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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-05-2011

Sobre el Stalin de Domenico Losurdo
Sobre el XX Congreso del PCUS y el informe secreto (IV)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Recuerdo brevemente uno de los nudos sealados por Losurdo en su libro sobre el estadista sovitico [1]: el retrato de Stalin del informe secreto de 1956 ha abonado indocumentadamente la tradicin antiestalinista, al igual que las consideraciones de Trotsky. Ampliamente convergentes entre ellos, hasta qu punto estos dos retratos resisten la contrastacin histrica?. Su respuesta: ninguna de ambas aproximaciones resiste un anlisis histrico detallado.

Dada la importancia concedida al XX Congreso, acaso tenga inters ver como un dirigente poltico de amplio y dilatado currculo se aproximaba a ese mismo Congreso del PCUS en fechas muy cercanas a la publicacin del ensayo de Losurdo. Lucio Magri, a l me estoy refiriendo, public Il sarto di Ulm en 2009 [2], medio ao despus aproximadamente de la publicacin del ensayo del autor de Contrahistoria del liberalismo. Un resumen con algo de detalle de su aproximacin.

El XX Congreso del PCUS, recuerda LM, se llev a cabo en febrero de 1956 durante diez das. Se desarroll en dos fases por completo diferentes, tanto por su contenido como por el modo en que se realiz. La primera ocup casi la totalidad de los diez das del encuentro y se inici con un informe de Kruschev que planteaba un anlisis de la situacin internacional y de la sociedad sovitica, avanzaba una lnea a adoptar para una y otra, citando a Stalin fallecido tres aos antes solo en un par de ocasiones y, de pasada, la propona en nombre de todo el grupo dirigente, lnea confirmada a lo largo del debate, si bien con diversos acentos. Este informe se aprob por unanimidad y se public de inmediato.

La segunda fase ocup slo unas cuantas horas. Se limit a un discurso de Kruschev, al que no siguieron ni un debate ni una votacin. Este segundo informe se difundi lentamente y a travs de muchos canales y muchas versiones. De ah el nombre, an vigente, de Informe secreto.

El discurso, seala LM, estaba dedicado exclusivamente a la denuncia implacable de la responsabilidad de Stalin y del culto a la personalidad que l mismo haba cultivado, abonado y obtenido. Era necesaria una divisin tan marcada en dos fases tan diferentes, una denuncia tan grosera y tan personalizada?, no se poda introducir ese discurso acerca del pasado, con la necesaria dureza autocrtica, dentro de una reflexin ms articulada y seria sobre la historia de la Unin Sovitica, para proporcionar as una base ms slida a la valoracin de lo que se quera conservar, y ms clara sobre lo que ahora se deba y se poda innovar?, se pregunta Magri. Estos interrogantes, en su opinin, estuvieron presentes de inmediato entre los comunistas, entre sus amigos e incluso entre aquellos que consideraban el XX Congreso, en conjunto, un histrico paso hacia delante. Jams se profundiz en ello y todava hoy no han encontrado una respuesta adecuada los anteriores interrogantes.

Una respuesta a la primera pregunta, apunta Magri, podra presentar, de hecho as ha sido defendida, el siguiente desarrollo: mientras que en torno a lo discutido por el congreso todo el nuevo grupo dirigente del PCUS tena la misma posicin, el Informe secreto sera una iniciativa tomada por sorpresa durante el desarrollo del congreso y a riesgo personal de Kruschev. Esta respuesta, para LM, tena indudablemente algo de cierto tanto que, un ao ms tarde, ese grupo dirigente se rompi definitivamente pero no se sostena. Por qu? Porque todas las investigaciones y memorias sucesivas coinciden en afirmar que el Informe secreto haba sido comunicado, salvo en algunos casos particulares, a todos los miembros del Bur Poltico y fue por todos ellos aceptado con mayor o menor conviccin.

Menos sostenible es la tesis de que el Informe fuera secreto con la intencin de restringir el mbito de los destinatarios y reducir as el impacto entre las grandes masas tanto en el interior como en el extranjero. Se ley y se difundi inmediatamente, sostiene LM, en asambleas de todos los afiliados abiertas a los dems ciudadanos, se envi a todos los dems partidos comunistas con libertad para utilizarlo, y por ltimo, fue publicado en los diarios estadounidenses, en Le Monde, en lUnita. Nunca en la historia de la Unin Sovitica un documento haba sido ledo y discutido por tanta gente en el mundo. Fue cualquier cosa menos un informe secreto.

