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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-05-2011

Por qu y cmo debemos organizarnos?

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Varios acontecimientos recientes han reactivado el clsico debate doble sobre, por un lado, las relaciones entre organizacin y espontanesmo y, por otro lado, las relaciones entre la organizacin militante y los partidos electorales de masas, los sindicatos y los movimientos populares y sociales. Algunos de estos acontecimientos son las sublevaciones de las masas musulmanas en frica del norte; las movilizaciones juveniles en muchas zonas de Europa --Estados espaol y francs, Gran Bretaa, Italia, Alemania, etc.-- al llamado de pequeas iniciativas contra la explotacin; las fugaces luchas obreras y populares que surgen con ms frecuencia de lo reconocido por el poder pero que se agotan rpidamente como, por ejemplo, en los EEUU; la movilizacin que est teniendo lugar en Euskal Herria y que se ha plasmado en la victoria de Bildu; la participacin del pueblo cubano en los debates del VI Congreso del PC; la decisin del pueblo islands por aplicar justicia a los culpables de la crisis; la lucha popular en Honduras pese a la dura represin que padece desde el golpe de Estado, etctera.

Deliberadamente hemos citado experiencias extremas, en apariencia incompatibles, para llevar el debate a su punto crtico: la necesidad de la organizacin de vanguardia tal como fue desarrollada por el marxismo desde comienzos del siglo XX. Al toro hay que cogerlo por los cuernos, especialmente ahora que el movimiento de los indignados reactiva la ilusin de las virtudes del espontanesmo, de la omnipotencia de las redes sociales, de twitter y de las nuevas tecnologas de la comunicacin, a la vez que aparenta desacreditar a las viejas organizaciones de vanguardia, demostrando la superioridad de la rebelda juvenil sobre el agnico movimiento obrero, etc. En absoluto son tesis nuevas. Por el contrario, y como veremos, la necesidad de la organizacin revolucionaria se sustenta, como mnimo, en diez lecciones reiteradamente confirmadas por la historia:

Una, la tendencia de las masas explotadas a aceptar las promesas de las minoras explotadoras, a creerse sus mentiras, o sea, la inercia de la credulidad. Dos, los lmites de la lucha individual y/o colectiva de mera protesta, que carezca de una visin crtica de la naturaleza del enemigo al que se enfrenta. Tres los lmites de las luchas espontneas, de los motines, revueltas y sublevaciones sociales que estallan cuando la opresin se hace insostenible. Cuatro, la capacidad de la burguesa para pudrir no solamente estas revueltas sino sobre procesos de luchas ascendentes que terminan ahogndose en el pantano parlamentarista. Cinco, la tendencia a la burocratizacin y al reformismo de los partidos parlamentaristas de masas por muy de izquierdas que digan ser. Seis, la tendencia al corporativismo pactista y economicista del sindicalismo. Siete, la tendencia a los vaivenes, al estancamiento y retroceso de los movimientos populares y sociales. Ocho, los efectos alienadores y disgregadores del capitalismo. Nueve, la efectividad de las represiones y violencias burguesas. No hace falta decir que estas lecciones se presentan interactuando todas ellas o muchas de ellas, creando sinergias muy complejas que slo pueden desentraarse terica y prcticamente aplicando el marxismo. Y esta es la dcima y ltima leccin que demuestra la necesidad y la urgencia de organizarse, a saber, la teora revolucionaria slo puede desarrollarse mediante un colectivo organizado para ello.


1.- Credulidad en las promesas de los opresores:

