Portada :: Cuba :: Abu Ghraib acusa a Cuba en Ginebra
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-03-2005

EEUU: Techo de vidrio y vestido de oropeles

Eduardo Montes de Oca
Rebelin


Una terrfica sombra desanda los cuatro puntos cardinales. Sus vacas cuencas oculares se dirigen hacia seres incautos, proclives a amedrentarse. Su cavernosa voz emite el mensaje en diversas lenguas civilizadas: Ah!, esos cubanos terribles, cmo violan los derechos humanos, caramba!

El espectro se envalentona cada ao, en Ginebra. All se han sumado al corro incluso exticos acentos conocidos a los pobladores de la isla caribea. Claro, durante dcadas resonaron en son de amigos en nuestras fbricas, en reuniones internacionales a donde nos convocaba el mismo credo. Gajes del oficio: ahora la palinodia se canta en ocasiones en viejos idiomas eslavos, situados a la par de otros en la arremetida contra gente que habla un espaol nervioso y de dulce cadencia.

Un sofisma se pasea por el orbe, y puja por aposentarse en la conciencia de la humanidad como hecho irrecusable, por no decir absoluto. Y afirmamos esto porque nada es secreto bajo el Sol. Toda persona medianamente informada y de buen corazn coincidir con los juicios vertidos en Internet por el colega Emilio Marn acerca de la sexagsimo primera sesin de la Comisin de Derechos Humanos (CDH): La reunin de los 53 pases miembros se inici el 14 de marzo y se extender hasta el 22 de abril. Cualquier desprevenido podra pensar que, si las deliberaciones van a girar sobre los derechos humanos, se discutir sobre las torturas de soldados norteamericanos contra presos en la crcel de Ab Ghraib y los bombardeos contra Faluya. Error. Washington quiere condenar a Cuba, alegando derechos que George Bush es el primero en desconocer.

Lleva razn el colega. No en vano, ya en la audiencia de confirmacin ante el Senado, el 18 de enero pasado, la secretaria del Departamento de Estado, Condoleezza Rice, cargaba contra la Isla, calificada por ella nido de una de las tiranas que deben ser depuestas. Se trataba del prtico de una campaa renovada cuya pelea ms enconada transcurre, sin duda alguna, precisamente en el perodo de trabajo de la CDH, cuando se acrecientan las embestidas norteamericanas sobre delegaciones frgiles desde el punto de vista econmico y poltico, con el fin de asegurarse los votos de reprobacin. Reprobacin que sirve de pretexto ideal para que nadie ponga en duda la necesidad de continuar con el bloqueo econmico, comercial y financiero llamado embargo eufemsticamente por Washington.

Pero alto aqu, porque no nos proponemos batirnos a ultranza por el pequeo pas asediado. Dios nos libre de insistir en lo obvio. Nos proponemos, ms bien, destacar que de prioridades tendra que tratarse cuando se toque el tema socorrido, virtualmente vapuleado en la apacible Ginebra. Los ejemplares gobiernos de las ejemplares naciones primermundistas y sus aclitos que han sealado con ndice enhiesto a Cuba, en pose de jueces infalibles e inapelables los Estados Unidos de Norteamrica, en primer plano-, deberan dar preferencia a una situacin que, a la corta o a la larga, podra tomar visos de conflictiva. Si no los ha tomado ya. La violacin de los derechos humanos en sus propios predios no representa un mero entretenimiento de nios.

Imagen recurrente

Y hablando de nios, tengo ante mis ojos dos volmenes de fotografas. Intento fijar la atencin en cada una de las instantneas, mas no puedo hacerlo en la medida que deseo. Estar hoy aprensivo, o ser que la ira y la repulsin me juegan una mala pasada, y pugnan por estallar?

No son grficas de las que se despliegan en subidos tonos y nos traen las ltimas imgenes de Hollywood, o las hazaas de inclaudicables paparazzi. Confieso que muy poco me importan la vida amorosa de las princesas, los triunfos estudiantiles de los herederos, o el sismo en que se ha convertido la pasin que despierta en cierto cortesano una plebeya.

Las fotos a que me refiero constituyen la parte sombra de una realidad que algunos pintan color de rosa. Un pie, arrancado de cuajo, yace en el pasto. Verde e inocente teln de fondo. Restos ptridos de gente que nos figuramos bailando, gesticulando, feliz o cejijunta, amndose: viviendo. Un nio nos obliga a hurtar la vista; la sensibilidad nos sustrae de su pequea cara incompleta. Del pedazo que la metralla borr de su rostro

Son testimonios indelebles, nunca sobresedos, de una matanza ejecutada con saa eficiente. Saa anglosajona, europea, aliada. Son retazos an humeantes de Yugoslavia.

