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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-04-2011

Sobre el Stalin de Domenico Losurdo
Historia y crtica de una leyenda negra: el informe Kruschov (II)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


El prembulo del libro de Domenico Losurdo (DL) lleva por ttulo El giro radical en la historia de la imagen de Stalin. Est dividido en dos apartados[1].De la guerra fra al Informe Kruschov es el ttulo del primero; En pos de una comparativa global es el segundo.

Tras la desaparicin de Stalin se sucedieron imponentes manifestaciones de duelo, recuerda DL. En el transcurso de su agona millones de personas se agolparon en el centro de Mosc para rendir el ltimo homenaje al dirigente que estaba muriendo. El da de su muerte, 5 de mazo de 1953, millones de ciudadanos lloraron la prdida como si se tratase de un luto personal. Losurdo toma pie en aproximaciones de Medvedev y Zubkova.

La misma reaccin se produjo en los rincones ms recnditos de la URSS. La consternacin general se difundi ms all de las fronteras soviticas. Por las calles de Budapest y de Praga muchas personas lloraban, afirma DL sin ms precisin. A miles de kilmetros del campo socialista, tambin en Israel, la reaccin fue similar. Todos los miembros del MAPAM, sin excepcin, lloraron. Se trataba del partido al que pertenecan todos los lderes veteranos y casi todos los ex-combatientes. No se sabe si este comentario de DL es un elogio, una mera descripcin o una severa crtica teniendo en cuenta las orientaciones polticas de los personajes de primera lnea del aparato estatal y militar israel.

En Occidente, entre los que homenajearon al lder sovitico desaparecido, no se encontraban solamente los militantes de los partidos comunistas ligados a la URSS. Isaac Deutscher, por ejemplo, un ferviente admirador de Trotsky en palabras de DL, escribi un una necrolgica llena de reconocimientos.

El texto que el filsofo italiano reproduce en su libro no parece tan pletrico de reconocimientos: incide en un punto, entonces de consenso general: la gran transformacin econmica y cultural, casi por nadie discutida, de la Unin Sovitica. El texto de Deutscher afirma: Tras tres decenios, el rostro de la Unin Sovitica se ha transformado completamente. Lo esencial de la accin histrica del estalinismo es esto: se ha encontrado con una Rusia que trabajaba la tierra con arados de madera, y la deja siendo duea de la pila atmica. Ha alzado a Rusia hasta el grado de segunda potencia industrial del mundo, y no se trata solamente de una cuestin de mero progreso material y de organizacin. No se habra podido obtener un resultado similar sin una gran revolucin cultural en la que se ha enviado al colegio a un pas entero para impartirle una amplia enseanza [el nfasis es mo]. DL aade: En definitiva, aunque condicionado y en parte desfigurado por la herencia asitica y desptica de la Rusia zarista, en la URSS de Stalin el ideal socialista tena una innata, compacta integridad. Pero, obsrvese, Deutscher no afirma que esa compacta integridad del ideal socialista en la URSS estuviera en el haber de Stalin y del estalinismo. Podra pensarse, por ejemplo, en una compacticidad que logr superar incluso los desmanes y desvaros del perodo.

En este balance histrico, no haba ya sitio para las feroces acusaciones dirigidas en su momento por Trotski al lder desaparecido. Qu sentido tena, pregunta DL, condenar a Stalin como traidor al ideal de la revolucin mundial y preconizador del socialismo en un slo pas, en un momento en el que el nuevo orden social se expanda por Europa y Asia y la revolucin rompa su cascarn nacional?

Losurdo cita a continuacin una aproximacin de Alexandre Kojve. Ridiculizado por Trotsky como un pequeo provinciano transportado, como si de un chiste de la historia se tratase, al plano de los grandes acontecimientos mundiales, Stalin haba surgido, en opinin de Kojve, como encarnacin del hegeliano espritu del mundo y haba sido por tanto llamado a unificar y a dirigir la humanidad, recurriendo a mtodos enrgicos y combinando en su prctica sabidura y tirana. Pero, supongamos aunque no admitamos, que no siempre el hegelismo acierta en sus expresiones, y que el espritu del mundo tambin puede echar una cabezadita en ocasiones.

