Portada :: Otro mundo es posible :: Isabel Rauber
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-06-2011

El Buen Vivir, clave para una civilizacin intercultural

Isabel Rauber
Rebelin

Fragmento del libro: Dos pasos adelante, uno atrs. Lgicas de ruptura y superacin del dominio del capital. Vadell. Caracas, 2010.


Una concepcin diferente acerca del desarrollo y progreso

El modelo de desarrollo basado en el molde consumista-destructivo del capital, resulta claramente incompatible con la sobrevivencia de la humanidad. El capitalismo globalizado, expresin mxima de esta civilizacin oxidental [Boff], hace aguas. No puede mantenerse; hacerlo equivaldra a extender y profundizar la produccin destructiva de la sociedad y la naturaleza. Hoy, cuando la crisis de los capitales expone sus deficiencias a las conciencias de la humanidad, sera un contrasentido continuar sosteniendo que tal especulacin, saqueo y guerrerismo ‑que abonan la escandalosa riqueza y abundancia de quienes constituyen el corazn del capital global y sus entornos cercanos‑, es condicin o premisa para el cambio y el progreso sociales. Sin embargo, la constatacin de esta realidad no implica su superacin. El desafo consiste, en este sentido, en buscar nuevas alternativas de desarrollo basadas en una nueva concepcin del mundo, es decir, de la relacin humanidad-naturaleza. En base a ella ser posible construir y apostar a una concepcin de desarrollo ajena al esquema impuesto por el poder (que pretende, por ejemplo, que para llegar al desarrollo es inevitable alcanzar a los pases desarrollados del Norte, por derecha o por izquierda).

El socialismo del siglo XX dio por sentado que el trnsito al socialismo implicaba recorrer el camino al desarrollo truncado o deformado por el capitalismo. Con el afianzamiento de la revolucin socialista de octubre, las nuevas revoluciones se propusieron contando con el apoyo de la URSS y dems pases socialistas desarrollados‑, acortar el tiempo de construccin de las bases para dar el salto hacia el socialismo. Esto implic ‑por izquierda‑, la asimilacin y extensin del modelo eurocntrico de desarrollo, al socialismo y la transicin. Los resultados adversos estn a la vista. Sin embargo, las concepciones culturales estn, en gran medida, vigentes. A continuacin algunos elementos.

En Indo-afro-latinoamrica, se pens ‑y en cierta medida todava se piensa, por derecha o por izquierda‑, que estbamos en una especie de estado inferior al del desarrollo europeo y que consiguientemente, en este aspecto‑, el desafo/meta consista en alcanzar (buscar) el mismo grado de desarrollo y estatus de progreso social que los europeos. De ah la auto-asimilacin de la condicin de pases atrasados. Consiguientemente, el desarrollo se esperaba lograr, ya sea copiando los modelos del Norte (ms exactamente, lo que desde all decan que deba hacerse), o buscando vas para poner fin a la dependencia con o sin la mediacin del corte revolucionario‑, en aras de completar el desarrollo de nuestros pases, incluso mediante la instauracin del socialismo (revolucin de liberacin nacional y social). Suscribiendo estos puntos de vista, quienes sostuvieron las posiciones revolucionarias en el siglo XX, en su mayora, priorizaron la cuestin econmica por sobre las sociales, culturales, etc., y centraron en ella el programa de transformaciones, relegando a un segundo o tercer plano la cuestin medular de toda revolucin: ser un camino de liberacin construido por sus protagonistas y ‑a travs de ellos‑, de la sociedad toda. Desde otro lugar, los defensores de la revolucin por etapas (reformistas) tambin sostuvieron dicho esquema, aunque quiz de un modo ms explcito: pretendan que era necesario primero concluir el desarrollo capitalista para luego pasar al socialismo.

Reformismo y revolucin compartieron el mismo esquema del desarrollo y el trnsito revolucionario; ninguna de las propuestas socialistas de entonces rompi con el paradigma eurocntrico. En el caso de Cuba, los caminos y las posiciones fueron sinuosos. Los debates iniciales del Che respecto a la economa sovitica, la construccin de la nueva sociedad y de los nuevos hombres y nuevas mujeres, constituyen una clara muestra de ello. [Ver: Apuntes crticos a la economa poltica. Op. Cit]

Por diversos caminos, las reflexiones actuales ms maduras en este tema convergen en un punto: El desarrollo capitalista alcanzado (en el Norte), resulta hoy inalcanzable e indeseable. Es inalcanzable porque las periferias han sido excluidas del diseo y los planes de hegemona del capital global actual (salvo como territorios sirvientes) y no tienen cabida en ellos. Es indeseable porque el carcter destructivo y devastador que conlleva su implementacin va dejando en claro que ese modelo va a continuar con la depredacin de la naturaleza, con el saqueo, con las guerras, es decir, continuar sembrando la muerte. Precisamente por ello es incapaz de promover, defender y garantizar la supervivencia humana y natural del planeta; tampoco ofrece soluciones a la pobreza, miseria, enfermedades, analfabetismo, carencia de infraestructura y exclusin crecientes de amplias capas de la poblacin.