Puede que estos volmenes hagan dao. Me pregunto si no crearn un cisma en la capacidad de reflejar cabalmente; s, una especie de rompimiento esquizoide entre mundo exterior y mundo interior, porque, segn juran algunos, lo que vemos simplemente NO ES. Las desgarradoras imgenes no pueden erigirse en testigos silentes de una de las ms flagrantes violaciones de los derechos humanos de los ltimos tiempos, pues no hubo violacin.

Es decir, con la profusa utilizacin de sus armas de nueva generacin, la OTAN, los Estados Unidos en las avanzadillas, no transgredieron ninguna legislacin humana o divina, ningn principio bsico de la convivencia.

Cosas veredes, Mio Cid, citara un escptico algo ilustrado, ante el alegato otanista. Uno ms. Maquiavelo entonara el conocido ritornelo: Bah, el fin justifica los medios. Tartufo se encogera ruboroso, y tras una puerta atisbara en direccin a ese teatro que denominamos vida, en tanto lo recomera el acto injusto de que lo superen en hipocresa. La OTAN, los Estados Unidos, caramba, susurro mientras me cercioro de que no estoy paranoico. Los volmenes que ojeo se convierten en testimonio inigualable, la mejor higiene mental, el mejor recordatorio.

Cierro los libros y me dispongo a continuar escribiendo, aunque al principio casi no atino, pues mi mente intenta desesperadamente reconstruir el resto perdido de un nio serbio. Un nio de Kosovo.

Si la Comisin quisiera

S, si la Comisin de Derechos Humanos estuviera interesada en debatir esa problemtica en el mundo, no podra menos que convocar a Washington, por crmenes tales como los ms de dos mil civiles muertos en el preludio de la ocupacin de Kosovo, en aquella friolera de 78 das en que la poblacin de esa provincia de Yugoslavia (hoy Serbia y Montenegro) recibi, ms que bombardeos, un nico, ininterrumpido y terrible bombardeo.

Pecaramos de ilusos si pretendiramos agotar los ejemplos que refuerzan la conviccin de que las naciones del Primer Mundo y, al frente de la lista ms que negra, endrina, los Estados Unidos, devienen espejo de primera mano cuando de violaciones de los derechos humanos se trate. Por tanto, limitmonos a la tcnica periodstica del resumen obligatorio, aunque en este caso -la ira impulsa- no logremos concretarnos a unas ralas lneas. Iraq duele, con sus cerca de 200 mil asesinados por la plvora inmisericorde. Plvora que se hizo proverbialmente clebre en el asedio y la toma de la rebelde ciudad de Faluya.

Escuece tambin rememorar las torturas de Ab Ghraib, y nos permitirn la cita propia: En imgenes de crudeza naturalista, los reclusos viajan en andas del escarnio. Arracimados, convertidos en pirmides de miembros entretejidos, yacen amarrados, encapuchados, desnudos Soportando vejaciones que solo la mente de un aventajado discpulo del marqus de Sade podra concebir. Y subrayemos Sade, sadismo, porque en la ignominia a que estn sometidos los prisioneros aflora clara la aberracin sexual. La sargento que parece medir la virilidad de un preso con ademn harto desinhibido; el soldado que hace aguas o vierte otro tipo de eyeccin sobre el rostro de un hombre o una mujer -no se distingue con precisin- de boca abierta por la fuerza, en espera de la afrenta; la pareja de reclusos trenzados en equvoco encuentro gracias a un amarre propiciatorio se erigen en signos de conocida decadencia. Recordemos que la Roma imperial padeci esos sntomas.

Pero si las torturas hubieran terminado all, quizs estos sntomas no resultaran tan evidentes. Hace tres aos llegaban a la Base Naval de Guantnamo los primeros prisioneros afganos, considerados por los sabuesos del To Sam terroristas en toda la significacin del vocablo, o cmplices de estos. Y desde hace tres aos, ni uno menos, se suceden las denuncias sobre el hecho de que esta rea de 117,6 kilmetros cuadrados, ocupada ilegalmente a Cuba, ha devenido sitio de honor en la macabra lista de instalaciones donde se violan la dignidad, los derechos humanos y el derecho internacional humanitario.

As la describe una colega. Y agrega que los tambin nombrados combatientes ilegales proceden de varios pases, y Washington les niega su condicin de prisioneros de guerra, algo que les priva de las garantas legales establecidas al respecto en el Tercer Convenio de Ginebra de 1949, de esa misma Ginebra cuya mentada Comisin no ha reparado en algo tan simple como que EE.UU. maneja un campo de interrogatorios tal los creados por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, los cuales luego del conflicto fueron terminantemente prohibidos por la Convencin de Ginebra de 1949.

