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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2011

Entrevista a Jean Robert, filsofo y arquitecto rauraco-celta residente en Mxico desde 1972:
La guerra santa de Felipe Caldern es irreal y desastrosa

Mario Casass
Rebelin/Clarn de Chile


Cuernavaca.- En entrevista con Clarn.cl Jean Robert (1937), filsofo y arquitecto rauraco-celta residente en Mxico desde 1972, reflexiona sobre el holocausto desatado por el rgimen poltico y el narcotrfico: De repente, los nmeros se vuelven rostros, principalmente de jvenes, las estadsticas se esfuman atrs del horror de vidas, sueos y proyectos sesgados. Al reducir las muertes a datos estadsticos, yo tambin contribua a dar credibilidad a la tesis de Felipe Caldern, segn l esas muertes presentadas como estadsticas annimas son los inevitables daos colaterales de su guerra santa contra el crimen; para enlistarme en su cruzada contra el crimen, Felipe Caldern slo necesita mi silencio. Nunca he credo en su guerra que me parece irrealista, inmensamente costosa y desastrosa

Autor de los libros: Le Temps qu'on nous vole (1980); Ecologa y tecnologa crtica (1992); Water is a Commons (1994); Libertad de habitar (1999); Raum und Geschichte I, II y III (1998); La crisis: el despojo impune (Editorial Jus, 2010) y en coautora con Jean-Pierre Dupuy escribi: La Trahison de l'Opulence (1975) y con Majid Rahnema: La Puissance des pauvres (2008). Catedrtico universitario e intelectual marginal, Jean Robert particip en el consejo editorial de la revista Ixtus y actualmente colabora en Conspiratio, ambas publicaciones fundadas por el poeta Javier Sicilia.

Jean Robert lleg a Cuernavaca en 1973, de inmediato colabor en el Centro Intercultural de Documentacin (CIDOC) dirigido por Ivn Illich; de ser la ciudad de la eterna primavera y la capital intelectual de la dcada de 1970, Cuernavaca se convirti en un pequeo infierno. Clarn.cl busc al peatn e intelectual rauraco-celta durante los das del plantn convocado por Javier Sicilia, para conversar sobre la ciudad, su velocidad, la ceguera gubernamental, la capacidad de organizacin de los jvenes ante el desgarramiento del tejido social, entre otros temas, incluso analiz el contexto internacional: La ventaja de una dictadura es que resulta ms fcil criticarla que un sistema ambiguo y complejo como la llamada democracia mexicana. En Egipto, se le pidi a Hosni Mubarak que se fuera y se asust tanto que se fue, lo mismo con Ben Al en Tnez. Pero la desventaja de las dictaduras es que el derrocarlas no requiere una reflexin que vaya realmente a la raz de las cosas.

MC.- Jean, cul es tu reflexin despus de la indignacin y euforia de la marcha y plantn en Cuernavaca?

