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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2011

Organizar la indignacin

Marcos Roitman Rosenmann
Rebelin


Suele pasar. Al asombro inicial, las solidaridades y las muestras de afecto, le sucede un vaco seguido de la pregunta Y ahora qu? En esta dinmica surgen y se dibujan mltiples escenarios. Las comparaciones proyectan modelos de actuacin y patrones de comportamiento. Hay quienes ven en las acampadas y el 15-M el germen de una revolucin horizontal. Otros se decantan por construir un nuevo partido poltico y buscar alianzas con las fuerzas de izquierda ya existentes. En medio un sinfin de opciones. Los argumentos se agolpan en pro de unas u otras, pero todas confluyen: sin organizacin no hay continuidad. El problema es para qu se quiere y cmo se construye. Es aqu donde surge el desencuentro entre los hacedores del 15-M. Han sido muchos los que se han incorporado a posteriori, sobre todo los militantes de la izquierda espaola procedentes del Partido Comunista, Izquierda Unida, pero tambin de las juventudes socialistas, los grupos anarquistas y los llamados progresistas. A muchos de ellos, el movimiento 15-M les pill fuera de juego. Seguan confiando en los circuitos tradicionales. Si los grandes sindicatos no convocaban manifestaciones, se rehua cualquier contacto con plataformas autnomas, redes alternativas y desde luego muy politizadas.

Hubo mltiples convocatorias para tomar las calles contra la privatizacin del agua, la externalizacin de los servicios de salud pblica, por una vivienda digna o el rechazo al Plan Bolonia. Lo comn fue la poca asistencia y escasa cobertura de prensa. Se volvieron invisibles. La convocatoria del 15 de mayo era una manifestacin entre otras cuyo comn denominador era lo marginal de sus convocantes. Curiosamente, cont con un despliegue informativo sin precedentes. Estaban las televisiones, la prensa escrita y las radios. Porqu? La respuesta es an misterio. Lo cierto es que al da siguiente fue noticia y cop todos los espacios informativos. Se transformo en un acontecimiento social.

Han trascurrido dos semanas y ya se vislumbran luces y sombras. No es oro todo lo que reluce. Aclitos y crticos se cruzan descalificaciones. Quienes ven con recelo la deriva del 15-M centran sus argumentos en el discurso antipartidista. Ni de derechas ni de izquierdas. Esta declaracin es suficiente para que militantes de izquierda unida se sientan interpelados. en su defensa arguyen que hay que diferenciar entre el bipartidismo PSOE y PP y su coalicin. Dudan del discurso "apartidista". Lo tachan de confuso o directamente reaccionario. No son conscientes de haber desarrollado un discurso light para enfrentar los recortes salariales, la falta de democracia, las polticas privatizadoras y los megaproyectos. Miran hacia otro lado, declarando lo impoluto de su organizacin en temas de corrupcin y trfico de influencias. Tras las elecciones, las alianzas para pillar cargo les hace negociar con el PSOE. De esta guisa habr ayuntamientos donde primen los intereses de las mafias partidistas. Y no digamos lo que ocurre donde el partido Popular ha conseguido mayora absoluta. Futuros presidentes de comunidades autnomas, alcaldes y concejales imputados por trfico de influencias, negocios ilcitos, trato de favor y corrupcin tomarn posesin de sus cargos con juicios pendientes. En parte se es el malestar de la ciudadana. Son los antecedentes que dan lugar a una crtica generalizada hacia el comportamiento de los partidos polticos y rechazo a la poltica pactada desde arriba.

En el otro lado, aquellos que se consideran impulsores del movimiento apelan al sentido inclusivo del movimiento 15-M, donde caben progresistas, apartidistas, anticapitalistas, antisistmicos, gentes de izquierda y tambin de centro derecha. Proabortistas, antiabortistas, defensores de la universidad laica o religiosa, pblica o privada. En ello estriba su debilidad y tambin su fuerza. Integrados en las asambleas y comisiones influyen rebajando las propuestas, censuran y discriminan. El carcter asambleario y de comisiones supone un tope a sus acciones. Se practica la democracia pero se burocratizan las decisiones. La necesidad de aprobar por consenso no garantiza el cumplimiento de lo acordado. Es un arma de doble filo, se confunde con unanimidad y si hay quien se declara radicalmente en contra, la propuesta se elimina del consenso. La casustica para sortear escollos es variopinta. As avanza un movimiento cuya mayor virtud, a mi entender, radica en cuestionar y poner en evidencia las malas artes de la clase poltica. Mnimo imprescindible para abrir la puerta y poder construir una plataforma desde abajo. Nadie puede vaticinar su futuro en el medio y largo plazo. Sin duda, su presencia ha cambiado por completo el panorama poltico en Espaa. Una juventud con la cabeza bien amoblada, dispuesta a trabajar y sacar adelante una plataforma de mnimos democrticos es un oasis en medio del desierto. Han creado prcticas democrticas all donde el verticalismo, falta de dilogo y sectarismo. La sola convocatoria de asambleas de barrios y pueblos en cientos de ciudades de Espaa era algo impensable hace menos de quince das.

Hay mucho camino que andar. Aprobar propuestas por consenso obliga a dialogar, extenderse y ejercer la crtica. Sin duda retrasa las decisiones, pero es un verdadero ejercicio democrtico. En esta lgica, las asambleas de barrio y pueblos permitirn dar continuidad a un proyecto nacido desde abajo y en pro de recuperar el espacio pblico cuando las acampadas lleguen a su fin. Se trata de hacer visible la protesta. El llamamiento ha sido un xito. Jvenes, estudiantes, desempleados, amas de casa, trabajadores jubilados y profesionales han secundado a la convocatoria. Ha sido una catarsis donde los ciudadanos se reconocen en su dignidad y en su lucha contra la injusticia, la corrupcin y la desigualdad.

Sin embargo, nada se cambia de la noche a la maana. Hay que ir paso a paso. Sumar voluntades y fortalecer el movimiento. Unos aportando experiencia y aprendiendo nuevas prcticas con humildad y sin protagonismos mediticos. Una generacin pisa fuerte y pide ser protagonista de su futuro. Entre todos, debemos rescatar la poltica de quienes la han secuestrado haciendo de ella un oficio espurio, alejado del bien comn y dependiente de los poderes empresariales y financieros. El esfuerzo vale la pena. Ojal entre todos logremos el objetivo, por ello la indignacin se organiza.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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