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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-05-2011

Es hora ya de acabar con las celebraciones y regresar a Kansas
El legado estadounidense de Osama bin Laden

Tom Engelhardt
TomDispatch.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


All por los aos sesenta, el Senador George Aiken de Vermont le ofreci a dos presidentes estadounidenses un plan para afrontar la Guerra de Vietnam: declarar la victoria y volver a casa. Rotundamente ignorado en aquel momento es, sin embargo, un plan que merece la pena volver a considerar cuando la guerra de Afganistn y Pakistn va ya por su dcimo ao.

Como sabe ya todo aquel que no est ciego, sordo y mudo, Osama bin Laden ha sido eliminado. Tal cual. Por los Focas de la Armada. O como expresaba uno de los que integraban la multitud de juerguistas que apareci frente a la Casa Blanca en la noche del domingo con un cartel improvisado a partir de una meloda de El mago de Oz: Ding, Dong, bin Laden ha muerto.

Y no sera ms fcil decir, si el muerto hubiera sido en efecto la Bruja Malvada de Occidente y todo lo que necesitramos hacer fueran tres clic con aquellas zapatillas de color rub: Como en casa, en ningn sitio y de vuelta a Kansas? O como si se tratara del da de la Victoria sobre Japn (V-J) y el beso de un marinero lo expresara todo?

Lamentablemente, en todo aquello que es importante para los estadounidenses, pensar que Osama bin Laden est muerto es una mera ilusin. Seguir combatiendo en todos los aspectos fundamentales, impidiendo un cambio importante en la poltica de la administracin Obama en Afganistn; y somos precisamente nosotros quienes nos encargaremos de asegurar que permanezca sobre ese campo de batalla que la administracin de George W Bush denomin una vez grandilocuentemente como la Guerra Global contra el Terror.

La verdad es que el mundo rabe haba dejado en gran medida a bin Laden tirado en el polvo incluso antes de que esa bala le alcanzara la cabeza. En ese mundo todo giraba alrededor de la Primavera rabe, las masivas protestas mayoritariamente pacficas, an en curso, que han sacudido y sacuden la regin y sus autcratas hasta las races. En esa parte del planeta su muerte es, como Tony Karon del Time Magazine ha escrito: Poco ms que una nota histrica a pie de pgina y sus sueos no tienen ya prcticamente valor alguno.

Pueden considerarlo desde un insulto a una irona, pero el mundo que bin Laden cambi realmente para siempre no estaba en el Gran Oriente Medio. Estaba aqu. Disfrutad con su muerte, enterradle en el mar, no publiquis foto alguna, que l seguir adelante como un fantasma mientras Washington contine combatiendo sus letales y desastrosas guerras en su antigua barriada.

El Tao del terrorismo

Si las analogas con el Mago de Oz fueran adecuadas, a bin Laden podra mejor comparrsele con el mago de esa pelcula en vez de con la bruja malvada. Despus de todo, fue, en cierto modo, un hombre pequeo tras un inmenso biombo por el que su frgil cuerpo asumi, en EEUU, las descomunales proporciones de un supervillano, cuando no de una superpotencia rival. En la actualidad, al-Qaida, su organizacin, era como mucho una chusma que incluso en su apogeo, incluso antes de asediarla y ponerla en fuga, tena las ms limitadas de las capacidades operativas. S, podan montar espectaculares acciones criminales, pero slo una cada uno o dos aos.

Bin Laden no fue nunca Hitler, ni sus secuaces eran los nazis, ni tampoco puede incorporrseles a Stalin y sus adlteres, aunque en algunas ocasiones se les facturara como a tales. La cosa ms parecida a un estado que tuvo al-Qaida fue la empobrecida y masacrada parte de Afganistn controlada por los talibanes donde una vez se alojaron algunos de sus campamentos. Incluso el dinero del que dispona bin Laden, aunque significativo, no era como para tirar cohetes, no se trataba en modo alguno de un nivel de superpotencia. Se estim que los ataques del 11/S costaron entre 400.000 y 500.000$, cantidad que, en trminos de superpotencia, no representa ms que pura calderilla.

