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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-05-2011

Reflexiones a propsito del comunismo cubano

Carlos Rivera Lugo
Claridad/ Rebelin


No es necesario rechazar la dialctica como tal, sino slo su comprensin sinttica: en otras palabras, es necesario insistir en una dialctica negativa, un movimiento sin descanso de negacin, que no necesariamente nos conduce a un final feliz. La historia, entonces, no se considera como una serie de etapas, sino como el movimiento de una revuelta sin fin. (John Holloway)

Cuando Vladimir Illich Lenin proclam en octubre de 1917 en Rusia el imperativo histrico de poner en seguida en movimiento un aparato estatal constituido por diez, si no veinte millones de personas que materializase la consigna de todo el poder a los soviets, no poda anticipar cun elusiva resultara histricamente su concrecin. El nuevo siglo XX no haba tardado en potenciar un nuevo paradigma libertario y justiciero ms all de las opresiones y carencias del orden civilizatorio capitalista prevaleciente.

Claro est, no es que Lenin estuviese ajeno a lo problemtica que resultara la transicin de una sociedad capitalista atrasada a una sociedad comunista libre, igualitaria y prspera. La tarea histrica era monumental: El viejo orden deba ser negado dos veces, primero en su forma estatal y luego, ms importante an, en su forma econmica-social. Sin embargo, los retos propios de lo inmediato y el presente, con sus propias contradicciones, poco a poco se fueron imponiendo sobre los retos consustanciales del fin ulterior propuesto.

La transicin sin fin

La visin estratgica leninista requera una doble negacin dialctica, ambas inextricablemente determinadas la una por la otra: la destruccin de lo viejo, a la vez que la construccin de lo nuevo. Por un lado, la Revolucin bolchevique deba llevar al desmantelamiento de los aparatos del poder estatal burgus y su sustitucin por nuevas formas comunes de agenciamiento poltico. Sin embargo, por otro lado, para ello haba que desarrollar la base material de esa sociedad comunista. Segn Lenin, para esto ltimo no le quedara otra alternativa al poder proletario, conforme a las realidades y necesidades inmediatas al cabo de casi un lustro de guerra civil e intervencin extranjera, que articular una poltica econmica de capitalismo de Estado, acompaada de un proceso de constitucin de una nueva subjetividad o conciencia comunista.

Su inicial euforia radical haba quedado atemperada por las circunstancias, resultando en una realpolitik que lo llev a promover la aprobacin en 1922 del controvertible Nuevo Plan Econmico (NEP por sus siglas en ruso). Fue en dicho contexto que afirm: Estn condenados aquellos comunistas que imaginan que es posible terminar la empresa de construccin de una poca, como lo es sentar las bases de la economa socialista (particularmente en un pas de pequeos campesinos), sin cometer errores, sin retrocesos, sin numerosas alteraciones de lo que falta terminar o de lo que se ha hecho mal. Los comunistas que no caen en el engao, que no se dejan vencer por el abatimiento y que conservan la fortaleza y la flexibilidad para volver a empezar desde el principio, una y otra vez, encarando una tarea extremadamente difcil, no estn condenados (y es muy probable que nunca perezcan). El comunista verdadero, insista, deba estar dispuesto a volver a empezar, desde el principio, una y otra vez.

Sin embargo, esta lgica dual de un poder proletario empuando, por necesidad, una poltica econmica burguesa ir pariendo una nueva contradiccin antagnica entre modelos de civilizacin que, en la prctica, resultarn excluyentes, sobre todo en la medida en que las formas capitalistas de produccin social, permeadas inevitablemente por la forma-valor fueron constituyendo subjetividades privatizadas en sus fines. La catstrofe sufrida finalmente por la primera revolucin comunista fue anticipada por el Che Guevara cuando calific al NEP como uno de los pasos atrs ms grandes dados por la URSS. Al respecto abund que: as qued constituido el gran caballo de Troya del socialismo: el inters material directo como palanca econmica .

La revolucin permanente

Nadie como el Che consigui identificar, desde una postura tica y poltica de la mayor autenticidad, el nudo gordiano que confrontaba la teora acerca de la transicin del capitalismo al comunismo por va de una etapa socialista en que se pregonaba la inevitabilidad de la continuidad de las formas capitalistas de produccin social. Ello le vali, en su momento, ser tachado por los soviticos de idealista y romntico, sin hablar tambin de maosta y trotskista. No podan pasar por alto la afinidad esencial entre las posturas guevaristas y las representadas en el bolchevismo originario por la oposicin de izquierda al liderato estalinista, integrada por Len Trotsky y Eugeny Preobrazhensky, entre otros.

De hecho, algo muy en comn tenan: su insistencia en que el comunismo requera su propia economa poltica, con su eje en formas comunes de produccin social, y su triunfo a escala mundial ms all de un solo pas. Al respecto, segn Trotsky, la construccin de la sociedad comunista slo sera posible a partir de una revolucin permanente que garantizase la participacin real de la clase trabajadora y las nuevas generaciones de comunistas en el control de todos los aspectos de la vida social, econmica y poltica no slo en Rusia sino que, en lo inmediato, en su entorno europeo, rompiendo as el cerco que los imperialismos de la era pretendan tenderle para llevar su revolucin al fracaso.