JR.- Es curioso que uses la palabra euforia; antes de cualquier cosa, hay una indignacin: Estamos hasta la madre!, estn ocurriendo cosas absolutamente intolerables, como dijo Javier Sicilia: estamos frente a una emergencia nacional. Los jvenes encontrados muertos en Temixco el 28 de marzo son la gota que derram el vaso, porque dentro de los miles de homicidios annimos en nuestro Estado, toc que una de las vctimas Juan Francisco Sicilia- fuera hijo de una personalidad del mundo literario y cultural del pas. Javier Sicilia, su padre, es poeta, novelista, columnista de Proceso y La Jornada Semanal. Entonces, se hizo pblico algo que no se haba hecho pblico antes. Si analizo mi propio estado de nimo, tengo que admitir que, como la mayora de los ciudadanos, yo saba que todos los das haban muertos, que aparecan colgados en los puentes peatonales de los barrios bien, muertos abandonados en coches, con marcas de tortura y a veces decapitados. Uno trataba de salvaguardar su tranquilidad emocional reduciendo esos crmenes a datos estadsticos, a las leyes de los grandes nmeros: s, vivimos en un mundo peligroso, pero mientras no nos toca. Esta vez, s nos toc, y duro. Me toc de muy cerca: Javier es uno de mis mejores amigos y yo conoca bien a su hijo Juanelo. De repente, los nmeros se vuelven rostros, principalmente de jvenes, las estadsticas se esfuman atrs del horror de vidas, sueos y proyectos sesgados. Retrospectivamente, mis raciocinios tranquilizadores me aparecen como la forma cero de la complicidad, la omisin: al reducir las muertes a datos estadsticos, yo tambin contribua a dar credibilidad a la tesis de Felipe Caldern, segn l esas muertes presentadas como estadsticas annimas son los inevitables daos colaterales de su guerra santa contra el crimen. Llamo la omisin nivel cero de la complicidad porque, para enlistarme en su cruzada contra el crimen, Felipe Caldern slo necesita mi silencio. Nunca he credo en su guerra que me parece irrealista, inmensamente costosa y desastrosa. Pero, al no realizar en carne propia que esos muertos nunca son annimos, que tienen nombre y rostro, otorgaba a la guerra un voto de omisin. La mayora de las victimas son jvenes que mueren en condiciones semejantes a las de Juan Francisco Sicilia y sus amigos. Esto es ms que una toma de conciencia, es una especie de catarsis que se expres pblicamente en las marchas multitudinarias del 6 de abril. Muchos ciudadanos pasaron por el mismo doloroso proceso reflexivo que yo. De ahora en adelante, sabemos que los asesinatos pueden tocarnos cerca, y como conocamos a Juan Francisco y a sus amigos asesinados el 27 de marzo, queremos conocer los nombres de los cerca de quince jvenes que cayeron en nuestro Estado desde entonces.

MC.- De ah la importancia de recuperar sus nombres en El muro del holocausto?

JR.- Yo apoyo la iniciativa de colocar placas en un lugar pblico recordando los nombres de los nuevos cados. Primero fueron colocadas siete placas con los nombres de los que murieron el 27 de marzo y, al da siguiente, se colocaron 96 placas con los nombres de las personas asesinadas este ao en el Estado de Morelos. Parece que las autoridades estatales ya destruyeron subrepticiamente 16 de esas placas. Tanto Javier como yo evitamos hacer especulaciones, pero en esta guerra hay una lgica que es diablica: todo pasa como si una entidad o un sistema tuviera inters en desestabilizar al pas. Los jvenes son los que estn ms expuestos a esta lgica destructiva; hay realmente una violencia dirigida contra ellos y mi consejo a mis estudiantes es que no se expongan individualmente.

MC.- Qu demostraron los jvenes al permanecer en el Plantn y organizar las actividades culturales en el Zcalo de Cuernavaca?

JR.- Tengo una gran admiracin por sus capacidades de organizacin y sacrificio: durmieron noche tras noche en el fro muy relativo en esta temporada-, con las incomodidades que implica instalar sus carpas en una plaza pblica; yo quisiera ponerme al servicio de los jvenes, pero me cuesta pasar una noche en el plantn como lo haca antes. Ahora, tengo que contar con los achaques y todas esas cosas que llaman la bola de aos. Bueno, nada grave, me considero como parte de las reservas del movimiento y ninguna bola ser demasiada pesada para impedirme marchar de Cuernavaca a Mxico entre el 5 y el 8 de mayo. Las jovenas y los jvenes merecen un reconocimiento muy especial. Por cierto, platicando con algunos de ellos, cre percibir algn tipo de frustracin debido a que no vean una lnea clara en todo este movimiento cvico. Eso lo deberamos de discutir a fondo, porque en este movimiento no hay, no debe y no puede haber una lnea preestablecida. Aqu se hace el camino caminando, los horizontes se revelan marchando. Por ejemplo, estuve muy feliz ante la decisin de Javier de convocar una marcha nacional entre los das 5 y 8 de mayo porque se necesitaba un horizonte para orientar las acciones que vienen. No s en qu medida el xito la marcha se podr evaluar en nmero de marchantes: es muy demandante caminar de Cuernavaca al Distrito Federal; a mis 74 aos voy a intentar hacerlo pero no garantizo que llegue muy fresco al final. Creo que se revelan posibilidades en la accin, o mejor dicho, que la accin revela posibilidades nuevas, tal como la marcha abre los horizontes. Son posibilidades que no se pueden planear, cosas que de repente se comienzan a percibir colectivamente y, cuando se perciben, se vuelven posibles.

