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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2011

La patologa del lucro y el planeta desechable

Michael Parenti
Global Research

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Hace algunos aos en Nueva Inglaterra un grupo de ecologistas pregunt a un ejecutivo corporativo cmo poda justificar su compaa (una fbrica de papel) el vertido de sus aguas usadassin tratar a un ro cercano. El ro que la Madre Natura haba tardado siglos en crear se utilizaba como agua potable, para pescar, pasear en bote y natacin. En pocos aos la fbrica de papel lo haba convertido en una cloaca abierta altamente txica.

El ejecutivo se encogi de hombros y dijo que el vertido al ro era la manera ms econmica de eliminar los desechos de la planta. Si la compaa tuviera que absorber el coste adicional de tratar el agua, podra perder su ventaja competitiva y entonces tendra que cerrar o irse a un mercado laboral ms barato, lo que llevara a una prdida de puestos de trabajo para la economa local.

Libre mercado sobre todo

Era un argumento familiar: a la compaa no le quedaba otra alternativa. Se vea obligada a actuar de esa manera en un mercado competitivo. El negocio de la fbrica no era proteger el medioambiente, sino obtener un beneficio, el mayor beneficio posible, larentabilidad ms elevada. El beneficio es el nombre del juego, los dirigentes lo dejaron cuando los presionarion al respecto. El propsito decisivo de los negocios es la acumulacin de capital.

Para justificar su inquebrantable ansia de beneficios, EE.UU. corporativo promueve la clsica teora del laissez-faire, que afirma que el libre mercado una congestin de empresas no reguladas y desbocadas que persiguen todas de manera egosta sus propios objetivos est gobernado por una benvola mano invisible que produce milagrosamente resultados ptimos para todos.

Los partidarios del libre mercado tienen una fe profunda, permisiva, en ellaissez-faire, porque es una fe que les resulta muy til. Significa que no hay supervisin gubernamental, que no tienen que rendir cuentas por los desastres ecolgicos que perpetran. Como codiciosos nios consentidos, son rescatados una y otra vez por el gobierno (qu libre mercado!), para que puedan seguir tomando riesgos irresponsables, saqueando la tierra, envenenando los mares, enfermando a comunidades enteras, devastando regiones completas y embolsando ganancias obscenas.

Este sistema corporativo de acumulacin de capital trata los recursos que sustentan la vida de la Tierra (tierras arables, aguas subterrneas, zonas hmedas, follajes, bosques, pesqueras, fondos del ocano, bahas, ros, calidad del aire) como sifueraningredientes desechables presuntamente ilimitados que se pueden consumir o envenenar a voluntad. Como BP demostr a la perfeccin en la catstrofe del Golfo de Mxico las consideraciones del coste tienen un peso muy superior a las consideraciones de seguridad. Como concluy una investigacin del Congreso de EE.UU.: Una y otra vez, se ve que BP tom decisiones que aumentaron el riesgo de un reventn para ahorrar tiempo o dinero a la compaa.

Por cierto, la funcin de la corporacin transnacional no es promover una ecologa sana, sino extraer tanto valor comercializable del mundo natural como sea posible, incluso si significa tratar el entorno como un tanque sptico. Un capitalismo corporativo en permanente expansin y una ecologa frgil, finita, van por un camino calamitoso de colisin, hasta el punto que ponen en peligro los sistemas de apoyo de toda la ecosfera, la delgada capa de aire fresco, agua y capa vegetal de la Tierra.

No es verdad que los intereses polticos-econmicos que riegen estn en un estado de negacin al respecto. Mucho peor que la negacin: han mostrado un antagonismo directo frente a los que piensan que nuestro planeta es ms importante que sus beneficios. Por lo tanto difaman a los ecologistas como ecoterroristas, Gestapo de la EPA [EPA=Agencia de Proteccin Ambiental de EE.UU., N. del T.], alarmistas del Da de la Tierra, abraza-rboles y creadores de histeria verde.

En una enorme desviacin de la ideologa de libre mercado, la mayora de las diseconomas del gran dinero se descargan sobre el pblico en general, incluidos los costes de eliminar desechos txicos, controlar la produccin, eliminar efluentes industriales (que componen entre 40 y 60% de las cargas tratadas por las plantas municipanes de alcantarillado financiadas por el contribuyente), el coste de desarrollar nuevas fuentes de agua (mientras la industria y la agroindustria consumen un 80% del suministro diario de agua de la nacin) y los costes de tratarla enfermedad y los desrdenes causados por toda la toxicidad creada. Mientras transfiere regularmente al gobierno muchas de esas diseconomas, el sector privado luego alardea de su rentabilidad superior en comparacin con el sector pblico.

