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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2011

Democracia y revuelta: una poltica insumisa

Arturo Borra
Rebelin


Desde las revueltas que se fueron generalizando en la actualidad no slo por el norte africano sino tambin en Medio Oriente y el sur de Europa, sabemos que lo imprevisible forma parte de nuestras vidas cotidianas. Lo imprevisible del acontecimiento es tambin ese elemento incontrolable e impredecible que quisieran conjurar los poderes. Sin embargo, el poder humano es impotente ante lo imprevisible. Puede, a lo sumo, prever lo imprevisible. Alguien podra advertir a los gobiernos occidentales: si siguen con sus polticas de ajuste, en algn momento indeterminado, pueden desatar una respuesta colectiva articulada; si siguen con sus polticas de terror, pueden activar una explosin terrible de violencia; si siguen destruyendo el planeta pueden desatar fuerzas naturales descomunales...

El 15-M muestra que lo imprevisible est aconteciendo bajo la forma de una movilizacin colectiva ligada a varias plataformas ciudadanas, tales como Democracia real ya. Con esa movilizacin, lo que se reactiva es el sentido de lo que constituye la democracia, poniendo en cuestin el discurso hegemnico que la identifica con la mera alternancia de los dos partidos polticos mayoritarios en el gobierno. Dicho de otro modo: mientras que para unos la democracia es significada como un procedimiento para el recambio de oligarquas polticas marcadas por el bipartidismo, para otros no puede ser sino el derecho a decidir sobre aquellas polticas que los afectan de forma directa e indirecta.

Cualquier interpretacin que reduzca el 15-M a una reaccin econmica se equivoca. Desde luego, pone en evidencia no slo la persistencia de problemas econmicos que afectan a una parte mayoritaria de la poblacin sino tambin una respuesta ante los responsables de la crisis que siguen siendo beneficiarios de la misma. Distante a cualquier forma de determinismo simple, adems de carencias econmicas graves, lo que irrumpe de forma insoslayable es la indignacin moral ante la percepcin de unas injusticias recurrentes y una articulacin discursiva de esas insatisfacciones (bajo la plataforma que lidera de forma annima este proceso). En suma: el hartazgo ante un estado de situacin inaceptable de corrupcin generalizada e impune, recortes sociales sucesivos, paro sostenido, concentracin de la renta por parte de unos pocos grupos, complicidad meditica y cinismo al por mayor, sin olvidar la falta de un proyecto poltico de raigambre popular por parte de los partidos polticos mayoritarios, por mencionar algunos puntos significativos.

Para decirlo de un modo rotundo: el hambre -lo sabemos bien los latinoamericanos- no conduce necesariamente a una revuelta -y no digamos ya un proceso revolucionario-. Slo en condiciones concretas puede movilizarnos colectivamente; en particular, cuando se agudiza la percepcin de una injusticia. Es lo que sentimos estos das. Como deca Thompson, tambin existe una "economa moral de la plebe" que cuestiona cualquier determinismo unilateral. El problema, entonces, no es slo la percepcin de una diferencia en renta (eso ocurre de forma constante sin desatar revueltas), sino el sentimiento de injusticia ante una desigualdad creciente.

Se trata, as, de la irrupcin de una saludable indignacin moral. Si como seala Ranciere, el "pueblo" es lo que falta (diferenciado, desde luego, de la poblacin), este tipo de prcticas sociales estn constituyndolo. No sabemos adnde conducir este proceso; no podemos saberlo, porque lo imprevisible es irreductible. Si nuestros temores miran a la Argentina de 2002 -en el que hubo una restauracin neoconservadora, que mantuvo la concentracin del poder poltico-econmico y desactiv en una medida importante a una ciudadana movilizada-, nuestras esperanzas miran a la incertidumbre.

