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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2011

La Revolucin ha comenzado

Carlo Frabetti
Rebelin


Tras su derrota electoral de 2004, Rajoy declar en una entrevista que saba quin haba convocado la manifestacin del 13 de marzo pero no quera decirlo. Por una vez, dijo la verdad. El Gobierno saba perfectamente quin puso en marcha la movilizacin social que le dio el golpe de gracia, y tena buenos motivos para no decirlo. Porque la metamanifestacin (si se me permite el trmino un tanto pedante, que luego intentar justificar) de la vspera de las elecciones fue un maravilloso ejemplo -y, para el poder, un alarmante precedente- de movilizacin autopropulsada.

Quin inventa los chistes? Algunos tienen autor, conocido o no, pero muchos -los mejores, seguramente- son fruto de un proceso de decantacin parecido a la seleccin natural. Alguien hace un comentario ocurrente, cuenta una ancdota divertida o tiene un lapsus gracioso. Empiezan a circular diversas versiones (mutaciones) del comentario, la ancdota o el lapsus, y una de esas versiones, especialmente feliz, sinttica, oportuna, se consolida y se propaga de boca en boca (se reproduce) hasta hacerse un hueco en el complejo ecosistema de la cultura oral. Lo interesante del proceso (y la clave de su potencia) es que cada persona que oye un chiste decide automticamente si merece ser transmitido o no. Si el chiste es bueno (es decir, si cumple eficazmente su mnima funcin subversiva) se difunde con extraordinaria rapidez, y cada vez que alguien lo cuenta est eligindolo entre muchos candidatos a ser contados, est votando por l.

Con los mensajes que circulan por internet y a travs de los telfonos mviles ocurre algo similar. Constantemente llegan propuestas, peticiones y convocatorias de toda ndole. La mayora no tienen ningn xito. Algunas consiguen una atencin moderada. Y unas pocas logran poner en marcha el incontenible mecanismo de las progresiones geomtricas y obtienen una respuesta masiva: eso es, sencillamente, lo que ocurri el 13 de marzo de 2004.

A las cinco y media de la tarde haba en la calle Gnova de Madrid, frente a la sede del PP, medio centenar de personas. Un ncleo de condensacin ms que suficiente, si la situacin es propicia. Tras unos minutos de frentica actividad de los telfonos mviles, la autoconvocatoria se haba difundido por toda la ciudad, por todo el pas.

Podra no haber sido as. La concentracin frente a la sede del PP podra haberse reducido a las cincuenta personas iniciales, o a unos pocos cientos ms. Si el nmero inicial se centuplic en una hora, y luego sigui creciendo durante todo el da y casi toda la noche, en todo el pas, fue porque la gente ya haba decidido, previamente, manifestar de alguna manera su indignacin y su repulsa.

Para que la votacin espontnea que consagra los chistes y otras formas de subversin tuviera una eficacia inmediata, solo faltaban instrumentos que hicieran posible la interconexin de la ciudadana en tiempo real, el flujo reticular e instantneo de la informacin (que sustituye a las consignas, las hace innecesarias; luego volver sobre este punto). Y ya los tenemos. Los ordenadores todava no estn al alcance de todos, pero los telfonos mviles s. Y la accin combinada -sinrgica- de internet y la telefona mvil permite improvisar, en cualquier momento y desde cualquier sitio, un gora utpica (en el doble sentido del trmino: no est en ningn lugar fsico y apunta hacia la utopa), un foro instantneo. O un referndum extraoficial (y por eso mismo inapelable), una votacin espontnea (por lo tanto, ningn Gobierno podr impedir, por ejemplo, que el pueblo vasco se pronuncie con respecto a la autodeterminacin o a cualquier otro asunto de inters general. Ya existen los recursos tecnolgicos y morales necesarios para que una sociedad tan desarrollada y slidamente estructurada como la de Euskal Herria manifieste de forma inequvoca su voluntad colectiva, y lo har muy pronto).

Pero la movilizacin del 13 de marzo de 2004 fue tambin -y sobre todo- la culminacin de un proceso, y no se habra producido sin las multitudinarias manifestaciones contra la guerra del ao anterior, sin la protesta de los Goya, sin la ejemplar lucha de la familia Couso y otros precedentes memorables. Como seala Marx, la importancia de las movilizaciones sociales estriba, ms que en sus logros inmediatos, en su capacidad de transformar a quienes participan en ellas. Tnganlo muy en cuenta los agoreros que dicen: De qu sirven las manifestaciones, si luego la gente vuelve a su casa y sigue haciendo su vida normal?. La gente que vuelve a su casa despus de una movilizacin, no es la misma que antes de participar en la lucha, y esa es su mayor victoria.

En la metamanifestacin del 13 de marzo de 2004 confluyeron las estrategias y los logros de las principales acciones de los ltimos dos aos y medio: concentraciones, caceroladas, vigilias, sentadas, pasacalles, mtines, pintadas, itinerarios mltiples, circuitos recurrentes Y una parte importante de la marcha juvenil nocturna se sum a la protesta: la movida se convirti en movilizacin. La manifestacin lineal -con un horario y un recorrido predeterminados, convocada oficialmente, con consignas previas, negociada con el poder- es un modelo a superar, y el 13 de marzo de 2004 fue ampliamente superado.

No necesitamos permiso de nadie para salir a la calle. La calle es nuestra, por definicin, por ms que la momia de Fraga siga boqueando. No necesitamos consignas ni instrucciones de uso de la ciudad: la informacin fluida y descentralizada permite ir configurando las movilizaciones sobre la marcha (nunca mejor dicho). La comunicacin reticular instantnea permite expresar la voluntad del pueblo de forma inmediata e insobornable. Un Gobierno ha cado, y otro tiembla, ante la potencia incontenible de esta revolucin sin precedentes. Que no ha hecho ms que empezar.

Hasta aqu lo que escrib en 2004 a raz de la metamanifestacin del 13 de marzo, el ms claro precedente de las movilizaciones de Democracia Real Ya. Anoche, en la Puerta del Sol, miles de jvenes gritaban La revolucin ha comenzado. Un Gobierno va a caer. Y el siguiente ya est temblando.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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