Al margen de los ambientes comunistas y pese al recrudecimiento de la Guerra Fra y la persistencia de la guerra en Corea, DL sostiene y documenta que en Occidente la muerte de Stalin dio pie a necrolgicas por lo general respetuosas o equilibradas: en la conciencia popular persista el recuerdo afectuoso por el gran lder de la guerra que haba guiado a su pueblo a la victoria sobre Hitler y haba ayudado decisivamente a salvar a Europa de la barbarie nazi. Sin atisbo para la duda

DL cita a continuacin algunas personalidades conquistadas por, entre otras cosas, el excepcional dominio de Stalin de asuntos tcnico-militares. Winston Churchill, por ejemplo, quien aos atrs haba defendido una intervencin militar contra el pas de la Revolucin de Octubre En la Conferencia de Tehern de noviembre de 1943, el estadista ingls haba saludado al homlogo sovitico como Stalin el Grande: como digno heredero de Pedro el Grande, haba salvado a su pas preparndolo para derrotar a los nuevos invasores. Probablemente, un elogio churchilliano envenenado.

Otros testimonios positivos citados por Losurdo: los de Averell Harriman, embajador estadounidense en Mosc entre 1943 y 1946, y los Alcide De Gasperi. Los reconocimientos del poltico italiano no se limitaban al plano meramente militar, recuerda DL citando a De Gasperi: Cuando veo que Hitler y Mussolini perseguan a los hombres por su raza, e inventaban aquella terrible legislacin antijuda que conocemos, y contemplo cmo los rusos, compuestos por 160 razas diferentes, buscan la fusin de stas, superando las diferencias existentes entre Asia y Europa, este intento, este esfuerzo hacia la unificacin de la sociedad humana, dejadme decir: esto es cristiano, esto es eminentemente universalista en el sentido del catolicismo.

Tampoco el prestigio de Stalin entre los grandes intelectuales del momento era menos intenso ni menos generalizado. Harold J. Laski es un ejemplo de ello. En 1945, recuerda DL pensando seguramente en profundos cambios no muy alejados o en inconsistencias posteriores, que Hannah Arendt haba afirmado que el pas dirigido por Stalin se haba distinguido por el modo, completamente nuevo y exitoso, de afrontar y armonizar los conflictos entre nacionalidades, de organizar poblaciones diferentes sobre la base de la igualdad nacional. Era una suerte de modelo, prosegua la filsofa alemana exiliada, algo al que todo movimiento poltico y nacional debera prestar atencin.

Tampoco Benedetto Croce se mostraba muy alejado de estas consideraciones. Las dudas del filsofo liberal, seala DL, se concentraban ms bien sobre el futuro de la Unin Sovitica.

Losurdo recuerda oportunamente que aquellos que, con el comienzo de la fuerte crisis de la gran alianza de la II Guerra Mundial, comenzaban a aproximar la Unin Sovitica y la Alemania de Hitler, haban sido reprobados con dureza por un lcido Thomas Mann. Lo que caracterizaba al Tercer Reich era la megalomana racial de la sedicente raza de Seores, que haba puesto en marcha una diablica poltica de despoblacin, y antes, de extirpacin de la cultura en los territorios conquistados. Hitler se haba limitado as a la mxima de Nietzsche: Si se desean esclavos es estpido educarlos como amos. La orientacin del socialismo ruso era directamente la contraria; difundiendo masivamente instruccin y cultura, haba demostrado no querer esclavos, sino ms bien hombres pensantes, y por tanto, pese a todo, haba estado dirigida hacia la libertad. Resultaba por consiguiente inaceptable la aproximacin entre los dos regmenes. Colocar en el mismo plano politico el comunismo ruso y el nazifascismo, en la medida en que ambos seran totalitarios, era, en el mejor de los casos, una superficialidad; en el peor era fascismo. Mann saba qu era pensar sin ser ningn heideggeriano.

