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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2011

La agona del libro

Antonio Elio Brailovsky
Azularte


Hace muchos aos, un joven llamado Neftal decidi escribir versos. El sopapo que le propin su padre por dedicarse a ese oficio de maricones lo disuadi, no de la poesa, sino de publicarla con su nombre.

As, Neftal Reyes eligi el seudnimo con el que todos lo conocemos: se llamara Pablo Neruda.

Hoy Neftal encontrara otros problemas: nadie quiere publicar poesa. No se imprimiran los poemas de Neftal y simplemente se perderan para siempre. Y si existe otro Neruda escribiendo en las sombras, tal vez no lleguemos a conocerlo nunca.

En un modelo editorial volcado al mercado, alguien decidi hace unos cuantos aos que el mercado no absorbera poesa y este gnero literario dej de editarse. De este modo, no slo estamos impidiendo que se conozcan los nuevos poetas. Neftal Reyes eligi ser Pablo Neruda porque se inspir leyendo los poemas del checo Jan Neruda, por quien senta una gran admiracin. Encontrara hoy Neftal una versin castellana de los poemas de Jan Neruda? Alguna mano piadosa los habr colgado de esa abigarrada confusin que llamamos Internet?

Al dejar de publicar poesa estamos rompiendo una lnea de continuidad iniciada mucho antes del nacimiento del idioma castellano, con las poesas amorosas del romano Ovidio, cuyo tono ertico no pudo soportar el emperador Augusto, y por eso lo desterr a un sitio infame.

Hace casi dos mil aos que leemos a Ovidio, a quien no pudo destruir la represin de su mojigato emperador. Primero lo lemos en tablillas de cera, despus en pergaminos y ms tarde en letra impresa. Mientras tanto, los poetas nuevos quedan sujetos al efmero destino de un blog electrnico. La continuidad de una cultura significa que unos artistas van inspirndose en los anteriores, por supuesto que si tienen oportunidad de conocerlos. Acaba de terminar en Buenos Aires una de las Ferias del Libro abiertas al pblico ms importantes del mundo, y todos los comentarios se refieren a sus aspectos comerciales. Nos preocupamos mucho menos de lo que ocurre con la promocin de la cultura. Pero el mercado no siempre es el mejor regulador de todas las cosas. Por influjo del mercado, la poesa dej de ser rentable. Poco despus, el cuento sigui el mismo destino. Si hoy llegaran con su carpeta a una editorial, sin que nadie los conociera, publicaran sus cuentos Horacio Quiroga y Jorge Luis Borges? O se perderan sus obras para siempre? Este ao, en medio de la gran fiesta del libro, el mercado dio otra vuelta de tuerca.

Me informan que varias editoriales estn reduciendo la edicin de novelas.

-Es un ao de crisis y en poca de crisis las novelas no venden poco -me dicen- Vamos a vender muchos libros de autoayuda.

De modo que empec a preguntar qu destino tendran algunas grandes obras de la literatura universal si sus autores fueran noveles en vez de famosos: -Publicaras el "Ulises", de James Joyce, si el autor fuera desconocido?

-pregunto. -No -me contestan- es demasiado difcil de leer. -Publicaras "En busca del tiempo perdido", de Marcel Proust?

-No, es demasiado largo. Me cuesta mucho vender un libro de ms de 200 pginas. -Publicaras "Cien aos de soledad", de Gabriel Garca Mrquez, si nadie conociera al autor?

-No, es demasiado complicado. Vendemos mejor los libros sencillos. No s si ser cierto, y en el marco de este comentario tal vez tenga poca importancia. Lo que s es cierto es que someter la cultura exclusivamente a las reglas del mercado est daando severamente nuestro patrimonio literario. En un contexto en el cual cada uno de los actores destaca las responsabilidades de los otros, el libro se transforma en un objeto descartable. El mercado (metfora que habla de las acciones de muchos seres humanos concretos) est tratando a los libros como si fueran revistas, con una vida til cada vez ms reducida. Para realizar ganancias (o solamente para sobrevivir) hay que editar continuamente nuevos libros que desplacen a los anteriores. Para resguardarse de la crisis, hay que reducir la tirada y subir el precio. En consecuencia, el pblico compra menos. La respuesta de los organizadores de la Feria no es promocionar la lectura sino reducir la presencia de un pblico que mira los libros como objetos de lujo. Los libros que sobran a menudo se destruyen en vez de enviarlos a las mesas de saldos, para evitar que el libro barato compita con el libro caro que acaba de editarse. Queda acaso el resquicio de las ediciones de autor? No, de veras que no. Acabo de hablar con libreros, que me dicen: -El espacio que tengo en las mesas no es infinito. Lo libros que llegan de las editoriales que trabajan con ediciones de autor se quedan en el depsito sin abrir los paquetes. -Y si alguien los pide? -pregunto. -Les tengo que decir que est agotado -me contestan-. Si bajo al depsito para abrir los paquetes, descuido el local y me roban los libros. Podemos seguir indefinidamente con el anecdotario, pero lo importante ya est dicho: ms all de las mejores intenciones de cada uno de los actores sociales involucrados, la exclusividad del mercado est produciendo graves daos en nuestro patrimonio literario. Se edita una fraccin nfima de los libros que se escriben y el criterio de seleccin no tiene que ver con la calidad sino con las expectativas de venta. Estas variables no necesariamente coinciden, como se ve con las ventas de los libros de autoayuda.

Nos preocupamos por el patrimonio arquitectnico y salvamos de la demolicin a aquellas obras emblemticas que el mercado inmobiliario quiere transformar en centros comerciales o en torres de departamentos. Tambin creamos parques nacionales y reservas naturales para proteger nuestro patrimonio natural, cuando el mercado quiere arrasar los bosques o transformar nuestra fauna en tapados de piel.

Pero an no estamos haciendo nada por salvar el patrimonio literario que todos los das se redacta y que se va perdiendo por falta de polticas pblicas de proteccin.

Existen editoriales estatales en Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Cuba. Uruguay firma convenios internacionales para promocionar en el exterior los libros de sus editoriales estatales. Las hay en los diferentes Estados de Mxico y adems est su enorme Fondo de Cultura Econmica. En Venezuela hay varias, como la muy importante Monte vila, el Perro y la Rana y la Coleccin Ayacucho. Estas editoriales tratan de publicar aquellas obras valiosas que no encuentran un lugar en el mercado. En un reciente debate en ese pas, se plante el desafo que significaba para el sector privado el competir con los precios bajos de las editoriales estatales. Es decir, que tenan que encontrar formas imaginativas de llegar al pblico con precios menores, en vez de la fcil solucin de aumentarlos indefinidamente. Se trata de una alternativa. Sin duda que hay otras posibles, como contratos de edicin por parte de organismos pblicos o una red de libreras estatales, como la que tuvo hace tiempo la Editorial Universitaria de Buenos Aires. Lo que realmente importa es recordar que el libro no puede ser vehculo de cultura si no hay polticas pblicas al respecto.

Me llama la atencin el que no estemos analizando propuestas sobre el tema. Y no me refiero solamente a los que ocupan cargos de gobierno. En estos das hay elecciones en la Argentina. Se presentan varios miles de candidatos para ocupar cargos electivos y todava no conocemos la propuesta cultural de ninguno de ellos. Tanto el Gobierno como la oposicin han olvidado que su funcin es discutir polticas pblicas, no solamente candidaturas. Los ciudadanos tendrn la energa necesaria para recordrselo.

Fuente: http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/2009/05/antonio-elio-brailovskyla-agonia-del.html


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