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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2011

Retos de la prensa cubana

Eduardo Montes de Oca
Rebelin


Concuerdo con quienes argumentan que la democracia socialista existe para conseguir en la prctica los enunciados que la democracia capitalista solo es capaz de prometer en la teora. Porque, si bien el capitalismo prometi desde la modernidad la realizacin del Estado de derecho, ha incumplido su programa con el mayor empeo. En contraposicin a la situacin de la Atenas antigua, donde al menos los hombres libres ni los esclavos ni las mujeres- se manifestaban como seres esencialmente polticos, que asistan al gora, la plaza, a participar directamente en los asuntos de la polis, el capitalismo lleva a niveles sumos la separacin del espacio pblico y el espacio privado, porque el homo economicus se refugia en su vida egosta, mientras delega su inters poltico en un especialista, sobre cuyo mandato solo influir en el momento del voto.

En cambio, el socialismo alcanza su plenitud si realiza el ideal. Si asume cabalmente la democracia directa. Si rompe con la separacin de vida privada y vida pblica, logrando que la ciudadana participe en el proceso de producir poltica, eso que muchos denominan socializacin del poder, o empoderamiento. Recordemos que uno de los principales factores por los que fracas el socialismo real -socialismo de Estado lo llamaba Engels; comunismo tosco, lo nombraba Marx- fue el hiato, el abismo que la burocracia representaba entre las masas y el ejercicio de la poltica.

Insisto: si vamos a hablar de transicin hacia el socialismo, tendremos que hablar de democracia creciente, y si de democracia creciente se trata, habremos de incluir como uno de los puntos nodales la transparencia en la gestin de los dirigentes y de toda la vida econmica y poltica de la nacin. Y para esto est la prensa, que primero debe comenzar a eliminar las zonas de silencio, como hizo recientemente con el plausible desmentido de que la polica golpeara, hasta provocarle la muerte, a un contrarrevolucionario de Villa Clara, asunto que asom con rapidez encomiable de los medios, los blogueros revolucionarios y del Gobierno.

Sucede que, aun en el caso hipottico de que orear nuestros pecados en pblico haga favor al enemigo, de lo que se trata es de no pecar, o de confesar los pecados en busca de perdn, o sea, denunciarlos en voz alta, prensa mediante, para que con el concurso del debate amplio puedan ser erradicados. Lo otro, el aferrarse a que las cosas permanezcan en el estrecho coto de los sabios funcionarios, no es ms que demagogia, consciente o insconciente. Y de desprecio a la capacidad de discernimiento del pueblo. Qu miedo puede haber cuando nos asiste la razn?

En nuestro pas, como consecuencia del silencio meditico, el prestigio de la prensa se ha venido deteriorando, no s en qu medida, porque lo constato desde la observacin emprica. Y ese desdoro contribuye a la hegemona ideolgica, cultural del capitalismo tardo, que ocupa nuestras reas de mutis con la mentira, entreverada de alguna verdad descontextualizada, etc. Ahora, s que es harto difcil abrir la prensa en medio del sitio imperial. Si abres, corres el riesgo de humanos errores de los periodistas y los medios. Pero peor si no lo haces: ms tarde o ms temprano se desacredita totalmente el periodismo y la fuerza poltica que lo dirige-, porque la censura implantada por el Estado esto es una hiptesis- aparece a los ojos de la conciencia comn como ms gravosa que la censura proveniente de la propiedad privada, ya que suele tener menos maa, ser ms explcita, menos hipcrita que la abroquelada en la visin liberal.