La creacin de dos, tres muchas Rusia o Cuba fue una necesidad y no una aventura o capricho de nadie. Sin embargo, en ambos casos, los intentos de romper sus respectivos cercos imperiales fracasaron en lo inmediato, ahogados por la represin contrainsurgente, como en las experiencias de Alemania, Hungra e Italia, en el primer caso, y las de Venezuela, Per, Argentina y Bolivia, sin hablar de Uruguay y Chile, en el segundo.

La propuesta histrica comunista pareca as condenada a la negacin eterna de sus mismas posibilidades, obligada por necesidad a un periodo de transicin que parece no tener fin y que, peor an, est obligada a operar dentro de las reglas materiales bsicas del modo de produccin, incluso de la vida, que aspira superar. En el caso de Rusia, la revolucin fue traicionada por la burocracia, tanto la estalinista como la post-estalinista. Dej de constituir, en toda su plenitud, la ruptura que originalmente anunci.

En tales circunstancias, nos advirti el filsofo marxista alemn Theodor W. Adorno, toda praxis revolucionaria parecera imposible, pues al fin y a la postre cualquier cosa que uno haga es falsa ya que se termina por imitar y reforzar aquello a lo que se dice oponer. Ante ello, todo aparece como si fuese lo mismo, poniendo en entredicho la posibilidad misma de la fuga histrica hacia otro modo de vida, en el que se concreten la libertad, igualdad y fraternidad prometida engaosamente por la revolucin liberal burguesa. El futuro aparece as como una promesa permanentemente postergada, eternamente en trnsito.

La excepcionalidad cubana

En el contexto antes expuesto, Cuba ha logrado erigirse en precedente histrico. Obligada a operar, por necesidad, bajo un modelo de economa de guerra impuesto por el criminal bloqueo imperial estadounidense y sus mltiples mecanismos de sabotaje y desestabilizacin, su precariedad productiva nunca present las condiciones propicias para la tentacin siquiera a la privatizacin de la conciencia denunciada por el Che Guevara en el contexto del socialismo real europeo. Las condiciones estoicas propiciaron siempre una conciencia espartana. La escasez objetiva de incentivos materiales hizo que el cubano slo pudiese dar sentido a su vida a partir de unos incentivos mayormente inmateriales, es decir, ticos. De ah que el estrepitoso colapso de la Unin Sovitica, no hamaque en lo esencial a la Revolucin cubana. Sus enemigos se quedaron aguardando por su muerte anunciada.

La historia, como sentenci Georgi Plejanov, tiene de sujeto protagonista a los seres humanos, lo que en el caso de la Cuba revolucionaria se encarna en un pueblo encabezado por una figura de la talla de un Fidel Castro Ruz, un ser fuera de serie y contra toda corriente. ste se empecin siempre en aprovechar cada oportunidad que le present cada coyuntura para avanzar, consolidar cuando fuese dable y rectificar cuando fuese necesario, una y otra vez, para repotenciar lo nico que le puede dar sentido a una historia que desde Mart demuestra estar hecha no de leyes objetivas e infranqueables, sino que ms bien de voluntades aguerridas y comprometidas.

La historia no tiene otro sentido que la que le damos los seres humanos. Entretanto, las circunstancias objetivas atestiguan, en todo caso, el eterno retorno, bajo nuevas formas, de la contradiccin maldita pero porfiada, como las serpientes soadas por el cantautor cubano Silvio Rodrguez.

Socialismo o muerte!

Por ello, ante la consigna del fin de la historia y de las utopas, lanzada por los epgonos del capital a partir de 1989, los cubanos ripostaron como enrevesados voluntaristas: socialismo o muerte!. Y al igual que cuarenta aos antes, se atrincheraron y resistieron, volviendo a dar la cara por la Amrica nuestra y reconstituyndose en referente alternativo obligado a la barbarie neoliberal, sobre todo en el ejemplo de perseverancia en medio de una izquierda mundial que anduvo en desbandada a partir de una seria crisis de identidad.

Dentro de su extraordinaria y heroica excepcionalidad humana, Cuba ha sabido construir y reconstruir permanentemente su Revolucin, an en tiempos turbulentos. Ms recientemente, sin embargo, se ha sentido acorralada cada vez ms por las difciles y prolongadas circunstancias bajo las cuales se ha visto forzada subsistir. Es verdad, la revolucin se ha visto compelida a subsistir producto de las criminales acciones ajenas, cuyos resultados a veces han sido magnificados por errores propios.

