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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2011

Hay Sol al final del tnel?
Construyendo brechas en la Europa del ajuste estructural

Miguel Romero
Viento Sur


Prlogo

Hoy es viernes 20 de mayo. Son las nueve de la noche. A esta misma hora, en la Puerta del Sol de Madrid y en otras plazas de un centenar de ciudades del Estado espaol, decenas de miles de personas manifiestan su indignacin contra la dictadura de los mercados y un sistema poltico al que niegan su supuesto carcter representativo, y comparten la esperanza en otra sociedad y otra poltica, que algunos llaman democracia real y otros revolucin.

El entusiasmo excusa las abundantes hiprboles sobre el movimiento que se inici en Madrid el 15 de mayo. Se han llegado a hacer analogas con la toma de la Bastilla, con la Comuna de Pars o con la Plaza de Tahrir.

No estamos, por supuesto, ante una revolucin, aunque quizs s ante deseos de que una revolucin barra el viejo mundo capitalista.

Con los pies en tierra, los dieciocho das, 846 muertos, miles de heridos y detenidos de la Plaza de Tahrir frente a una dictadura sanguinaria hasta lograr la cada del dictador, constituyen una de las gestas ms heroicas de nuestra poca. Lo que estamos viviendo en mi pas es nada ms, y nada menos, una sublevacin de indignacin ciudadana, un grito colectivo de basta ya!, en el que ciertamente, se escuchan ecos de las revoluciones rabes:

-por ejemplo, la ocupacin de un espacio pblico para que sea efectivamente un espacio pblico, no simples lugares de trnsito de consumidores y paseantes ensimismados; pequeas ciudades alternativas, basadas en la convivencia, el intercambio de ideas, el reconocimiento de los intereses, amigos y enemigos comunes, aldeas de la ciudad futura;

-tambin, la potencia organizativa de la comunicacin por medio de redes sociales, que permite compartir informaciones y opiniones comprimiendo el tiempo y el espacio, de una manera instantnea y cercana, catica sin duda, pero adecuada al movimiento que est surgiendo, plural y diverso, en especial a su mayoritaria componente joven, para la cual la red es una forma de relacin social natural;

-en fin, la superacin y el rechazo del miedo, que se va a poner a prueba esta medianoche, cuando empiece a regir la prohibicin de la Junta Electoral Central de las acampadas y la exigencia de que sean desmanteladas por la polica. La gente del 15-M, nombre que se da al movimiento recordando su fecha de nacimiento, ha dicho ya que no se movern. Y no se movern.

Estos ecos parecen, y ojal sean, hilos de un internacionalismo del siglo XXI hecho de aprendizaje y fraternidad, que no transmite programas ni consignas, pero s impulsos a la imaginacin, esa potencia revolucionaria tan olvidada y tan necesaria, especialmente para abrir caminos all donde parece que no existen. Me dicen que hoy mismo decenas de personas se han concentrado en Ginebra en solidaridad con el movimiento del 15-M; acciones similares estn sucediendo en otros lugares del mundo, escuchando tambin los ecos que llegan de las acampadas de mi pas, como un mensaje en la botella lanzado al mar del capitalismo que dice: haced como nosotras y nosotros. Por fin, hay mar de fondo y se acercan tormentas.

El movimiento del 15-M ha conquistado en apenas unos das una enorme legitimidad desobedeciendo a las normas establecidas, ejerciendo derechos sin preguntarse si cuentan o no con la autorizacin de los poderes y las normas que rigen la servidumbre ciudadana de todos los das. Aqu reside, a mi parecer, el valor ms importante de la experiencia que estn viviendo miles de personas. Por eso, no hay que considerarlo como un hermoso pero efmero fuego de artificio: es una linterna duradera que nos muestra brechas que antes no veamos.

Es tambin un despertador que interpela a la sociedad, que le plantea problemas polticos reales, ms all de los aburridos ritos de las campaas electorales. Desde el 15 de mayo, pese a que nos encontramos en plena campaa de elecciones municipales y autonmicas, ha sido el movimiento y no las campaas de las candidaturas el protagonista de la actualidad poltica.