Sobra la primera leccin podemos extendernos indefinidamente. Lo mejor es tomar conciencia de su persistencia histrica: Tucdides explica cmo Brsidas prometi dar la libertad a los esclavos hilotas que se identificasen pblicamente como fervientes luchadores a favor de Esparta. Unos dos mil aceptaron la propuesta y fueron premiados, pero: poco despus los espartanos los hicieron desaparecer y nadie sabe cmo muri cada uno. De esto hace aproximadamente 2435 aos y desde entonces la necesidad de la organizacin tom nuevos bros, muy en especial cuando la represin imperialista reactiv la tctica espartana de desapariciones forzadas. Entre el -89 y -88, Mario y Cinna organizaron un ejrcito popular para vencer a las clases ricas en Roma. Prometieron la libertad a los esclavos y a los gladiadores que se volcaron en la batalla, y tras la derrota ejecutaron a 100 nobles. Esto asust a Mario y Cinna, y les llev a unir sus fuerzas con la clase senatorial vencida para, con esa nueva alianza, aplastar a los esclavos: una noche rodearon su campamento y los exterminaron. En el +37 Sexto Pompeyo liber a esclavos para que luchasen en su ejrcito contra Augusto en la guerra de Sicilia. Sexto Pompeyo perdi y huy, y Augusto prometi respetar la libertad de los esclavos pero en secreto organiz su desarme, la entrega a sus amos y el asesinato de los esclavos cuyos amos no fueron encontrados vivos.

La esclavitud romana era atroz, lo que aade un sangriento plus de importancia a estas y otras muestras de credulidad. Es cierto que las luchas de las clases y de los pueblos precapitalistas nunca se plantearon crear un nuevo orden cualitativo, excepto vagas utopas. Sin embargo, la credulidad de las masas explotadas, sean esclavas, siervas, campesinas, artesanas, proletarias, etc., sigue existiendo a pesar de los relativos avances en educacin, prensa, derechos, etc., logrados en la sociedad burguesa gracias a mltiples luchas. La credulidad en el opresor tiene diversas causas: ignorancia, miedo, alienacin y fetichismo, creencias religiosas. La organizacin revolucionaria aparece aqu como imprescindible porque aporta, adems de una argumentacin terica rigurosa sobre los terribles efectos de la credulidad, tambin y sobre todo porque facilita la praxis de liberacin, el debate prctico conjunto, la crtica y la autocrtica entre personas que aprenden a liberarse en su misma vida personal y colectiva. La credulidad se caracteriza, entre otras cosas, por cierta dosis de fe, de irracionalismo, en un ser superior, sea dios, amo, empresario, general, o en burocracia como el Estado. La organizacin lo que hace en este crucial asunto es demoler esa fe, introducir racionalidad crtica y conocimiento histrico, poltico, tico, etc., siempre unido a una prctica militante.


2.- Lmites de la lucha de mera protesta, que carezca de una visin crtica del opresor:

Sobre la segunda razn tenemos que decir que, sin una suficiente conciencia personal y poltica, cualquier protesta por inicial y embrionaria que sea tiende a terminar en fracaso. Como hemos dicho antes, en las sociedades precapitalistas era muy difcil desarrollar una teora adecuada. Los galeses que fueron masacrados en el siglo XI por los anglonormandos apenas intuan ms all del objetivo visible de los invasores: quitarles sus tierras. Pero haba otro objetivo ms largo y demoledor: la exterminacin de todos los bretones para que nunca ms se pronunciara su nombre, como escribi un cronista de la poca. Los pueblos indios y filipinos que sufran el terrorismo espaol apenas comprendan la declaracin real que se les lea antes de pasarlos a cuchillo, o quemarlos o descuartizarlos vivos mientras sus mujeres, hermana y amigas eran violadas delante de los hombres. Pero una vez que comprendieron la naturaleza del invasor le resistieron con desesperacin. Incluso hoy en da, miles de mujeres que sufren terrorismo patriarcal dudan en denunciar a su marido, novio, amigo o vecino, y centenales de ellas se retractan y retiran su acusacin poco antes del juicio.

Por esto mismo, las organizaciones feministas son imprescindibles para concienciar a las mujeres, para aportarles una visin crtica de la explotacin patriarco-burguesa, de la necesidad de que salgan de su soledad, se relaciones y se integren en esos u otros grupos para encontrar fuerzas que les ayuden a luchar. Lo mismo hay que decir sobre el resto de situaciones de injusticia y dominacin, de opresin, sean las que fueren. Sin una organizacin suficiente, los sectores oprimidos nunca podrn conocer su situacin, obtener informacin y realizar debates, atraer ms miembros y avanzar en la coordinacin con otros colectivos que tienen los mismos o parecidos objetivos. Si miramos el problema desde una perspectiva ms amplia, por ejemplo, desde la que nos alerta de la fuerza organizada del sistema patriarcal mediante las Iglesias y sus medios, desde el machismo y sexismo de la prensa y de los espectculos, desde el machismo de los partidos y sindicatos, desde la indiferencia de muchas instituciones burguesas ante la opresin de la mujer y sobre todo, desde la ferocidad invisible y normalizada del terrorismo patriarcal, desde esta perspectiva que nos explica cmo y por qu sobrevive tanto la dominacin masculina, comprenderemos la importancia de las organizaciones feministas, y en general de todas las organizaciones.