De ello se infieren segn Magri dos conclusiones interesantes. La primera: esa ruptura era inevitable, nadie poda oponerse frontalmente, por el simple hecho de que, una vez abierto el dique de las excarcelaciones y de las rehabilitaciones, miles y despus cientos de miles de sobrevivientes de los campos, y de familias que haban sufrido una prdida irreparable, habran de convertirse, sin indemnizacin poltica y sin una reincorporacin al trabajo, en una fuerza disgregadora de la sociedad. La segunda, que demuestra en mi opinin el excelente ojo poltico-prctico de LM, su dilata experiencia poltica: cualquier forma, cualquier nueva movilizacin habra quedado bloqueada e inerte sin una sacudida traumtica, capaz de modificar la manera cotidiana de pensar de la gente y permitir la sustitucin de dirigentes y de procedimientos cristalizados a lo largo de dcadas. Es verdad, admite Magri, que haba muchos trabajadores y militantes del partido que no podan renunciar al retrato de Stalin en la pared, o en el corazn; haba muchos intelectuales que hubiesen querido que la autocrtica se extendiese a otros partidos y a otros lderes que se haban comprometido con este ltimo; haba alguna gran figura como Mao, Thorez, Togliatti, que cada uno a su manera, desconfiaba de la tosquedad del discurso de Kruschev. Sin embargo, insiste el autor italiano y el nudo es importante, todos ellos coincidan al menos en un punto: no se poda liquidar todo lo que Stalin haba hecho y dicho, y mucho menos achacar cualquier degeneracin al culto de la personalidad.

LM cree, as piensa en 2009, medio siglo ms tarde., que todo lo anterior era muy justo pero, en su opinin, pues tambin debo hacer mi pequea autocrtica, en esas crticas se esconda la supresin de un hecho. El siguiente: En el Informe secreto, entre un montn de cosas que conoca desde haca tiempo y que ya haba digerido, por ejemplo las concernientes a la liquidacin de Trotsky y Bujarin, haba surgido un elemento nuevo que creo que Togliatti no haba sabido o no quera saber. Qu elemento? La dimensin de masa del ejercicio del terror estalinista, la falta de criterios en ejercerlo, la predominancia entre las vctimas de comunistas de probada lealtad. Este era el elemento, insiste LM, que exiga la denuncia drstica y reiterada de la explicacin racional (cul era la necesidad, con qu motivo, a qu fin?).

Magri seala a continuacin que cuando, al cabo de tantos aos, reley el informe se dio cuenta de un aspecto que, como La carta robada de Poe, era tan evidente que haba escapado en su momento a su atencin: La crtica del estalinismo, aun siendo tan detallada y drstica, se impona a s misma una neta autocensura, porque se detena en la frontera inviolable de los aos veinte, nada deca acerca del giro fundamental de la construccin del socialismo en un solo pas, que no se valoraba como autosuficiencia, y nada deca ni de la transformacin del rgimen interno del partido, ni de la colectivizacin forzada de la tierra, ni del error cometido con la teora del socialfascismo, luego corregida por el VII Congreso de la Internacional. Es decir, se omita en el Informe de 1956 todo aquello que estaba en el origen del estalinismo pero que, al mismo tiempo, por otra parte, poda evidenciar las condiciones objetivas que a l haban contribuido, conquistas y metas que de todos modos se haban conseguido y que, desde luego, Magri est lejos de liquidar u ocultar. Ese nudo, sostiene, ofreca una clave de lectura del valor y de los lmites del XX Congreso.

LM se encontr con numerosas sorpresas. La ms simple e inmediata est relacionada con el tono de intrpido optimismo del discurso introductorio, del primer informe al congreso, del propio Kruschev. Fue fruto de un optimismo propagandstico y de rutina dirigido a amortiguar el golpe de la denuncia que se preparaba y que realmente iba a herir el alma de los comunistas y a ofrecer argumentos a sus adversarios? Esta hiptesis, responde Magri y la reflexin tambin es importante, la desmienten los hechos, porque, si bien con muchas dificultades, el XX Congreso en conjunto obtuvo a la postre un consenso entre los comunistas, les infundi una renovada confianza, al menos durante aos afianz la unidad entre sus partidos y, paradjicamente, sus adversarios lo consideraron no como el inicio de una descomposicin, sino como el inicio de una nueva fase de expansin que los obligaba tambin a ellos a buscar un dilogo y prepararse ante un nuevo reto. La historia del Partido Comunista de Espaa corrobora en mi opinin la conjetura de Magri.

