Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-05-2011

El futuro del movimiento 15-M

Carlos Taibo
La Directa


No es tarea sencilla la de pronunciarse sobre el futuro del movimiento 15-M. Lo ms probable es que, conforme a la voluntad mayoritaria, se disuelvan antes o despus las acampadas -es preferible cerrar racional y jocosamente esta etapa- y se proceda a trasladar la actividad a barrios y pueblos. Todo ello en el buen entendido de que la posibilidad de restaurar el esquema inicial de concentraciones con poderoso eco meditico no quedar en modo alguno cancelada y de que, claro, el ritmo de los hechos puede ser diferente en los distintos lugares.

El trnsito del recinto del espectculo meditico al ms modesto de la accin local, aunque en modo alguno obliga a cancelar posibles iniciativas -campaas, manifestaciones- de carcter general, parece deslizar el movimiento hacia una tarea ms difcil y menos vistosa, al tiempo que, en sentido contrario, reduce los riesgos de burocratizacin y los intentos de coparlo desde fuera. No est de ms que agregue una observacin sobre la singularidad propia de la poca del ao en la que nos encontramos: la proximidad del verano tanto puede ser un inconveniente insoslayable -las iniciativas y las movilizaciones por fuerza se reducen en la mayora de los lugares- como una excelente oportunidad para recobrar fuerzas y plantear una ofensiva en toda regla a partir de septiembre. Tambin hay que tomar en consideracin el hecho, interesante, de que el movimiento ha visto la luz en un momento marcado por el final del curso en universidades e institutos, algo que a buen seguro ha reducido sus posibilidades de despliegue en unas y otros. La planificacin al respecto de estas cuestiones -que invita a pensar inevitablemente en el medio plazo- es, en cualquier caso, una tarea vital en el momento presente, tanto ms si se convocan elecciones generales para el otoo.

Si se me pide un pronstico sobre lo que entiendo que va a suceder con el movimiento -y no sin antes avisar que en el camino penden varias incgnitas, y entre ellas los efectos previsibles de los intentos de moderar el discurso, por un lado, y de la violencia que el 15-M padecer, por el otro-, me limitar a plantear cuatro horizontes posibles. El primero no es otro que el vinculado con un rpido e imparable declive; me parece que semejante perspectiva es harto improbable habida cuenta de la vitalidad presente de las iniciativas y de la general voluntad de ir a ms. El segundo nos habla de un eventual intento de colocar al movimiento en la arena poltica, a travs de la gestacin de una nueva formacin o de la incorporacin a alguna ya existente. Creo firmemente que las posibilidades de esta opcin son muy reducidas, en la medida en que la mayora de los integrantes del 15-M no parecen siquiera contemplarla. No puede descartarse por completo, sin embargo, una mecnica de divisiones y escisiones, en un grado u otro vinculable con este segundo horizonte.

Una tercera perspectiva nos dice que el movimiento podra dar pie a una suerte de extensin general, ms bien vaga, dispersa y anmica, de formas de desobediencia civil frente a la lgica del sistema que padecemos. No descarto en modo alguno esa posibilidad, que sera una suerte de manifestacin abortada de lo que me gustara que cobrase cuerpo realmente: hablo del cuarto, y ltimo, horizonte, articulado en torno a una fuerza social, que desde perspectivas orgullosamente asamblearias y anticapitalistas, antipatriarcales, antiproductivistas e internacionalistas, apostase por la autogestin generalizada e inevitablemente se abriese a las aportaciones que deben llegar de sectores de la sociedad que todava no han despertado. Esa fuerza, que habra de acoger en su seno, claro, al movimiento obrero que todava planta cara al sistema y se enfrenta a los sindicatos mayoritarios, provocara el alejamiento de una parte de quienes en inicio se han incorporado a manifestaciones y acampadas.

Slo se me ocurre aducir dos argumentos en provecho de la materializacin del ltimo horizonte mencionado: si, por un lado, en muchas de las asambleas realizadas en las acampadas se han revelado por igual una sorprendente madurez y una ms que razonable radicalidad en los enfoques -se ha pasado a menudo de la contestacin de la epidermis que suponen la corrupcin y la precariedad a la del corazn del capitalismo y la explotacin-, por el otro debemos dar por descontado que nuestros gobernantes van a seguir en sus trece, esto es, no van a modificar un pice el guin de sus polticas. El hecho de que hayan decidido morir al servicio del capital mueve audazmente, en otras palabras, nuestro carro.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter