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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2011

Los ERE de Telfonica

Colectivo Prometeo
Rebelin


El ltimo anuncio de Telefnica (plantear un ERE que despide a miles de trabajadores mientras suben exponencialmente los beneficios y las retribuciones de sus directivos) es un ejemplo paradigmtico de lo que el capitalismo, -feroz, desalmado y sin complejos-, est provocando en nuestra sociedad.

La mayor empresa multinacional de origen espaol, sigue al dedillo las lneas de actuacin de cualquier dspota que se precie: desde su privatizacin llevada a cabo por el PSOE de Felipe Gonzlez y amparndose en un mercado oligoplico de falsa competencia, ha venido practicando recortes en su plantilla fija, mientras empeoraba la calidad de atencin al abonado , encareca los productos y practicaba sin el ms mnimo escrpulo- la explotacin laboral en los pases menos desarrollados donde acta ( salvo en Venezuela, porque, entre otras cosas, le tienen retenida la expatriacin de ganancias).

En fechas como las actuales conviene tirar de hemeroteca y datos histricos para refrescar memorias frgiles e intentar explicar con cierta racionalidad el origen del problema, arrancando con un primer apunte: cuando en 1996 el ministro socialista Pedro Solbes cede la cartera de Economa al "popular" Rodrigo Rato, el 60% de Telefnica ya est vendida y del 40% restante slo falta hacer el traspaso efectivo.

Unos pocos aos antes, 1992, su plantilla fija era de ms de 80.000 trabajadores que atendan en persona al abonado, tanto en servicios comerciales como en asistencia tcnica y adems haba unos 10.000 trabajadores de contratas. Todo ello desde una empresa pblica!

En la actualidad, tras dos ERE pactados con las secciones sindicales de Telefnica de CC.OO. y U.G.T. un acuerdo particular de desvinculacin y prejubilacin, as como segregaciones y externalizaciones de actividad, la plantilla fija tiene menos de 28.000 y las contratas en cambio suman casi 150.000, entre ellas, las de atencin telefnica, situadas Sudamrica y Marruecos, donde, como se puede imaginar las condiciones laborales (leoninas) y los salarios (raramente sobrepasan los 350).

En el camino, adems, han ido quedando empresas auxiliares y filiales. El caso ms sangrante fue SINTEL, vendida por 1, en el ao 1996 -durante el perodo de transicin entre el ltimo gobierno Gonzlez y el primero de Aznar- al terrorista cubano/estadounidense Jorge Mas Canosa La lucha modlica de los trabajadores de SINTEL qued incluso reflejada en el cine, y fue la ltima gran muestra de unin y fuerza sindical.

El proceso seguido con la empresa, desde la lgica capitalista socializar las prdidas, privatizar los beneficios- ha sido ejemplar. Por desgracia, no se puede decir lo mismo si lo analizamos desde un punto de vista sindical.

Los logros obtenidos por generaciones de telefnicos han sido barridos en una dcada, unas veces con el consentimiento o nula oposicin de las fuerzas sindicales mayoritarias, otras con el silencio, el miedo y el acomodo de una plantilla a la defensiva.

En este proceso involutivo, duelen casos especialmente sangrantes como el protagonizado por Jess Vesperinas, secretario general de CC.OO, activo en el cargo a sus 60 aos, pese a que en sus mandatos se ha producido la prejubilacin de ms de 25.000 trabajadores a partir de 52 e incluso menos aos-, quien lleg a anunciar, poco antes de firmar el primero, que en Telefnica slo habra un ERE por encima de su cadver. Lleg ese y uno ms y, prximamente, firmar otro.

El da 18 de mayo, la Junta General de Accionistas, a la que los Secretarios Generales de CC.OO.-U.G.T. Telefnica acuden a aportar sus ideas anualmente, aprobar el reparto de 6.900 millones de euros entre los accionistas e incentivos de 450 millones de euros para sus ejecutivos.

