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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-05-2011

Spanish revolution
Algunos somos comunistas

Carlos Fernndez Liria
Rebelin


Entre los indignados antisistema de la Puerta del Sol, por lo menos algunos, somos comunistas.

Lo de ser antisistema no necesita ya de justificacin. En estos das se ha explicado, adems, con frmulas muy afortunadas: no es que seamos antisistema, ha dicho alguien, es que el sistema es antinosotros. Hubo otro que termin un discurso incendiario en la manifestacin diciendo que en resumen, lo que pedimos es un poco de sentido comn!. No se poda decir mejor. Esto que estamos viviendo, a nivel mundial y a nivel nacional, es una salvajada, un disparate, un chiste cruel, una broma brutal, un sarcasmo, una tomadura de pelo, un crimen. Desde que en los aos ochenta comenz la revolucin de los ricos contra los pobres, el capitalismo rueda sin frenos hacia el abismo a un ritmo acelerado. Y nos arrastra a todos con l. Tiene toda la razn Naomi Klein al diagnosticar nuestro sistema econmico como un capitalismo del desastre. Los negocios ya no funcionan bien ms que en condiciones sociales de catstrofe. Lo deca hoy Ignacio Escolar: de verdad que alguien necesita que se le expliquen las causas de las protestas? No, lo raro es que no hayan estallado antes.

El sistema es ya tan revolucionario (de extrema derecha, pero revolucionario, al fin y al cabo), que los antisistema nos hemos vuelto conservadores. Los jvenes sin futuro que salieron a la calle el 7 de abril no pedan la Luna. No gritaban la imaginacin al poder ni nada parecido. La moderacin de sus reivindicaciones (casa, salud, trabajo, pensin) contrastaba con la radicalidad de su posible solucin: an-ti-ca-pi-ta-lis-ta fue el grito que ms se oy. Y de los que ms siguen resonando ahora en la Puerta del Sol y en todo el Estado. Para ser moderado, para conservar una pizca de sentido comn, actualmente hay que ser antisistema. En cambio, los apologetas del capitalismo se prestan a cualquier locura revolucionaria. Para salvar la economa huyen hacia adelante dispuestos a sacrificar la humanidad e destruir el planeta. Como dijo Walter Benjamin, pero mucho ms que cuando l lo dijo, lo que necesitamos es un freno de emergencia. Necesitamos parar esta demencia criminal.

Benjamin pensaba que ese freno de emergencia era el comunismo. Y algunos, bastantes, lo seguimos pensando. Cuando al comienzo de la crisis se dijo que el capitalismo haba fracasado y que haba que inventar otra cosa, cuando lo decan quienes lo decan, en los telediarios, en la prensa ms canalla del pas, uno se preguntaba a qu diablos se estaban refiriendo. La receta contra la crisis, al final, ha sido ms y ms capitalismo. Y en verdad, no es extrao, porque el capitalismo es un sistema econmico muy poco flexible, para el que no caben medias tintas. Inventar otra cosa habra sido reinventar lo que ya estaba inventado, el comunismo. Lo que parece cada vez ms difcil es empearse en ser anticapitalistas esquivando esa palabra maldita.

Bien es verdad que no todos le hacen ascos al trmino. Hace pocos meses estuvo el filsofo Jacques Rancire en la Universidad Complutense, explicando que asistimos a un imparable resurgir del comunismo. Lo mismo vienen a plantear otras autoridades intelectuales como Badiou, Zizek o Negri. Y bueno, es cierto que sus lectores, entre nosotros, nos entendemos muy bien (aunque unos menos que otros, desde luego). Pero algo de razn tena el profesor Jose Luis Pardo en una reciente conferencia al quejarse de que, un poco fuera de la parroquia, no hay forma de entender el contenido que tan insignes filsofos le dan a el trmino comunismo, fuera de algunos tpicos en los que se alude a una forma de vida comunitaria que remite a Francisco de Ass (como al final de Imperio de Negri), a una democracia efectiva o radical, a un poder de las masaso de la multitud, un sin Estado, ni Ley, es decir, frmulas demasiado negativas, vacas y generales, ms propias de un programa religioso que poltico.

Y sin embargo, no estamos ante un misterio insondable. Lo que necesitamos contra el capitalismo es algo muy concreto: una alteracin radical en la propiedad de los medios de produccin que haga posible a la instancia poltica ejercer un control democrtico sobre la produccin en el marco de una economa institucionalizada. El capitalismo actual esta institucionalizado y dirigido polticamente por corporaciones que no obedecen a ningn poder legislativo, al margen de cualquier control democrtico. Nuestras democracias son libres de todo en una condiciones en las que no hay nada que hacer. Casi todo lo que afecta sustancialmente a la vida de las personas viene decidido por poderes econmicos que negocian en secreto y actan en la sombra chantajeando a todo el cuerpo social. Un pestaeo de los llamados mercados basta actualmente para anular el trabajo legislativo de generaciones enteras. No hay leyes, ni constituciones que puedan resistirse a la dictadura ciega de los poderes financieros. Es el Cuarto Reich. Los nuevos nazis no son menos totalitarios que los anteriores, pero, adems, estn mucho ms locos. Como ha dicho Naomi Klein, los mercados tienen el carcter de un nio de tres aos. Sus rabietas viajan en tiempo real conmocionando el planeta. Ni Nern, ni Calgula estaban tan locos ni eran tan imprevisibles.