MC.- Si bien varias acciones del plantn fueron espontneas, la convocatoria viene desde un poeta, cmo describiras a Javier Sicilia?, cundo lo conociste?

JR.- Javier Sicilia es un gran poeta, novelista y ensayista con una visin poltica que expresa en sus columnas. Entr en contacto con l hace quince aos o ms porque me pidi una colaboracin para la revista Ixtus, que al inicio se haca artesanalmente; al principio, hasta su pap, Oscar Sicilia, la distribua casa por casa. Comenzamos a conversar y Javier se interes en el pensamiento de Ivn Illich, un pensador que no slo hecho races en Cuernavaca, sino que, por ah en los aos setentas, la volvi famosa. Javier quiso saber lo que se haba hecho en el Centro Intercultural de Documentacin (CIDOC) fundado por Illich. Tuve la oportunidad de presentar a Javier con Ivn, e inmediatamente se entendieron muy bien. Javier entendi a Ivn por su lado mstico, mientras yo lo entenda por su inmenso inters en la cultura material, la subsistencia y lo que l llamaba la paz de la gente. Ivn opona, como nadie desde Karl Polanyi y Edward Palmer Thompson, las creaciones econmicas y culturales de la gente, la subsistencia que es la economa de abajo a los planes de los de arriba. Defina lo que otros llaman el capitalismo como una guerra despiadada de las autonombradas elites contra la subsistencia de la gente. Tales eran los temas en los que Ivn y yo nos encontrbamos. Las nicas oraciones que yo haba hecho con Ivn eran lecturas matutinas y en alta voz del Brevarium Romanum, cuando compartamos un departamento con Lee Hoinacki en la ciudad alemana de Oldenburg. El Brevarium Romanum es bsicamente una recopilacin latina de los Salmos. Javier entendi a Illich rpidamente, y de una forma particular. La gran simpata mutua inicial se transform en compromiso. Desde la muerte de Ivn en 2002, Javier ha seguido defendiendo sus ideas, que despus de su impacto en los aos 1970, se haban vuelto marginales. La fidelidad de Javier demuestra que no busca ni el xito fcil ni la fama, sino otra cosa difcil de nombrar, porque al nombrarla se objetiva y pierde su sentido de bsqueda: la verdad. Fue sucesivamente traductor y editor de muchas obras de Ivn Illich.

MC.- El silencio potico tambin es una bsqueda de la verdad?

JR.- El silencio es necesario despus de semanas tan agitadas, en las que Javier tuvo que dar entrevistas todo el tiempo. Ahora le viene bien un perodo de silencio. El Subcomandante Marcos observa tambin largos perodos de silencio. Lo que yo no puedo juzgar es el silencio anunciado de Javier en relacin a la poesa, no s qu implica, personalmente no soy poeta, no lo puedo ver empticamente. Javier es un hombre de oracin, meditacin y reflexin que no puede dar lo mejor de s en el fuego de una actualidad demandante, en novedades ms que en verdades.

MC.- Entre el holocausto y la destruccin de los ecosistemas, en qu se ha convertido Cuernavaca?