Los sper ricos son diferentes

No amenaza la salud y la supervivencia de los plutcratas corporativos el desastre ecolgico tal como lo hace con nosotros, ciudadanos de a pie? Podemos comprender los motivos por los cuales los ricos corporativos pueden querer destruir las viviendas sociales, la educacin pblica, la seguridad social, Medicare y Medicaid. Recortes semejantes nos acercaran ms a una sociedad de libre mercado desprovista de los servicios humanos socialistas financiados con fondos pblicos que los reaccionarios ideolgicos detestan, y recortes semejantes no privaran en nada a los sper ricos y sus familias. Los sper ricos tienen ms que suficiente riqueza privada para procurarse cualquier servicio y proteccin que necesiten.

Pero el medio ambiente es algo diferente, verdad? No habitan los reaccionarios acaudalados y sus lobistas corporativos en el mismo planeta contaminado que todos los dems? No comen los mismos alimentos plagados de qumicos e inhalan el mismo aire envenenado? En realidad no viven exactamente comolos dems. Viven en una realidaddiferente, a menudo residen en sitios en los que el aire es mucho mejor que en reas de bajos o medianos recursos. Tienen acceso a alimentos cultivados orgnicamente y especialmente transportados y preparados.

Los vertederos txicos y autopistas de la nacin generalmente no estn situados dentro o cerca de sus ostentosos vecindarios. De hecho, los sper ricos no viven en vecindarios propiamente tales. Usualmente viven en terrenos con muchas reas arboladas, arroyos, praderas y slo unas pocas calles de acceso bien controladas. Sus rboles y jardines no se fumigan con pesticidas. Las talas indiscriminadas no arrasan sus ranchos, tierras, bosques familiares, lagos y centros de vacaciones de primera.

A pesar de todo, no deberan temer la amenaza de un apocalipsis ecolgico provocado por el calentamiento global? Quieren ver que la vida en la Tierra, incluidas sus propias vidas, se destruye? A largo plazo, ciertamente se estarn condenando ellos mismos junto con todos los dems. Sin embargo, como todos nosotros, no viven a largo plazo, sino solo en el presente. Y lo que est en juego ahora mismo para ellos es algo ms cercano y ms urgente que la ecologa global; los beneficios globales. La suerte de la biosfera parece una abstraccin remota en comparacin con la suerte de las propias y enormes inversiones.

Con el ojo puesto en las prdidas y ganancias, los dirigentes del gran dinero saben que cada dlar que una compaa gasta en cosas estrafalarias como la proteccin medioambiental es un dlar menos en ganancias. Distanciarse de combustibles fsiles y orientarse hacia la energa solar, elica y mareomotriz podra ayudar a evitar el desastre ecolgico, pero seis de las diez principales corporaciones industriales del mundo estn involucradas primordialmente en la produccin de petrleo, gasolina y vehculos a motor. La contaminacin debida a los combustibles fsiles produce miles de millones de dlares en ingresos. Los grandes productores estn convencidos de que las formas ecolgicamente sustentables de produccin amenazan con comprometer esas ganancias.

Las ganancias inmediatas para s mismos son una consideracin mucho ms apremiante que una futura prdida compartida por el pblico en general. Cada vez que uno conduce su coche, coloca su necesidad inmediata de llegar a algn sitio sobre la necesidad colectiva de evitar la contaminacin del aire que respiramos todos. Lo mismo pasa con los grandes protagonistas: el coste social de convertir un bosque en un pramo tiene poco peso en comparacin con la ganancia inmensa e inmediata que proviene de la recoleccin de la madera y del logro de un buen montn de dinero. Y siempre se puede justificar mediante la racionalizacin: hay muchos bosques ms que la gente puede visitar; no necesita ste; la sociedad necesita madera; los leadores necesitan trabajo, etc.

El futuro es ahora

Algunos de los mismos cientficos y ecologistas que consideran que la crisis ecolgica es urgente nos advierten de manera algo irritante de una catastrfica crisis climtica para finales de este siglo. Pero hasta entonces faltan unos noventa aos, cuando todos nosotros y la mayora de nuestros hijos estemos muertos, lo que hace que el calentamiento global sea un problema mucho menos urgente.

Hay otros cientficos que logran ser an ms irritantes cuando nos advierten de una crisis ecolgica inminente y luego la postergan an ms. Tendremos que dejar de pensar en trminos de eones y comenzar a pensar en trminos de siglos, dijo un sabio cientfico citado en The New York Times en 2006. Se supone que esto nos va a poner en estado de alerta? Si una catstrofe global tuviera lugar dentro de un siglo o varios siglos, quin va a tomar hoy las decisiones terriblemente difciles y costosas cuyos efectos se sentirn dentro de tanto tiempo?