A pesar de la apocalptica estampa de destruccin causada en Nueva York y el Pentgono por los seguidores de bin Laden, l y su banda de asesinos encarnaban para EEUU un desafo relativamente modesto que no supona, claramente, el fin del mundo. Y si la administracin Bush hubiera dedicado las mismas energas en cazarle que puso en invadir y ocupar Afganistn y despus Iraq, alguien tiene alguna duda de que no habran pasado casi diez aos antes de matarle o de llevarle a juicio? Aunque esta ltima opcin seguro que jams se habra producido

Fue nuestra desgracia, y la buena suerte de Osama bin Laden, que los sueos de Washington no fueran precisamente los de un polica global intentando someter a la justicia una operacin criminal, sino un poder imperial cuyos dirigentes queran guardarse la llave del corazn petrolfero del planeta en las prximas dcadas mediante una Pax Americana. Por eso, si Vd. est escribiendo justo ahora el obituario de bin Laden, descrbale como un mago que utiliz los ataques del 11/S para magnificar posteriormente sus escasos poderes en muchas ocasiones.

Despus de todo, aunque slo tuviera capacidad para lanzar operaciones importantes cada par de aos, Washington con sumas casi ilimitadas de dinero, armas y tropas bajo su mando- era capaz de lanzar operaciones cada da. En cierta forma, tras el 11/S, bin Laden gobernaba en Washington al aduearse de sus temores y deseos ms profundos, como un robot se apodera de un ordenador y lo utiliza para sus propios fines.

Fue l, gracias al 11/S, quien asegur que se pusiera en marcha la invasin y ocupacin de Afganistn. Fue l, gracias al 11/S, quien tambin asegur de que se lanzara la invasin y ocupacin de Iraq. Fue l, gracias al 11/S, quien llev la guerra afgana de EEUU a Pakistn, y los aviones, bombas y misiles estadounidenses a Somalia y el Yemen para combatir esa Guerra Global contra el Terror. Y durante casi la ltima dcada, hizo todo esto en la forma que un maestro de Tai Chi combate: utilizando no su propia y mnima fortaleza, sino nuestro destructor poder masivo para crear el tipo de caos en el que indudablemente imagin que una organizacin como la suya podra prosperar.

No les sorprenda, pues, que parezca que en estos ltimos meses e incluso aos bin Laden se qued secuestrado y prcticamente sin hacer nada en medio de un recinto vallado en un rea vacacional justo al norte de la capital pakistan, Islamabad. Piensen en l como si estuviera practicando el tao del terrorismo. De hecho, lo poco que hizo y cuantas menos operaciones era capaz de lanzar, ms lo haca por l el ejrcito estadounidense al crear eso que las amenazadas dinastas chinas solan llamar el caos bajo el cielo.

Muerto pero vivo

Como resulta ahora obvio, la magia suprema de bin Laden se realiz con nosotros, no con el mundo rabe, donde los movimientos que gener, desde Yemen al Norte de frica, han resultado ser notablemente perifricos y de escasa importancia. Esa magia ayud a que se abrieran todas las pesadillas que podan precipitarse sobre nosotros (y sobre otros), desde la tortura y la creacin de un archipilago de injusticia allende los mares hasta el confinamiento en nuestro propio mundo estadounidense, donde nos encogamos de miedo a la vez que arremetamos militarmente contra todo.

En muchos sentidos, no nos rompi el 11/S sino los meses y aos posteriores. Y como no tengamos el buen sentido de seguir el consejo del Senador Aiken, las guerras que continuemos combatiendo con resultados desastrosos se erigirn en su monumento y en nuestra tumba imperial (como lo fue Afganistn en el pasado para ms de un imperio).