3.- Desconocimiento de los objetivos del opresor y de su ferocidad:

Sobre la tercera razn, hay que decir que es un freno poderoso que solamente puede ser superado por la organizacin que aporta un saber crtico basado en la experiencia colectiva, mucho ms grave es el problema de los lmites de las luchas espontneas individuales o colectivas, de los motines, revueltas y sublevaciones sociales que estallan cuando la opresin se hace insostenible. Ya se de forma aislada o en grupo, los estallidos sbitos o insuficientemente organizados pueden obtener triunfos inmediatos, y los obtienen porque cogen por sorpresa al poder establecido. Entre -116 y -114 se produjo una revolucin en la ciudad aquea de Dime, ocupada por los romanos, para acabar con las deudas causadas por los altos impuestos, entre otros objetivos. Se quemaron los archivos pblicos, se cancelaron las deudas y dems contratos. Pero la revolucin fue derrotada, dos de sus cabecillas fueron muertos y otro enviado a Roma para ser juzgado. En 1871 el pueblo de Pars se sublev contra la alianza entre la burguesa francesa y el ejrcito alemn ocupante. Pese al herosmo impresionante, la Comuna fue masacrada atrozmente, entre otras razones porque no pudieron organizarse lo suficiente, ni ser suficientemente radicales en sus medidas liberadoras. En la IIGM Varsovia se sublev dos veces contra la barbarie nazi, y las dos fue masacrada. Estos ejemplos distantes ms de dos mil aos y ocurridos en dos modos de produccin muy diferentes, el esclavista y el capitalista, tienen sin embargo un denominador comn: la escasa organizacin previa.

La necesidad de la organizacin es tanto ms perentoria y vital cuanto ms importante es el objetivo a conquistar, cuanto ms ansiosas y activas estn las masas, y cuanto mayor y ms cruel es la voluntad del opresor de seguir explotando. Sea la lucha que fuere, desde una pequea asamblea de vecinos que bloquean una empresa que contamina el barrio, hasta una insurreccin revolucionaria para derrocar a la burguesa, pasando por una huelga obrera, en todos los casos la organizacin debe existir con anterioridad, debatiendo los objetivos, la estrategia y la tctica, analizando las relaciones de fuerzas, discutiendo las tcticas y los medios necesarios y los no necesarios, haciendo propaganda y ampliando las alianzas, buscando adems de recursos, tambin planes alternativos tras estudiar las posibles reacciones de los aliados, de los indecisos y sobre todo del poder al que se quiere vencer, sea el poder universitario, el municipal, el judicial, el empresaria, el patriarcal, el poltico y de forma decisiva el militar. La espontaneidad, la que fuere, tiene unos lmites precisos que aparecen despus de las primeras victorias, si las hay, cuando se empieza a ver que el poder es ms fuerte de lo que se crea, tiene ms defensas, tiene aliados dentro del bando luchador, puede sobornar y corromper. La lucha espontnea tiende a apagarse cuando la lucha de prolonga, el objetivo se aleja, la estrategia empieza a fallar, las tcticas propias ya no hacen dao al opresor; y cuando ste, responde con ataques inesperados y sorpresivos. Para evitar todo esto es imprescindible organizarse con anterioridad.


