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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2011

El final de los malos muchachos

Christopher Hayes
The Nation

La consigna que fue utilizada en Estados Unidos para justificar casi todo, despus de los atentados a las Torres Gemelas


Una victoria inmensa han logrado los buenos muchachos frente al peor de los malos muchachos

Geraldo Rivera en Fox News, al anunciar la muerte de Osama Bin Laden.


Luego del 11 de setiembre de 2001, el giro idiomtico malos muchachos estuvo presente en nuestra conversacin, y su presencia continua sirve como prueba de las mltiples formas en las que ese terrible trauma modific nuestro carcter nacional.

En los das posteriores al ataque, Dick Cheney advirti al mundo que la gente debe elegir entre Estados Unidos y los malos muchachos. Las columnas de Tom Friedman de ese otoo invocaban repetidamente la frase. De aqu en adelante -escribi el 28 de setiembre de 2001- son los malos muchachos los que tienen que estar atemorizados en cada momento de su vigilia. Cuanto ms asustados estn nuestros enemigos hoy, menos tendremos que luchar maana.

Pero el trmino perdur ms all del dao inmediato. Mientras Irak se suma en la insurgencia y la guerra civil, Newt Gingrich dijo que la clave para derrotar a los malos muchachos es tener suficientes buenos muchachos iraques. Todos, desde Madeleine Albright hasta John Kerry y Joe Biden tambin adoptaron esa muletilla. En una aparicin en el programa Face the Nation, el secretario de Defensa Robert Gates habl de terminar con posibles reclutamientos para los malos muchachos. Y el ltimo verano, el general Petraeus dijo a la audiencia parlamentaria: Tienen que tener contacto con malos muchachos para obtener informacin de inteligencia sobre malos muchachos.

Cuando el presidente Obama anunci la revocacin de la ley Dont ask, dont tell (ndr: No pregunte, no diga era una ley que prohiba a cualquier homosexual o bisexual revelar su orientacin sexual o hablar de cualquier relacin homosexual, incluyendo matrimonios o lazos familiares, mientras estuviesen sirviendo en el ejrcito), cit a un soldado de las Fuerzas Especiales que describa a un compaero suyo de la siguiente manera: Es grande. Es violento. Mata a muchos malos muchachos. A nadie le importa que sea gay.

Es comprensible que la frase causara muchas risas. La causa del humor era la mezcla de estereotipos, pero la invocacin malos muchachos, con su brusca simplicidad, fue la que hizo que el chiste funcionara.

La frase es deliberadamente pcara, pero tambin insidiosa. El adulto que la invoca est expresando una serie estratificada de proposiciones. Lo que malos muchachos dice, bruscamente, es: Soy un adulto que ha considerado la naturaleza de la moral universal en la que vivimos y he concluido que ella es blanca y negra. He decidido que mi concepcin ms temprana, la ms infantil, de hroes y villanos, es, de hecho, la ms exacta, que luego fue obstruida por matices y por una falta de confianza floja y sensiblera. Rechazo esa concepcin ms madura y complicada como falsa. Me aferro a la visin infantil del mundo.

Malos muchachos fue una frase que canaliz nuestras emociones ms crudas luego del 11 de setiembre, emociones que mitificamos colectivamente. Recordamos la profunda solidaridad que sentimos luego del 11 de setiembre como algo noble y honrado, algo que miramos con nostalgia. sa era la idea que estaba detrs del famoso proyecto de 9 principios y 12 valores de Glenn Beck y el tema del presidente en una cena bipartidista en la Casa Blanca para los miembros del Congreso, el da despus de la muerte de Bin Laden.

Anoche -dijo-, mientras los estadounidenses nos enterbamos de que Estados Unidos haba llevado a cabo una operacin que haba culminado con la captura y la muerte de Osama Bin Laden, experimentamos el mismo sentimiento de unidad que imperaba el 11 de setiembre. Nos hicieron recordar nuevamente que hay un orgullo que nuestra nacin representa y que lo que podemos lograr va mucho ms all del partidismo, mucho ms all de la poltica.

Recuerdo vvidamente la opresin de esa emocin en esos das de otoo, diez aos atrs. Recuerdo el deseo de sentir algo sin complicaciones: pura clera o una simple sed de justicia; de cantar el himno nacional, de poner la mano sobre el corazn, de enarbolar la bandera en la ventana, sentirme bien y aliviado, como si pudiramos encontrar el refugio colectivo en este mundo nuevo y terrorfico, pero refrescantemente simple, que sbitamente vinimos a habitar, un mundo en el que fuimos atacados, un mundo en el que debemos defendernos, un mundo en el que los malos muchachos estaban all afuera y nos queran hacer dao. Un lugar donde poda disfrutar la fraternidad del muchacho que estaba sentado a mi lado en la barra del bar y decirle: Agarraron al bastardo y sentir que comparta algo profundo: que ramos, al menos en ese breve segundo, no extraos sino compatriotas.

Pero la dcada de guerra y derramamientos de sangre incesantes que se inici aquel 11 de setiembre me hizo sospechar profundamente ante tal impulso. Por ms adecuado y estimulante que sea ese momento festivo en el bar, tambin contiene algo muy oscuro, como una gota de tinta en un vaso de agua. Es la misma oscuridad que convirti a nuestro estado de nimo de profunda pena y patriotismo en diez aos de guerra la que explot en las calles de Nueva York y Washington entre la multitud que vitoreaba la noticia de la muerte de Bin Laden.

GUERRA BUENA

Es una irona que muchas veces se pase por alto el hecho de que la guerra tan sangrienta que nos toca vivir no sea la guerra tonta que Bush inici en Irak sino la guerra buena de Afganistn, autorizada en 2001 por una votacin de 98 a 0 en el Senado, 420 a 1 en la Cmara baja y apoyada, en ese momento, por el 88 por ciento de los estadounidenses. La guerra naci de nuestro puro y compartido deseo de justicia. En esos das, hablar contra el bombardeo y la invasin de Afganistn pareca absolutamente extremista, casi un insulto contra los que haban muerto. Pero, en retrospectiva, quizs tambin era un gesto correcto.

Tengo la bendicin de no haber sufrido ninguna prdida personal el 11 de setiembre de 2001, y resultara insensible enojarse con las emociones de los sobrevivientes: la gente siente lo que siente. Pero, en el reino de la vida pblica, deberamos resistir la atraccin del mal muchachismo. No sorprende que Friedman no haya podido resistir las ganas de usar la frase una vez ms en su primera columna luego del asesinato de Bin Laden.

Podemos utilizar el acontecimiento de la muerte de Bin Laden para aferrarnos nuevamente al momento en el que el mundo pareca simple, o podemos salir de ese impulso.

Podemos decir que, con su muerte, volvemos al mundo tal como lo ven nuestros ojos adultos, con un dejo de sufrimiento y complejidad. Podemos sentir compasin por los miles de inocentes que murieron por causa no slo de Bin Laden sino tambin nuestra, justo en el lugar equivocado y en el momento equivocado, en Bagram (Afganistn) o en Bagdad (Irak). Podemos recordar que el hecho de que exista el mal en el mundo en el que luchamos -y donde Bin Laden era un asesino en masa y criminal de guerra- no significa que nosotros seamos absolutamente honrados. Podemos rechazar el relativismo y aun considerar matices. Podemos tener el coraje de hablar y actuar como adultos, de dejar a un lado las cosas infantiles y de, finalmente, ahuyentar de nuestras pesadillas a los malos muchachos.

Traduccin: Ignacio Mackinze

Fuente: http://www.revistadebate.com.ar/2011/05/06/3908.php



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