JR.- Alguna vez, cuando Cuernavaca se llamaba la ciudad de la eterna primavera, era un lugar encantador que cant Alfonso Reyes y que Ivn Illich escogi para ubicar su casa para pensar. Yo que camino por sus calles y sus barrios desde hace cuarenta aos, y que, en ella encanec, la veo degradarse, transformarse en un pequeo infierno. Podemos explicar lo que le pasa como una descomposicin del tejido social y aadir que tambin se est volviendo un infierno de concreto. Los poderes de arriba que ignoran todo de la cultura material y de la subsistencia de la gente, quieren imponer al pueblo ciudadano carreteras de dos pisos como el denominado distribuidor vial de Buena Vista, que de hecho tendr tres niveles, uno subterrneo, uno de altura natural y otro en forma de puentes. Todo ello, so pretexto de incrementar una sola variable: la velocidad. Aquellos que planifican la ciudad desde arriba sin ver como vive la gente de a pie y sin prever lo que pasar debajo de sus puentes olor a orn, terrenos de nadie, peligros, muerte de los comercios- afirman sin rer que lo importante es aumentar la velocidad. Ser que sus profesores de urbanismo no les ensearon que, en las ciudades de Mxico y de otros pases, el promedio de velocidad llega a un tope que no se puede rebasar?, en el Distrito Federal, es alrededor de 16 kilmetros por hora tomando en cuenta el metro-; estoy hablando de velocidades medidas en las vas. La velocidad relativamente alta del metro se compensa por la lentitud de muchos barrios: por ejemplo, en el barrio de La Merced, el promedio es inferior a 6 kilmetros por hora. Adems, en las ciudades de provincia, los promedios intra muros son mucho inferiores a 16 kilmetros por hora. Lo nico que pueden hacer los que nos planifican desde arriba, es acelerar la velocidad en algunos trayectos, disminuyndola en otros, dando realidad social al adagio: dime a que velocidad circulas y te dir quin eres.

Un urbanista francs que se llamaba Henri Lefebvre entendi bien esas cosas. Deca que toda va rpida es una sutura-cortadura: liga en el sentido longitudinal y corta en el sentido transversal, alargando los itinerarios de todos los que la quieren cruzar. Eso significa la destruccin del barrio as cortado. Adems, los que nos aplastan bajo su planificacin desde arriba parecen ignorar las reglas ms elementales de la hospitalidad. Cuando alguien se vuelve husped de una casa franqueando su umbral, tiene que adoptar gestos y ritmos que demuestren su voluntad de comportarse y de adoptar los tiempos y ritmos propios del espacio domstico. El espacio urbano es fundamentalmente distinto del espacio indiferenciado de las autopistas. Pretender hacer entrar los vehculos a la ciudad de Cuernavaca con velocidad de autopista, es como querer entrar a una casa corriendo. Adems, aquellos planificadores y polticos que lo ven todo desde arriba, ni siquiera ven que, despus de la Glorieta de Buena Vista, aquel espacio urbano que acaban de deshumanizar para que el trfico sea ms veloz, hay otra plazoleta, la Glorieta de Tlaltenango, que frenar el trfico acelerado sobre unos pocos kilmetros. Frente a lo que llamarn un cuello de botella, podrn, dentro de 5 o 6 aos, volver a decir que es necesario disear un distribuidor vial en Tlaltenango y as sucesivamente, glorieta tras glorieta hasta llegar al centro de la ciudad. Es lo que se hizo en la Ciudad de Mxico con la calzada de Tlalpan que cort en dos mitades todo un gran barrio, matndolo, rompiendo todas las relaciones transversales. Es lo que aquellos planificadores que Javier y yo calificamos a veces de peregrinos sin bastn- pretenden imponer a Cuernavaca. Si leemos sus justificaciones, slo leeremos algunos prrafos vagos en referencia a la circulacin, que repiten en todas sus formas el argumento del aumento de la velocidad y pasan rpidamente a consideraciones ms conformes a intereses mercantiles, como la supuesta oferta de mano de obra, los negocios generados por la seudo necesidad de infraestructuras de transporte cada vez ms caras. No tienen palabras para la inutilidad y contra-productividad, ms all de ciertos lmites, de las infraestructuras faranicas, de sus efectos destructores del tejido social, del cierre de innumerables pequeas tiendas y mercados, de la peligrosidad y la suciedad de los espacios debajo de los puentes. En tanto a sus efectos simblicos y psicolgicos, si los menciono no es para ellos, porque s demasiado bien que no los entenderan: no slo generan espacios muertos, sino tambin toda una escenografa urbana que te convence que no eres nadie, que eres un tomo en la inmensidad sistmica, que eres un espectador pasivo del show del poder tecnolgico. Esas infraestructuras desmedidas parecen tener la funcin de rebajarte como ciudadano, de quitarte la dignidad; son instrumentos de despolitizacin que contribuyen poderosamente al rompimiento del tejido social que se manifiesta hoy en los asesinatos de todos los das. Tal vez dirn que soy nostlgico. Confieso que he conocido una vida mejor en Cuernavaca.