Estas razones, entre otras, hacen del debate del desarrollo un debate poltico, social, cultural y tico, adems de econmico, que -en nuestras tierras- se articula directamente con el debate de la pobreza y la riqueza, de la propiedad de los recursos energticos, del acceso a los servicios, del goce de los derechos, es decir, con la democracia. Porque atender a todos esos problemas, buscar soluciones durables para ellos, es apuntalar procesos de desarrollo que son ‑a la vez‑ de democratizacin, y viceversa. Desarrollo y democracia guardan en esta concepcin del mundo una relacin directa biunvoca, incompatible con la esquizofrenia capitalista que contrapone economa y sociedad, sociedad y poltica, humanidad y naturaleza, lo pblico y lo privado, lo macro y lo micro.

Tales planteamientos no son precisamente una novedad, hay bastante escrito y reflexionado alrededor de tales vnculos y la necesidad de impulsarlos. Pero es en el actual proceso de Bolivia, con el impulso de la revolucin democrtico cultural, donde se han constituido en ejes concretos del accionar gubernamental.

Partiendo de las propuestas de los movimientos sociales e indgenas elaboradas en aos de resistencia y luchas, el gobierno boliviano ha confeccionado un Plan Nacional de Desarrollo que condensa aspectos centrales de esta nueva cosmovisin. En esto consiste sustantivamente‑ lo nuevo de sus propuestas: las ideas superan el mbito terico reflexivo para cobrar vida en la accin poltico-social transformadora.

Uno de los elementos que sobresale en dicho Plan es la vinculacin de las actividades de lucha contra la pobreza, la desigualdad y la exclusin, con los planes de desarrollo, obviamente basados en paradigmas diferentes acerca de este, afincados en la inseparabilidad del vnculo humanidad-naturaleza y economa-sociedad, y de ambas dimensiones entre s.

Es por ello que el desmontaje del colonialismo neoliberal adems del histrico‑, la descolonizacin raizal del Estado (y la sociedad) y la construccin de una nueva identidad boliviana plural e intercultural ‑basada en el reconocimiento de las mltiples nacionalidades que conforman el pas, priorizando lo comunitario‑, resulta una trama central a la hora de pensar cmo poner fin a la pobreza extrema y la exclusin social, y cmo disminuir la desigualdad encaminndose hacia una sociedad equitativa y justa.

El objetivo central [del PND] est centrado, por lo tanto, en la supresin de las causas que originan la desigualdad y la exclusin social del pas, lo que significa cambiar el patrn primario exportador y los fundamentos del colonialismo y el neoliberalismo que lo sustentan. Es decir, desmontar, no solo los dispositivos econmicos, sino tambin los polticos y culturales, coloniales y neoliberales erigidos por la cultura dominante, que se encuentran diseminados en los intersticios ms profundos de la organizacin del Estado y tambin en la mente de las personas a travs de la prctica social individual en detrimento de la solidaridad y la complementariedad. [PND, 2006: 5]

El mencionado plan de desarrollo integral y multidimensional‑, se ocupa de rescatar-impulsar formas socio-econmicas solidarias de interrelacionamiento humano. Consciente de que la pobreza urbana se relaciona con la migracin interna, apuesta a buscar vas para evitarla. No se puede tratar a la pobreza y no ver a los pobres, sostienen. El desarraigo de las personas respecto de sus comunidades y la consiguiente situacin de pobreza urbana, acarrea en todas las realidades y circunstancias‑ la ruptura de formas culturales de integracin social y la proliferacin de formas competitivas y no solidarias de conducta y relaciones humanas. Modificar esta situacin es tambin parte de la lucha contra la pobreza, por el desarrollo y por una democratizacin raizal de la sociedad.

No hay salida dentro del capitalismo

Lo que ocurre en el mundo no es casualidad, ni consecuencia de errores o deficiencias en la aplicacin del modelo neoliberal: es lo que se busc y se sembr; es el sistema. No escapan a esto las propuestas que pretenden ser mejores, superar esas limitaciones apostando, por ejemplo, a un desarrollo capitalista nacional, no dependiente. No hay salidas capitalistas independientes (nacionales, endgenas) que puedan en este mundo globalizado superar los males estructurales del capitalismo. El capitalismo se basa en un modo de produccin y reproduccin que obedece a la lgica global‑ del mercado. Esencialmente depredador de la naturaleza y los seres humanos es por tanto incapaz de resolver el problema, por el contrario, solo puede agravarlo.

