Portada :: Cuba :: Abu Ghraib acusa a Cuba en Ginebra
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-03-2005

En Ginebra Estados Unidos se la juega

Gustavo Espinoza M.
Rebelin


A pocos das de haberse iniciado en Ginebra, la 61 Asamblea Anual de la Comisin de Derechos Humanos de Naciones Unidas, el gobierno norteamericano resolvi prescindir de intermediarios y jugar directamente todas sus cartas contra Cuba en procura de arrancar una resolucin que hoy circula ya en los Pasillos del Pale de Nations redactada en ingls por los expertos de Washington.

Qu ha movido a la Casa Blanca a lo que bien podra considerarse una maniobra desesperada contra La Habana y un ltimo recurso para presionas a gobiernos afines? Sin duda los cambios polticos operados en la regin y que han echado por la borda el mapa que tena diseado el gobierno norteamericano hasta hace un ao. Hoy, en efecto, no est en Panam el gobierno que liber a Posada Carriles y a otros terroristas protegidos por Mireya Moscoso. En Uruguay tampoco gobierna ya el anciano exponente de los estancieros que gustaba proclamar exultante su servilismo en la materia. En Chile, Colombia, Per y otros pases ha crecido la campaa de solidaridad con Cuba y los gobiernos que hoy mantienen el poder en esos pases tienen que tener en cuenta la necesidad de no distanciarse ms de la voluntad de sus pueblos para seguir al frente de sus Estados. Adems, Hondura, Costa Rica, El Salvador y Guatemala, que se prestaban dcilmente a las maniobras yanquis contra Cuba, hoy tampoco la
s tienen todas consigo. El suelo no est parejo para los exponentes del neoliberalismo en boga.

Cada vez que se rene la Comisin de Derechos Humanos en Ginebra, ocurren coincidencias fugaces: de pronto sale una veintena de supuestos disidentes a las Calles de La Habana en busca que alguien los disuelva para poder gritar al mundo que no hay libertad de expresin en Cuba. Paralelamente algunos organismos digitados cuidadosamente denuncian la existencia de imaginarios presos polticos en Cuba, confundiendo a vulgares agentes a sueldo con presuntos ciudadanos descontentos. En el mismo marco, las autoridades norteamericanas comienzan a manejar diversos resortes orientados a doblegar la voluntad de gobiernos latinoamericanos. Hoy, por ejemplo, sugieren con descaro que Estados Unidos no firmar el TLC con pases que no se avengan a condenar a Cuba. Esperan, con ese chantaje, ganar la adhesin de Ecuador, Colombia, Bolivia y Per.

Tras todas estas maniobras est ciertamente el miedo de Washington a ser derrotado. El ao pasado -recordemos- gan apenas por un voto una mocin que comenz -como ahora- a coordinar en ingls, y que luego pas a ser patrocinada por los gobiernos ms serviles de la regin. Este ao, todo indica que ser distinto. Nadie parece dispuesto a subirse al carro de Bush, desprestigiado como est al conmemorase el segundo aniversario de la invasin a Irak, y empantanado -como tambin lo est- en una guerra que cada da se sabe ms cmo ha de terminar: como en Vietnam.

Ms all de los mritos alcanzados por Cuba en el plano de sus realizaciones concretas, el mundo reconoce en la isla de Mart el perfil de un coraje, una consecuencia y una dignidad a toda prueba. Ella debiera bastar para concitar la adhesin de todos. Pero como hay administraciones genuflexas al servicio de Washington, ser necesario no quedarse en la invocacin: hay que luchar para hacer que los pueblos, en todas partes, se identifiquen con Cuba y con su causa. (fin)


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