Despus, prosigue DL, estall la guerra fra y, al publicar su libro sobre el totalitarismo, Arendt llevara a cabo en 1951, dos aos antes del fallecimiento de Stalin, precisamente aquello que Mann denunciaba. Sin embargo, insiste Losurdo, casi simultneamente, Kojve sealaba a Stalin como el protagonista de un giro histrico decididamente progresivo y de dimensiones planetarias.

DL, de nuevo, recuerda la aproximacin del lder intelectual del laborismo ingls. En 1948 Laski haba reafianzado el punto de vista expresado tres aos antes: [] para definir a la URSS retomaba una categora utilizada por otra representante de primer nivel del laborismo ingls, Beatrice Webb, que ya en 1931, aunque tambin durante la segunda guerra mundial y hasta su muerte, haba hablado del pas sovitico en trminos de nueva civilizacin. S confirmaba Laski, con el formidable impulso dado a la promocin social de las clases durante tanto tiempo explotadas y oprimidas, y con introduccin en la fbrica y en los puestos de trabajo de nuevas relaciones que ya no se apoyaban en el poder soberano de los propietarios de los medios de produccin, el pas guiado por Stalin haba despuntado como el pionero de una nueva civilizacin. Ambos autores se haban apresurado a precisar que sobre la nueva civilizacin que estaba surgiendo todava pesaba el lastre de la Rusia brbara. Esta se expresaba en formas despticas, pero subrayaba en especial Laski para formular un juicio correcto sobre la Unin Sovitica era necesario no perder de vista un hecho esencial: Sus lderes llegaron al poder en un pas acostumbrado a una tirana sangrienta y estaban obligados a gobernar en una situacin caracterizada por un estado de sitio ms o menos permanente y por una guerra en potencia o en acto. Por lo dems, tambin Inglaterra y los Estados Unidos haban limitado de manera ms o menos drstica las libertades tradicionales en situaciones de aguda crisis poltica. Nuevos comentarios de Bobbio ahondan en esa misma lnea

En conclusin, sostiene DL, durante todo un perodo histrico que l no cree preciso delimitar, en crculos que iban bastante ms all del movimiento comunista, el pas guiado por Stalin, as como el mismo Stalin, gozaron de inters y simpata, de estima y quizs incluso de admiracin. Desde luego, hay que contar con la grave desilusin provocada por el pacto con la Alemania nazi, pero Stalingrado ya se haba ocupado de borrarla.

Es por esto por lo que en 1953, y en los aos siguientes, conjetura arriesgadamente Losurdo, el homenaje al lder desaparecido uni (se sobreentiende sin excepciones de inters) al campo socialista, y pareci por momentos fortalecer al movimiento comunista pese a las anteriores prdidas, y acab en cierto modo teniendo eco en el mismo Occidente liberal, que se haba volcado ya en una Guerra fra dirigida por ambas partes, sin concesiones. No es casual, seala agudamente DL que en el discurso de Fulton que dio pie al comienzo oficial de la Guerra fra, Churchill se expresara as: Siento gran admiracin y respeto por el valiente pueblo ruso y por mi compaero en tiempos de guerra, el mariscal Stalin. Poco despus, en 1952, en vida de Stalin un gran historiador ingls que haba trabajado al servicio del Foreign Office, Arnold Toynbee, haba podido permitirse comparar al lder sovitico con un hombre de genio: Pedro el Grande; s, la prueba del campo de batalla ha acabado justificando el tirnico impulso de occidentalizacin tecnolgica llevado a cabo por Stalin, tal y como ocurri antes con Pedro el Grande. De nuevo estamos ante un elogio con doble cara.

Para Losurdo, sin duda, ms an que la Guerra fra, es otro acontecimiento histrico el que imprime un giro radical a la historia de la imagen de Stalin; el discurso de Churchill en Fullton tiene un papel menos importante que otro discurso, el pronunciado diez aos despus, para ser ms exactos el 25 de febrero de 1956, por Nikita Kruschov en ocasin del XX Congreso del partido comunista de la Unin Sovitica.

