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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-04-2011

Breve defensa de "otro" universalismo

John Brown
Iohannes Maurus


Entre los textos recientes de Immanuel Wallerstein figura un librito dedicado a los orgenes del Universalismo europeo (Universalismo europeo: la retrica del poder 2006).Este libro pretende mostrar, entre otras cosas, que el universalismo que supuestamente sirve de base a las intervenciones "humanitarias" y al "deber de injerencia" no es ninguna novedad, sino que los mismos argumentos que hoy se esgrimen en favor de la intervencin en Libia o que ya se utilizaron para las expediciones militares de Yugoslavia, Afganistn e Iraq, resonaron hace cinco siglos en la Espaa que necesitaba justificar su imperio. Por un lado, el padre Vitoria, defensor de la particularidad de las distintas sociedades indgenas y de la legitimidad natural de sus ordenamientos polticos, por el otro,Gins de Seplveda, quien justificaba la destruccin del orden poltico y social de los indios en nombre de los numerosos crmenes contra la naturaleza que estos cometan, entre los cuales destacaba como el ms horrendo la antropofagia.

Quedaban as delineadas para la modernidad dos grandes posturas que determinarn la evolucin del derecho de gentes: por un lado, el respeto a la soberana como principio casi absoluto, por otro, la colocacin por encima de las soberanas de un principio superior, de alcance universal que permite enjuiciar a cada pueblo desde fuera, cosa que el principio soberano impeda. O el derecho era slo el conjunto de normas que cada comunidad se daba, o bien era un conjunto de normas universales capaces de juzgar y derogar las anteriores. Sabemos en qu amplia medida la opcin universalista fue aplicada por las potencias europeas en sus conquistas coloniales y en sus empresas de dominacin imperial, cuyo ltimo avatar es el imperialismo humanitario denunciado por Noam Chomsky o Jean Bricmont. El universalismo, cuya forma ms extendida es la defensa de los derechos humanos, aparece hoy, sobre todo, como la mscara del ejercicio de la fuerza por parte de las grandes potencias "democrticas". Humanidad y bestialidad no son as sino las dos caras de una misma moneda.

Noam Chomsky siempre fue sumamente crtico, como lo es tambin Immanuel Wallerstein, de este imperialismo humanitario. La reivindicacin por el Imperio de los trminos "democracia" y "derechos humanos" es para Chomsky un ejercicio de mentira y de cinismo. La mejor prueba de ello es que jams una intervencin "humanitaria" se ha dirigido contra un crimen perpetrado por las propias grandes potencias y sus Estados vasallos. De manera kantiana considera Chomsky que la no universalizabilidad de una mxima de conducta destruye la moralidad del acto que en ella se basa. Esto, sin embargo, no priva enteramente de pertinencia el que un movimiento popular -como las actuales insurrecciones rabes- se remita a estos valores al luchar contra la dictadura que lo oprime. Puede haber as un uso no cnico de los valores "universalistas", cuando de lo que se trata es de librarse de la particularidad poltica que los niega en la prctica. Tiene sentido hablar de "libertad" cuando la libertad no es sino el otro aspecto de la liberacin y la libertad de expresin no es sino la palabra pblicamente tomada. No se trata en este caso de derechos "garantizados", sino de derechos ejercidos en una correlacin de fuerzas que, a su vez, abre paso a una nueva constitucin. El universalismo deja de ser abstracto y mentiroso y se convierte en potencia de lo comn que busca expandirse.

Frente a las revoluciones rabes y a su concreta demanda y simultneo ejercicio de libertad, las izquierdas, sobre todo latinoamericanas, han mostrado una muy peculiar ceguera. Uno de los motivos de esta ceguera -aparte de la ptica dualista caracterstica de la izquierda como tal, a la que ya nos hemos referido aqu- es el rechazo de toda universalidad como mera propaganda del imperialismo. Los motivos de este rechazo son claros, y, sin embargo, esta actitud puede ser muy nociva para quienes la defienden. Un proceso revolucionario "socialista" cobra slo sentido en cuanto se inscribe en una dinmica mundial de superacin del capitalismo, en cuanto asume su universalismo propio, que no tiene por qu coincidir con el del capital. Asumir este universalismo significa ser capaz de asociar un proceso de resistencia y de cambio con otro, de descubrir y desarrollar lo comn de los distintos procesos. Para ello es indispensable reconocerlos, reconocerse en ellos. Una lucha por la libertad y contra una tirana en un lado del planeta debe poder reconocerse en otra muy lejana: ambas deben poder resonar desde el suelo comn de resistencia a la opresin que las ana. No se trata de limitarse a invocar principios y valores abstractos que han resultado excelentes compaeros de la caonera o el bombardero y han sido justamente criticados, sino de ir ms all. Se trata de asociarse a la libertad y a la resistencia en ejercicio, hecha acto.

La peor conclusin que los movimientos antiimperialistas pueden extraer de la crtica al intervencionismo humanitario es que slo los regmenes ms brutales y menos respetuosos con las libertades son los que pueden hacer frente a la brutalidad del Imperio. Slo regmenes enrocados en su soberana, permanentemente a la defensiva dentro y fuera de sus fronteras podran, segn esta perspectiva, resistir a los embates de las grandes potencias y defender sus transformaciones sociales. Esta lgica conduce a defender a Gadafi, a Ahmadi Nejad en Irn o a Laurent Gbagbo en Costa de Marfil, a defender, en abstracto todo rgimen que se oponga al menos nominalmente o coyunturalmente al orden imperial, por nefasto para sus poblaciones y liberticida que sea. El particularismo antiimperialista se asocia a otros particularismos frente al universalismo mentiroso y cnico del capital. La izquierda soberanista se limita a negar tambin cnicamente el universalismo abstracto de los derechos humanos, pero se muestra incapaz de afirmar otro universalismo absolutamente incompatible con el imperio del capital, un universalismo sin universales ni generalidades abstractas, basado como la democracia spinozista no en la representacin y en sus principios jurdicos, sino en la composicin de fuerzas concreta que constituye lo comn.

Ese "otro" universalismo es hoy indispensable, incluso para defender mejor y ms eficazmente procesos de transformacin en curso desde hace mucho tiempo como el cubano o desde bastante menos como los dems procesos latinoamericanos de contenido anticapitalista. Dejar toda referencia universal en manos del capital y de sus agentes es aceptar su victoria sin combatir. Slo hay poltica cuando una posicin particular pugna por afirmar su universalidad. Slo desde lo comn, desde esa particularidad que lucha por imponer su universalidad tienen sentido la democracia y la propia poltica, la libre expresin y la libre asociacin, la propia singularidad de cada uno. No se trata de derechos que requieren la garanta de un soberano que, por su propia posicin, se reserva el derecho de conculcarlos, sino del ejerciciosin garantasen un nuevo marco social y productivo, de la potencia de lo singular. Esa misma potencia que hoy vemos derribar tiranas que parecan sempiternas, la misma que ya pudimos ver en accin en la Comuna de Pars, en 1917 en Rusia o el el 58 en Cuba.Los procesos de transformacin actuales slo podrn articularse y reforzarse entre s si reconocen su comn fundamento, ese universalismo sin abstracciones ni generalidades que algunos seguimos empeados en denominar comunismo.

Fuente: http://iohannesmaurus.blogspot.com/2011/04/breve-defensa-de-otro-universalismo.html


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