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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-04-2011

Honduras
El Imperio no descansa: ahora endulza a Chvez

Ricardo Salgado
Rebelin


Gran revuelo ha causado la sorpresiva visita de Porfirio Lobo Sosa a Cartagena de Indias , el pasado 9 de septiembre, provocando una serie de conjeturas y opiniones sustentadas, la mayor parte de las veces, en criterios subjetivos, carentes de anlisis ms all de la coyuntural visita a la cumbre de presidentes de Colombia y Venezuela del mismo Lobo Sosa. Es entonces importante, nuevamente ver de cerca algunos hechos que nos aporten un poco ms de lucidez para interpretar el contexto de esta realidad.

Primero debemos tener presente que este movimiento diplomtico no es posible sin el consentimiento expreso de Washington; a pesar de su relativa independencia, el gobierno colombiano no puede hacer un movimiento de carcter estratgico para la regin sin haber consultado con el Pentgono y el Departamento de Estado, principales promotores y pilares del Plan Colombia. Por otro lado, el rgimen hondureo, impuesto como parte del blanqueamiento del Golpe de Estado Militar, se ha convertido, despus de casi dos aos, en una pesada carga poltica y econmica para los intereses norteamericanos en la regin, y es directamente dependiente de los designios emanados en el Departamento de Estado y la CIA misma.

Un segundo punto que se mantiene constante, es la situacin poltica nicaragense, que, segn sondeos de opinin, es bastante adversa para los aliados naturales del imperio en ese pas. La misin de desestabilizar la Nicaragua pre electoral, necesita de una solucin, aunque sea parcial, a la crisis hondurea, que parece profundizarse a medida que el pueblo se organiza, y entra en capacidad de causar impactos de consideracin a la maltrecha economa del pas. En cualquier caso, los movimientos va Colombia, no estn dirigidos a la distencin, sino para generar opciones de reagrupamiento de las fuerzas de inteligencia y logstica que ahora se empean en resolver la situacin en Honduras.

El tercer problema es la situacin calamitosa de la economa de Honduras, la que no da muestras de recuperacin, y los acontecimientos locales e internacionales parecen predecir la imposibilidad de auto sostenibilidad de la economa local en 2011. Segn las previsiones presupuestarias para 2011, la mayor parte del ingreso a las arcas del estado deba provenir de la recoleccin de impuestos. Sin embargo, un 70% de la coleccin impositiva se debe al impuesto sobre ventas, y los impuestos a los derivados del petrleo; es decir la suerte financiera del Estado depende en gran medida del consumo de la ciudadana, en una sociedad normalmente en recesin.

Ante este escenario, se puede prever un dficit estrepitoso a final del ao fiscal, si no se adoptan medidas serias de emergencia en las siguientes semanas. Impregnados de pragmatismo, los norteamericanos entienden que ellos no estn en capacidad de sostener la fachada de este rgimen, y entonces buscan una solucin en Petrocaribe , que generara fondos suficientes para resolver el problema, dadas las caractersticas de esta iniciativa. Hay un escollo a salvar, este se encuentra en la determinacin de los pases sudamericanos por evitar la impunidad total del Golpe de Estado militar, patrocinado por los mismo Estados Unidos.

Concluimos en esta primera parte que la estrategia norteamericana es solventar un par de problemas estratgicos que arrastra desde hace un par de aos, y cuyo costo econmico est fuera de su propia capacidad. Es poco probable que la accin tomada busque realmente solucionar el asunto hondureo, pero definitivamente muestra un cambio estratgico en el enfoque sobre la situacin en Latinoamrica.

Evidentemente, el giro no es sorpresivo; la situacin se vea venir desde hace algunos meses, durante los cuales la relacin Santos Lobo se ha intensificado, en varios aspectos, especialmente el de seguridad nacional, en el que Colombia ha creado una especie de escuela del terror para los aparatos represivos del Estado hondureo, incluyendo grupos paramilitares entrenados por colombianos. La cuestin de estos proyectos represivos constituye un problema de gran envergadura, y deben estar sobre cualquier mesa de dilogo o negociacin que se instale alrededor de la grave crisis que afecta el pas.

