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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2011

El xito de revoluciones que no triunfan
El error de clculo libio

Vijay Prashad
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


1. Particiones.

La OTAN calcula mal y dispara tres veces contra los rebeldes de Bengasi. Los comandantes de la OTAN culpan a una lnea de fuego confusa. Es difcil distinguir, dicen, entre rebeldes libios y soldados libios. Libia est efectivamente dividida entre oeste y este.

Gadafi sigue al mando del oeste. Su hijo, Saif-al-Islam dijo a la BBC que su familia no tiene inters en irse a Arabia Saud, Zimbabue o Venezuela. Saif y su hermano Saadi han presentado una oferta de que su padre podra considerar la renuncia a una posicin que afirma que no ocupa, mientras sus hijos puedan permanecer con algn tipo de autoridad. (Gadafi padre realiz la notable proeza de centralizar el poder en nombre de la descentralizacin). Al parecer el ex congresista de EE.UU. Curt Weldon dijo a Gadafi que le podra nombrar presidente honorario de la Unin Africana yse podra permitir que sus hijos fueran candidatos en una futura eleccin libia. Los rebeldes de Bengasi estn horrorizados. No es lo que esperaban.

El propsito de la intervencin humanitaria era ms grandioso. Imaginad si Richard Holbrooke hubiera ido donde Milosevic y permitido que Mirjana Markovic (la esposa de Slobodan) se presentara a las elecciones (resulta que Mirjana ahora es lder de la Izquierda Yugoslava, que se presenta a las elecciones serbias). Gadafi utiliz dinero del petrleo libio para financiar a la Unin Africana (ese dinero pagado para la construccin de casas para los dirigentes africanos que asistieron a la cumbre de Lusaka de 2001). Podran tolerarlo en su capacidad honoraria, aunque sera un desastre para cualquier potencial que siga subsistiendo en la Unin Africana.

Dentro de la familia Gadafi las tensiones hierven. Mutassim, Hannibal y Khamis prefieren las armas, y sus historias cargadas de testosterona no calzan con el tono ms conciliador de Saif y Saadi (la conciliacin de Saif es hacia Europa y EE.UU., no hacia su propio pueblo, como demostr en su discurso del 20 de febrero).

El lento avance dela rebelin es causa de discordia en la dirigencia rebelde. Los tres principales comandantes militares rebeldes no se llevan bien: Khalifa Hefter, quien abandon Vienna, Virginia, para ir a Bengasi, no est de acuerdo con el ex ministro del interior, el general Abdul Fattah Younis, ni con Omar el-Hariri. Dos de los dirigentes polticos rebeldes, Mahmoud Jibril (quien trabaj estrechamente con Said-al-Islam en la privatizacin de Libia) y Ali Essawi (ex embajador en India) permanecen en Europa, buscando apoyo para su Consejo. Pero los desacuerdos se generalizan, y la estrategia inicial para la negociacin en Trpoli no le gusta a nadie. Jibril y Hefter tenan grandiosos objetivos, pero no tan grandiosos como los de la comunidad de los derechos humanos.

La rebelin estall el 15 de febrero, cuando el gobierno libio arrest al abogado de 39 aos Fateh Terbil. Terbil fue liberado, pero no est en la primera lnea de los responsables de las decisiones. La gente como Terbil est marginada. Lo ms cercanoun representante de esa lnea es Ahmed Sadik El Gehani, ex consultor legal del gobierno de Gadafi, que ahora est ocupado redactando una Constitucin para la nueva Libia. Las negociaciones con el rgimen de Gadafi, y su familia, tampoco les gustan. Pero ante el punto muerto militar la alternativa razonable es iniciar negociaciones con Trpoli para un acuerdo a travs de mediadores o declarar la formacin de Libia Oriental, un nuevo pas. En ese caso, Egipto tendra que reconocerlo inmediatamente. Lo mismo vale para Turqua. Son la clave.

Las tierras petrolferas se encuentran en la frontera entre las dos partes del pas, cerca de las arenas movedizas de la lnea de fuego, entre Ras Lanuf y Brega. Si hay una particin o un acuerdo a travs de intermediarios, ser necesario llegar a un entendimiento sobre la estabilidad de oleoductos y gasoductos y sobre la reparticin de los beneficios entre este y oeste. Son temas problemticos, y no se ven en el horizonte de ninguno de los lados del pas.

2. Democracia.

Hace algunos aos, un amigo mo estaba sentado con E. P. Thompson, el historiador marxista. Mi amigo, Dilip Simeon (que tiene una hermosa nueva novela llamada Revolution Highway), lamentaba los lmites de la democracia burguesa. Edward Thompson, segn Dilip, le pidi que dejara de usar la palabra burguesa despus de democracia. Le causaba dolor de cabeza a Edward Thompson. La frase ofenda a la democracia.

Es difcil predecir el impacto de eventos revolucionarios.

