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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2011

Marchar por la paz en la Ciudad de la Paz

Sebastin Liera
Rebelin


El pasado 30 de abril, me preguntabas: p, t por qu vas a marchar el 8 de mayo? La respuesta fue, en principio, bastante simple: por la paz, mi amor; una paz con justicia y dignidad; por la esperanza pero, sobre todo, por ti. T, mi pequeo, a quien de pequeo ya slo te queda el mote, sonreste acercando las comisuras de tus labios a las esquinas del brillo de tus ojos y seguiste jugando. Yo me qued pensando, sin embargo, en una respuesta ms compleja.

Sin saber exactamente el porqu, mi mente viaj a la tarde del 1 de diciembre de 2006, cuando Felipe Caldern rindi protesta como presidente de Mxico rodeado por militares del Estado Mayor Presidencial en una ceremonia que dur apenas, a penas, cinco minutos. Unos das ms tarde, present una propuesta para que el Congreso recortara millones de pesos a educacin y cultura en el siguiente ao fiscal y aumentara recursos a las fuerzas armadas y, si no mal recuerdo, no pasara ni un mes para que en su calidad de comandante supremo de las mismas ordenara lo que sera su primer golpe al avispero del crimen organizado en Mxico, precisamente en su estado natal.

Han pasado poco ms de cuatro aos desde entonces. Los botones de muestra de lo que significa su estrategia contra el crimen organizado estn a la orden del da en la prensa nacional y extranjera ocupando los titulares de la nota roja; su valor y su visin para enfrentar un mal endmico como el narcotrfico se hacen de manifiesto, por un lado, en la militarizacin en que tiene sumido al pas y, por el otro, en el sitial que ocupa Joaqun El Chapo Guzmn en la lista Forbes, y sus socios y cmplices en el poder, ora republicano, ora fctico, con quienes ha pactado reducir a la nacin en pedazos no han parado de sacar tajada poltica de sus errores; en especial el PRI (la organizacin criminal ms grande del pas), que aguarda como zopilote a que caiga de La Silla del guila.

Pienso en Torren, una de mis primeras ciudades adoptivas, y en lo que la han convertido el crimen organizado y los clculos de quienes desde la clase poltica y empresarial se han asociado con ste. Pienso en Cuernavaca, otra de mis ciudades adoptivas, y en cuando por ser un lugar donde vivan las familias de algunos de los capos del narcotrfico era todava la ciudad de la eterna primavera y no la de la eterna balacera que es ahora. Pienso en Mrida, la ms reciente de mis ciudades adoptivas, y la miro como alguna vez mir a Cuernavaca y a Torren, y pregunto: la tortura hasta la muerte del hijo de quin, el secuestro impune del pap de quin, la violacin sexual a la compaera de quin, la prostitucin forzada de la hija de quin debemos esperar para entender que urge detener la galopante estupidez que nos desgobierna?

El prximo 8 de mayo, a eso de las 5 de la tarde, yo tambin saldr a las calles para vestir mi palabra de silencio ante la sordera de aquellas y aquellos polticos y empresarios, legales e ilegales, criminales todos, a los que les vale madres que estemos hasta la madre; pero, sobre todo, de cara a la indolencia y la estulticia de quienes seguirn con los brazos cruzados hasta que la muerte toque a la puerta de sus casas. As, pues, sumar mis pasos a los de la gente buena y honesta que marchar por la paz y contra la impunidad en la oficialmente bautizada Ciudad de la Paz; la tambin llamada Ciudad Blanca: Mrida, Yucatn.

Ir al remate del Paseo Montejo, a un costado del monumento que las seoras y los seores del poder y del dinero erigieron a los genocidas cuyo apellido da nombre a la avenida para recordarnos que el crimen y la impunidad tienen races histricas en estas tierras, y, junto a mis pasos, ofrecer mis manos, mi corazn y mi pensamiento para honrar la memoria de las miles de personas que esta guerra nos ha arrebatado desde Tijuana a Tapachula, para caminar en la distancia con sus amigos y familiares, para exigir que se detenga la cuota de sangre que estamos pagando entorno al comercio de una mercanca que sigue perversamente prohibida, para ganarle la calle y dems espacios pblicos a la abulia, la indiferencia que tambin es violencia para que t, hijo, puedas crecer en una ciudad que pueda llamarse de la paz porque lo har con dignidad y no con la hipocresa de quien cierra los ojos para, como dijera Benedetti, no ver las uas sucias de la miseria.



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