La inclusin del presidente Hugo Chvez no es tampoco fortuita; su participacin es esencial para obtener el oxgeno que el rgimen hondureo necesita. Por su lado, el gobierno bolivariano ha mantenido una posicin firme, que se mantiene ms all de las conversaciones del fin de semana, en cuanto al reconocimiento del rgimen hondureo. Vemos que la situacin requiere de gran habilidad poltica y diplomtica, dos cualidades probadas del gobierno del presidente Chvez en el pasado. Se presenta una oportunidad dentro del marco de la rigidez golpista hondurea, para discutir abiertamente temas de gran trascendencia para la estabilidad de Amrica Latina y de Honduras.
As mismo, en una accin racional, entendiendo la dimensin de la coyuntura Chvez, se comunica telefnicamente, como el mismo aclar, al interlocutor que conoce la realidad hondurea; el presidente Manuel Zelaya Rosales, como contraparte activa del tema hondureo del golpe de Estado, tomando en consideracin el hecho de que ninguno de los presidentes puede darse el lujo de rehuir a un potencial arreglo del problema ocasionado por la poltica imperial contra el ALBA y la integracin latinoamericana.

Es irresponsable afirmar que tanto Chvez como Zelaya entran a un juego en el que entregaran la lucha de latino amrica y del pueblo hondureo, cuando est de por medio su propio prestigio, y con Chvez buscando la reeleccin. Existe clara consciencia de la repercusiones que conlleva tomar decisiones equivocadas, y se tiene presente que se en el pasado se ignor la dimensin continental del golpe de Estado en Honduras, y su terrible impacto, lo que no fue posible entender sino hasta que Estados Unidos decidi apoyar al tirano e imponer elecciones. La violacin a los derechos humanos, as como la brutal represin, que hoy da ya se reporta en varios puntos del pas son hechos concretos y mientras se mantengan los niveles de confrontacin del Gobierno de Lobo contra la poblacin civil desarmada, cualquier acuerdo es ms bien una ilusin. Lo saben tambin Santos y Lobo Sosa.

Porfirio Lobo Sosa, por otro lado, juega con la carta de la Corte Suprema de Justicia golpista, que puede aferrarse a la persecucin poltico judicial que ahora mantiene contra el presidente Zelaya y otras personas, mientras Lobo suplica su reintegro a la OEA, esperando la indulgencia de una comunidad latinoamericana a quien esconde la persecucin contra sus opositores. A nadie engaa Lobo con la invocacin de la falsa concepcin de la independencia de poderes, ya que en la prctica, el sabe que est sujeto a lo que determinen el embajador de Estados Unidos, la asociacin de dueos de medios y otros influyentes empresarios y polticos locales que ven en Zelaya un peligro potencial.

El mero hecho del encuentro entre el presidente Chvez y Lobo Sosa, ha servido ya para crear una especie de cortina de humo que tiende a cerrar el espacio a otros eventos que se desarrollan dentro de Honduras, a nivel meditico. La persecucin contra los maestros es reemplazada en los titulares por una absurda discusin sobre la actuacin de Lobo, o sobre las intenciones de los otros presidentes. Es muy probable que, si el proceso de dialogo emprendido en Cartagena de Indias no avanza a otro nivel, el tema siga siendo utilizado para manipular a la opinin pblica.

En sntesis, podemos apreciar a un gobierno estadounidense apremiado por sus propios errores de clculo, a un presidente Santos jugando sus propios intereses a un rgimen hondureo poltica y econmicamente desmejorado, buscando soluciones ante dos presidentes que conocen de sobra la conducta y la diplomacia promovida por los gringos en esta parte del mundo. Tanto Chvez como Zelaya tienen la obligacin histrica de frenar esta iniciativa, si es que la misma va significar otro engao, pues, de otro modo, las contradicciones necesarias para desarrollar nuevas condiciones y coyunturas no se produciran en el corto plazo, y se debe apreciar objetivamente que, por primera vez en dos aos, ahora tenemos oportunidad de ensearle a Estados Unidos que no pude seguir jugando ajedrez con nuestros pueblos.

Como observadores pasivos, necesitaremos hacer uso de mucha ms investigacin, y recoleccin de piezas valiosas de informacin para poder ver acertadamente como esta coyuntura, inspirada nuevamente por el gobierno norteamericano, se encamina hacia un nuevo fiasco o realmente es el camino que requiere Honduras. Siempre debemos tener en mente que en estos procesos existe pesos y contrapeso y que las acciones del pueblo inciden en el desarrollo dialectico de los acontecimientos.

Al final, estamos en asistiendo a un acontecimiento que no podemos desdear, y debemos estar pendientes de los informes que el mismo presidente Zelaya ha de emitir para informarnos: Mientras tanto, nuestra misin sigue siendo la de luchar, organizarnos, y seguir luchando.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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