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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2011

Apuntes de Sol y lluvia en Madrid

ngeles Diez
Rebelin


La Puerta del Sol de Madrid no es la Qasba tunecina, tampoco es la plaza Tahrir, podr serlo? Seguramente es pronto para los pronsticos. En ello andan los expertos, socilogos e intelectuales sabelotodo que crecen como los championes en los das de lluvia. Tambin les preocupa y les ocupa a ms de un poltico, que a buen seguro, andan sacando los sensores a la calle para medir por dnde sopla y si conviene desplegar a barlovento o a sotavento. Por supuesto la jaura meditica tambin anda de caza y los lebreles husmean ms o menos camuflados de periodistas enrollados.

Mientras, la Puerta del Sol empieza ser cauce que recoge decenas, cientos, a veces miles, de insatisfacciones, de malestares, de frustraciones y poco a poco, quin sabe

Las condiciones objetivas, dicen los socilogos, estn dadas. Las subjetivas comienzan a darse. El dispositivo catalizador es mera coyuntura, unas elecciones autonmicas y municipales? El contexto internacional inmediato: la crisis econmica, las revoluciones del mundo rabe. Los antecedentes prximos: las movilizaciones por la contaminacin del Prestige, las movilizaciones contra la guerra de Irak. Qu desaparece y qu permanece? Es difcil saberlo pero podemos aventurar una hiptesis: la deslegitimacin del sistema poltico.

A principios de marzo del 2003, era la segunda legislatura del Partido Popular, Aznar flirteaba con Bush y sus secuaces, y el imperio acordaba invadir Iraq. En el parlamento se debata nuestra implicacin en la guerra, el rey callaba y los medios fabricaban mentiras. En la universidad, en los centros de trabajo, en los barrios, en la gala de los premios Goya, se gritaba: No a la guerra. Nunca como entonces, en la historia reciente de este pas exceptuando para el caso vasco- se haba iluminado de esa forma el teatro poltico, evidenciando que legalidad y legitimidad pueden ser dos trminos en conflicto. La decisin de intervenir en la guerra era legal, claro, estaba siendo tomada por nuestros representantes en el Parlamento. Nuestros representantes eran representantes legtimos, claro, los habamos elegido, pero, cmo era posible que tomaran una decisin en contra de la voluntad clara y explcitamente manifestada en las calles? Fue en ese momento cuando, camino del Parlamento en una manifestacin multitudinaria, no convocada por ninguna organizacin ni partido, se empez a corear lo llaman democracia y no lo es, no lo es, no lo es. La consigna fue floreciendo de boca en boca y amenazaba con impactar en el precario andamiaje construido en la Transicin: si el parlamento poda tomar una decisin tan importante nada menos que implicarnos en una guerra- sin contar con legitimidad, no podra estar tomando cientos de decisiones ilegtimas?, no sera que el edificio poltico tena algn fallo estructural o de construccin? No olvidemos que, a pesar de que el derecho positivo insiste en identificar ambos conceptos, la legitimidad tiene que ver con el consenso, con la aceptacin, con la justificacin de la obediencia, con las explicaciones que nos damos para aceptar que nos gobiernen y para obedecer la ley.

Los procesos sociales tienen algo de orgnico, algo de mgico y algo de memoria. Lo orgnico se manifiesta en lo concreto real, en el cansancio que impide mantener las movilizaciones en su punto lgido, aunque las causas permanezcan e incluso se acrecienten las razones (nadie puede estar en permanente estado de enamoramiento, se morira). Lo mgico se expresa en la construccin de posibilidad donde solo haba improbabilidad, tiene que ver con la potencia, con lo que puede llegar a ser. La memoria es esa mirada del ngel de la historia que hoy en Madrid se pregunta qu cosa fue la Transicin espaola y a qu le llaman democracia.

Las concentraciones en Sol an son difusas, lquidas dira Z. Bauman, cierto, pero una foto nunca sustituy a mil palabras. Hoy haba ms gente que ayer, menos que maana? Hoy haba ms adultos. Ayer slo unos cientos pasaron la noche al raso. Hoy a la una de la madrugada, bajo una lluvia despiadada, otros cientos hacan el relevo. No hay muchas cosas claras pero hay algunas cosas difusas que empiezan a ser repetidas en los corros que se sientan a conversar en las esquinas, bajo los quioscos de prensa, bajo la estatua de Carlos III y en algn que otro bar de la zona: a) no se puede convertir la concentracin en un botelln, que sea un movimiento pacfico, no a los provocadores b) hay que implicar a ms personas, por barrios, por sectores. Extender la protesta c) tiene que continuar despus de las elecciones.

No es gran cosa, pero es mucho para un pas con cinco millones de parados, con un milln y medio de familias con todos sus miembros en paro y sin prestaciones, endeudado hasta el corvejn, vendido y revendido al mejor postor, traicionado por sus organizaciones sindicales, con un sector pblico amenazado (salud, educacin), con una clase poltica desprestigiada y sin ningn referente poltico de izquierdas que despierte, no ya pasiones, ni siquiera simpatas. Es mucho para la desmovilizacin generalizada que se expande con las derrotas, mucho si tenemos en cuenta el desmantelamiento de conciencias de los ltimos aos, suficiente para fisurar la faz de un sistema que se sabe seguro porque no hay otro, de momento.

Dicen que son slo jvenes. Una pareja mayor, de Aravaca, me decan que estuvieron ayer y que estaban hoy y volveran maana a las ocho, que su hijo estaba acampado y su hija tambin estaba por all. Dicen que son las redes sociales. Los carteles dicen que son las manos y los dedos de quien todava sabe y quiere escribir mensajes.

A las tres de la madrugada, cuando cierro estas lneas, no s cuantos aguantarn en la plaza. Les imagino calados hasta los huesos, resguardados en los soportales de los comercios, bajo los toldos, otros se habrn despedido hasta maana. No se puede esperar piedad de la lluvia, pero en Madrid, en mayo y con sol, es posible la primavera.



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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