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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-06-2011

Tened cuidado y no le despertis porque quin sabe! si ese pueblo dormido suea indignado que es libre

Wilkie Delgado Correa
Rebelin



Si la lucha es difcil, las razones para luchar son siempre claras Camus

La realidad del mundo se mueve y agita. Lo que se desencaden primero en los pases rabes como un fenmeno poltico y social de efervescencias propias de las masas populares, ya fueran inconformes, o indignadas o colricas, segn el caso, rebas las fronteras nacionales y regionales, y el inters geopoltico de los grandes poderes de Occidente empez a manejar los asuntos con una ptica selectiva, deshojando los hechos, all y acull, como si fueran los ptalos de margaritas, mientras musitaban: me conviene o no me conviene para trazar una u otra estrategia. Se trataba de imponer lo ms rpidamente los correctivos necesarios segn la situacin en cada pas para que el rumbo de los acontecimientos, teledirigidos por brjulas cuyas agujas marcaran ineluctablemente hacia el Norte, quedaran bajo el abrigo, visible o invisible, de las antiguas potencias coloniales o del gigante imperio convertido en aliado de las peores causas y los peores regmenes.

En fin que ante las manifestaciones de gentes protestantes en los pases rabes, de una u otra banderas, empez tambin la parafernalia de los gobernantes de Occidente, con una actuacin alebrestada, oportunista y desconfiada ante los posibles derroteros de los movimientos. Empezaron a considerarlo como un manjar de un posible banquete, y al que deban meter manos y dientes, incluso sin ser invitados. As comenzaron los pases de manos de prestidigitadores ilusionistas para apoyar, contener, engaar, o insuflar, segn las circunstancias particulares de sus conveniencias hegemnicas, las exigencias de las multitudes, cuyas causas y motivaciones son de un amplio espectro en esa regin.

Adems, se hizo patente la injerencia, a travs de declaraciones, concertaciones entre pases y bloques, y la adopcin de medidas de ayuda o de sanciones. En todas partes han acudido presurosos, tomando como suyo, un problema que slo, en ltima instancia, lo deben resolver los bandos discrepantes o contendientes, respetando los principios de soberana y libre determinacin de los pueblos. Y hacia all fueron los cruzados de las divinas y favorables soluciones para garantizar el entablado de sus reinados de prepotencias imperiales. Y, lgicamente, cuando el asunto se trata de gobiernos indeseables para sus intereses, como sucedi en el caso de Libia, se involucran, apelando a las malas maas introducidas en el Consejo de Seguridad de la ONU, de tal manera que declaran la guerra al gobierno y se alinean a los opositores armados, quizs fabricados de antemano en el terreno propicio y en el momento preciso. Y una vez que han entrado en la lidia, digo la guerra, no hay llamado a la cordura y a la paz que los contenga, y asuelan al pas sin importar si son instalaciones militares o civiles, si las vctimas humanas son soldados de Gaddafi o civiles, militantes o infelices, si son simples creyentes o clrigos, si son hombres o mujeres, si son ancianos, adultos, o nios; si se trata de un homicidio o de un magnicidio, de una masacre o de un genocidio.

Cuando la impunidad es total y la resistencia es dbil frente al descomunal podero militar, son capaces de abusar indefinidamente ahora han prorrogado los bombardeos durante otros tres meses- hasta convertir las ciudades en escombros que luego el pobre pueblo libio tardar aos o decenios en reconstruir nuevamente a expensas de su cuota de sudor, sacrificio, sufrimientos, y pagando el precio de menos desarrollo.

Pero, oh, flujo y reflujo de las corrientes populares continentales!, muy pronto les sali en sus propios territorios los signos evidentes de su propia crisis sistmica, y una rplica de protestas populares invadi las plazas principales de ciudades de Europa. Si antes las protestas masivas ante los reajustes neoliberales se desarrollaban inicialmente en Grecia, pronto el descontento avanz como tornado humano hacia Espaa, Francia y otras capitales de Europa.