Nos interpela tambin a las vanguardias, felizmente desbordadas por un acontecimiento imprevisible, para el que no hay respuestas en los libros, en el que se trata por encima de todo de aprender y participar, procurando que el entusiasmo compartido no evite mirar de frente al movimiento real, sin teorizar demasiado cuando apenas acaba de nacer.

Cada movimiento social construye su propia gramtica. Podemos entender con mayor o menor dificultad las gramticas de ecologismo, el feminismo, el sindicalismo Pero an no podemos entender bien la gramtica de este nuevo movimiento porque se est construyendo ahora mismo, entre consensos y conflictos que no sabemos cmo concluirn, ni siquiera si concluirn, en un movimiento social articulado.

En todo caso, ahora el 15-M es ahora ciertamente el movimiento real que critica el orden existente; o si se quiere, el anticapitalismo social realmente existente. Tiene ante s, sin duda, un futuro difcil muy exigente. Pero podemos decir con confianza que ya nada ser como antes y todo ser mejor que antes.

I.

He querido empezar con una noticia esperanzadora, porque hay pocas razones para la esperanza en los pases que son el tema que se me ha asignado: Portugal, Irlanda, Grecia y Espaa, tres de ellos sometidos ya a planes de rescate de la brbara troika: FMI, Unin Europea, Banco Central Europeo, y el cuarto, mi pas, en una frontera movediza que puede hundirle en los prximos meses en una situacin similar, a voluntad de los mercados. Uno de esos bufones que llenan las pginas de opinin de los grandes medios tuvo la ocurrencia de bautizar a estos cuatro pases como PIGS, o sea cerdos. El cerdo es un simptico animal, especialmente generoso con la alimentacin humana. Si se quiere utilizar su nombre como un insulto despectivo, habra que aplicarlo a esa troika de agentes de las finanzas mal disfrazados de servidores pblicos, o bien a sus dirigentes en ejercicio, o recientemente dimitidos.

Se habla de ayuda, de planes de rescate. Rescate? El Bloco de Esquerda ha denunciado muy claramente el contenido de estos planes: de los 78.000 millones de euros de la supuesta ayuda, 12.000 estn destinados a los bancos portugueses; 50.000 a los acreedores extranjeros, en su mayora grandes grupos financieros europeos; adems los intereses de la ayuda costarn al pueblo portugus, 30.000 millones de euros en intereses.

As, a la vez que se destruye el Estado del Bienestar para la poblacin, se ha creado un Estado del Bienestar para las finanzas, cuyo coste pagan las clases trabajadoras con paro, rebajas salariales, recortes de los servicios pblicos y prdida de derechos sociales.

El paro es el problema social ms grave de estos pases: la tasa est entre el 16% de Irlanda y el 20% de Espaa; es mucho ms elevada para los jvenes: por encima del 45% en Espaa. Se comprende bien la naturaleza de estas ayudas cuando se comprueba que en Grecia, que soporta ya un ao de rescate, se destruyen 1.000 empleos diarios. Nadie duda que procesos similares se vivirn en estos pases durante largos aos, si no se logra imponer una resistencia eficaz a esta versin europea de los nefastos planes de ajuste estructural que asolaron bajo las riendas del FMI tantos pases del Sur en los aos 80.

En estas condiciones, lo extrao no son las acampadas de las plazas de mi pas. Lo que debera extraarnos es que hayan tardado tanto y no se extiendan ya por toda Europa.

II.

Por qu no se han producido estallidos sociales importantes, cuando van a cumplirse ya tres aos de la mayor crisis capitalista en un siglo? Propongo para el debate algunas ideas, que pueden servir despus para orientar las tareas.

En primer lugar, la crisis avanza socialmente como una inundacin lenta, aunque constante, que se va extendiendo de abajo hacia arriba y que ya empieza a afectar seriamente a los sectores sociales de consumidores solventes, que an se consideran a salvo de ella y que son la base de estabilidad social y econmica del sistema; en los pases que estamos considerando estos sectores representan entre un 30 y un 40% de la poblacin.