Kruschov es el malo-perverso-tonto de la pelcula dirigida por Losurdo. Durante ms de tres decenios este Informe, que dibujaba el retrato de un dictador enfermizamente sanguinario, vanidoso y bastante mediocre o incluso ridculo en el plano intelectual, ha satisfecho a casi todos.

Permita., por una parte, al nuevo grupo dirigente que gobernaba la URSS presentarse como el depositario nico de la legitimidad revolucionaria en el mbito del pas, del campo socialista y del movimiento comunista internacional. Del mismo modo, reforzado en sus antiguas convicciones y con nuevos argumentos a disposicin para emprender la Guerra fra, tambin Occidente tena razones para estar satisfecho (o entusiasta). En los Estados Unidos la sovietologa haba manifestado la tendencia a desarrollarse alrededor de la CIA y otras agencias militares y de intelligence, previa eliminacin de todo elemento sospechoso de albergar simpatas por el pas de la Revolucin de Octubre.

Ms que el comunismo en cuanto tal, sostiene Losurdo, el Informe Kruschov pona bajo el dedo acusador a una nica persona, pero en aquellos aos era oportuno, tambin desde el punto de vista de Washington y de sus aliados, no ampliar demasiado el blanco, y concentrar el fuego sobre el pas de Stalin. Por qu? Losurdo, que no se corta ni un pelo, ampla mucho aqu el arco geogrfico y temporal: Con la firma del pacto balcnico de 1953, firmado con Turqua y Grecia, Yugoslavia se convirti en una especie de miembro externo de la OTAN, y unos veinte aos despus tambin China cerrar con los EEUU una alianza de facto contra la Unin Sovitica. Es a esta superpotencia a la que hay que aislar, y a la que se insta a realizar una desestalinizacin cada vez ms radical, hasta quedar privada de toda identidad y autoestima, y tener que resignarse a la capitulacin y a la disolucin final.

No es imposible que la concepcin hegeliana de la Historia, tan bien analizada y estudiada por el gran hegeliano Losurdo, desempee aqu un importante papel: todas las piezas, tambin las distantes y alejadas, encajan consistentemente en una nica imagen, en un consistente foco lumnico.

Por lo dems, segn Losurdo, gracias a las revelaciones de Mosc, los grandes intelectuales podan olvidar tranquilamente el inters, la simpata e incluso la admiracin con la que haban mirado hacia la URSS estaliniana. No est claro que ese fuera realmente el resultado histrico inmediato: el informe secreto provoc, sin duda, una fuerte agitacin anti-estalinista, un atreverse a decir y criticar sin hacer juego al enemigo, que, en la mayora de los casos, no condujo a una separacin de los destinos de la Unin Sovitica y de las luchas comunistas revolucionarias en numerosos pases del mundo.

Tambin los intelectuales que tenan en Trotsky su punto de referencia, sostiene Losurdo a continuacin, encontraron consuelo en aquellas revelaciones. Durante mucho tiempo haba sido Trotsky quien haba encarnado, a ojos de los enemigos de la Unin Sovitica, la ignominia del comunismo. A partir del giro realizado en el XX Congreso del PCUS, en el museo de los horrores se coloc solamente a Stalin y sus colaboradores ms estrechos. Sobre todo, ejerciendo su influencia bastante ms all del mbito trotskista, el Informe Kruschov cumpla con Trotsky, que recurre repetidas veces a la categora de dictadura totalitaria y, en el mbito de este genus, distingue, por un lado, la species estalinista y, por el otro, la fascista (y sobre todo la hitleriana), recurriendo a una contextualizacin que se convertir despus en el sentido comn de la Guerra fra y en la ideologa hoy dominante.