4.- Capacidad burguesa para pudrir las luchas:

Sobre la cuarta razn, hay que decir que si bien el exterminio sangriento, el terrorismo, es la ltima garanta de la civilizacin del capital, no es menos cierto que la burguesa experimentada prefiere antes desgastar, desorientar y desunir a las clases explotadas mediante una astuta maquinacin en la que intervienen las concesiones puntuales, el prstamo del gobierno a la izquierda --nunca ceder el Estado y menos el ejrcito--, etc., a la vez que la represin selectiva del sector ms radical y consciente. Las luchas ludditas de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, tuvieron un nivel de organizacin interna bastante adecuado para las condiciones de su poca, aunque al final fueron derrotadas no tanto por la represin, con sus asesinaros incluidos, sino sobre todo por las innovaciones realizadas por la burguesa. El luddismo destrua las mquinas de vapor que condenaban al paro y a la miseria a miles de familias trabajadoras, y hasta quemaba los talleres, obligando a muchos empresarios a trasladarse a otras regiones menos combativas para instalar sus negocios: un anuncio de las deslocalizaciones tan famosas ahora. Pero la burguesa britnica aprendi que era mejor dirigir de forma imperceptible la radicalidad obrera y popular hacia la trampa institucional, parlamentaria, en la que el movimiento obrero poda conquistar reivindicaciones importantes pero nunca decisivas a la larga, y menos an, irreconciliables con la propiedad burguesa, con su Estado de clase y con su ejrcito. Lo mismo aprendi la alemana cuando vio que la represin policial y judicial de finales del siglo XIX, y las leyes represivas posteriores, no detenan el fortalecimiento de la socialdemocracia.

La organizacin poltica formada por militantes terica e histricamente preparados, es imprescindible para superar estos y otros peligros. No se superan con la justa ira espontnea, ni con el voluntarismo ignorante, al contrario, esto facilita la victoria burguesa. Cuanto ms poder institucional logra la izquierda, concejales, alcaldes, diputados, senadores, ministros, consejeros en empresas y bancos privados, supervisores en instituciones y empresas pblicas desde hospitales hasta universidades, etctera, ms riesgo existe de que termine cayendo en la trampa burguesa. Un dato extremadamente inquietante por cuanto irreversible, es que esa izquierda asuma pequeas pero simblicas tareas represivas cedidas transitoriamente por el poder que antes torturaba, encarcelaba y mataba a esa izquierda. Recordemos al PC italiano reprimiendo a la izquierda revolucionaria en los 70 y 80. Otro dato es el surgimiento de pequeas corruptelas econmicas, polticas y ticas que irn creciendo como un pestilente cncer, sobre todo en la medida en que nadie controle a los arribistas y chuppteros que se acercan a la izquierda victoriosa para enriquecerse y lavar su conciencia. Recordemos el miedo de los griegos a poder corruptor del oro persa, que pudra incluso a algunos famosos espartanos. La sntesis entre burocracia, reformismo y corrupcin desintegra a las organizaciones, sobre todo cuando han renunciado pblicamente a decisivas seas de identidad. Recordemos al PC espaol aceptando la monarqua instaurada por Franco. Contra esta fuerte tendencia objetiva tan confirmada por la historia, slo se le puede oponer una eficaz y muy preparada organizacin militante.


5.- Tendencia a la burocratizacin de la izquierda:

Sobre la quinta razn, hay que decir que si bien est estrechamente relacionada con la razn anterior, la cuarta, tambin tiene operatividad propia. Una lucha revolucionaria puede burocratizarse aunque no gire al reformismo y no sea desintegrada en el sistema institucional dominante, pero s es necesaria la burocracia para que triunfe el reformismo porque siempre, en mayor o menos grado, surge el debate interno sobre el reformismo entre las corriente a favor o en contra. La burocracia es imprescindible trampear o reprimir el debate a favor de las tesis reformistas. El marxismo fue consciente de la tendencia objetiva al burocratismo desde su mismo origen, y el transcurso de las luchas no hizo sino aumentar esa preocupacin sobre todo desde que la socialdemocracia se convirti en un enorme partido de masas. Sin embargo, Lenin tard ms tiempo que Rosa Luxemburgo, que Trotsky y que otro en percatarse del riego objetivo de burocratizacin. Pero una cosa es la tendencia objetiva, que no tiene por qu realizarse dependiendo de las medidas que se tomen y del tipo de organizacin que se desarrolle; y otra cosa es el determinismo absoluto consistente en la ley de hierro de la burocracia sostenido por Mitchell siguiendo las tesis de Mosca y Pareto, y por otro lado, las afirmaciones anarquistas que ven la paja en ojo ajeno pero no la viga en el propio.