Otra vez Ginebra, cuya Comisin no para mientes en que los prisioneros deben ser liberados inmediatamente despus de una conflagracin. Y que hace odos sordos, ojos tapiados, ante las denuncias tumultuosas de que USA posee la mayor poblacin carcelaria del planeta, aplica sin restricciones la pena de muerte y se manifiesta dbil en la detencin de la escalada de violencia que sacude sus entraas.

Rey indiscutible de los derechos humanos, Washington, cmo no! Cuando deje de apoyar los actos de Israel contra un pueblo al que se le ha arrebatado la tierra, por no decir la existencia; y cuando deje de obstaculizar, en el malhadado Consejo de Seguridad, proyectos de resolucin sobre la libre autodeterminacin de ese conglomerado rabe, y en el seno de la ONU, cualquier iniciativa relacionada con el derecho a la salud y a la alimentacin; y cuando abandone el regusto que, al parecer, le causa no haber ratificado la Convencin de los Derechos del Nio y la Convencin sobre todas las Formas de Discriminacin contra la Mujer; y cuando haga a un lado esa famosa ley Patriota que ha devenido control de los ciudadanos, con la connivencia de la gran prensa y con el pretexto de una lucha justa y cabal contra el terrorismo, a la manera de las ms connotadas dictaduras que ha conocido la humanidad, empezando por la del Tercer Reich.

Vaya con la publicitada Patriot Act, aprobada por el Congreso en octubre del 2001, la cual, al decir de un analista, otorga poderes excepcionales a la polica y los servicios de inteligencia, reduce el papel de la defensa en los juicios y cuestiona el habeas corpus, que garantiza las libertades (de las personas). Autoriza el arresto, la deportacin y el aislamiento de los sospechosos. Bajo su cobertura legal se puede detener y retener indefinidamente a los extranjeros. En resumen, se recortan de un plumazo las libertades formales que proclama la Constitucin de los Estados Unidos.

Claro que monarca de los derechos del hombre... cuando se abstenga de fabricar y aplicar armas qumicas, biolgicas y otras de exterminio masivo. Y cuando mejore la situacin de los inmigrantes, los negros y los indios; se atenga a no inmiscuirse en los asuntos internos del gobierno (constitucional y ms que refrendado en las urnas) de Venezuela; se repliegue de Hait, donde instrument el ms desfachatado golpe de Estado, que derroc al mandatario elegido por sufragio popular, Jean Bertrand Aristide. Y cuando cese el avituallamiento creciente y el entrenamiento constante a las fuerzas armadas colombianas y el asedio a las guerrillas de ese pas, como va expedita para extenderse con mayor vigor por toda Sudamrica. Y cuando acepte firmar el Protocolo de Kyoto, y se convenza de que ella misma, la soberbia Norteamrica, resulta el ms formidable de los contaminadores del ambiente. Y cuando ceje en su empeo por aduearse de Amrica Latina hasta el ltimo sorbo de sangre, mediante esa pavorosa Asociacin de Libre Comercio de las Amricas (ALCA). Y cuando sea no ms que recuerdo la presin suprema para que los pases no lleven a los militares gringos a tribunales internacionales por crmenes de guerra. Y cuando...

Tantas cosas

El expediente criminal del gobierno de los Estados Unidos de Norteamrica aumenta tanto como el orgullo desmedido y la sinrazn de lneas polticas estratgicas cual la de las guerras preventivas en todos los oscuros rincones del planeta, para tomar solo un botn de muestra de la paranoia de Bush II y sus seguidores internos y de allende el Atlntico. Porque de que en Europa los hay, los hay.

Bstenos aludir, junto con un afamado analista, a la no cuantificable cantidad de muertes que ha causado en el Sur la deuda externa, fomentada por el FMI y la banca comercial privada, entidades atizadas y defendidas por EE.UU. a capa y espada. Estos instrumentos del Departamento del Tesoro y otras tesoreras del Grupo de los Siete hicieron que Latinoamrica pagara su deuda externa de los aos 80 unas siete veces y pese a ello an debe cinco veces lo que en ese momento, 30 mil millones de dlares.

Quin entre los condenados de la Tierra para decirlo con Fannon, el gran pensador anticolonialista- endosara a Cuba, y no al Primer Mundo con USA al frente, los ms de mil millones de seres humanos con hambre e iletrados en el orbe? Ahora, quizs pocos de esos analfabetos sepan que, si en 1970 las naciones industrializadas se comprometieron a un aporte del 0,7 por ciento de sus ubrrimos Productos Internos Brutos al desarrollo, a la altura del presente ese compromiso representa papel mojado y rasgado, y la Amrica prepotente, los Estados Unidos, es quien menos cotiza: un irrisorio 0,15 por ciento.