Tenemos que lidiar con ello. Y con el hecho de que, dada la propiedad estatal centralizada al mximo y casi excluyente, esa capa que es la burocracia, duea de un poder inusitado, podra haber pasado de mediadora entre sociedad civil y sociedad poltica (las instituciones del Estado) a considerarse un fin en s misma, al extremo de constituir ya la posibilidad de un regreso al capitalismo, como en el caso del campo socialista, donde se consagr como carne de la traicin. No es que est contra la burocracia en general, porque a la altura de esta poca de transicin, con la divisin social del trabajo, resulta necesaria. Ms bien me pronuncio contra el burocratismo, o fetichismo de la burocracia. Y precisamente uno de los elementos para la lucha contra ese mal devendra la apertura a la informacin rpida, crtica, a despecho de la burocracia, lo cual coadyuvara a recomponer el poco o mucho prestigio perdido. As estaramos ejerciendo la contrahegemona: propinando un robusto golpe a la hegemona del capitalismo, sistema que no solo se sirve de la coercin estatal, sino que, a travs de sus falaces medios, logra consenso en el seno de su sociedad y contribuye a sembrar la desconfianza en los medios socialistas, ms si estos no aceptan el reto de abrirse a la verdad en toda su concrecin, en todas sus aristas.

Adems, una prensa democrtica, transparente, puede contribuir a lo que, en la Crtica al Programa de Gotha, Marx consider misin del obrero: como parte de la libertad revolucionaria, convertir al Estado de rgano por encima de la sociedad en un rgano completamente subordinado a ella. De lo contrario, estaramos sustituyendo el fetichismo de la mercanca, del mercado, por el fetichismo del Estado. Y con esto, y siguiendo lo mejor de la tradicin marxista, estoy aludiendo a la necesidad de la participacin popular, uno de cuyos medios es la prensa.

Convengamos con autores como el cubano Miguel Limia David en que resulta insostenible desde el punto de vista cientfico y poltico-prctico pretender que la manera como que se organiza poltica y estatalmente la incorporacin de las masas populares a la cosa pblica res-pblica- en los inicios del proceso de trnsito al socialismo sea cualitativamente idntica a como requiere la dinmica social de etapas ulteriores, incluida la de la prensa, cuando ya se ha resuelto en principio la cuestin de quin vencer a quin, por lo menos en los marcos nacionales. Esto es un problema de relacin vanguardia-masa, vanguardia-clase. Partido-pueblo.

Las evidencias arrojan que la naturaleza de las tareas, as como las caractersticas socioclasistas bsicas de las masas populares, el estado de su cultural espiritual y los rasgos personolgicos dominantes en ellas requieren que en el origen del proceso, es decir en la creacin de los fundamentos de un nuevo tipo de vida pblica y de su enlace con la vida privada, el involucramiento de las ms amplias masas en la poltica se organice de arriba hacia abajo, con el fin de capacitarlas para resolver las tareas destructivas del rgimen de explotacin anterior y defensivas del poder revolucionario, frente a las amenazas de la contrarrevolucin interna y externa. S, ello condiciona por necesidad que el involucramiento se canalice de forma movilizativa, verticalista y centralizadamente, al punto de que la prensa llegue a parecer un bloque monoltico, incluso en su grisura escritural, acotara yo. Se trata de una prensa que se desarrolla en la lgica de una estructura y un estilo de direccin sin los cuales resultara imposible que la revolucin fuera capaz de defenderse y de poner en manos del pueblo trabajador los medios fundamentales de produccin y de vida, as como el acceso a la riqueza espiritual de la sociedad.

Esos rasgos son tambin consecuentemente fijados por el discurso ideolgico de carcter poltico y tico que se configura en esa etapa histrica, ya que responden a las premisas bsicas que condicionan la objetivad revolucionaria. Tngase en cuenta que la ideologa revolucionaria funge socialmente como premisa espiritual de la actividad prctica revolucionaria y en sus inicios ella posee un carcter heroico trascendental, atendiendo al modo como relaciona los intereses individuales, colectivos particulares y sociales generales ( Limia: Estado de transicin y participacin poltica a la luz de la Crtica del Programa de Gotha, en Poltica, Estado y Transicin Socialista, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2008). Modo de vincularlos que supone la construccin de la unidad de las masas revolucionarias, del pueblo, sobre la base de la identidad de sus intereses frente al enemigo de clase interno y externo. Entonces, en efecto, no puede haber mucha cabida para la diferencia, pues esta se manifiesta esencialmente como contrarrevolucionaria, antidemocrtica y socavadora del nuevo poder popular. Por eso no creo que debamos desgastarnos en criticar la prensa que fue, la que se erigi en reflejo de la situacin que, con ayuda de la Academia, describimos in extenso.