La burocracia tiene races objetivas en toda sociedad en la que la divisin del trabajo intelectual y el fsico est deliberadamente potenciada por la clase dominante. En toda sociedad en la que la obediencia, la sumisin y la credulidad en el poder son parte de la sntesis social, de la matriz social. La tendencia a la burocracia se refuerza cuando la vida poltica adquiere velocidad y complejidad, cuando no hay tiempo para consultar a las bases, etc.; en estos casos el sustitucionismo y el delegacionismo abren la puerta a la burocratizacin. En contra del tpico y de la creencia sin base histrica, son las grandes formaciones parlamentaristas y los pequeos grupsculos dirigidos por un lder carismtico, los que primero se burocratizan, mientras que las organizaciones militantes resisten bastante ms. La causa radica en que estn formadas por luchadores conscientes de sus derechos, de la necesidad del debate riguroso, del enorme riesgo para el futuro de las decisiones tomadas precipitadamente sin la mnima o con una insuficiente discusin, y de la diferencia insalvable entre credulidad y credibilidad. Crdulo es el idealista que tiene fe en lo indemostrable, en la promesa del dirigente que nunca puede ser criticado; la credibilidad consiste en dar un tiempo justo de confianza a las decisiones de la direccin asentadas en la experiencia, honradez y coherencia contrastadas a lo largo de los aos y contrastables en todo momento mediante el debate democrtico.


6.- Tendencia al corporativismo economicista del sindicalismo:

Sobre la sexta razn, hay que decir que surge de la propia esencia de la explotacin capitalista y de los lmites de la conciencia sindical que gira casi exclusivamente alrededor de las mejoras salariales y laborales, casi nunca sociopolticas y menos an revolucionarias. CC.OO. y UGT en el Estado espaol son un ejemplo incuestionable. Otros sindicatos no han cado tan bajo pero son realmente muy pocos los sindicatos luchadores precisamente durante la actual ofensiva salvaje del capital contra el trabajo, y menos lo que fusionan su accin laboral con otra sociopoltica orientada a la superacin histrica de la dictadura del salario, como en debe ser. Fue Rosa Luxemburgo la que en 1906 hizo una de las ms razonadas y radicales denuncias de la burocratizacin economicista del sindicalismo habido hasta ese momento. La conciencia economicista de la clase obrera surge de la invisibilidad de la explotacin que sufre tanto por el fetichismo como por la creencia de que tiene los mismos derechos que el empresario, lo que le lleva a creer que con el simple aumento salarial y con mejoras laborales se pondr a la altura del empresario, viviendo como l y teniendo el mismo o ms poder. Pero como la explotacin asalariada destroza la salud y reduce el tiempo libre hasta casi la nada, el obrero, minado ya por la divisin entre el trabajo intelectual y el fsico, asume como normal que el sindicato sea dirigido por los especialistas, por los que saben de leyes y tienen sus despachos justo al lado de los del patrn, con el que almuerzan frecuentemente.

El sindicalismo sociopoltico necesita de militantes obreros tericamente formados, que sepan que son esclavos asalariados de por vida, hasta que se mueran o hasta que acaben con la dictadura del salario. Pensar esto y conocer su lgica exige de una formacin terica y poltica que solamente puede obtenerse mediante una organizacin revolucionaria. Ms an, el militante obrero ha de tener una especial cualidad tica que le ayude a mantener su lucha. La esclavitud asalariada vuelve extremadamente dependientes y vulnerables a las personas al carecer de otro recurso vital que el salario. La burguesa conoce esa debilidad estructural y chantajea, soborna o atemoriza a los sindicalistas y obreros cuando les falta una tica revolucionaria. Pero si ya es difcil aprender la teora y mantener una lucha sindical, todava lo es ms superar la tica burguesa sustituyndola por la tica marxista. Sin una organizacin que facilite esa emancipacin personal y colectiva es casi imposible lograrlo.


