Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Golpe militar y resistencia popular en Honduras
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2011

Homenaje a Manuel Flores un mrtir cado en la Resistencia del pueblo hondureo contra el Golpe de Estado
Flores para Manuel

Milson Salgado
Rebelin


La primera vez que lo vi cargaba entre sus brazos una utopa religiosa. En las notas musicales de su guitarra de siempre figuraba la msica popular latinoamericana, la trova de Silvio o la misa campesina de los Palacaguina de una Nicaragua romantizada por una bella revolucin.

La izquierda ha tenido tambin sus modas vernculas, por ejemplo la boina de Guevara que siempre llevaba consigo, la barba tupida de los revolucionarios cubanos y el pelo a lo Hendrix de los hippies estadounidenses, y sobre todo el compromiso arraigado de la inmolacin al fundirse en una matrimonio indisoluble de coyuntura revolucionaria el evangelio de Jess con el fusil, y enrolarse en cualquier movimiento guerrillero para encontrar la vida en la montaa como Camilo Torres, en una postura de contradiccin elocuente a los ermitaos de los desiertos espirituales o a los acomodados monjes medievales. En ese tiempo precisamente naci su fervor para entrar en el Seminario Mayor en Tegucigalpa y aspirar al sacerdocio.

Pero la Euforia de la Teologa de la Liberacin que despert Medelln y Puebla estaba cediendo cada vez ms a la ira de los dueos de la Iglesia, que no miraban la hora de recuperar el terreno perdido por la radicalizacin de las reformas conciliares, pese al martirologio que despert en la iglesia de los pobres, el asesinato de Monseor Romero y de los curas Jesuitas espaoles a manos del ejrcito salvadoreo de Arenas. En esa coyuntura histrica de reaccin conservadora, el arzobispo de Tegucigalpa, hoy Cardenal, Oscar Andrs Rodrguez, con aires fsicos de juventud pero con un espritu amortajado y reacio a los cambios, enseaba en las aulas del Seminario Mayor con su petulancia de dominar varios idiomas en un pas de medias lenguas, las formas dogmticas de odiar a Gustavo Gutirrez, a Leonardo Boff, a Ignacio Ellacura, a Fray Beto, a Helder Cmara y a otras figuras seeras que traan a Carlos Marx para desenredar desde la clarividencia del anlisis marxista la clasista realidad latinoamericana.

Desde luego, ese no era el lugar para un autntico revolucionario, por eso Manuel renunci al Seminario a un ao de coronar el Sacerdocio y carg con su nueva utopa poltica. Con su nueva biblia roja de Lenin, empez a ejercitar el Magisterio y su militancia en grupos de izquierda. Era comn verlo en las calles de Tegucigalpa gritando y haciendo rer a sus compaeros aun en las luchas ms intrascendentes, en las que los incomprendidos maestros se enfrentaban no solo a los aparatos ideolgicos de la derecha, sino tambin a una seudo izquierda agrupada en organizaciones no gubernamentales, y en grupos de sociales demcratas afelpados de pudor moral en colectivos de derechos humanos.

A la cita contra el Golpe de Estado en Honduras, no poda faltar este dios de la contracultura, y no poda faltar su msica, sus risas, su ira y sus encendidos discursos y su participacin en el debate pblico buscando alternativas sobre la marcha, creando escenarios inditos para que la huella popular y el fervor de la consciencia transitaran por las mejores alamedas de la historia. All estaba el compaero para dar el brazo al dbil de marchas y golpes, el hermano con complejo de cura para escuchar con paciencia los problemas de sus hermanos de lucha, el camarada socialista para vertir una interpretacin precisa a esta convulsionada realidad hondurea.

Era lgico que su activa participacin en el Frente Nacional de Resistencia, era seguida muy de cerca por las fuerzas del orden que infiltraban a su peor gente para delinear perfiles. Por eso cuando nos dimos cuenta de la Muerte de Manuel, rpidamente inferimos que las investigaciones oficiales se iban a orientar por la incidencia de la delincuencia comn y convencional, y que la autora se la iban a endilgar como siempre a la operacin de pandillas juveniles en la zona del crimen.

Enterramos a Manuel un da cualquiera, no fue jueves ni domingo, esos das con olor a muerte, solo fue un da gris y plomizo, un da en que la tristeza cierra los ojos al paso de las horas y a las hojas cadas de los momentos del tiempo.

Al siguiente da la lucha continuaba, y nos sentimos felices cuando en los muros de los bancos que l tanto detestaba y en las paredes de Miraflores y las catedrales del consumo apareca Manuel compitiendo con los comerciales de la Coca-Cola, con slogans y marketing de Bancos privados y hasta con el glamur de ropas del ltimo grito de la moda. En pintura roja y negra se lea Manuel Flores Vive Manuel Flores La Lucha Contina. All nos dimos cuenta que Manuel Flores viva, porque los hombres no mueren en sus cuerpos sino que viven en sus ideas, y coincidentemente resucitaba en el fervor de sus compaeros maestros, y aliviaba con los ungentos de sus peores sufrimientos, las espaldas amoratadas de sus camaradas que se resistan al golpe, y flua en ese continuar febril de su resistencia sin horizontes, y habitaba sobre todo en la dignidad del compaero Manuel, que no era Flores sino Rosales, y que desde Repblica Dominicana, exiliado como los mejores hroes de la tradicin latinoamericana, diriga los pasos de la resistencia hondurea. Por eso es que aqu y ahora hemos decidido darle flores a Manuel, a Manuel Flores, al Maestro, al Hermano, al compaero, al Camarada Manuel, ahora ms que nunca, en que el rosal de la utopa ha terminado de invadir como enredaderas verdes de esperanza, la conciencia de los hondureos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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