A menudo nos dicen que pensemos en nuestros queridos nietos, que sern las vctimas de todo esto (un llamado hecho usualmente en un tono suplicante). Pero a la mayora de los jvenes a los que me dirijo en los campus universitarios les cuesta imaginar el mundo en el que sus nietos inexistentes vivirn dentro de treinta o cuarenta aos.

Hay que olvidar semejantes llamados. No nos quedan siglos o generaciones, ni tampoco muchas dcadas antes que llegue el desastre. La crisis ecolgica no es una urgencia distante. La mayora de los que estamos vivos en la actualidad no tendremos probablemente el lujo de decir despus de m, el diluvio porque todava estaremos presentes para vivir nosotros mismos la catstrofe. Sabemos que esto es verdad porque la crisis ecolgica ya nos afecta con un efecto acelerado y agravado que pronto podra ser irreversible.

La locura de la codicia

Desgraciadamente, el medio ambiente no se puede defender. Es cosa nuestra protegerlo, o lo que quede de l. Pero todo lo que quieren los sper ricos es seguir transformando la naturaleza viviente en mercancas y las mercancas en capital muerto. Los desastres ecolgicos inminentes no tienen mucha importancia para los saqueadores corporativos. No tienen una medida para la naturaleza viviente.

La riqueza se hace adictiva. La fortuna abre el apetito de todava ms fortuna. No hay lmite para la cantidad de dinero que alguien pueda querer acumular, impulsado por auri sacra fames, el maldito hambre de oro. Por lo tanto, los adictos al dinero se apoderan de ms y ms, ms de lo que pueden gastar en mil vidas de ilimitada indulgencia, impulsados por lo que comienza a parecer una patologa obsesiva, una monomana que borra toda otra consideracin humana.

Estn ms y ms ligados a su riqueza que a la tierra en la que viven, ms preocupados por la suerte de sus fortunas que por la suerte de la humanidad, tan posedos por su afn de de beneficios que no ven el desastre que amenaza. Hubo una caricatura del New Yorker que mostraba a un ejecutivo corporativo parado ante un atril dirigindose a una reunin empresarial con estas palabras: Y as, cuando el escenario del fin del mundo est plagado de horrores inimaginables, creemos que el perodo antes del fin estar repleto de oportunidades de beneficios sin precedentes.

No es un chiste. Hace aos seal que los que negaban la existencia del calentamiento global no cambiaran de opinin hasta que el propio Polo Norte comenzara a derretirse. (Nunca esper que realmente comenzara a derretirse durante mi vida.) Hoy enfrentamos una fusin rtica que involucra horrendas consecuencias para las corrientes del golfo ocenicas, los niveles del agua en las costas, toda la zona templada del planeta y la produccin agrcola del mundo.

Por lo tanto, cmo reaccionan los capitanes de la industria y de las finanzas? Como era de esperar: como especuladores monomanacos. Escuchan la msica: aprovechar, aprovechar. Primero, el derretimiento de rtico abrir un paso directo al noroeste entre los dos grandes ocanos, un sueo ms viejo que [la expedicin de] Lewis y Clark. Eso posibilitar rutas comerciales ms cortas, ms accesibles y menos costosas. Ya no habr que avanzar con dificultad por el Canal de Panam o por el Cabo de Hornos. Los costes reducidos de transporte significan ms comercio y ms beneficios.

Segundo: sealan alegremente que el derretimiento abre vastas nuevas reservas petrolferas a la perforacin. Podrn perforar y perforar ms del mismo combustible fsil que causa precisamente la calamidad que sobreviene. Ms derretimiento significa ms petrleo y ms beneficios; es el mantra de los libres mercaderes que piensan que el mundo solo les pertenece a ellos.

Imaginad ahora que estuvisemos todos dentro de un gran autobs que circula velozmente por una carretera que termina en una cada fatal por un profundo precipicio. Qu hacen nuestros adictos a las ganancias? Corren frenticamente por todo el pasillo, vendindonos almohadas contra golpes y cintos de seguridad a precios exorbitantes. Ya haban calculado esa oportunidad comercial.

Tenemos que alzarnos de nuestros asientos, colocarlos rpidamente bajo supervisin adulta, correr al frente del autobs, apartar rpidamente al conductor, agarrar el volante, reducir la velocidad del autobs y dar media vuelta. No es fcil, pero todava puede ser posible. En mi caso, es un sueo recurrente.

Copyright Michael Parenti, Truthout, 2011

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=24232

rCR



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