En un momento en que los festejantes medios de comunicacin y las multitudes se sienten repentinamente optimistas respecto a las operaciones estadounidenses, todava tenemos casi 100.000 soldados estadounidenses, 50.000 tropas aliadas, cifras alarmantes de mercenarios armados y al menos 400 bases [*] militares en Afganistn diez aos despus. Todo esto adems de una guerra inacabable contra un hombre y su organizacin que, segn el director de la CIA, se supone que slo tiene de 50 a 100 operativos en aquel pas.

Ahora, oficialmente, est bajo las olas. En Oriente Medio, su idea de un futuro califato que todo lo iba a abarcar result ser la ms efmera de las fantasas. Aunque, en cierto sentido, su dominio siempre estuvo ah. Era nuestra excusa y nuestro demonio. Nos posea.

Cuando las celebraciones y las fiestas por su muerte se desvanezcan, y lo harn tan rpidamente como las de la boda real britnica, estaremos de nuevo, una vez ms, en el destrozado mundo estadounidense que bin Laden nos ha legado, y ser fcil ver cun mezquina es esta victoria, la de su muerte, casi diez aos despus.

En cuanto a toda esa letra impresa dedicada a la operacin que acab con l, a todos esos que tanto se han desgaitado, a todos los hosannas dedicados a las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses, al presidente, sus planificadores y diversas agencias de inteligencia, este es apenas un momento glorioso para EEUU. En todo caso, deberamos estar de luto por todo lo que hemos enterramos mucho antes que el cuerpo de bin Laden, por lo que le permitimos (a causa de nuestra propia avaricia imperial) incitarnos a hacernos a nosotros mismos y por lo que en el curso de toda esa locura le hicimos a los dems [**] con la excusa de combatirle.

Todo ese cantar el alirn de EEUU! EEUU! al anuncio de su muerte no han sido sino dbiles ecos de los que se produjeron en la Zona Cero el 14 de septiembre de 2001, cuando el presidente George W. Bush cogi un megfono y prometi que La gente que ech abajo estos edificios, sabr muy pronto de nosotros! Ese sera el principio de unos cuantos aos de arrogancia vertiginosa y fantasas de dominacin mucho ms salvajes que las de cualquier terrorista fundamentalista islmico obsesionado con un califato que, muy pronto, nos iban a dejar compuestos y sin novia en nuestro mundo actual de lgubres cifras de desempleo, podridas infraestructuras, precios del gas al alza, tesoro hundido y un pueblo al borde del precipicio.

A menos que nos olvidemos de los ataques de operaciones especiales y de las guerras con aviones teledirigidos y nos demos una oportunidad, como no estemos dispuestos a seguir el ejemplo de todos esos manifestantes no violentos de todo el Magnfico Oriente Medio y empezar una retirada veloz y autntica del teatro de operaciones de Af/Pak, Osama bin Laden seguir vivo.

El 17 de septiembre de 2001, al presidente Bush le preguntaron si quera a bin Laden muerto. Contest: Hay un viejo pster del Oeste en el que recuerdo que aparece escrito Se busca, vivo o muerto. Vivo o muerto. Ahora parece que existe una tercera opcin: muerto pero vivo.

Hay una oportunidad para poner una estaca en el corazn de la herencia estadounidense de Osama bin Laden. Despus de todo, el hombre que oficialmente empez todo esto, tericamente, ya no est. Podramos declarar la victoria, Toto, y de cabeza a casa. Pero, por qu ser que pienso que, a este respecto, es probable que gane el brujo maligno?

N. de la T.:

[*] Vase la traduccin al castellano del artculo referido en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=100473

[**] dem: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=104271

Tom Engelhardt, es co-fundador del American Empire Project, dirige el Nation Institutes TomDispatch.com. Es autor de The End of Victory Culture, una historia sobre la Guerra Fra y otros aspectos, as como una novela: The Last Days of Publishing. Su ltimo libro publicado es: The American Way of War: How Bushs Wars Became Obamas (Haymarket Books).

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175388/tomgram%3A_engelhardt,_osama_dead_and_alive/



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