Debemos recordar que, como ha publicado la propia empresa en el Informe Anual de Gobierno Corporativo, en el ejercicio 2010, los ejecutivos, Csar Alierta, Julio Linares y Jos M lvarez-Pallete Lpez, sumaron 21 millones de euros en ingresos, stock options y dems participaciones aparte. Y uno de ellos, el presidente ejecutivo Csar Alierta, se libr de una condena efectiva por trfico de influencias no por inocencia, sino por haber prescrito el hecho causante.

Paradjicamente, ese mismo da 18 de mayo, se aprobar el recorte de otro 20% de la plantilla, unos 6.000 trabajadores, de las filiales Telefnica Fija y Telefnica Mvil, que, segn el informe anual de la compaa, registrado el 15 de abril en el la Comisin Nacional del Mercado de Valores (CNMV), son las que ms beneficios lograron en 2010.

Tras estas noticias llega a la sociedad, como siempre que coincide el binomio intereses y poderosos, un debate castrado, con interrogantes tipo Debera permitrsele a una empresa con beneficios despedir con ERE a sus trabajadores? De qu parte ha de hacerse cargo? No hay otras soluciones? Debe el Estado ayudar indirectamente a la flexibilizacin (an ms) del despido en estos casos? Estn los trabajadores cercanos a los 50 aos deseando de prejubilarse en esas condiciones?.

Comencemos por el ltimo e intentemos ponernos en el pellejo de un trabajador de 50 aos. A diario oye que sobra, de forma intencionada no le llega - va teniendo menos actividad y le cuentan que la nica alternativa a la prejubilacin es su venta, como si hablsemos de objetos y no de personas, a Alcatel, Nokia o Huawei (curioso!: el nombre de esta empresa china ha aparecido como interesada en trabajadores telefnicos tras la visita de nuestro insigne ZP a ese pas).

Resulta comprensible que ese trabajador, por muy concienciado que est, viendo que las centrales sindicales mayoritarias no concretarn un plan de lucha y que seguramente, tras las proclamas consabidas, terminarn firmando el ERE, opte por la prejubilacin. Se podr calificar su actuacin de cualquier forma, pero sobre todo como humana.

Sigamos con la parte crematstica. que engloba a los dems interrogantes. Se ha empezado a hablar, -seguramente para acallar las tibias, timoratas y vergonzosas protestas de algunos lderes del PSOE, del PP y de las confederaciones de CC.OO. y U.G.T.-, de posibles reformas que aporten un mnimo aroma de preocupacin social (maquillajes de urgencia) ante la flagrante injusticia del uso perverso del ERE por parte de estas empresas.

La ltima, puesta sobre la mesa por el Ministro y ex-dirigente de UGT, Valeriano Gmez, es de traca. Anuncia, sin concretar cunto, que las empresas tendrn que aportar al Tesoro Pblico una cantidad, destinada total o parcialmente a generar crditos para la financiacin de polticas activas de empleo de los trabajadores de ms edad (sic). Recordemos que una forma de financiar polticas activas de empleo son los generosos planes de formacin desarrollados por CC.OO. y U.G.T.

Sin embargo, al contrario que esa desconocida cantidad que deber aportar la empresa en cuestin, s se especifica claramente que estarn exentas [de hacerlo] aquellas compaas que, en el plazo de tres meses desde la extincin de los contratos de trabajo, recoloquen en la misma empresa, en otra del grupo o en cualquier otra a los trabajadores de ms de 50 aos afectados.

Jugada perfecta. Tal y como anuncia, Telefnica despedir mediante prejubilacin, y, en tres meses, podr ofertarle a esos mismos despedidos su recolocacin en otra empresa, bien filial (Atento) o externa (Alcatel, Nokia, Huawei, Ericsson).