Para las versiones dominantes de los medios masivos todas estas escenas quedan reducidas a meras fantasmagoras: nunca ocurrieron. Los medios televisivos y escritos llegan tarde al acontecimiento, cuando su notoriedad impide seguir ocultndolo. La falta de democracia en el campo meditico se hace manifiesta en el silenciamiento de uno de los acontecimientos polticos ms importantes en la Espaa del ajuste y los recortes de derechos sociales y econmicos. A pesar del consenso mortfero de los medios masivos en omitir estos acontecimientos, su fuerza de disenso ha estallado a nivel pblico. La proliferacin de imgenes y mensajes producidos a partir de las tecnologas informativas y comunicacionales en manos de los manifestantes ha puesto en evidencia esa mala complicidad meditica, mostrando sus intereses corporativos: evitar que esas oligarquas polticas, aliadas a los poderes econmico-financieros concentrados, sean jaqueados por movilizaciones colectivas. Queda por escribir la crnica de lo que no fue (para los medios de comunicacin): miles de personas lanzadas a las calles para demandar democracia real ya, esto es, un espacio de ciudadana en la que los seres humanos no sean tratados como mercanca en manos de polticos y empresarios corruptos sino como ciudadanos con derecho a decidir por s mismos la poltica que desean.

La convergencia de sectores sociales diferentes irreductibles a una franja de edad- en reivindicaciones comunes est produciendo una protesta de creciente magnitud. Si, como deca Camus, la rebelin es condicin de la libertad, lo que esas protestas estn produciendo es un nuevo espacio para el libre ejercicio de la ciudadana. En otros trminos, estos sujetos colectivos estn experimentando una prctica de libertad que tiene como escenario la ciudad, esto es, que trasciende la esfera privada y permite la concurrencia de otros ciudadanos en un espacio pblico. Incluso si la decisin gubernamental fuera reprimir policialmente esa prctica, el acontecimiento est en marcha. Cada intento de sofocarlo no puede ms que activar resistencias mltiples. Que esas resistencias pueden doblegarse a fuerza de palos y persecucin no niega que el costo poltico de acciones de ese tipo sea demasiado alto para gobiernos que presumen actuar acorde al estado de derecho.

El callejn sin salida es claro: no intentar frenar esa protesta social sera permitirles una visibilidad que no slo va contra sus intereses sino que favorece su consolidacin; frenarla, por el contrario, tambin implicara otra forma de visibilidad, en la que son suspendidos hasta los derechos ms bsicos que el procedimiento democrtico debe garantizar, como es la libertad de reunin y manifestacin. En esas vacilaciones se mover un ya desacreditado gobierno nacional, de por s desgastado ante las inminentes elecciones.

Entretanto, los problemas que estn en juego comprometen directamente al mundo occidental: la psima distribucin del excedente, la creciente desigualdad de las rentas, el carcter regresivo de la estructura tributaria, las relaciones de fuerzas asimtricas entre unos capitales trasnacionalizados que quieren incrementar su rentabilidad como sea -incluso si para ello hay que invertir en industria blica, en investigacin farmacutica que experimenta en el tercer mundo o en bonos de deuda con efectos catastrficos en los pases afectados- y unos salarios pauprrimos que van en baja por la irrupcin descontrolada de mano de obra esclava o casi esclava en economas emergentes, el deterioro del sindicalismo mayoritario, los privilegios de la casta poltica Por si fuera poco, el paro, la pobreza y la creciente exclusin social forman parte de estos problemas que se agravan con la corrupcin estructural, el deterioro de un sistema institucional y judicial en manos de una derecha recalcitrante y paleoltica (respaldada por los sectores ms reaccionarios de la iglesia catlica) o, por referirnos a una escala ms amplia, la violacin de los derechos humanos a escala planetaria en nombre de una poltica de seguridad que no duda en apelar a estrategias como el asesinato selectivo o la creacin de guerras como salida para las industrias blicas y reconstructivas. El diagnstico resulta desolador, pero las grietas no dejan de multiplicarse.

Lo que est en juego no es solamente el neoliberalismo. Lo que estamos padeciendo es la voracidad de un capitalismo mundializado que deglute todo. Literalmente se est comiendo el planeta, adems de a un tercio de la humanidad. Es un asunto de economa poltica, no tanto de economa a secas. Este sistema estalla por dentro, produciendo de forma cclica sus crisis de superproduccin y sus ejrcitos de parados y precarios. En la economa globalizada del capitalismo van a seguir cayendo pueblos. La leccin de estos aos es que cualquiera puede ser el prximo "sacrificado.