Se impone pensar la prensa que vendr. La convocada a responder al hecho de que, en la medida del avance del poder revolucionario, se producen modificaciones radicales no solo en la redistribucin de los ingresos, sino en la redistribucin de las condiciones de produccin, en las relaciones dirigentes-dirigidos, en el ciclo socializador, en el sistema integral de la produccin espiritual, hasta en la estructura de la personalidad.

Puede decirse que no existen razones cientficas ni polticas para asumir una simetra, una identidad, en los fundamentos del modo de participacin popular, de acuerdo con la fuente arriba citada. Ni en el modo de concebir y ejercer la prensa revolucionaria, agregamos nosotros en son de tesis deducida. Una prensa que, como el patrn de hacer poltica, se deber a la naturaleza y la estructura socioclasista de las masas populares, su composicin generacional y las relaciones intergeneracionales, la estructura personolgica de los individuos. En fin, ha variado, se ha enriquecido incluso en proyecciones, la propia naturaleza de los sujetos populares que se involucran, o aspiran a involucrarse, en la cosa pblica.

Y, a todas luces, esos sujetos estn pidiendo ms transparencia, ms multidimensionalidad de una prensa que se encargar de reflejar muchos dicen construir- una realidad dem, o sea multimensional. Es decir, si antes la prensa era monoltica hasta en la redaccin, y, en sintona con el modo de hacer poltica, se centraba en las tareas destructivas del rgimen anterior, sobre la base de ms homogeneidad en los sujetos, ahora deber actuar en la lgica de tareas mayormente constructivas, las cuales plantean nuevos paradigmas de vida, atendiendo a sujetos ms diversos, y mejor pertrechados intelectualmente, por tanto ms capaces de confrontar puntos de vista distintos para extraer sus conclusiones. Una prensa que aborde melifluamente las rispideces de la vida nacional, incluso la batalla librada entre la cultura socialista y la capitalista en el seno de la sociedad cubana, quedar definitivamente anclada en el pasado.

Por otra parte, si convengo con quienes se pronuncian por un nico partido en la construccin del socialismo cubano, por probadas premisas histricas, tambin convengo con quienes abogan por la democratizacin de ese partido, y por consiguiente de su prensa. Y que conste: cuando me refiero a la democracia no hablo de darle espacio a la contrarrevolucin, desatinadamente conocida como disidencia. Aludo a un prisma polcromo de opiniones dentro del humanismo y el concepto clasista de nuestro sistema. De manera que cuando el periodista opine, sea en toda la lnea fiel a s mismo, y no se avenga a pergear un artculo en lo formal y un editorial en cuanto a contenido. Es necesario que se diferencie en sentido estricto la opinin oficial de la opinin singular, con ms matices personales de quien escribe. Y eso s: el lector tiene que llegar a comprender que esa ltima no es la opinin literal de la direccin del medio, o del Partido. El periodista no puede ser un ventrlocuo, ni aparentarlo. Y el Partido, precisamente por nico, debe hacer ms hincapi en la pluralidad de opiniones, dentro de la ideologa del sistema. Incluso por mera supervivencia histrica.

Ahora, como la ampliacin de los derechos implica ms responsabilidad -esto es simple sentido comn-, se podra concebir una ley de prensa, que proteja a los periodistas, a las fuentes, que obligue a la transparencia de los medios y vele por la objetividad no neutralidad- de estos, y que enmarque a la prensa en un Estado de derecho a la altura de los tiempos No, a la altura de la democracia socialista.

PD: Sinceramente, no concibo en la lgica de este anhelo hechos como el que un ministerio suplante, siquiera en parte, el fuero del PCC en lo tocante a la orientacin de la divulgacin de temas candentes para el pas. Ah, y si resulta imprescindible, por causas que desconozco, entonces tal vez huelgue discutir aqu sobre el papel de los medios, que en nuestro sistema responden a las pautas del Partido, ese elemento rector de lo que Marx, tropolgicamente, denomin superestructura.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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