De ah que, al igual que lo propuso Lenin en circunstancias igualmente crticas, Cuba se ha propuesto reinventarse, pero sin apartarse de lo que originariamente la constituy en excepcional acontecimiento histrico, es decir, la potenciacin de un impulso de ruptura frente a lo existente, el despertar de lo que material y subjetivamente est en trance de ser unrasgo definitorio de esta era.

El ngel de la historia

Como una versin re-creada del ngel de la historia del que nos habl Walter Benjamn en sus Fragmentos sobre el concepto de historia (IX), hace ya un tiempo Fidel Castro reflexiona sobre la cadena de males que siguen acumulndose en la era actual, comprometiendo as el futuro de toda la humanidad. Habitando ya en el lmite de sus fuerzas vitales, a diferencia del ngel de Benjamn que se ve apabullado por los vientos borrascosos que soplan desde el Paraso, el lder histrico de la Revolucin cubana no se amilana. Se niega a ser mero testigo pasivo. De ah que apele a los vivos para que recompongan los tiempos y retomen el Paraso perdido.

Es as como el pasado 17 de abril, Fidel dirigi una de sus reflexiones a los comunistas cubanos con motivo de las crticas deliberaciones del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba: Es deber de la nueva generacin de hombres y mujeres revolucionarios ser modelo de dirigentes modestos, estudiosos e incansables luchadores por el socialismo. Sin duda constituye un difcil desafo en la poca brbara de las sociedades de consumo, superar el sistema de produccin capitalista, que fomenta y promueve los instintos egostas del ser humano.

La nueva generacin est llamada a rectificar y cambiar sin vacilacin todo lo que debe ser rectificado y cambiado, y seguir demostrando que el socialismo es tambin el arte de realizar lo imposible: construir y llevar a cabo la Revolucin de los humildes, por los humildes y para los humildes, y defenderla durante medio siglo de la ms poderosa potencia que jams existi, puntualiz.

Reinventar desde lo comn

Por su parte, su relevo fraternal, Ral Castro, el nuevo presidente de la nacin y mximo dirigente de los comunistas cubanos en la presente coyuntura, se comprometi a asumir el reto de continuar construyendo esa nueva sociedad ajena a los cantos de sirena del sistema capitalista. En ese sentido, el bien comn seguir rigiendo an sobre las expresiones de iniciativa privada que fueron aprobadas como parte de sus nuevos lineamientos econmicos. La elevacin del nivel de vida no puede por ello divorciarse del necesario y continuo reforzamiento de la conciencia tica del pueblo. El principio rector de la nueva economa es la planificacin socialista, anclada en el adelanto del bien comn, y no el mercado, cuyo centro es el beneficio privado y particular.

Ahora bien, quin decidir lo que se ha de producir y cmo se distribuir? Aqu es dnde se hace igualmente urgente la otra apuesta obligada que se hace bajo el nuevo modelo a favor de la descentralizacin efectiva de las estructuras de mando y los procesos de toma de decisiones. Slo mediante la socializacin efectiva de la planificacin, como expresin de una democratizacin real y profunda de las relaciones sociales, es que se puede garantizar que la experimentacin con una presencia mayor de mecanismos de mercado, con su tica utilitaria y excluyente, no desplacen las experiencias de lo comn, y sus fines ticos solidarios e incluyentes, como motores del desarrollo.

Sobra decir que Cuba necesita hoy un movimiento real que mejore sustancialmente la vida material de sus habitantes. Ahora bien, lo inmediato no debe tragarse lo estratgico. Menos an debe permitirse que la incapacidad, hasta ahora, de los comunistas para forjar una economa poltica alternativa de lo comn y unas prcticas de gobernanza consecuentes con sta, nos lleve a dudar de la posibilidad y la necesidad de su desarrollo. Hay que tener cuidado con la tentacin de achacar al comunismo la persistencia de ciertos males que son al fin y a la postre herencia del capitalismo o resultado de errores en la conceptualizacin de la transicin del capitalismo al comunismo y las extremas limitaciones de la economa socialista de guerra, con su asfixiante centralismo burocrtico. En todo caso de lo que se trata, como bien ha sealado Fidel, es de reinventar el socialismo para seguir avanzando hacia ese modo alternativo de vida que es el comunismo.

La vida, sin embargo, desborda siempre a los modelos. No hay razn para pensar que con el actual perfeccionamiento del modelo cubano de transicin, Cuba deje de enfrentarse por lo tanto a nuevas contradicciones producto de las impositivas y volubles circunstancias, incluyendo sus inevitables condicionamientos globales y las imperfecciones propias de nuestra demasiada humana existencia social, insertas todas en esa demasiada humana dialctica histrica.

Tal vez por eso Marx deca que la felicidad est en la lucha. De ah la especial pertinencia de esas palabras de Bertolt Brecht con las que Silvio Rodrguez inicia su potica reflexin antes mencionada sobre el eterno retorno de la contradiccin:
Hay hombres que luchan un da

Y son buenos.
Hay otros que luchan un ao
Y son mejores.
Hay quienes luchan muchos aos
Y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida: Esos son los imprescindibles.


El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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