7.- Tendencia a estancamiento y retroceso de los movimientos populares y sociales:

Sobre la sptima razn, hay que decir que es todava ms aplastante que la anterior. A diferencia del sindicalismo, que est ms o menos presente en la explotacin asalariada porque sta abarca toda la vida laboral, los movimientos sociales y populares son voluntarios, sufriendo altibajos y con una clara dinmica de sustitucionismo de las bases por la direccin sobre todo en los perodos de reflujo de las movilizaciones. Un ejemplo lo tenemos en el bluf de las ONGs, de los movimientos antiglobalizacin, de los Foros Sociales, y del bajn espectacular hasta casi su desaparicin de los nuevos movimientos sociales, contestatarios y de contra cultura de los 60 y todos los 70. Le experiencia de los verdes es concluyente: absorbidos por el imperialismo alemn. Una de las causas es la propia fugacidad del movimiento estudiantil y juvenil, base frecuente de lo anterior, que estalla en determinados momentos pero que se agota por simple ley biolgica y por las innovaciones represivas del Estado burgus.

La permanentizacin de ncleos revolucionarios en el interior de los movimientos es una de las tareas decisivas de la teora de la organizacin tal cual la expuso Lenin a comienzos del siglo XX, que no haca sino trasladar a las condiciones represivas zaristas lo que ya era una reflexin comn en las izquierdas de otros pases, aunque no tan sistematizada tericamente. Lo bsico de esta aportacin sigue siendo ms actual ahora que entonces por la multiplicacin de los mecanismos burgueses de represin, desactivacin y desintegracin de los movimientos. La dialctica entre espontaneidad y organizacin aparece aqu con todos sus matices enriquecedores, y con la advertencia clara de los dos riesgos mortales: la burocratizacin y el reformismo que crecen en los movimientos si no existen en su interior ncleos militantes y an as el problema sigue existiendo.


8.- Efectos alienadores y disgregadores del capitalismo:

Sobre la octava razn, hay que decir que abarca a la totalidad de los puntos anteriores y nos lleva a un debate crucial del que hemos adelantado puntos concretos. Se trata del poder del capital para crear una sociedad sectorializada, dividida y pulverizada en micropartculas egostas e individualistas totalmente aisladas entre ellas y slo conectadas mediante los medios que el propio capital impone y determina, los suyos, que refuerzan esa multidivisin grupuscular. La realidad, que es una totalidad de contradicciones en lucha, aparenta desaparecer en un informe caos de egosmos ferozmente individuales. La sociobiologa, el genetismo y el darwinismo social refuerzan cientficamente esta creencia. A lo sumo que se llega, es a aceptar que cada partcula, cada ciudadano, tiene exclusivamente derechos individuales que debe negociar y transaccionar individualmente con el ciudadano patrn, con el ciudadano juez, etc., siempre aceptando la mxima hobbesiana de que el hombre es un lobo para el hombre. Es cierto que los movimientos sociales, el sindicalismo y otros grupos mnimamente organizados luchan contra esta realidad pero insuficientemente por razones obvias.

De nuevo, la organizacin militante aparece como una necesidad imperiosa para mostrar que la realidad es ms cruda y peor que la versin hobbesiana. El hombre no es un lobo para el hombre, sino un mercader, que es infinitamente peor: homo hominis mercator. El naturalismo inherente a la mxima homo hominis lupus no puede mostrar la brutal explotacin del capitalismo. Aprender que el ser humano reduce a mercanca a otro ser humano, comprndolo, vendindolo y explotndolo, exige de la praxis revolucionaria, de la dialctica entre la accin y el pensamiento en el interior de los conflictos y siempre en un marco organizativo. Solamente en el fragor cotidiano de la lucha contra la opresin puede el ser humano conocer la verdadera naturaleza del capitalismo. La intelectualidad acadmica gira tan rpidamente al reformismo o a la derecha, porque, entre otras cosas, siente horror a la militancia organizada. Otro tanto hay que decir de sectores estudiantiles que, siendo progresistas, creen que basta con estar al tanto de las ltimas modas intelectuales. La organizacin leninista debe y puede aportar una praxis crtica totalizante de la inhumana mercantilizacin burguesa, aunque los meritorios esfuerzos individuales pueden llegar a disponer de una percepcin bastante amplia del problema, si bien unilateral y tendente al individualismo sectario al no ser contrastada por la praxis crtica colectiva que slo la garantiza una organizacin revolucionaria.


