Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2011

De qu hablamos cuando hablamos de progresismo?

Susana Merino
Rebelin


Suelo decir, un poco en broma, un poco en serio que no soy progresista, sino conservadora porque quiero conservar algunas conquistas del pasado que no fueron menores que las que actualmente propone lo que solemos llamar progresismo.

En mi infancia, el almuerzo y la comida de la noche eran compartidos, es decir, no faltaba o solo excepcionalmente ningn miembro de la familia, el padre, la madre, los hijos y eventualmente algn abuelo o abuela y hasta algn to que por razones ajenas o no a su voluntad careca de otra compaa familiar. Y eso estaba bien, porque no creo necesario abundar en la importancia del paulatino trasvasamiento generacional, que a travs de esas rutinas, iba producindose a lo largo del tiempo hacia los ms pequeos.

En esa poca el empleado, el obrero, el profesional y hasta el mismo pequeo empresario dedicaba ocho horas, raramente un poco ms, a sus tareas remuneradas y dispona de algn tiempo extra para disfrutarlo en el hogar o compartirlo con amigos. Hoy en da cuando escucho el entusiasmo con que se pregona la democracia participativa me pregunto: es posible sumarla al agotador trabajo de diez, cuando no doce horas diarias al que deben aadirse otros igualmente prolongados, agotadores e improductivos tiempos de traslado hasta y desde los lugares de trabajo, si no es una fantasiosa utopa a la que solo podran acceder, en las condiciones descriptas, muy contados ciudadanos? Pretender alentar el verdaderamente necesario y genuino inters por la res publica exige recuperar la vigencia de ciertos lmites laborales como la conquistada y hoy abandonada jornada de ocho horas de trabajo que por exigirla les costara la vida a los obreros ejecutados en los EE.UU. en 1887 y hasta hoy recordados como los Mrtires de Chicago

A donde han quedado todas esas conquistas, a donde el sbado ingls, que aunque no simpaticemos con el nombre, permita a la familia, junto al tradicional domingo, disponer de un da y medio para el solaz, el esparcimiento, el descanso, el deporte, la convivencia peridica con otros miembros de la familia o con amigos, generando y estrechando vnculos afectivos y de solidaridad y por ineludible lgica, casi totalmente desaparecidos, hoy en da.

Por el contrario en los tiempos que corren como dice el filsofo personalista Xos M. Domnguez Prieto(1): El trabajo cada vez absorbe ms tiempo y esfuerzo (sin que haya muchas personas que valientemente planten cara a esta prdida de su vida privada en funcin de su empresa, sino ms bien, declaran que se deben a ella). Sin embargo la faimilia sigue siendo el amortiguador de la disgregacin y atomizacin social propios del neoliberalismo capitalista.

Por otra parte la mujer, tradicionalmente relegada a las tareas domsticas ha ganado espacios de formacin, de superacin, de participacin en todos los mbitos de la economa, de la ciencia, de la tcnica Y eso est bien. Pero deberamos preguntarnos tambin de qu manera ha beneficiado o perjudicado a la vida familiar y no solo cargado sobre sus hombros nuevas responsabilidades con apenas si se quiere la magra compensacin de un ingreso que sumado al de su marido, pareja o compaero apenas logra responder a las interminables solicitaciones que le plantea la vida contempornea. Suelo imaginar que dos medias jornadas de trabajo (hombre y mujer) deberan bastar para sostener normalmente a una familia, de modo que ambos pudieran ocuparse juntos, o alternativamente de la irrenunciable tarea del propio crecimiento, el desarrollo familiar y la formacin de los hijos.

Si ya s, por cierto, que hay muchas tareas fsicas que la tecnologa ha alivianado en el hogar pero qu tecnologa puede reemplazar la mirada de un pap o de una mam atentos al desarrollo de los hijos? No voy a abundar en las consecuencias, por todos conocidas, de las ausencias que impone un estilo de vida, implantado por terceros cuyos objetivos giran tan solo alrededor del lucro sino recordar simplemente que las tradicionales funciones familiares no son sustituibles ni lo sern aunque podamos llenar (los que puedan) la casa de robots.

Y no, por ms revolucionarios que pretendamos ser, podemos dejar de lado la constancia de que as como en el hogar aprendemos de una vez y para siempre, a caminar, de una vez y para siempre a hablar, de una vez y para siempre a lavarnos, a peinarnos, a vestirnos as tambin es en el hogar donde tambin vamos incorporando insensible y permanentemente los valores, las creencias, los criterios ticos, los afectos, la interrelacin con los otros, la capacidad de comunicarnos, la prctica del compartir Luego vendr la escuela, la universidad, las que sobre esa inicial base educativa irn incorporando los saberes y los conocimientos intelectuales necesarios al normal desempeo humano y que fructificarn ms y mejor en la medida en que puedan afirmarse sobre los irreemplazables fundamentos de una slida educacin familiar.

De modo que, seamos progresistas, recuperemos las conquistas del pasado y hagmoslas extensivas a toda la sociedad, sin privilegiados ni excluidos, de ese modo podremos ir perfilando una comunidad digna de ser llamada humana y tambin cristiana para los que creemos en la prdica del Nazareno, cuyas enseanzas son tanto para creyentes como para no creyentes, un camino de sabidura y de fraternidad comunitaria que no podemos ni debemos soslayar.

(1) La familia y sus retos Xos Manuel Rodrguez Prieto. Edit.Emmanuel Mounier, Crdoba, Argentina, ao 2006

i

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter