcado en el modelo decimonnico de la soberana del estado-nacin, bajo el cual el pueblo es el gran ausente. Bajo esa visin, al pueblo slo se le reconoce formalmente, para legitimar unas relaciones sociales y de poder en que la soberana es de facto apropiada por las elites econmicas y polticas para su beneficio particular y exclusivo. A partir de ello la soberana, as como la democracia, es representada por dichas lites cuando de lo que se trata es que sean encarnadas directamente en el pueblo.

En los ltimos aos se ha pretendido adelantar, como si fuese nueva, la idea de la soberana a partir del examen de una serie de pases cuyos xitos econmicos-sociales ha resultado un acto contable de puro ilusionismo macroeconmico. Inscrita bajo el modelo neoliberal abrazado por sus elites econmicas y polticas, dichas soberanas exitosas han terminado por dejar un mal sabor en la boca de sus pueblos, a quienes las elites neoliberales gobernantes, han dejado en la bancarrota. Son los casos, por ejemplo, de Irlanda e Islandia.

En el caso de Islandia, su pueblo se volc a la calles para desbancar la intencin criminal de su elite gobernante de rescatar sus intereses econmicos privativos sobre las espaldas de la sociedad toda. Las protestas ciudadanas obligaron al gobierno a someter a referendo la consideracin de las medidas draconianas con las que se pretenda atender la crisis. Nueve de cada diez finalmente las rechazan. El gobierno dimite. Se le exigi responsabilidad a los polticos y burcratas por la crisis. Se emitieron rdenes de detencin contra banqueros. De paso, el pueblo soberano oblig a la eleccin de una asamblea constituyente para la redaccin de una nueva constitucin. Los trabajos de la Asamblea se centrarn en las recomendaciones consensuadas en distintas asambleas que habrn de celebrarse por todo el pas. All s que hay una soberana exitosa de la que vale la pena hablar!

Deca Betances que ser libres es empezar a serlo. La soberana se materializa con nuestras acciones individuales y colectivas para decidir sobre nuestro presente y futuro. Por ejemplo, las reuniones que se celebran a travs del pas para la constitucin de un Frente Amplio son actos soberanos. La huelga de los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico es una accin soberana. La campaa del proyecto ecologista y de autogestin econmica Casa Pueblo contra la mal llamada "va verde" es un acto soberano. La lucha del pueblo que termin por sacar a la Marina de Guerra de Estados Unidos de la isla-municipio de Vieques, constituy un acto de afirmacin soberana con una impresionante fuerza normativa y poltica.

Por soberana hay que entender la autodeterminacin individual y colectiva, como la gobernanza real y directa del pueblo. Y como tal, se refiere a procesos tanto econmicos como polticos, ms all de los jurdicos. Soberanos tenemos que ser cada uno y cada una para decidir, no slo como ciudadanos sino que tambin como personas de carne hueso, a partir de nuestras circunstancias particulares como trabajadores y trabajadoras, como profesores/maestros y estudiantes, como hombres y mujeres, como blancos y negros, en toda su rica pluralidad constitutiva. Se trata de hablar de la soberana del pueblo, como realidad que se afirma a partir de cada uno y una de nosotros y nosotras.

El poder est en la lucha. Se construye, no se toma. En ese sentido, es protesta, resistencia pero sobre todo propuesta y construccin de lo alternativo, refundacin de lo existente a partir de las experiencias de lo comn. Insisto en que la soberana es un acto de libre determinacin y no una cesin por una autoridad superior en Washington, como se concibe bajo la desacreditada versin liberal-capitalista de sta. Tiene que materializarse no slo en torno a lo jurdico-poltico sino que, sobre todo, en lo econmico-social. Y por lo econmico-social me refiero a la necesaria soberana que, por ejemplo, tienen que ejercer los trabajadores sobre los procesos de produccin y distribucin social de las riquezas en nuestro pas. Sin esa soberana de facto en los centros de trabajo, en las instituciones educativas o en las comunidades, en todos los mbitos de nuestra vida colectiva, no existe hoy una verdadera soberana.

El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, colaborador permanente y miembro de la Junta de Directores del semanario puertorriqueo Claridad .

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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