MC.- Mencionas el afn gubernamental por la velocidad, pero qu pasa con los proyectos consumistas?, lo pregunto por la destruccin del Hotel Casino de la Selva y el anuncio de otro centro comercial en Tlaltenango

JR.- Fui uno de los fundadores del movimiento cvico en defensa del Casino de la Selva un lugar histrico de 10 hectreas y 7,000 rboles, celebrado por Malcolm Lowry- contra dos mega-tiendas extranjeras. Evidentemente, perdimos y se hicieron las tiendas. Me considero un ecologista, pero bajo el concepto de la ecologa urbana, que no se justifica directamente por la contaminacin qumica del ambiente, sino por la destruccin de las relaciones cvicas, las llamadas relaciones de soporte mutuo, que hacen vivir a un barrio como un tejido de interrelaciones, tambin comerciales, pero no nicamente. Eso es lo que me motivaba en la protesta contra la destruccin del Casino de la Selva. Yo vea que si caa el Casino, iban a modificarse las relaciones en toda la zona, incluyendo la muy comercial Avenida Plan de Ayala, y que hasta el mercado central se vera afectado y que algunos de los mercados secundarios desapareceran. Creo que diez aos ms tarde, se puede decir con tristeza que mis predicciones se cumplieron. Cada vez ms, los locatarios del mercado central luchan para sobrevivir. En todas las calles y todos los barrios, empiezan a predominar las grandes tiendas. Hace diez aos, el 65% de las transacciones comerciales de la ciudad aun se hacan en pequeos negocios locales, y slo el 35% corresponda a las grandes tiendas trasnacionales. Ahora, la relacin se est invirtiendo. Eso es muy grave, porque las grandes tiendas tipo Wal-Mart, Sams y Costco venden ms productos importados que mercancas locales y adems, exportan la casi totalidad de sus ganancias a bancos extranjeros. Son especies de bombas aspirantes-expelentes que aspiran dineros locales y los exportan. En cambio, los dueos de negocios locales son ciudadanos oriundos de Cuernavaca que de cierta forma redistribuyen sus ganancias dentro de la ciudad y estn dispuestos a asumir papeles en la vida asociativa de la ciudad, por ejemplo, siendo, aquello presidente de un club de ftbol de barrio, aquel otro director de una pequea orquesta. Tales compromisos cvicos son la base de la vida asociativa de la ciudad. Su regeneracin se vuelve muy urgente ante el desgarramiento del tejido social.

Esos eran mis argumentos principales cuando militaba para la defensa del Casino de la Selva. La mayor parte de mis compaeros defendan los rboles y las obras de arte yo tambin-, pero pocos me seguan en la defensa del comercio local. Es una batalla que perdimos, una derrota an ms dolorosa para m que la destruccin del entorno arquitectnico y de los rboles.

MC.- Perdimos la batalla del Casino de la Selva, a diferencia de Tlaltenango

JR.- En Tlaltenango queran construir un centro comercial Wal-Mart, ahora habr un parque ecolgico, eso se gan, qu bueno que a veces se ganan batallas. Yo no s hasta qu punto se concretar el proyecto de guardar el parque para todos los ciudadanos; en el tiempo del Casino de la Selva nos serva de modelo la lucha de Oaxaca, ciudad que logr impedir la construccin de un McDonalds en su centro histrico. Las cosas nunca son en blanco y negro, lo que vemos son luchas cvicas contra proyectos oficiales, como si hubiera una verdadera guerra oficial contra la subsistencia de las personas, contra el modo de vivir de la gente. Parece haber un proyecto de transformacin de las costumbres de la gente para inculcarle la americanizacin. Parece que el modelo de las ciudades fronterizas es lo que tienen en la cabeza los gobernantes.