Y de los Cinco, qu?

Derechos Humanos a la norteamericana. Ni ms ni menos. Apologa de esa situacin mientras la corte de Atlanta contina sin emitir fallo despus de 11 meses de efectuada la audiencia pblica del juicio de apelacin de los cinco cubanos antiterroristas infiltrados en la contrarrevolucin de Miami, la archiconocida mafia, para conjurar acciones agresivas contra nuestro pas.

Cinco jvenes que deben de soar de manera recurrente la martiana sentencia de que patria es humanidad, porque arriesgaron la vida incluso por los ciudadanos estadounidenses que podran haber muerto en aquelarres de dinamita y otras sustancias gneas levantados por terroristas cubano-americanos que no discriminan nacionalidad alguna para, en el propio territorio que los acogi como titanes anticastristas, ultimar a cualquier sospechoso de odiado izquierdismo.

Arriesgaron la vida, esos jvenes presos, tambin evitando, con su vigilia, cualquier pretexto surgido de esa derecha de frijoles negros, pltano frito y hamburguesas! para una guerra entre los Estados Unidos y Cuba. Guerra en la que no solamente sufriran y pereceran los hijos de la Isla, por supuesto.

Y punza vivamente la violacin de los ms elementales derechos de los Cinco, algunos de los cuales han sido sepultados durante meses en esos srdidos instrumentos de tortura llamados huecos con eufemismo sarcstico, sin contar que han recibido castigos como la supresin de las visitas de familiares, a los que se les ha negado visa. Punza tambin enterarse de que, mientras el caso de una ciudadana de origen chino juzgada recientemente en California por espionaje ha resultado cerrado por falta de certeza, la apelacin de los abogados de estos muchachos, con madera de hroes aunque no lo reconozcan, por humildad, contina sin respuesta.

S, la apelacin de quienes son objeto de inconcebibles condenas, de por vida y ms all las cadenas perpetuas se multiplican-, sin que les ocuparan ni un solo documento que los incriminara, ni les probaran el cargo de espiar contra los Estados Unidos. Eso, para no insistir demasiado en que la vista deriv en amaada al extremo, pues una fiscala ultrapolitizada y fantasiosa, que se luci frente a un jurado amedrentado por gnsteres de caf con leche, no pudo presentar las evidencias que pregon a los cuatro vientos. Adems, el juicio se celebr en territorio parcial, la Miami-estercolero...

Forman legiones los elementos que calzan la aseveracin de que USA s que deviene campeona de la trasgresin de los derechos humanos. Sobre nuestra mesa de trabajo estos se arremolinan, en forma de cables noticiosos, informes dismiles, fragmentos de libros, artculos y otras herramientas del pensamiento correcto y del miocardio apasionado en su verdad, la verdad. Mas el redactor no pretende atiborrar de cuartillas impugnadoras. Porque huelga la prolijidad en cuestiones consabidas.

Consignemos, eso s, que al inefable To Sam le molesta lo indecible que la maldita, la malvola Cuba haya sido promovida a un equipo especializado de la Comisin de Derechos Humanos de la ONU ah, cuando no solo votan los poderosos-. Y que, portavoces por medio, la Casa Blanca no cesa de sangrar por la herida, mientras sus seguidores y alabarderos de aqu, all y acull no descansan en el intento infructuoso de restaar la sangre. Sus seguidores y alabarderos, s, los que olvidaron que Roma paga a los traidores pero los desprecia. Aquellos que han contribuido a que la seorial Comisin de Derechos Humanos de la ONU apunte hacia Cuba con gesto adusto.

Y en ese contexto que aspira a repetir, USA se ufana del triunfo de la civilizacin sobre la barbarie, sin percatarse de que no hace ms que evocar pginas inmarcesibles de la historia universal. El estratega Pirro, sentenciando que con otra victoria como sta estoy perdido cito de memoria; sabrn perdonarlo-. Porque el orbe en pleno ha podido apreciar el escandaloso concilibulo orquestado en los pasillos de la sede de una Comisin que se ha ofertado al mejor postor. El chantaje, la presin, constituyen armas cuando el fin se desea con saa.

Pero lo cierto aflora a despecho de mprobos empeos de ocultarlo. Tiempo al tiempo. Y que conste, lejos est el articulista de asumir los derechos humanos como acto rotundo, dado de una vez por todas. La integridad intelectual y la tica incitan a concluir que la perfeccin siempre ser un proceso, un camino.

Un camino que aqu, en la Isla, transitamos con paso seguro y por el que avanzamos an ms que quienes se atreven a teorizar, aconsejar y hasta adoctrinar en idiomas civilizados, desde naciones tales como los Estados Unidos el principal acusador-, con techo de vidrio y vestimentas de oropeles.



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