La posibilidad de vida inmediata y futura‑ radica en los pueblos que construyen alternativas en una perspectiva continental de integracin productiva y reproductiva fundamentada en nuevas bases econmicas, sociales, culturales y ticas. Estas se condensan y expresan hoy concretamente en una nueva concepcin del desarrollo, del bienestar colectivo y la democracia, que los pueblos indgenas originarios identifican con el vivir bien o buen vivir.

Del bienestar individualista al vivir bien o buen vivir

Buen Vivir o Vivir Bien, Sumak Kawsay, ande Reko, son expresiones propias de Bolivia, Ecuador, Per, Paraguay... Significan, en primer trmino, Vivir bien entre nosotros. Propugnan una convivencia comunitaria con interculturalidad y sin asimetras de poder. Como dijo Evo Morales: No se puede Vivir Bien si los dems viven mal. Y esta expresin condensa lo central del planteamiento solidario: Se trata de vivir como parte de la comunidad, con proteccin de ella, en armona con la naturaleza, vivir en equilibrio con lo que nos rodea, y tambin Bien contigo y conmigo, que es diferente del vivir mejor occidental, que es individualista, separado de los dems e inclusive a expensas de los dems y separado de la naturaleza.

El Vivir Bien es la expresin cultural que condensa la forma de entender la satisfaccin compartida de las necesidades humanas, ms all del mbito de lo material y econmico. A diferencia del concepto occidental de bienestar, que est limitado al acceso y a la acumulacin de bienes materiales, incluye la afectividad, el reconocimiento y el prestigio social. [PND, 2006:11]

En la propuesta y experiencia boliviana actual de apuesta al desarrollo, el Vivir Bien se corresponde con una concepcin integral de la sociedad que articula desarrollo y democratizacin, en la que desarrollo y democracia tienen la misma importancia. Partiendo del reconocimiento de que Bolivia es un pas multitnico y pluricultural, se hace explcito el reconocimiento a los valores de la comunidad y de lo comunitario. Y lo colectivo comunitario se fundamenta como sujeto con capacidad de decisin y de accin, reconociendo en la horizontalidad una ventaja comparativa respecto a las directivas verticales.

La nueva poltica propone el desarrollo desde el encuentro y la contribucin horizontal, y no desde la imposicin y el autoritarismo. El encuentro significa la unin, la comunidad, al fiesta del compartir imaginarios urbanos y rurales, el sentido esencial de las relaciones humanas complementarias en un pas diverso y comunitario. [PND, 2006:12]

La experiencia de la revolucin democrtico-cultural que se lleva adelante actualmente en Bolivia constituye parte de los puntales y avances de las nuevas propuestas civilizatorias, caudal cultural que alimenta la utopa y constituye, a la vez, un soporte tico e ideolgico de los procesos de bsqueda y construccin de una civilizacin re-humanizada, basada en un sistema social raizalmente democrtico, equitativo, humanista, liberador y superador de la destructiva hegemona econmica, social, cultural e ideolgica del capital.

Los viejos paradigmas sobre civilizacin, desarrollo, bienestar y progreso social basados en el consumismo, el derroche y el uso abusivo de la naturaleza, se revelan hoy en su irracionalidad; resultan insostenibles, salvo como camino de suicidio colectivo de la humanidad. Esta verdad indiscutible es, sin embargo, sistemticamente soslayada/ocultada por el poder y sus profusos tentculos institucionales y no institucionales de dominacin econmica, poltica, cultural y comunicacional. Por eso resulta saludable no confiar en sus ofertas, ni adoptar sus pretendidas alternativas de superacin de los anteriores patrones de desarrollo. En realidad, tales alternativas apenas modifican la exterioridad de la formulacin de los viejos planteos neoliberales, en aras de mantener intactos los patrones de saqueo y explotacin, de consumo y de conducta apropiativa-destructiva del mundo.

Frente a ello, resalta la propuesta programtica actual de los pueblos de Bolivia acerca del desarrollo: se basa y proyecta una opcin civilizatoria en la que late con fuerza la posibilidad de vida.

Quiere esto decir que en Bolivia todo est resuelto, que ya se han superado las contradicciones heredadas y las nuevas, que se ha derrotado y superado la hegemona sembrada en siglos de saqueo capitalista colonial y colonialista, que se han superado las aejas culturas (y prcticas) de la izquierda y el corporativismo sindical de oposicin al Estado y gobierno, y que ya se enseorea en Bolivia la nueva sociedad constituida por nuevos hombres y nuevas mujeres?