Considerarse a salvo significa fundamentalmente tener ingresos que permiten comprar en el mercado los servicios y derechos sociales que las polticas de ajuste van eliminando para la mayora de la poblacin. A medida que esta capacidad de compra se deteriore, se irn valorizando los servicios y derechos sociales perdidos. Tendern as a debilitarse los consensos sociales activos que sostienen al sistema y se abrirn posibilidades de convergencia entre una parte de estos sectores sociales y las clases trabajadoras que sufren ya los efectos de la crisis con toda su dureza.

En segundo lugar, la mayora de la poblacin est ya seriamente afectada por la crisis, pero no cuenta con herramientas de lucha social y poltica para hacerle frente. Por ello no se reconoce a s misma como un sujeto colectivo, con una clara conciencia de quien es el adversario y con la conviccin de que posible enfrentarse a l y vencerle. En estas condiciones, se desarrolla un malestar fragmentando; las vctimas de la crisis se agrupan en bolsas que no se relacionan entre s, no tienen experiencias continuadas de accin comunes, carecen de expresin poltica que dirija su desesperacin y su rabia contra el capitalismo y estn desprotegidas frente a la demagogia de la derecha y la extrema derecha. Despus de treinta aos de neoliberalismo, con sus efectos devastadores no slo sociales y polticos, sino tambin ideolgicos y morales, la dinmica dominante del malestar social no se dirige naturalmente hacia la izquierda. Hay ya numerosas pruebas de que puede beneficiar a la derecha y a la extrema derecha, aunque en el caso de estos cuatro pases, la extrema derecha no tenga, an, una expresin poltica autnoma significativa. Puede considerarse una paradoja, pero la realidad es que, en la ms grave crisis capitalista, para construir una alternativa anticapitalista hay que remar contra la corriente.

En tercer lugar, las organizaciones llamadas en primer lugar a defender los intereses de las vctimas de la crisis son las instituciones de la izquierda: sindicatos mayoritarios y partidos parlamentarios. Su rotundo fracaso contribuye decisivamente a la desmoralizacin y desorientacin de las clases trabajadoras.

Es cierto que los sindicatos mayoritarios son imprescindibles para organizar movilizaciones y huelgas generales, o que intentan serlo. De hecho, las han organizado en Portugal, Espaa y hasta en diez ocasiones en Grecia. Son adems las organizaciones sociales ms numerosas en sus pases: hasta 40% de afiliacin en Irlanda, 22% en Grecia, 20% en Espaa, 16% en Portugal. Pero han sido incapaces, desde hace ms de treinta aos, de resistir al avance del capitalismo neoliberal. Han ido desarrollando y consolidando as una cultura de la negociacin a la baja, abandonando a la gente ms vulnerable: hombres y mujeres en paro, inmigrantes, jvenes en empleo precario Una consecuencia clarificadora de estas polticas es la cada de cinco puntos, por trmino medio, de la participacin de los salarios en la renta nacional en la ltima dcada. No tienen ni la voluntad poltica, ni ya tampoco la conciencia y la tensin militante para protagonizar la lucha por una alternativa a la dictadura de los mercados. As se entiende que en una encuesta publicada recientemente por el peridico El Pas, sobre la confianza de la ciudadana en organizaciones e instituciones, los sindicatos estn al final de la escala, por debajo de los bancos, y slo por encima de los partidos polticos y las multinacionales.

En cuanto al sistema poltico, se basa en un bipartidismo turnante, en que la derecha y los partidos llamados socialistas (en el caso irlands, la alternativa est entre dos partidos nacionalistas de centro-derecha, Fianna Fil y Fine Gael) se reemplazan peridicamente. En condiciones de crisis econmica, pierde las elecciones la fuerza que gobierna (quizs pueda haber una excepcin el 5 de junio en Portugal) sin que ello signifique desplazamientos polticos significativos de la poblacin a la derecha o a la izquierda, ni cambios respecto a las orientaciones econmicas fundamentales /1.