En la misma jugada se libra de pagar al Tesoro la multilla que se ha inventado el compaero Gmez y, de camino consigue que el trabajador, en un mes, pasa de estar trabajando con unas condiciones laborales mnimamente dignas a estar prejubilado y, finalmente, a trabajar en otra empresa, obligatoriamente, en no se sabe qu condiciones.

Demos una vuelta de tuerca ms en el planteamiento de hiptesis. Imaginemos que no se sabe bien por qu azar o capricho del destino, Telefnica prejubila a 6.000 o ms trabajadores en unas condiciones salariales iguales a las que tienen en activo y todo ello, no le cuesta un euro al erario pblico.

Los trabajadores pasaran a una situacin supuestamente atractiva ganando lo mismo y de los costes se ha hecho cargo la empresa por completo. S, ya sabemos que es mucho pensar. Solo decimos imaginemos! Estara, de esta forma, moralmente justificada la situacin?

Quienes mejor puedan responder a esta pregunta son los trabajadores de las contratas de Telefnica, que ganan cuatro o cinco veces menos que los que han dejado su puesto tras la prejubilacin y adems trabajando 15 horas, pagndose herramientas y transporte, y con contratos de quita y pon. Dentro del drama general que suponen estas actuaciones capitalistas, ste apenas trasciende a la opinin pblica, pero eso no lo hace menos sangrante.

As se ha ido consolidando la precarizacin en el empleo, ejecutada de esta forma, implacable y terrible. Cuando hace 15 aos se avisaba hacia donde nos llevara esa poltica empresarial, lo nico que se recogan eran miradas de conmiseracin y la manida etiqueta de iluminados impuesta por unos medios de difusin siempre al servicio de sus dueos.

Nos quedan muchas cosas en el tintero: Planes de Pensiones participados por los dos sindicatos mayoritarios, despidos de la empresa alentados en los juicios por cargos de esos mismos sindicatos, despidos por baja laboral con justificacin mdica...Un largo etc.

Ante esta situacin, es hora de que empecemos a exigir lo que est en el ADN de nuestra filosofa poltica: la nacionalizacin de este tipo de empresas estratgicas -por el servicio que prestan-, generadoras de ganancias que en lugar de ir al bolsillo de unos pocos, seran invertidas por el Estado para crear servicios pblicos y empleo de calidad, redistribuyendo la renta nacional de una manera ms justa y solidaria.

Si los trabajadores no ponemos nuestra agenda sobre la mesa, piensa alguien que lo har por nosotros los partidarios del capitalismo salvaje y alienante?

El Estado Espaol ha sido el repelente nio Vicente de las privatizaciones europeas. Cuando hace 15 aos nos decan que la Unin Europea exiga privatizar, nuestros gobiernos corran a cumplir el deseo de los burcratas de Maastricht, aunque ste fuese slo una insinuacin.

Mientras tanto otros pases europeos mantuvieron al menos una participacin mayoritaria en sus Empresas Pblicas o las siguieron dejando en poder de sus ciudadanos.

Estamos viendo algunas situaciones dentro de la actual crisis que se salen del guin establecido, es decir, la ciudadana se convierte en rehn de un sistema financiero que le hace pagar las tropelas por l causada y de camino acogota los derechos sociales y laborales arduamente conseguidos. Islandia puede ser uno de estos ejemplos, pese a los intentos de silenciar cualquier alternativa distinta. Se permite mostrar frustracin, nada de rebelda.

El capitalismo actual, en el que la impudicia mostrada por el anuncio de Telefnica (repartir beneficios a pocos, fastidiarle la vida con el despido a muchos) es un rengln ms del libro de los despropsitos escrito en las ltimas dcadas, est en una fase de acumulacin de riqueza en pocas manos y de avaricia de los pudientes, muy similar a la revuelta de los privilegiados de la revolucin francesa.

Hasta dnde quieren tensar la cuerda? Hacia dnde quieren arrastrarnos? Es hora de aclarar la voz y empezar a decir: Basta ya!

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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