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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2011

Arabia Saud no es el reino de Dios en la tierra

Samia al Gannochi
Al-Quds

Traducido para Rebelin por Elisa Viteri


El rgimen saud est sitiado. En sus fronteras occidentales, la revolucin egipcia se deshizo de su mejor y ms antiguo aliado, Hosni Mubarak. Por el norte, tanto Siria como Jordania estn siendo testigos de una ola de enfado popular creciente, mientras que al sur, Yemen es un imponente hervidero popular. A esto smale el Sultanato de Omn, que est siendo testigo de otro movimiento de protestas sin precedentes. En esta voltil atmsfera, la respuesta de Arabia Saud fue desplegar sus fuerzas armadas en Bahrin, para mantener as el control poltico que ejerce sobre este pequeo reino a travs del sultn gobernante. Otro de sus objetivos era impedir que la llamada revolucionaria pasara a sus provincias orientales, que son las que cuentan con un mayor nmero de poblacin chi, as como con las principales reservas de petrleo todas juntas.

La verdad es que la propagacin de las revoluciones en Arabia Saud no ya es un asunto que les pille de lejos. Slo algunos das despus de la deposicin del dictador tunecino Zine El Abidine Ben Ali, un hombre de 65 aos de edad se prendi fuego en la provincia de Yizn, que no est a mucha distancia de Yemen. Se organizaron entonces un gran nmero de protestas pidiendo reformas polticas, acompaadas de una campaa en internet que peda la formacin de un comit consejero, la liberacin de los presos polticos, y que a la mujer se le permita ejercer sus derechos. Una de las campaas electrnicas hizo posible hacer un llamamiento para organizar el da de la ira el 11 de marzo, lo que atrajo 26.000 personas.

La respuesta del rgimen fue violenta, tal y como se esperaba. Lanzaron gases lacrimgenos y atacaron con municin real sobre manifestantes pacficos, mientras los helicpteros militares cubran los cielos saudes. Faisal Abdelahad, uno de los organizadores del evento, fue asesinado, adems de las decenas de detenidos que fueron a unirse a los 8.000 presos que llenan las crceles saudes. Entre ellos se encontraban un de los fundadores de la Organizacin Saud para los Derechos Civiles y Polticos, Mohamed Saleh al Bayadi. Hasta los que acudieron al ministerio del interior para preguntar por sus allegados sufrieron las consecuencias, como le pas a Mubarak Bin Zair, abogado, cuyo padre y hermano llevan aos en la crcel sin que les haya acusado de nada de manera oficial; o Yihad Jadar, de 17 aos, que no ha vuelto a tener noticias de su hermano Tamer, un activista por los derechos humanos.

A pesar de que las demandas por un cambio en Arabia Saud se remontan a 1992, cuando un grupo de ulemas le present al rey una nota de asesoramiento, las revoluciones tunecina y egipcia le ha dado un empujn a la lnea reformista. En un paso sin precedentes, un grupo de activistas polticos y pensadores anunciaron la creacin del primer partido poltico del reino, desafiando la prohibicin de las organizaciones de carcter poltico. Tras este anuncio, diez miembros de la misma fueron arrestados. Las demandas de cambio no se limitan a los crculos de la oposicin, sino que se extienden a la misma familia gobernante. Por ejemplo, el prncipe Turki al Faisal, en el Foro Econmico de Yedda, hizo un llamamiento a que se eligieran por votacin a los miembros del Consejo de la Shura*, en vez de ser nombrados por el rey. Lo que se discute a puertas cerradas no slo se public en las redes sociales, sino delante de las cmaras, como hizo Jaled el Yahni con el equipo de la cadena BBC cuando critic la supresin de libertades en su pas despus por lo que haba visto y odo de los cientos de miembros de las fuerzas de seguridad, antes de que se le perdiera la pista.

A pesar de que el sistema ha estado jugando la carta del sectarismo y el peligro iran para deslegitimizar a su oposicin, da tras da se ve ms claro que el descontento popular no se reduce a las zonas chies, sino que se extiende a las distintas capas de la sociedad saud y se alimenta de la represin poltica, el fracaso en el desarrollo producto de la corrupcin, la incapacidad del gobierno de desempear su papel y el despilfarro de billones en la compra de armas. Slo hay que ver la imagen que han dejado en Yedda las inundaciones entre 2009 y 2011 y las fuertes prdidas humanas y econmicas que dejaron tras de s en uno de los pases ms ricos del mundo para darnos cuenta de que las vctimas de la marginalizacin y la ausencia de infraestructuras en el reino no slo afecta a los chies.

Puede que al rgimen saud le sea fcil confrontar a su oposicin poltica. Sin embargo, enfrentarse a los retos sociales que le rodean puede que sea bastante ms complicado. No exageramos si decimos que la mayor fuente de peligro que amenaza a la clase dirigente es el movimiento de renovacin que necesita la sociedad saud, producto del aumento de la expansin urbana, la difusin de la educacin y el gran nmero de estudiantes becados en universidades extranjeras. A todo esto se le suma la generalizacin de las tecnologas de comunicacin por satlite y las redes electrnicas, ya que Arabia Saud cuenta con el porcentaje ms alto de usuarios de internet de la regin (dobla el nmero de usuarios en Egipto, es decir, se acerca a un 40%).