En fin, la izquierda anticapitalista no avanza donde haba alcanzado un peso poltico importante (Portugal, Grecia) y sigue lejos de alcanzar el nivel de referente poltico en Irlanda y en el Estado espaol; en Irlanda, la oposicin popular a la poltica de ajuste se ha dirigido al partido nacionalista Sinn Fein. Si relacionamos estos datos con la difcil situacin del NPA en Francia y los sucesivos retrocesos electorales de Die Linke en Alemania, mientras avanzan los Verdes, el panorama no admite una interpretacin general simple porque el Bloco, el NPA, Syriza o Die Linke, por referirnos a las organizaciones ms grandes, desarrollan polticas muy diferentes, pero ninguna est permitiendo avanzar- e invita a una reflexin a fondo y prolongada, preferentemente en un marco europeo.

III.

Como una contribucin muy elemental a esa reflexin, propongo algunos temas:

En primer lugar, siguiendo una idea muy atractiva de Alain Bihr, los partidos gobernantes, cualquiera que sea su orientacin poltica no buscan ya prioritariamente la legitimacin de la poblacin, sino la de los mercados. En estas condiciones, el repertorio tradicional de acciones de masas de protesta (grandes manifestaciones, huelgas generales) en s mismas, es decir cuando no forman parte de planes de lucha ms amplios y prologados, apenas les afectan. Hay que pensar en nuevos repertorios.

En segundo lugar, las polticas de ajuste aparecen ante las poblaciones como mandatos imperativos sobre los que no hay capacidad de influir por los procedimientos legalmente establecidos, sean votos en elecciones o huelgas y otras acciones que aceptan los marcos legales, cada da ms restrictivos y adaptados a los intereses de las instituciones de la izquierda.

En tercer lugar, la magnitud y multiplicidad de las agresiones (empleo, jubilaciones, cuidados, polticas energticas, servicios pblicos, privatizaciones, flujo de fondos pblicos al sector privado directa o indirectamente determinados por el ajuste estructural) hace poco crebles los objetivos de reforma sobre problemas particulares y plantea las alternativas como necesariamente globales, aunque no necesariamente anticapitalistas. En condiciones de dbil relacin de fuerzas estas alternativas, incluso una versin actualizada de un programa de reformas tipo Estado social, aparecen inalcanzables.

En cuarto lugar, la ausencia de resultados de las luchas debilita la confianza en la accin colectiva. Un proceso de acumulacin de fuerzas tiene que basarse en xitos parciales.

En conclusin, el conjunto de estos factores confluye en la ausencia de expectativas de cambios positivos en la mayora de la poblacin. Se confirma as la vigencia del lema neoliberal: No hay alternativas, no en sentido programtico, pero si en cuanto a las posibilidades de cambiar significativamente el curso de la situacin. El desafo est en cmo conseguir que objetivos que las clases trabajadoras consideran justos, sean considerados tambin posibles. Slo as las mayoras sociales vctimas de la crisis capitalista creern, o volvern a creer, en la utilidad de la lucha.

IV.

Qu hacer, cmo hacer? Slo la experiencia de nuevas luchas sociales puede revelarlo. Como mximo, podemos considerar algunas pistas muy generales y que intentan ser razonables:

En primer lugar, los problemas son urgentes, pero las alternativas y las relaciones de fuerzas para afrontarlos tienen que enfocarse a medio plazo. Esta discordancia de tiempos aconseja priorizar campaas con cierta estabilidad y de carcter ampliamente unitario. Para ello es fundamental evitar los consensos obligados y aprender a gestionar democrticamente desacuerdos y conflictos inevitables.

En segundo lugar, hay una gran coincidencia en la izquierda social y poltica sobre importantes reivindicaciones bsicas (poltica fiscal, empleo, oposicin a la energa nuclear, servicios sociales: sanidad, educacin, cuidados ); el problema est en dotarlas de credibilidad y apoyo social. En este sentido, podra ser muy til una campaa comn a medio plazo: por ejemplo, las auditoras de la deuda, que afecta a una cuestin central de la poltica econmica, puede servir de puente para relacionar problemas inmediatos con objetivos anticapitalistas y puede alcanzar una legitimidad social amplia.