MC.- Cul es tu opinin sobre los gobernantes de Cuernavaca?, por ejemplo, el alcalde Martnez Garrigs sali corriendo a Espaa en los das ms lgidos de protesta, y el vocero de Ejecutivo local dijo que no haran caso al ultimtum de Javier Sicilia

JR.- Creo que asistimos a la toma masiva de poder de los que, siendo nios, tuvieron las nalgas pegadas al coche de pap (risas). Esos gobernantes vieron su infancia a travs del parabrisas, tienen la misma percepcin de la realidad que la que se tiene cuando se atraviesa un paisaje en automvil: hay imgenes fugaces y colores en movimiento, pero faltan los olores, faltan los sonidos, las percepciones tctiles y los sabores. Los adultos que fueron amputados de la riqueza de las percepciones por el tipo de infancia que les dieron sus padres tienen una imagen a la vez simplificada y distorsionada de la realidad, la reducen a lo que fue su truncado mundo infantil. Estn constantemente pegados a las pantallas: para moverse, el coche y para informarse la televisin (sic) o la computadora. Forman parte de una generacin que sufri daos irreparables a su modo de percepcin, es gente genuinamente incapaz de percibir la realidad, entonces, crean un mundo ficticio cuyos espacios son pensados y vistos por gente que tiene el trasero pegado a un asiento de coche. No vivo fundamentalmente en otro tiempo que ellos, pero por lo menos trato de mantenerme como peatn, es decir de percibir mi ciudad como alguien que aun tiene pies y los usa. Al respecto, tengo muchas historias por contar sobre mi peatonalidad, pero ellos no las entenderan.

MC.- Finalmente, ante la hegemona del neoliberalismo, dnde puedes expresar tus ideas alternativas y marginales?, a pesar de la crisis en Cuernavaca habr cabida para el debate?

JR.- Veo dos vertientes en tu pregunta, he pasado toda mi vida adulta como una especie de marginado, si bien he trabajado en universidades. Lo que quiero decir es que mis ideas siempre han sido minoritarias. Lo que me ha nutrido todos estos aos es mi amistad con el pensador Ivn Illich, casi nadie lo recuerda, pero l volvi a Cuernavaca la capital intelectual de la dcada de 1970, todo el mundo saba de Cuernavaca por el CIDOC. He tratado y sigo tratando de seguir la pista de ciertas ideas que habamos elaborado en esa poca. Por ejemplo, Ivn escribi un libro que se llama Energa y equidad (1974); para m en ese libro est la demostracin de que viviramos mejor con mucho menos energa mecnica. En cuestiones de trfico, la energa se traduce en velocidad. Si pudiramos reducir la velocidad del trfico urbano a poco ms de 25 kilmetros por hora, perderamos menos tiempo y en realidad los promedios de velocidad seran mayores, no habra tantas diferencias entre itinerarios rpidos y lentos, entonces la velocidad dejara de ser un privilegio social, en trminos de distribucin la ciudad sera ms equitativa y utilizara menos energa. Si logro formular este argumento para un caso particular, creo que se podra expander a otros temas para salir del dilema actual que es: energa que produce gases de invernadero o energa que produce contaminacin radioactiva?, con el desastre de Fukushima, toda la alternativa nuclear se ha vuelto a poner a debate, pero este debate se ubica bajo el presupuesto de que hay que incrementar las cantidades de energa disponibles en la sociedad. Illich pensaba todo lo contrario: deberamos de imaginar unas condiciones sociales en las cuales la necesidad de consumir energa seran mucho menor, quizs un 20% de la actualidad; deberamos volver, gracias a la reduccin de la energa socialmente necesaria, a niveles de consumo correspondiendo a los de los aos cuarenta o cincuenta. He publicado artculos y libros exponiendo aspectos de esta tesis, pero y no me quejo- mis ideas se quedan limitadas a un grupo marginal de lectores.