En su opinin, en ese optimismo, realmente exagerado y generador de mltiples ilusiones, haba una base real. En el momento en el que, gracias en parte al equilibrio del terror, en parte gracias a la nueva poltica sovitica, la construccin de la nueva guerra fra declinaba gradualmente, surga con elocuencia un mundo nuevo que sta haba ocultado. Tras aos de containment y rollback, los comunistas gobernaban, o se encaminaban a gobernar, una tercera parte del mundo, los imperios coloniales haban sido arrasados y las potencias occidentales estaban an empantanadas en ellos, con dificultades crecientes, tratando de defender lo que quedaba; haba surgido un grupo amplio de nuevos Estados muy pobres y frgiles pero no alineados y que manifestaban ms simpata por el socialismo que por quienes los haban liberado. Naca otra cultura, no cultivadora de la ortodoxia marxista realmente existente, que pona en primer plano el tema del Tercer Mundo (la teora de la dependencia) y el de los derechos sociales como base necesaria de la democracia (el keynesianismo).

En cuanto a la economa, apunta Magri con innegable optimismo, la situacin de los pases del Este no era, desde luego, la diseada por la autopropaganda, pero el ritmo de desarrollo, con altibajos, resultaba notable en conjunto. La misma investigacin cientfica haba mostrado puntas de excelencia a pesar de que no siempre poda traducirse en progreso tecnolgico. En el plano de la democracia poltica an no se vean progresos, pero el restablecimiento de la legalidad y una mayor tolerancia de la censura se consideraba justamente un significativo paso adelante.

Todo ello no eran slo promesas: eran reformas que estaban ya en curso gracias a la desestalinizacin: una fe se resquebrajaba, pero una esperanza, tambin comunista, poda sobrevivirla. Magri seala: Recuerdo ahora que no encontrabas un solo compaero que, aun habiendo sido herido por el pasado, o, como yo, con dudas sobre el futuro, no pensase y no dijese: de todos modos estamos yendo hacia delante. Al menos por un periodo relativamente breve la nueva guerra fra la haba perdido quien la haba promovido.

Sin embargo, nueva capa crtica del dirigente de Il Manifesto, releyendo aquel XX Congreso medio siglo ms tarde, la perspectiva que se propona, y viendo las decisiones concretas que Kruschev tomaba, incluso tras haberse librado de sus oponentes, ya por entonces se poda vislumbrar, y hoy en da est absolutamente claro, el hecho de que faltaba una idea de reforma en el conjunto de la sociedad y del Estado, porque no se tocaba la cuestin de la democracia poltica ni la de la estatalizacin de una economa totalmente centralizada.

Ello no quiere decir, en opinin de LM, que a Kruschev le faltara voluntad de innovacin o que no hubiera introducido, con ms o menos xito, reformas valientes pero parciales, o que procediese sin brjula, improvisando, como le reprochaban sus oponentes, y mucho menos que fuese un burcrata que hablaba de comunismo sin creer en l. Nada de eso. El dirigente sovitico, sostiene Magri, era un campesino enrgico, vehemente, con poca cultura, que haba combatido como soldado raso en la guerra civil, se haba formado gobernando una regin agrcola, tena curiosidad por el mundo exterior y unas ganas reales de cambiar las cosas que no iban bien.

Magri construye un balance no negativo de las posiciones del campesino vehemente en temas de poltica exterior: Crea en la coexistencia pacfica aunque fuese a su manera; busc, por ejemplo, la distensin con la potencia rival, que ya no era vista como el reino del mal, tratando al menos de mantener un contacto para evitar la guerra atmica por error, pero tambin reaccionando ante sus actos de arrogancia (como en el caso del avin espa U2). Adelant alguna propuesta de desarme recproco y controlado; apoy los movimientos de liberacin nacional (como el palestino, el argelino o el cubano) aceptando su independencia hasta el punto de tolerar la absorcin e incluso la disolucin impuesta a los partidos comunistas locales (como en Egipto); en concreto logr establecer un acuerdo importante con China, que hasta entonces haba quedado lejana y que luego volvera a estarlo an ms, aunque por su culpa; mostr cierto inters en el dilogo con la socialdemocracia europea que, sin embargo, no encontr eco. No era una poltica exterior lineal y no se corresponda con transformaciones de la poltica econmica interna que la hubieran complementado, pero contribuy a la reduccin de la guerra fra y a construir algunas alianzas muy importantes (por ejemplo con la India de Nehru, con el Medio Oriente y luego tambin con la an indefinida Revolucin cubana).