Todo esto es posible gracias a la enorme fortuna petrolera del pas, que ha cambiado el estilo de vida de la sociedad saud en unas pocas dcadas, desde la sencilla vida beduina a una sociedad de consumo. El problema reside en que las rpidas transformaciones que han afectado a la sociedad saud no han ido acompaadas de transformaciones a nivel cultural, lo que ha llevado a la creacin de un gran abismo entre la realidad social y la ideologa oficial conservadora, cuya legislacin proviene de la alianza entre el gobierno y los ulemas wahabes, con sus interpretaciones hanbales radicales. Por supuesto, esto no significa que la clase de los ulemas y la obediencia sean los que gestionen los asuntos gubernamentales o tomen las decisiones en el reino, sino que en verdad son empleados que reciben sus salarios del Estado. El papel de estos se reduce a proporcionar cobertura legal a las decisiones que adopta el rey y su entorno, como legitimar que se recurra al infiel, como cuando el gobierno pidi ayuda a las fuerzas estadounidenses en la Segunda Guerra del Golfo en 1991.

La lealtad poltica que emana de los ulemas en el espacio social les permite una autoridad no definida a la hora de vigilar el comportamiento individual, y social en general. La gran perjudicada por esta alianza entre el gobierno y los ulemas oficiales ha sido la mujer. Al tiempo que los ulemas hacen la vista gorda con la dominacin de la clase poltica gobernante, la corrupcin econmica y la subordinacin incondicional a las demandas de los estadounidenses, se alzan como los mayores agentes en contra de la mujer. Han sido reclutados para vigilar en todo momento la vida de las mujeres, para cuidarse de restringir sus movimientos con fetuas rechazadas por la mayora de los musulmanes, para prohibirles sus derechos ms bsicos, desde conducir un coche hasta que se les niegue la firma de un contrato legal o un tratamiento por no tener el permiso de su tutor.

Esto me recuerda a las palabras de una amiga saud cuando dice: Esto s que es hipocresa! Al mismo tiempo que nosotras no debemos dejar al descubierto ninguna parte de nuestro cuerpo, la cara incluida, los canales propiedad de los prncipes saudes se llenan de chicas desnudas que se mueven al rito de sus canciones decadentes. Habr rebajas en la religin!

Como respuesta a estos vientos de cambio en la regin, el rgimen saud se defiende con dos armas: el dinero y la religin. Adems de las fetuas religiosas ya listas que prohben las revoluciones y las consideran un llamamiento a la sedicin, ven en las manifestaciones una transgresin a la corona del prncipe y al compromiso de obediencia. El sistema saud ha usado, como siempre, la autoridad del dinero para comprar la obediencia y la lealtad de su pueblo. Su majestad el rey Abdal, de 87 aos, al volver de su viaje a EE.UU. para someterse a un tratamiento mdico, anunci el lanzamiento de una ingente cantidad de dotaciones y partidas econmicas, cuyo valor total alcanza los 129 millones de dlares estadounidenses, es decir, cerca de la mitad de los ingresos nacionales provenientes del petrleo el pasado ao. Las dotaciones incluyen la subida del sueldo de los funcionarios un 15%, exenciones a los deudores y ayudas econmicas a estudiantes y parados, adems de la promesa de construir medio milln de viviendas y venderlas a precios ms bajos. Por supuesto, no puedo dejar de mencionar aqu el aumento en el presupuesto para la clase religiosa.

Por su parte, en materia de asuntos exteriores, el sistema saud depende bsicamente de su ntima relacin con Estados Unidos, basada en la circulacin continua de petrleo y el bombeo de millones de dlares a las arcas estadounidenses a travs de los acuerdos armamentsticos que ha contrado Arabia Saud, y por los cuales la casa real de Al Saud obtiene la total proteccin de Washington.

'Todo esto significa que Arabia Saud, mientras siga siendo rehn de un gobierno absolutista y autoritario, con un gobernante anciano y su familia acaparando la autoridad, no puede siquiera pensar en la idea de la ciudadana? Mi respuesta rotunda es que esta situacin es insostenible. Y es que Arabia Saud no es el reino de Dios sobre la tierra. No es inmune a los cambios necesarios a nivel local y regional. La pregunta, entonces, no es si habr cambios en Arabia Saud o no, sino cul va a ser su naturaleza, su forma y su momento.

Samia al Gannochi es investigadora en la Universidad de Londres y especialista en Oriente Medio y el norte de frica.

Fuente: http://www.alquds.co.uk/index.asp?fname=today\15qpt980.htm&arc=data\2011\04\04-15\15qpt980.htm



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