Y es que la bancarrota parece desparramarse y constituir un fantasma, all precisamente donde se acumulan riquezas arrebatadas mediante conquistas durante milenios, donde el nfimo porcentaje de la poblacin que integra las lites dirigentes posee riquezas inmensas que crecen al mismo ritmo en que las grandes mayoras son desposedas de los recursos esenciales de la vida y se va a bolina el otrora bienestar en esas sociedades privilegiadas por el despojo ajeno.

Todo lo que hoy brilla a la luz del da es fruto de la insensibilidad, el pillaje egosta, la falta de solidaridad y la ausencia de una distribucin justa de las riquezas, de un robo descarado de la democracia real por la partidocracia y la plutocracia dirigentes, de una alienacin enajenante de la realidad.

Y de ese conjunto de factores esenciales surgen los movimientos populares hoy presentes en distintos pases y ciudades, con matices diferentes, pero que entraan una inconformidad clara con el sistema imperante o, al menos, con algunas de las manifestaciones de sus crisis y su encaramiento. Se ha gestado un nuevo protagonista en el seno de los pueblos, cuyos alcances, en el devenir histrico, no es posible predecir todava. Pero en esas personas, en mayor o menor cuanta, est el germen de ideas que pueden ser muy significativas y hasta decisivas en el futuro, tales como las reflejan las consignas: TECHO Y TRABAJO SIN SER ESCLAVO Y ESCUCHAD LA IRA DEL PUEBLO.

Las manifestaciones populares han puesto a la luz del da, en las voces y las mentes de los ciudadanos, una esencia denunciada por el escritor francs Albert Camus,   sobre la dureza del corazn de esa clase dirigente y la hipocresa de las lites. Tambin parece que las policas estn listas y entrenadas para ejercer su represin en el interior de los pases de Europa, ahora Unin Europea, que las hay, y bastante agresivas, sino de los ejrcitos de mar, aire y tierra de la OTAN, listos para actuar en cualquier escenario donde crean conveniente desplazarse para demostrar su verdad y que tienen la razn Qu pasara si La Bastilla fuera tomada nuevamente?

Reflexionando sobre los acontecimientos tal como lo reflejan los medios de difusin, con las multitudes acampadas en las plazas simblicas de las capitales y ciudades, con las diversas declaraciones de algunos ciudadanos protestantes, con los enfoques de anlisis de periodistas y personalidades en torno al asunto, con la visin de las represiones sobre personas pacficas, inermes e inmviles, con las actitudes asumidas - tan calladitas e indiferentes ellas! - por los gobiernos propios y sus aliados que son, adems - tan diferentes a las asumidas en otras partes del mundo rabe! -, me vino a la memoria el poema EL SUEO DEL ESCLAVO del poeta cubano Bonifacio Byrne (1861-1936) que expresa:

Hosco y hurao, en reducida estancia, / vive el esclavo msero/ Hora durmiendo est. Tened cuidado, / y no le despertis porque quin sabe!, / si ese esclavo infeliz suea que es libre!

Ahora bien, salvando las distancias entre el estado de esclavitud real y la poca en que exista en la patria del poeta sta condicin humana degradante, mantenida durante siglos por el imperio espaol, y el ahora o el maana de los tiempos que corren en Europa y otras partes del mundo, cabe sintetizarlo y adaptarlo a la realidad actual: TENED CUIDADO, Y NO LE DESPERTIS PORQUE QUIN SABE!, SI ESE PUEBLO DORMIDO SUEA INDIGNADO QUE ES LIBRE!

Tal vez se pudieran retomar las palabras de un europeo como Camus, escritas en otro contexto histrico, pero que pueden ser vlidas como auto-reflexin de los que se declaran a s mismos indignados: Porque Si la lucha es difcil, las razones para luchar son siempre claras. Porque venceremos, y usted lo sabe. Mas venceremos gracias a aquella misma derrota, a ese largo caminar que nos ha conducido hasta nuestras razones de y si no lo perdemos lucha, a ese sufrimiento de que hemos sentido la injusticia y extrado la leccin. Hemos aprendido el secreto de toda victoria un da, alcanzaremos la victoria definitiva.



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