Espaa se parece cada vez ms a otras regiones empobrecidas del mundo: el saqueo oculto es cada vez ms notorio. No por azar desde hace meses estn aplicando polticas de ajuste propias del neoconservadurismo. Europa se incendia y no cabe descartar que -con variantes- en la presente dcada participemos en ms de una revuelta y quizs alguna revolucin (como la ocurrida en Islandia). Hasta el Banco Mundial se escandaliza, prototipo absoluto de la insensibilidad: "Niveles peligrosos de pobreza" llama ahora al hundimiento colectivo. Pero atendiendo a su historial, quizs deberamos decir: lo que interpretan como peligrosos son esos estados que incitan a una revuelta que est latiendo en distintas partes del mundo. La rebelin, en estas condiciones, es un acto de dignidad. La nica esperanza poltica para los condenados.

Ms que nunca necesitamos un giro poltico que apueste por la redistribucin de la riqueza, por el control del poder financiero, la limitacin a los capitales, el respeto al medio ambiente, la inclusin de la diversidad social, en suma, la institucin de una democracia radicalizada. Tcnicamente no faltan recursos; lo que falta es voluntad poltica para regular los desequilibrios. Democracia real ya quizs no sea aun (al menos no de forma invariante) una propuesta anticapitalista. Pero es un reclamo concreto contra unos sujetos polticos y econmicos corruptos y antipopulares.

Los responsables de la crisis son tambin sus principales beneficiarios y los que han saqueado el estado son premiados con triunfos electorales o puestos de trabajo bien remunerados. Los que predican con medidas legislativas regresivas son los mismos que proponen no recortarse pensiones a s mismos; los que piden austeridad tienen ganancias millonarias; los que piden nuevos sacrificios no dudan en excluirse de esas peticiones. No slo es penoso: es delictivo.

Ahora bien, vamos a desistir de un proyecto poltico global -por mnimo, inestable y provisorio que fuera- que permita producir agenciamientos revolucionarios? No necesitamos pensar en modos de producir transformaciones en las configuraciones de poder mayor? Si el capitalismo es un dispositivo de conjunto, que produce efectos de totalizacin, no deberamos intentar destotalizarlo desde una pluralidad de lneas de fuga, como primer desplazamiento necesario? No deberamos, complementariamente, producir proyectos que apuesten a reinventar nuestras sociedades? En ese punto, el trabajo de articulacin poltica resulta irrenunciable. En esta lucha, por tanto, no cabe excluir lo utpico, entendido como espacio de multiplicidades, como lugar de articulacin de una pluralidad de prcticas resistenciales que carecen de un centro de poder unitario. La utopa, ms que diagrama definitivo de una sociedad reconciliada, aparece en este contexto como un horizonte de deseos colectivos que pujan por subvertir lo presente. A ese horizonte, que no tiene contenidos definitivos y es capaz de articular lugares diversos, no se llega. Se construye en la prctica poltica. Ese es el trabajo, precisamente, que manifestaciones como estas estn efectuando.

Ms all de los interrogantes que un acontecimiento de este tipo plantea, no deberamos perder de vista la oportunidad histrica que se abre. Lo poltico es irreductible a unas instituciones del estado cada vez ms distante de la sociedad civil o a un sistema de partidos que desde hace dcadas est afectado por una escasa credibilidad. Siempre merodea el riesgo de una restauracin del control. Es lo que alientan las potencias que miran con incredulidad y recelo esta internacionalizacin de la revuelta. Contra esa voluntad de control, nuestra tarea ms crucial es respaldar este acontecimiento en el que lo poltico se constituye como insumisin ante unas autoridades gubernamentales que han perdido todo crdito. Cada uno de nosotros puede nutrir con ideas su potencial revolucionario, apostar por que esas resistencias se articulen de forma relativamente duradera, ms all de la inminencia de las elecciones y, por sobre todo, estar ah, reinventndonos en la construccin de una democracia radical que no se disipe como las promesas oficiales de darnos lo que sistemticamente nos han negado.

Blog del autor: http://arturoborra.blogspot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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