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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-05-2011

Los indignados

Xos Manuel Baltar Daz
Rebelin


Nunca a lo largo de la historia los imperios decadentes han tenido la capacidad de maniobrar para mantener sus estructuras de dominacin con la fortaleza de ahora mismo. el inmenso poder blico y de propaganda que el orden capitalista ha sido capaz de acuar al paso de las dcadas (pagado, eso s, por todos los ciudadanos y preceptivo, por supuesto, de ser usado siempre contra ellos) es tal que cualquier atisbo de mella en sus estructuras por causa de desgastes exgenos no es ms que un espejismo, ilusin sta la mayor parte de las veces acuada y fomentada por los propios gabinetes de influencia de las corporaciones imperiales. resulta pues impensable que los actores que detentan el poder global, que cuentan con los servicios de los ejrcitos profesionales y con el apoyo tcito y recurrente de los grandes medios de persuasin para reducir cualquier tipo de disidencia, se encuentren en un momento de inflexin y que el viejo orden se tambale peligrosamente.

La unipolaridad que conforma las relaciones internacionales desde el desmembramiento, a inicios de la dcada de los noventa del siglo pasado, de la unin sovitica se encuentra adems apuntalada por una plyade de instrumentos jurdico-sociales (ONU, Consejo de Seguridad, OCDE, etc.) que beben de las mismas fuentes del derecho capitalista y que, automticamente, ponen fuera de juego cualquier iniciativa lo suficientemente peligrosa para los intereses del sistema al que dan cobertura y, para el caso de verse sobrepasados por la insistencia o por el encono de grupos o naciones, no se duda en recurrir al autntico rbitro internacional con que las autotituladas democracias occidentales suelen imponer sus ms feroces criterios de supremaca: la OTAN.

As, los ejemplos contemporneos de Yugoslavia, Sudn, Afganistn, Irak, Libia o Costa de Marfil ponen de manifiesto y a las claras el papel de la fuerza y la agresin como las autnticas doctrinas de las relaciones internacionales y el afn, cada vez menos disimulado de las antiguas potencias coloniales de continuar con su rapia y depredacin una vez que sus tteres criollos han perdido la capacidad de dirigir a sus conciudadanos de acuerdo a los intereses de la falsamente llamada comunidad internacional.

De esta forma podemos intuir que la mismsima protesta ciudadana que se ha orquestado de forma aparentemente ocasional en diversas ciudades espaolas desde las manifestaciones del da 15 de mayo est abocada al fracaso si se pretende sta como un vehculo real de cambio bajo esa generalista demanda de democracia real ya. para el caso de que tal movimiento no forme parte del gran teatro del mundo con que los imperialismos juegan a despistar a la sociedad en momentos de crisis, se hace totalmente necesario abandonar esa ptica de ldico ecopacifismo con la que se abanderan la mayor parte de las reivindicaciones y tener en cuenta la necesidad de atraer al bando indignado a los sectores con capacidad militar operativa, sean estos miembros del ejrcito regular o sean entes autnomos con anlogas capacidades.

Para ello resultar necesario dejar los juegos malabares a los que se refieren con enconado cinismo los telediarios e iniciar o bien la conquista de las herramientas de participacin poltica actuales (partidos, sindicatos) iniciando afiliaciones masivas que permitan a la malhumorada turbamulta tomar el control de tales organizaciones o bien la creacin de un estado paralelo apuntalado por un orden de guerra (que a la postre resultar el real con la adscripcin al mismo de los elementos arrinconados y denostados por el actual sistema) al que habr que dotar de medios suficientes para aguantar la contrarrevolucin que de forma certera se producir.

No habr pues cambio sin lucha ni habr revolucin sin liquidar las viejas estructuras. la oligarqua puede soportar concentraciones, puede tolerar manifestaciones, desrdenes y un nmero ms o menos creciente de jvenes durmiendo en las baldosas durante quince das; incluso podra tolerar ciertas agresiones y malestares que obliguen a sus adlteres a pontificar bravamente en los muchsimos foros y medios de que disponen, pero lo que nunca pondr en juego son las herramientas que apuntalan el (su) poder: los medios de produccin, siendo la toma y control de stos la condicin indispensable para cualquier intento de mejorar el actual marco social; control que no se lograr sin reactivar las abotargadas conciencias de las clases populares, sumidas en tracas festivaleras que van desde la degenaracin futbolera hasta la magnificacin de la impostura tecnolgica pasando por las quimeras de la tercera va o de la clase media, de forma que la sociedad deje a un lado su actitud perruna y servil y se vuelva fiera, reivindicativa, luchadora, cabal... nadie les (nos) dar nada a toda esa masa indignada, a todos los que saben (sabemos) que el mundo hace muchos siglos que est del revs. o mejor, que lo tienen del revs aquellos que tienen nombres y apellidos ya sean rosthchil, morgan, rockefeller o botn y que se acurrucan en comisiones trilateraes, en clubes o foros tipo Bildelberg, G8, G20 y/o en estados o megaentidades polticas como EEUU,la UE, Israel, Suiza y otros ncleos opacos de la esfera internacional. no queda otra: tendremos que coger lo que es nuestro y trabajar duramente por mantenerlo, pero si no estamos dispuestos a los mayores sacrificios, previsiblemente incluso a morir como esos tambin indignados que se embuten en cinturones de explosivos y se despanzurran contra esta hipocresa, no conseguiremos nada.

Luchar, trabajar, vivir... y no perder nunca de vista que esta calaa que nos oprime ser capaz incluso de destruir el propio planeta, la civilizacin, con tal de no perder el control de lo que estima patrimonio propio. pero quizs ahora s sea ya el final de la historia, de esta historia y ahora ya no quede ni un pice de realidad detrs del teln del teatro por lo que el levantamiento, la insumisin, la revuelta no es ya una opcin: es la nica oportunidad de sobrevivir.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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