9.- Efectividad de la represin:

Sobre la novena razn, hay que decir que se parte de una teora amplia de las violencias y de las represiones, no reducindolas a la accin judicial y policial, sino considerando la totalidad de mecanismos de intimidacin, miedo y represin. La seguridad es una preocupacin constante desde que existe la lucha contra la opresin. La insurreccin de los esclavos cartagineses en varias ciudades itlicas en el -199 fue abortada y masacrada por la delacin de dos esclavos. El campesinado chino se defenda mediante sectas secretas algunas de las cuales eran slo de mujeres, de monjas. A mediados del siglo XVI las lites mayas supervivientes al terrorismo espaol se organizaron clandestinamente para transcribir en papel la cultura de su pueblo, el Popol Vuh, que estaba al borde de la extincin. La seguridad organizativa lo mantuvo a salvo hasta 1701. Blanqui tard varios aos en encontrar un efectivo sistema de seguridad para su organizacin. Marx y Engels siempre mantuvieron una vida oculta que garantizaba relaciones seguras con organizaciones perseguidas y con personas influyentes que haban militado en la revolucin, y que les suministraban desde informaciones muy valiosas hasta pasaportes, documentos, dinero, etc., para ayudar a quien sufriese represin.

Pero la seguridad por la seguridad, sin un contenido poltico, no garantiza el desvo reformista. Durante la clandestinidad, la socialdemocracia alemana tena la clebre y efectiva Mscara de Acero, que aseguraba el envo de propaganda, la celebracin de los Congresos, etc., pero que no pudo evitar ni la burocratizacin ni el reformismo. Por el contrario, la direccin bolchevique saba que su representante en la Duma zarista era un agente de la polica, aun as lo mantuvo vigilado porque, segn Lenin, el efecto poltico de sus discursos era ms beneficioso que las pocas delaciones que poda hacer. Obviamente, la seguridad es imprescindible en una dictadura y tambin bajo una democracia burguesa restringida y vigilada, pero su necesidad no desaparece en lo bsico ni incluso en una democracia burguesa muy tolerante. En este caso debe adquirir tres formas bsicas: una, seguridad financiera y de recursos porque una organizacin hipotecada con deudas es una organizacin atada polticamente; dos, seguridad en sus cargos de responsabilidad, fcil de comprender; y tres, seguridad en la rectitud tica y poltica de sus militantes, que sustenta a las dos anteriores. Se mire por donde se mire, la mejor forma de garantizar la seguridad es la organizacin revolucionaria, y no siempre ni automticamente.


10.- Sntesis y confirmacin histrica:

Y la dcima razn, sntesis de todas las anteriores, vamos a exponerla presentando cuatro experiencias histricas. La primera trata sobre la necesidad del centralismo democrtico, del que tal vez tengamos uno de los primeros ejemplos histricos en el relato que hace Jenofonte tras la asamblea de los 10.000 en la que analizan las consecuencias de haber perdido a los generales. Jenofonte explica que los nuevos mandos elegidos democrticamente han de ser ms rectos y honrados que los anteriores, y que las tropas han de aplicar las decisiones tomadas despus de haberlas debatido y decidido colectivamente con toda diligencia y eficacia, sabiendo que cuando surjan nuevos problemas debern reunirse de nuevo para debatirlos, decidir y practicar lo decidido. Libertad plena de debate colectivo, garantizada por las medidas de seguridad adecuadas --los griegos no debatieron lo anterior bajo las flechas enemigas, sino en un lugar seguro y a prueba de odos peligrosos--, y aplicacin conscientemente asumida de las decisiones tomadas en el debate. Sin duda, este mtodo, junto a otros, fue el que garantiz su victoriosa vuelta a la Hlade. No se ha inventado un mtodo mejor, y, como veremos, las nuevas tecnologas de la informacin pueden mejorarlo pero nunca sustituirlo.

