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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-06-2011

Los jvenes en las calles y el secuestro de la democracia

Boaventura de Sousa Santos
Carta Maior

Traducido para Rebelin por Antoni Jess Aguil y revisado por lex Tarradellas


En los prximos tiempos, las lites conservadoras europeas, tanto polticas como culturales, tendrn un choque: los europeos son gente comn y, cuando estn sujetos a las mismas carencias o frustraciones por las que han pasado pueblos de otras regiones del mundo, en lugar de reaccionar a la europea, reaccionan como ellos. Para estas lites, reaccionar a la europea es creer en las instituciones y actuar siempre dentro de los lmites que imponen. Un buen ciudadano es un ciudadano de buen comportamiento y ste es el que vive cercado por las instituciones.

Dado el desarrollo desigual del mundo, no es de prever que en un futuro prximo los europeos padezcan las mismas provocaciones a las que han sido sometidos los africanos, los latinoamericanos o los asiticos. Pero todo parece indicar que pueden ser vctimas de las mismas frustraciones. Formulado de maneras muy diferentes, el deseo de una sociedad ms democrtica y justa es hoy en da un bien comn de la humanidad. El papel de las instituciones es el de regular las expectativas de los ciudadanos para evitar que el abismo que media entre ese deseo y su cumplimiento no sea tan grande como para que la frustracin alcance niveles perturbadores.

Ahora se observa un poco por todas partes que las instituciones existentes estn realizando peor su papel y que cada vez les resulta ms difcil contener la frustracin de los ciudadanos. Si las instituciones existentes no sirven, es necesario reformarlas o crear otras. Hasta que esto ocurra, es legtimo y democrtico actuar al margen de ellas, pacficamente, en las calles y plazas. Estamos entrando en un periodo postinstitucional.

Los jvenes acampados en la plaza de Rossio [Lisboa] y las plazas de Espaa son las primeras seales de la emergencia de un nuevo espacio pblico la calle y la plaza donde se discute el secuestro de las actuales democracias por los intereses de minoras poderosas y se apuntan los caminos de construccin de democracias ms slidas, ms capaces de salvaguardar los intereses de las mayoras. La importancia de su lucha se mide por la ira con la que cargan contra ellos las fuerzas conservadoras. Los acampados no tienen que ser impecables en sus anlisis, exhaustivos en sus denuncias o rigurosos en sus propuestas. Les basta con ser clarividentes en la urgencia de ampliar la agenda poltica y el horizonte de posibilidades democrticas, y genuinos en la aspiracin de una vida digna social y ecolgicamente ms justa.

Para contextualizar la lucha de las acampadas y acampados, son oportunas dos observaciones. La primera es que, al contrario de los jvenes (anarquistas y otros) de las calles de Londres, Pars y Mosc al inicio del siglo XX, los acampados no lanzan bombas ni atentan contra la vida de los dirigentes polticos. Se manifiestan pacficamente y a favor de ms democracia. Es un avance histrico notable que slo la miopa de las ideologas y la estrechez de los intereses no permite ver. A pesar de todas las trampas del liberalismo, la democracia entr en el imaginario de las grandes mayoras como un ideal liberador, el ideal de la democracia verdadera o real. Es un ideal que, si se toma en serio, constituye una amenaza demoledora para aquellos cuyo dinero o posicin social les ha permitido manipular impunemente el juego democrtico.

La segunda observacin es que los momentos ms creativos de la democracia rara vez ocurrieron en las sedes de los parlamentos. Ocurrieron en las calles, donde los ciudadanos indignados forzaron los cambios de rgimen o la ampliacin de las agendas polticas. Entre muchas otras demandas, los acampados exigen la resistencia a las imposiciones de la troika para que la vida de los ciudadanos tenga prioridad sobre las ganancias de los banqueros y especuladores; la exigencia de renegociacin de la deuda; un modelo de desarrollo social y ecolgicamente ms justo; el fin de la discriminacin sexual y racial y de la xenofobia contra los inmigrantes; la no privatizacin de bienes comunes de la humanidad, como el agua, o de bienes pblicos, como el servicio de correos; la reforma del sistema poltico para hacerlo ms participativo, ms transparente e inmune a la corrupcin.

Pensando en las elecciones legislativas portuguesas he acabado por no hablar de ellas. No es cierto?

Artculo original del 1 de junio de 2011.

Fuente: http://www.cartamaior.com.br/templates/materiaMostrar.cfm?materia_id=17862

Boaventura de Sousa Santos es socilogo y profesor catedrtico de la Facultad de Economa de la Universidad de Coimbra (Portugal).


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