Llegamos a un nivel de desastre en que se vuelve vital formular algunos teoremas de imposibilidad. Seguir bajo este modo de vida es imposible. Algunos le dan 10 aos, otros 20, al actual sistema antes de su colapso. No podemos seguir vivos siendo tan dependientes del petrleo y de los costosos servicios de suministro de energa. Al mismo tiempo, hay un descontento hacia las instituciones que se han incrustado en la sociedad, hacindonos creer que representan el nico sistema posible o el pensamiento nico. Donde comienza a quebrantarse el pensamiento nico, es en los pases que conocieron dictaduras, porque la ventaja de una dictadura es que resulta ms fcil criticarla que un sistema ambiguo y complejo como la llamada democracia mexicana. En Egipto, se le pidi a Hosni Mubarak que se fuera y se asust tanto que se fue, lo mismo con Ben Al en Tnez. Pero la desventaja de las dictaduras es que el derrocarlas no requiere una reflexin que vaya realmente a la raz de las cosas. Tal reflexin requiere la percepcin aguda de las imposibilidades aunada con un descontento profundo. Entre la gente de abajo de los pases ricos, este descontento se extiende en la medida en que el Estado y el Mercado el Estado-Mercado - prometen ms servicios, por ejemplo mayores disponibilidades de vehculos de motor y ms asfalto en las ciudades, creando situaciones endmicas de creciente frustracin, porque es cada vez ms difcil y peligroso caminar por las calles y encontrarse en las plazas. Eso es lo que caracteriza los pases que no son dictatoriales, sino democrticos o dictablandos. Ah, la situacin es mucho ms compleja que el frica del Norte, porque no se sabe contra quin hay que luchar y, sobre todo, y con ello vuelvo al principio de nuestra charla, porque toda crtica debe ser al mismo tiempo autocrtica, crtica de las omisiones propias. Es la situacin ambigua que vivimos en Cuernavaca. Lo intolerable del panorama actual, no creo que solamente se pueda asociar con un nombre. Y eso es la esencia del error garrafal de Felipe Caldern, l exterioriz un sujeto colectivo al que, antes de atacarlo como el Quijote sus molinos, llam La delincuencia. Similarmente, otro Presidente impopular en su pas por sus errores, George Bush, haba inventado una entidad llamada El eje del Mal. En contraposicin con este mal absolutizado, el Presidente, sus sbditos y todo el pueblo alineado atrs de ellos, queda lavado como dinero. La lucha puede tomar la mscara de una guerra del Bien contra el Mal.

El Magistrado francs Jean de Maillard, un hombre particularmente valiente, propone un antdoto a este Maniquesmo de Estado. El compara las relaciones semi-criminales, semi-legales que proliferan en las fronteras entre Estado y Delincuencia, entre finanzas y robo de cuello blanco, entre los ricos lavados y los ricos sucios de la lista de Forbes, con esos seres matemticos que se llaman los fractales. Los fractales, como la zona intermedia entre el mar y la tierra con el trazo complicados de su orilla, sus deltas, manglares y humedales, proliferan en todas direcciones reproduciendo de lo pequeo a lo grande un motivo repetitivo. La delincuencia organizada tiende a ser fractal. Prolifera en las fronteras entre esos medios en principio heterogneos que son el gobierno y el crimen, las Finanzas y el Despojo de cuello blanco, los carteles y sus apoyos logsticos en honorables bancos. Hay tantas interpenetraciones y tantos compromisos personales que es imposible asociar los delitos con un lado llamado La delincuencia y exorcizar el otro lado, el lado Blanco, de los muy concretos delitos cotidianos que engrosan la abstracta Delincuencia. Todo mundo hace fractalmente parte del medio legal y del medio delictivo. El bistur con el que Caldern pretende separar lo an sano de lo corrompido slo puede desgarrar todo el tejido de la nacin. No es por ah donde haba que empezar, Seor Presidente.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons , respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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