La segunda es la necesidad de una permanente lucha terica, filosfica, poltica, etc., no slo contra la ideologa burguesa sino tambin contra sus servicios secretos dedicados a la lucha propagandstica e ideolgica. Los servicios secretos britnicos, por poner un solo ejemplo, tenan una larga lista de famosos escritores en su nmina: Daniel Defoe era uno de ellos, adems de periodistas y criminales del hampa que escriban textos falsos atribuidos luego a los irlandeses armados o a otras organizaciones. Los fondos de reptiles existieron en Roma y ahora mismo, en la CIA y en todo Estado burgus. Cuando tienen el apoyo del reformismo, el resultado de su trabajo puede ser demoledor. Un ejemplo de manipulacin burguesa disfrazada de progresismo es el de los batallones rojos mexicanos formados por obreros que pelearon contra las masas campesinas revolucionarias entre 1910 y 1917. Fueron convencidos con argumentos falaces y eurocntricos, no exentos de rechazo al atraso campesino y a los salvajes indios. Vencida la revolucin, la burguesa desarm los batallones rojos, incumpli las promesas que haba hecho, redujo las libertades que todava existan y aument la represin. Podemos imaginar con cierta plausibilidad que si hubiera existido una organizacin marxista slidamente formada e implantada, no se hubiera cometido semejante error, o al menos hubiera sido mucho menor.

La tercera es la del mito de la omnipotencia de Internet, de las redes sociales, de las movilizaciones convocadas mediante telfonos mviles, twitter, etc. Al igual que con otros avances tecnocientficos, los rboles no deben ocultarnos el bosque, que es lo decisivo. El debate ya aparece en Marx cuando analiza los contradictorios efectos del telgrafo, que luego, junto al ferrocarril y el telfono, fueron decisivos en las revoluciones mexicana y bolchevique. Internet ha facilitado la recuperacin de las izquierdas mundiales desde finales del siglo XX, y el uso en red de la telefona mvil es un arma que ha cosechado algunas victorias. Todo esto es cierto, pero existen tres preguntas que debemos responder: cmo maximizar sus potencialidades?, de quin son esos medios?, y qu haremos cuando el capital nos los cierre? Cuando surgi la imprenta, el Vaticano y el resto de poderes se lanzaron a controlar su uso, establecindose una batalla que todava se libra. La prensa diaria la invent el cardenal Richelieu, y Napolen cerr la mayora de los peridicos para aumentar su poder. Sabemos que los Estados pueden cerrar Internet, bloquear la telefona mvil, etc., cuando quieran, sumergindonos en el silencio informativo. Qu hacer entonces? La respuesta pasa por el debate sobre la organizacin militante: es la prctica personal, el contacto cara a cara, la conversacin y el debate en la prctica lo que maximiza el potencial de los nuevos medios, y el que confirma las relaciones establecidas electrnicamente. Sin la prctica en la calle, Internet degenera en el ciberizquierdismo sin realidad material. Es la lucha organizada la nica que puede crear redes capaces de aguantar durante ms tiempo las censuras y cierres, y la nica capaz de pensar lo que hay que hacer bajo el silencio informativo, activando otros medios ya pensados con anterioridad.

Y la cuarta y definitiva es la confirmacin histrica del argumento central: tarde o temprano se agudizarn las contradicciones sociales, volvern las luchas y la burguesa endurecer su poltica. No es determinismo catastrofista, sino conocimiento de la evolucin burguesa entre expansiones y crisis. Conforme se gesta, expande e intensifica la crisis, la necesidad de la organizacin revolucionaria se vuelve impostergable, pero la solucin de este problema que puede llegar a ser decisivo, depender de cmo se haya actuado en los tediosos perodos de calma y normalidad, cuando algunos generalizan la idea errnea de que ha desaparecido la explotacin o de que se ha suavizado tanto que ya no son necesarias caducas teoras. Si ningn colectivo ha mantenido vivo el embrin organizativo la burguesa apenas encontrar resistencias organizadas y menos an programas revolucionarios que faciliten el salto del malestar social a la conciencia poltica dentro de un programa de transformacin socialista. La derecha campar a sus anchas, sabedora de que tiene muchos recursos para impedir que la indignacin de una minora se transforme en rebelin de la mayora. La derecha sabe por experiencia propia que uno de los peores peligros para su sistema es el crecimiento de organizaciones revolucionarias, las nicas que pueden actuar como mediaciones entre la indignacin y la rebelin.




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