Es convincente este modo de argumentar, pregunta Losurdo finalmente, o conviene ms bien recurrir a una comparativa global, sin perder de vista ni la historia de Rusia en su totalidad ni los pases implicados en la Segunda guerra de los treinta aos. Es verdad, sostiene, que de este modo se procede a una comparacin entre pases y lderes con caractersticas bastante diferentes entre ellas. Pero tal diversidad, debe explicarse exclusivamente a travs de las ideologas, o juega tambin un papel importante la situacin objetiva, es decir, la colocacin geopoltica y el bagaje histrico de cada uno de los pases implicados en la Segunda guerra de los treinta aos?

Cuando hablamos de Stalin, sostiene DL, nuestro pensamiento nos lleva inmediatamente a la personalizacin del poder, al universo concentracionario, a la deportacin de grupos tnicos enteros. La gran pregunta: estos fenmenos y prcticas, remiten solamente a la Alemania nazi, aparte de la URSS, o se manifiestan tambin en otros pases, en modalidades diferentes segn la mayor o menor intensidad del estado de excepcin y de su duracin ms o menos extensa, incluidos aquellos con una tradicin liberal ms consolidada?

En opinin de Losurdo, no se debe perder de vista el papel ejercido por las ideologas, mas la ideologa de la que Stalin se reclama heredero, puede realmente equipararse a la que inspira a Hitler, o en este campo, llevada a cabo sin prejuicios, la comparacin acaba produciendo resultados inesperados? En perjuicio de los tericos de la pureza, sostiee DL, debe tenerse en cuenta que un movimiento o rgimen poltico no puede ser juzgado en base a la excelencia de los ideales en los que declara inspirarse: en la valoracin de estos mismos ideales no podemos pasar por alto la Wirkungsgeschichte, la historia de los efectos producidos por ellos. Ahora bien, tal aproximacin, debe aplicarse globalmente, o solamente al movimiento que se inspir en Lenin o Marx? Para el gran filsofo italiano, estos interrogantes se muestran superfluos o incluso engaosos a aquellos que omiten el problema de la cambiante imagen de Stalin basndose en la creencia de que Kruschov habra sacado a la luz finalmente la verdad oculta.

En opinin de Losurdo, esta es una de las razonables tesis metodolgicas generales de este captulo, dara muestra de una total despreocupacin metodolgica el historiador que quisiese considerar 1956 como el ao de la revelacin definitiva y ltima, sorteando descaradamente los conflictos e intereses que estimulaban la campaa de desestalinizacin y sus diversos aspectos, y que an antes haban animado la sovietologa de la Guerra fra.

La posicin de Losurdo: El contraste radical entre las diversas imgenes de Stalin debera animar al historiador no slo a no absolutizar una sola, sino ms bien a problematizarlas todas.

Vale la pena tomar pie en esta ltima consideracin: problematizrlas todas, tambin la suya. No es imposible que Losurdo haya fijado su atencin en algunos vrtices del poliedro, por preconcepcin o simpata poltica, y por defensa de una tradicin atacada y agresivamete malinterpretada, y haya olvidado otros nudos que merecen ser atendidos para una imagen ms completa y compleja de Stalin y el estalinismo. Este por ejemplo: el mismo ao de la muerte de Stalin, Cornelius Castoriadis public en Socialisme ou Barbarie [2] un artculo, nada breve, "La bureaucratie aprs la mort de Stalin", donde sostena por ejemplo: "La muerte del personaje que desde hace veinticinco aos ha sido, al mismo tiempo, para la burocracia rusa la encarnacin incontestada de su poder y el temido y odiado dspota de su clase, plantear un formidable problema de sucesin (...)". Encarnacin de un poder de clase o de lite y odiado dposta: no abona esta mirada anteriores aproximaciones.

Nota:

[1] Domenico Losurdo, Stalin. Historia y crtica de una leyenda negra. El Viejo Topo, Barcelona, 2011, traduccin de Antonio Antn Fernndez (con un ensayo de Luciano Canfora).

[2] Debo la referencia de este texto al gran historiador cataln Jordi Torrent Bestit. Comunicacin personal, abril de 2011.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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