En tercer lugar, es necesario ampliar el repertorio de acciones, atendiendo sobre todo a las nuevas formas de lucha que se crean abajo: por ejemplo, las actuales acampadas; tambin, las experiencias de bloqueo de funcionamiento de la economa en las huelgas de Francia de octubre del ao pasado. Este tipo de acciones desbordan la legalidad y tienen que protegerse frente a la represin policial, que constituye ya un problema gravsimo en Grecia, y judicial. Conseguir una fuerte legitimidad social para la desobediencia es la primera condicin.

En cuarto lugar, habra que basar el sentido de la izquierda poltica anticapitalista en la poltica a medio plazo. La reflexin y los debates sobre problemas tericos y estratgicos son necesarios, pero no contamos con la imprescindible base de experiencias prcticas actuales para poder vincularlos con la poltica concreta. Precisamente, una de las mayores dificultades para la poltica anticapitalista est en encontrar puentes con eficacia prctica, que relacionen las resistencias y las indignaciones ya presentes con los objetivos futuros de derrocar al capitalismo. Por ello, habra que evitar lo que podramos llamar una huda estratgica, en el sentido de sustituir con debates conceptuales y analogas histricas la dificultad para desarrollar polticas concretas, orientadas a medio plazo.

Finalmente, hacen falta objetivos fuertes, que den sentido a las necesarias resistencias inmediatas. Pero hay que saber medir bien los tiempos. Por ejemplo, entre esos objetivos, me parece especialmente importante romper el actual mapa poltico de la izquierda. Un proyecto, que aspire a ser socialmente creble para hacer frente a la crisis capitalista defendiendo los intereses de las clases trabajadoras, debera incorporar la necesidad de crear una fuerza poltica que ponga fin a la mayora poltica de los partidos socialistas en el pueblo de izquierdas y al rgimen bipartidista de partidos turnantes. Pero si este objetivo se enfoca como una tarea inmediata, sin contar con la necesidad previa de construir una relacin de fuerzas social potente -que no parece existir en ninguno de los pases que estamos considerando- que lo sostenga y le d credibilidad, puede convertirse en un slogan de propaganda vaco o una operacin tctica sin futuro.

V.

Vuelvo, para terminar, a las acampadas. Sera aventurado prever que conseguirn convertirse en un movimiento social con proyeccin a medio plazo, capaz de confluir y articularse con otros movimientos: feminista, ecologista, sindicalismo militante Algo que incluso pueda llegar a sustituir a escala internacional al moribundo movimiento altermundialista. Quizs slo llegue a ser, durante un tiempo, la expresin activa de sentimientos y aspiraciones muy ampliamente compartidas, pero difcil de formular en trminos concretos con acuerdo colectivo. En todo caso, para la izquierda anticapitalista -al menos, pero creo que no slo, en el Estado espaol- es vital estar all dentro, compartiendo experiencias, debates, esperanzas

Cmo estar all dentro? Parafraseando al Manifesto Comunista, sin tener intereses propios que nos separen del movimiento; teniendo como nica distincin propugnar siempre los intereses del conjunto del movimiento y su dimensin internacional. As buscaremos convertir la indignacin individual de tanta gente en la lucha colectiva por la dignidad. Finalmente, ste es ahora un buen resumen de la poltica anticapitalista.

20/5/2011

 

Notas:

1/ He desarrollado estas ideas en una crnica sobre la elecciones del 22 de mayo en el Estado espaol: Arriba y abajo.

http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/?x=3946

Versin francesa: http://alencontre.org/?p=2747.

Ver tambin el texto de Jaime Pastor Del divorcio al choque de legitimidades?.

http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/index.php?x=3947

Versin francesa: http://alencontre.org/?p=2779

Miguel Romero es editor de VIENTO SUR

Este texto es la versin escrita de mi intervencin en la Universidad de Primavera de la organizacin de izquierda anticapitalista suiza Solidarits, el pasado viernes 20 de mayo



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