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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-04-2011

Una mejor gestin y conservacin de los alimentos reducira el hambre en el mundo
Mil millones de obesos, mil millones de hambrientos

Rosa M. Bosch
La Vanguardia

Ahora se pierden hasta el 50% de las cosechas, advierte el ltimo informe del Worldwatch Institute


Paralelamente a la lucha por reducir el hambre en el mundo se ha emprendido otra batalla para rebajar las tasas de obesidad. Frente a los casi mil millones de personas desnutridas emerge una cifra similar de ciudadanos con sobrepeso. Este es uno de los datos que destaca el informe del 2011 La situacin del mundo. Innovaciones para alimentar el planeta (Icaria) del Worldwatch Institute de Washington. Si antao unos cuantos kilos de ms los lucan los ciudadanos ms pudientes actualmente tambin sufren gordura las clases ms humildes, las que no tienen acceso a una alimentacin saludable. De los 43 millones de nios de menos de cinco aos con sobrepeso, 35 millones viven en pases en desarrollo, especialmente en Asia y frica, segn los ltimos datos de la Organizacin Mundial de la Salud (OMS).

Los bajos precios de la comida basura, que ya se puede comprar en cualquier ciudad del mundo, propicia que las familias pobres urbanas recurran a esta dieta de manera habitual, opina Gustavo Duch, autor junto con Fernando Fernndez, ingeniero agrnomo experto en soberana alimentaria, de uno de los captulos del informe del Worldwatch Institute. Duch, veterinario y coordinador de la revista Soberana Alimentaria, aade que el actual modelo agroindustrial basado en la produccin de cereales y leguminosas para piensos y para biocombustibles, con un puado de empresas que monopolizan el negocio de las semillas y con grandes explotaciones de monocultivos ha provocado la expulsin del campo de millones de campesinos que han tenido que emigrar a la ciudad en busca de trabajo.

El Worldwatch Institute remarca que para acabar con el hambre no basta con generar ms comida pues actualmente ya se producen alimentos para 12.000 millones de personas, es decir para 5.000 millones ms de la poblacin total del planeta (cerca de 7.000 millones). Pero slo la mitad de las cosechas mundiales van a parar al consumo humano, el resto se dedica a piensos y a agrocombustibles. Adems, en los pases del Sur, entre el 25% y el 50% de las cosechas se pierden o acaban contaminadas por hongos o plagas antes de ser consumidas; por eso los expertos del Worldwatch Institute consideran que es tan importante invertir en conservacin como en mejorar la produccin. El mito de la escasez es falso; tambin en Europa el 50% de la comida se pierde: en la cosecha, en el transporte, en el sper, en las casas... Asimismo, entre el 30 y el 35% de la pesca se descarta porque no tiene valor comercial. Hay alimentos para todos, no hay que creer que necesitamos transgnicos para producir ms, afirma Duch. Para asegurar sustento a todo el mundo el informe plantea cambiar el tipo de alimentos que se producen (menos carne); implantar mtodos agrcolas ambientalmente sostenibles, que gasten menos agua y no contaminen la tierra; apostar por lo local y regional, y mejorar la distribucin.

El informe insiste en priorizar la agricultura y ganadera domsticas para no depender del mercado mundial y para evitar los transportes de larga distancia que contribuyen al cambio climtico. Adems, insta a recuperar los cultivos tradicionales de cada zona, en proceso de extincin, para garantizar una dieta equilibrada. Los autores tambin reivindican poner freno a los agrocombustibles que, gracias a los subsidios, han ido ganando terrenos a los cultivos dedicados a llenar los platos de Brasil, Madagascar o Indonesia. El Banco Mundial ya advirti este viernes [15 de abril] que la expansin de los biocombustibles es una de las causas del actual aumento, en un 36%, del coste de los alimentos respecto a hace un ao. En este encarecimiento tambin ha sido determinante el alza del precio del combustible y los fenmenos meteorolgicos adversos. Y, como siempre, quienes ms sufren son los pases pobres que destinan entre el 60 y el 80% de la renta familiar a alimentacin frente al 15% de las naciones desarrolladas.

EL NEGOCIO DE LA AGRICULTURA

frica cede sus tierras frtiles

Existe un gran riesgo de que desaparezcan los campesinos, lo he visto en Mali, donde la poblacin podra ser autosuficiente pero han cedido 100.000 hectreas de tierras con acceso a agua a Libia para que desarrolle agricultura industrial para exportar, y eso ha supuesto expulsar a los agricultores locales, advierte Silvia Prez-Vitoria, economista y sociloga francesa. Gobiernos y grupos inversores estn adquiriendo a precio de ganga terrenos frtiles en frica, Asia y Amrica Latina para dedicarlas a los agrocombustibles y a la agricultura. Los ltimos datos apuntan que ms de 40 millones de hectreas han cambiado de manos, ms de la mitad en frica. Ante crisis alimentarias, las tierras de cultivo son un bien estratgico y China, Malasia, Corea del Sur o los pases del Golfo se han lanzado a la compra de fincas para asegurarse el suministro de alimentos. Tambin las multinacionales han entrado en el juego.

Una ayuda envenenada

La ayuda de emergencia, si est mal gestionada, como en el caso de Hait, es una ataque a la soberana alimentaria de un pas, opina Gustavo Duch. Esta ayuda sera ms eficaz si EE.UU., que es el principal donante mundial, comprase los alimentos en los pases receptores o cerca, pero se limita a aportar exclusivamente cereales producidos en su territorio, advierten Brian Halweil y Danielle Nierenberg, del Worldwatch Institute. Esta comida alivia momentneamente el hambre pero hunde los precios de los mercados locales. En el caso de Hait, EE.UU. envi arroz producido en su pas dando salida as a sus excedentes pero hundiendo a los agricultores haitianos. Los graneros de Artibonito estaban llenos de arroz que las cooperativas no podan vender debido a que los consumidores urbanos, tras el terremoto, no podan comprarlo y porque cada da se reparta en la capital arroz americano gratis, aade Duch.

Fuente: La Vanguardia, domingo 17 de abril, p. 35.


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