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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-04-2011

La conmemoracin de la II Repblica puede estar mostrando el camino de la unidad de la izquierda en Espaa
Yo soy republicano

Javier Mestre
Rebelin


El catorce de abril es un buen da para valorar con justicia lo que la tradicin republicana significa en Espaa. Al contrario de lo que sucede en otros pases, la idea de repblica, como encarnacin de un verdadero gobierno democrtico de la sociedad, en Espaa sigue siendo patrimonio de la izquierda. Pero no est siendo aprovechada en todo su potencial en el urgente propsito de lograr una verdadera alternativa transformadora que aglutine a la mayor parte de las sensibilidades y organizaciones a la izquierda del PSOE.

Tener a nuestro favor la idea de repblica es una ventaja valiossima que sita a las izquierdas del lado de la verdadera democracia. Desmarca definitivamente las opciones anticapitalistas de la idea de tirana con la que se empean siempre en asociarlas los idelogos y comunicadores del sistema. Este valor en nuestro equipaje es el fruto, hoy maduro, de la lucha y el sacrificio de decenas de miles de compaeras y compaeros en el primer tercio del siglo XX. A pesar de la derrota, el esfuerzo no fue en vano. Tenemos, entonces, una gran responsabilidad para con toda esa gente que sigue enterrada en las cunetas, que sufrieron la guerra, la tortura y el paseo, y cuyos familiares y compaeros vivieron un suplicio que nunca acab de terminar.

En 1936, la defensa de la Repblica hizo posible el Frente Popular, una coalicin amplsima de izquierda que conflua precisamente en las ideas bsicas de democracia y justicia social y que gan con claridad las elecciones generales. Hoy es imprescindible resucitar el ideal republicano para unirnos en torno a l y reivindicar su programa elemental: la autntica soberana popular, el imperio de la ley por encima de todo -incluida la economa-. Reclamar democracia por encima de todo no es una veleidad liberal, es el corazn de la izquierda que vale la pena. No hace falta razonar muy profundamente para saber que ahora vivimos en una tirana brutal. No es el gobierno elegido en las urnas el que gobierna. Los supuestos representantes de la voluntad popular estn bajo el dominio de fuerzas que nada tienen que ver con las elecciones generales; bueno, s, los mismos poderes que son capaces de esclavizar a un pas entero con unas cuantas maniobras de especulacin financiera dominan los espacios pblicos de la comunicacin, manipulan la informacin y los debates, y se permiten la amenaza y el chantaje cuando los medios de persuasin ms ligeros no bastan. Vivimos en una tirana de plutcratas sin escrpulos, capaces de desatar una violencia despampanante o de amasar fortunas aprovechando la guerra, los desastres o la hambruna.

La importancia de la democracia para la izquierda nos la muestran los poderosos procesos de transformacin social que estn haciendo resquebrajarse el dominio imperial en medio mundo. Nuestros hermanos rabes han encontrado en los valores de la Ilustracin, en las ideas de estado de derecho, libertad y democracia, el sostn ideolgico de sus admirables levantamientos contra las tiranas que los tenan subyugados durante dcadas. Ya han dicho muchas veces que, del mismo modo que tienen todas las esperanzas puestas en la democracia y el derecho, desconfan plenamente de los consejos de los demcratas europeos. Con una ingenuidad llena de sabidura, consideran que un verdadero gobierno del pueblo, elegido por el pueblo y marcado por las garantas de un autntico estado de derecho es el camino ms claro, el nico, de hecho, hacia la justicia social que necesitan a toda costa porque estn hartos del paro, la explotacin y la marginacin. Algo parecido a lo que pas en Venezuela o Bolivia, donde las masas decidieron apoyar procesos constituyentes para hacer del gobierno un instrumento elegido por el pueblo y puesto al servicio de los intereses del pueblo, no sometido a los poderes de facto que dejaban el viejo parlamentarismo bendecido por EEUU o los capitalistas espaoles en una mera fachada para la corrupcin y el ordeno y mando de la oligarqua.

En Espaa hay mucho trabajo que hacer. La bandera de la democracia ha de convertirse en aquella para la que el paro no es un fenmeno casi meteorolgico al que no se puede meter mano porque estn en juego los intereses del capital. Est pendiente un proceso constituyente que rompa definitivamente con el franquismo y su herencia de miedo y desigualdad social.

Hay un descontento creciente entre las abundantes gentes que han salido muy perjudicadas del proceso de crisis del capitalismo, que al mismo tiempo es muy provechoso para las cuentas de resultados de los que de verdad mandan. Podemos encauzar toda esa rabia y convertirla en un gran impulso social que haga temblar las bases brutales del sistema? La bandera de la democracia es la que puede congregar todas esas voluntades que ahora se manifiestan desorganizadamente en Internet y en la calle en contra de los privilegios de la clase poltica o contra las agresiones que estn sufriendo las conquistas ms fundamentales de la clase trabajadora; un proceso constituyente puede ser la alternativa al rearme del fascismo y los racismos que reflotan con las dificultades econmicas y el discurso sesgado que entontece de los medios de difusin. En fin, la bandera de la democracia, la verdadera democracia sin componendas con los poderes fcticos, es la que puede aunar las luchas de decenas de organizaciones, grandes y pequeas, para conseguir crear una alternativa creble por su amplitud e implantacin. Y esa bandera, todos lo sabemos, es la tricolor.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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