La contrarrevolucin aplast las revueltas de 1848, pero no pudo romper su espritu ni su dinmica. La cultura del feudalismo pereci como secuela, rota por el ascenso de nuevas identidades sociales. Nuestra poca, la poca de la democracia, se abre, escribi Federico Engels en febrero de 1848. Un trabajador, pistola en mano, entr a la Cmara de Diputados francesa y dijo: No ms diputados, somos los amos. La contrarrevolucin fue feroz. La burguesa, plenamente consciente de lo que est haciendo, libra una guerra de exterminio contra ellos, seal Marx. A pesar de todo, 1848 abri un nuevo horizonte social, contra esclavitud y sometimiento, y un punto medio de lucha entre la promesa de una revolucin anterior (1789) y la posibilidad de una ulterior (la Comuna de Pars de 1871). Europa no pudo volver a su poca del ltigo y las pelucas empolvadas. Ese tiempo haba terminado.

Otras tantas revoluciones han tenido un impacto similar, rompiendo la marcha de formas ms antiguas de claustrofobia social, sin inaugurar de inmediato nuevas formas de libertad social. Las de 1905 y 1917 de Rusia fortalecieron la voluntad de movimientos anticoloniales. Gandhi, entonces abogado en Sudfrica, escribi sobre la Revolucin Rusa de 1905: La agitacin actual en Rusia contiene una gran leccin para nosotros. Los trabajadores rusos y todos los dems sirvientes declararon una huelga general y detuvieron todo trabajo, y est fuera de las posibilidades, incluso del Zar de Rusia, obligar a los huelguistas a volver con las puntas de las bayonetas. Porque incluso los poderosos no pueden gobernar sin la cooperacin de los gobernados. Si los obreros y campesinos rusos podan declararse en huelga contra sus autcratas, as podan hacerlo los indios e indonesios, los sudafricanos y los persas. La idea de no cooperacin de Gandhi lleg a travs de San Petersburgo.

El proyecto de los movimientos de liberacin nacional del Tercer Mundo emergi con la cabeza en alto en los aos veinte y luego desapareci derrotado de la escena de la historia en los aos ochenta. Y sin embargo, tambin en este caso, se destruy un legado de arbitrariedad colonial cuando los pases comprometidos con el proyecto trataron de corregir problemas que pensaban que slo ellos podan enfrentar (siguiendo estas lneas, Fanon escribi en 1961: El Tercer Mundo actual se enfrenta a Europa como una masa colosal cuyo proyecto debe ser el intento de resolver los problemas para los cuales Europa no ha sido capaz de encontrar las respuestas). Las tasas de desigualdad en el Sur Global contradicen cualquier xito de este proyecto, y sin embargo es un formidable ejemplo de la era del Tercer Mundo que ofrece sustento a tantas luchas que germinan en el Sur.

Ms cerca de nuestro tiempo, los levantamientos globales de 1968 de Tokio a Ciudad de Mxico, de Pars a Karachi, puediera parecer que no tuvieron mucho impacto. Los sueos revolucionarios de trabajadores y estudiantes quedaron desbaratados al borde del camino mientras los jvenes entregaban sus consignas y su inconformismo atrados por su prosperidad personal. Y sin embargo, el impacto social y poltico de 1968 es formidable, y el nuevo horizonte establecido en las relaciones de gnero y de raza no es el menos importante. Muchos de la generacin del 68 podrn haber emigrado al mundo de las corporaciones, y se fue el gran lmite de esa revuelta, pero a pesar de todo no han podido dar marcha atrs en los nuevos compromisos de igualdad social.

Tnez y Egipto planean elecciones en este ao. Hay un cambio social importante en el mundo rabe. De las numerosas lecciones que tenemos que sacar del experimento de la URSS y de los intentos de los Estados de liberacin nacional es que juzgaron mal la importancia de las ansias democrticas y de las instituciones democrticas. Gadafi ciertamente suministr pagos de transferencia de la riqueza del petrleo a la poblacin libia, de modo que la gente en el pas goza de altos indicadores de desarrollo humano (durante los ltimos diez aos, sin embargo, esos pagos han disminuido). Pero semejantes pagos no representan un sustituto de la dignidad social y poltica, como descubren los emires del Golfo en sus poblaciones inquietas. Las elecciones no son una panacea, pero establecen un nuevo fundamento. Las demandas aumentarn. Nuevas formas de participacin popular, nuevos espacios pblicos, nuevos sueos democrticos que exceden de lejos las limitaciones rancias del neoliberalismo.

El resultado en Libia no est claro. El general del AFRICOM, Carter Ham, dice ahora que incluso a pesar de que las tropas terrestres de EE.UU. no seran una situacin ideal en Libia, podran ser la nica manera de ayudar a los rebeldes. Un conflicto militar prolongado de este tipo beneficiara a la contrarrevolucin, ya que debilitara la mano de los que buscan un camino poltico hacia adelante, basado en los nuevos horizontes sociales creados por los levantamientos. Ante el impasse, los que solo conocen la guerra quieren ms guerra. Otros buscan un alto el fuego, negociaciones y un camino basndose en lo que se ha logrado, que es considerable.

Los pases rabes no volvern a ser los mismos.

Vijay Prashad es catedrtico de Historia del sur de Asia y director de Estudios Internacionales del Trinity College de Hartford, EE.UU. Su libro ms reciente, titulado The Darker Nations: A Peoples History of the Third World, gan el premio Muzafar Ahmad de 2009. Las ediciones sueca y francesa acaban de aparecer. Para contactos: [email protected]

Fuente: http://www.counterpunch.org/prashad04082011.html

rCR



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