En dos puntos, sostiene Magri, el impulso innovador se redujo a poco o incluso se volvi desorientador. El primero: la persistencia de la interrelacin sofocante entre Estado y partido, y su poder directo y absoluto sobre la economa y sobre la sociedad y su carcter piramidal. Sin embargo, el paso dado hacia adelante en el XX Congreso con el restablecimiento de la legalidad no se elimin jams, a pesar de alguna que otra arbitrariedad aislada. Empero, ciertamente, los lmites que marcaba la ley no eran muy generosos, los espacios de libertad de prensa y de palabra, y las posibilidades reales de influir en las decisiones eran escasas, o estaban concedidas caprichosamente desde arriba (como simbolizan, con signo opuesto, la publicacin del libro de Solzhenitsin y la prohibicin de la novela de Pasternak o la supresin de NoviMir).

El segundo punto: la crisis de la ideologa bajo la forma de una disociacin. Por una parte la ideologa oficial, el marxismo-leninismo, no casualmente adjudicada a Suslov, se volva lentamente un simple catecismo, una demarcacin con respecto a cada hereja incapaz de despertar pasiones en el pueblo y un obstculo para la investigacin de los intelectuales, un caparazn vaco. Por otra parte, ese vaco lo llenaba una idea general que fue hacindose cada vez ms explcita en el Partido y fuera del PCUS: la idea de que la competencia entre socialismo y capitalismo se reduca a una carrera en los resultados econmicos: el socialismo se habra cumplido finalmente y al comunismo se le abriran las puertas cuando la Unin Sovitica hubiese alcanzado y superado el nivel productivo de Estados Unidos.

La meta no slo era improbable, a pesar de que entonces muchos en Occidente se lo tomaron en serio sino que, sobre todo, destaca Magri, despojaba al marxismo de su fuerza motriz: la confianza en una sociedad cualitativamente diferente; perpetuaba el mayor error de Stalin, es decir, la autosuficiencia de la Revolucin rusa; y ofreca una nueva y ms pobre justificacin al papel del Estado gua. Adems, la definicin del Estado monopartidista como Estado de todo el pueblo que aparentemente pretenda atenuar la aspereza del trmino dictadura del proletariado y refutaba la teora estaliniana del recrudecimiento de la lucha de clases, justificacin de toda arbitrariedad en realidad rechazaba reconocer las contradicciones en el interior del pueblo y por tanto todo conflicto social o cultural.

Aqu nacan los presupuestos, en muy sensata opinin de Magri, de la futura glaciacin brezhneviana, de la sustitucin, entre las masas, del hipersubjetivismo estaliniano por la apata poltica e ideolgica y, entre los dirigentes, el temor de las purgas por el cinismo burocrtico. Para el gran intelectual italiano la parbola del kruschevismo, desde sus xitos iniciales hasta su defenestracin casi silenciosa en 1964, estaba pues ya escrita en sus propias premisas.

PS: Seala Moshe Lewin en El siglo sovitico [3] que fue gracias a una comisin encabezada por el secretario del PCUS, Pospelov, creada por Jrushchov en 1955, un ao antes del discurso secreto, como empezaron a conocerse por vez primera muchos detalles de los arrestos y asesinatos masivos. De hecho, apunta Lewin, la poltica de rehabilitacin ya se haba iniciado un ao antes, en 1954. Vale la pena detenerse en lo investigado por esta comisin del partido sovitico.

Notas:

[1] Domenico Losurdo, Stalin. Historia y crtica de una leyenda negra. El Viejo Topo, Barcelona, 2011,

[2] Lucio Magri, El sastre de Ulm, El Viejo Topo, Barcelona, 2010, pp. 117-123.

[3] Moshe Lewin, El siglo sovitico, Crtica, Barcelona, 2006 (traduccin de Ferran Esteve).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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