Lo que plantea el comunismo es que la economa no puede institucionalizarse democrticamente, sometindose al poder legislativo, sin suprimir la propiedad privada sobre los medios de produccin, es decir, sobre las condiciones de existencia de la poblacin. Lo sabemos por experiencia y lo sabemos tambin en la medida en que la economa marxista explica muy plausiblemente por qu es as.

As pues, el misterio se puede aclarar. Comunismo es, en realidad, exactamente lo que pretenden ser (sin lograrlo en absoluto) nuestras orgullosas democracias constitucionales. Ya es difcil negar -cada vez hay ms gente que abre los ojos- que lo que hemos venido llamando democracias no son sino dictaduras econmicas ataviadas con una fachada parlamentaria. Lo que frente a ello llamamos comunismo no es, sin embargo, ms que aquello que pretendamos ser: democracias parlamentarias en las que las leyes pueden someter a los poderes econmicos. Es absurdo plantear que el parlamento puede legislar lo que ya siempre se ha decidido de antemano en la Bolsa. La cosa est cada vez ms clara: las leyes no pueden hablar por favor a los negocios, tienen que imponerse coactivamente. Pero para eso tienen que tener la sartn por el mango. Y el mango son los medios de produccin.

Respecto a qu tenga que ver todo esto con aquello que se llam socialismo real, hay que decir que mucho, siempre y cuando se deshagan algunos espejismos. Por ejemplo: siempre y cuando no llamemos socialismo real slo a lo que se dio en aquellos pases que lograron resistir algo de tiempo (entre cinco y setenta aos) la agresin imperialista, sino tambin a todos los proyectos socialistas, comunistas o anarquistas que fueron derrotados mediante golpes de Estado, invasiones militares, bloqueos econmicos, etc. El que los pases socialistas no hayan sido democrticos puede significar tan solo que no hay ningn pas en guerra que pueda permitirse el lujo de la democracia. De hecho, los que lo intentaron, sucumbieron bien pronto. Como ya he dicho muchas veces, el socialismo nunca pudo optar entre Allende o Fidel Castro. Era o Castro vivo, o Allende muerto.

Pensemos en las iniciativas que estn proponiendo juzgar a los poderes financieros, especialmente a las agencias de evaluacin de deuda. No cabe duda de que estas instituciones estn jugando con el destino de la poblacin mundial para hacer sus propios negocios privados. Ahora bien, estas iniciativas, si quieren tomarse en serio, tendrn que enfrentarse tarde o temprano al dilema de exigir algo equivalente al viejo concepto comunista de dictadura del proletariado. Es una total ingenuidad creer que los poderes econmicos van a doblegarse a la autoridad del poder judicial, cuando no se doblegan ni ante el poder ejecutivo ni ante el poder legislativo. Sin asegurarse el monopolio en el ejercicio de la violencia, la democracia no tienen ninguna posibilidad de hacerse or. Cmo hacer esto posible, eso s que es un problema difcil de resolver. Y no qu debamos entender bajo el trmino comunismo.

En todo caso, hay que comenzar por algn sitio. Comenzar por el kilmetro cero de la Puerta del Sol es una excelente idea. No se trata, en efecto, de pedir la Luna, ni siquiera de pedir el comunismo. Eso ya vendr por s mismo cuando se entienda lo difcil que es el liso y llano sentido comn en un mundo como este. Cuando para tener casa o trabajo hay que ser antisistema, las cartas estn echadas.

Por eso conviene que pidamos cosas muy de sentido comn. Por ejemplo: permaneceremos en la Puerta del Sol mientras que, en primer lugar, no se cambie la Ley Electoral. No se trata solo de acabar con el bipartidismo. Se trata tambin de acabar con ese cncer de la democracia que es la propaganda electoral, de exigir al Estado verdaderos espacios de comunicacin para que la ciudadana pueda hacer or sus argumentos polticos (que, como cualquiera puede comprobar en los medios alternativos de Internet, son muchos, inteligentes y poderosos). Se trata de acabar con ese espectculo indigno y grotesco de las actuales campaas electorales, aunque solo sea porque ofenden a la inteligencia y denigran al gnero humano.

En segundo lugar, es necesario permanecer movilizados mientras no se arbitren las medidas judiciales para juzgar a los culpables de este desastre humano en el que nos vemos sumidos. Muchos banqueros, muchos accionistas, muchos polticos, muchos financieros tienen que acabar en la crcel. Si no, ms nos vale suprimir el Ministerio de Justicia.

Luego, habr que pasar a otras urgencias. Es preciso parar los deshaucios. Expropiar las viviendas vacas. Socializar los beneficios bancarios y privatizar sus prdidas. Quizs se podra promover una iniciativa internacional para que los cascos azules ocupen militarmente los parasos fiscales... Ideas no nos van a faltar. Lo del comunismo ya se entender por el camino.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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