Nada ms lejano a la realidad (y de mi pensamiento)

Ciertamente no todo son rosas y palmas. Los procesos de transformacin son procesos vivos, es decir, abiertos y delineados en medio de cambios constantes en la correlacin de fuerzas poltico‑sociales en pugna que los van definiendo (y condicionando). En el caso del proceso boliviano actual, esto ‑obviamente‑ ocurre: la llegada al gobierno reposiciona y reorganiza a los actores sociopolticos, surgen o se conforman nuevos actores, emergen viejos y nuevos reclamos, y tambin viejos y nuevos conflictos y contradicciones, incluso en el seno de los sectores afines al gobierno, como ocurri, por ejemplo, en el reciente conflicto de Potos. Es el tiempo de los sujetos para manifestar sus puntos de vista, luchar por sus derechos, fortalecerse como protagonistas y ojala- fortalecer el proceso revolucionario. Y esto se produce en medio de sinuosidades complejas marcadas, por un lado, por el peso del corporativismo sectorial y sus viejas prcticas que incentivan ‑frecuentemente de inicio‑ reacciones antiestatales o antigubernamentales y, por otro, por errores, desviaciones u oportunismos que pueden estar presentes en la esfera gubernamental o estatal donde ‑por burocratizacin o distanciamiento de sus bases‑, no se atienden a tiempo los llamados de atencin sectoriales ‑locales o regionales‑ a problemas concretos. Sacudirse las anteojeras culturales (vanguardistas) propias de otros tiempos y desarrollar las capacidades para hacer frente a estas nuevas situaciones y problemticas, conjugndolas con el impulso (y reglamentacin) de la participacin ciudadana en la definicin, implementacin y seguimiento de las polticas pblicas y el control popular del conjunto de la gestin estatal y gubernamental, resulta tambin parte del corazn de las transformaciones polticas de la revolucin democrtica intercultural en democracia. Esto es lo que se subraya cuando se afirma que la transformacin no ocurre solo afuera de nosotros, sino que, en primer lugar, empieza o debe empezar en el interior de nosotros mismos.

Hasta ahora, en sentido general, puede decirse que en el proceso revolucionario boliviano las luchas sociales han venido consolidando los avances de la revolucin democrtica cultural e impulsando su profundizacin, su radicalizacin. Desde otro ngulo, hay que subrayar que, simultneamente junto al cmulo de tareas administrativas que han recado y recaen diariamente sobre los cuadros del MAS y de las organizaciones sociales revolucionarias‑, es clave atender a la construccin del actor colectivo, fuerza social y poltica plural e intercultural capaz de traccionar el complejo proceso revolucionario democrtico hacia transformaciones mayores, estratgicamente socialistas, en el sentido del nuevo proyecto civilizatorio sociotransformador.

En un proceso revolucionario como el que tiene lugar actualmente en Bolivia, el problema central no se plantea al decir de Laclau‑, con los valores de la democracia liberal: Libertad, igualdad fraternidad, sino con el sistema de poder que redefine y limita en cada momento la operacin de esos valores. Por eso, en tiempo de disputa de poder como el la Bolivia de hoy, florecen las luchas de pueblos y comunidades indgenas, de campesinos/as y diversos sectores sociales por participar plenamente de la democracia, amplindola, es decir, luchando por extender la igualdad y la libertad a sus relaciones sociales, econmicas, culturales y polticas. Esto es parte de las luchas polticas y culturales por la transformacin raizal de la democracia profundizando las herramientas que ella misma ofrece, es decir, poniendo fin a las relaciones de poder instauradas por la democracia excluyente y elitista del capital, para construir desde abajo otra democracia, otro poder, otra hegemona: la de los pueblos. No ver esto coadyuva a caer en la trampa neoliberal y, pretendiendo ser ms papista que el papa, subestimar el importante papel que tienen los actores sociales y sus luchas por conquistar/afianzar los derechos de los sectores populares. Esta miopa deja atrapados ‑a quienes as conciben el proceso‑, en el paradigma neoliberal que considera a la democracia como un terreno carente de conflictos, un mbito neutral de competencia de intereses. Asombrosamente, al apostar o adoptar el camino de las revoluciones democrticas para transformar la sociedad, muchas organizaciones e intelectuales de izquierda visualizan de ese modo (liberal) a la democracia. Por ello son incapaces de captar la estructura de las relaciones de poder y no pueden ni siquiera imaginar la posibilidad de establecer una nueva hegemona. [Laclau y Mouffe, 2004: 16] Lograr esto es, precisamente, el corazn de la transicin revolucionaria democrtica. Y es el desafo mayor, poltico, cultural, organizacional y de participacin democrtica de las fuerzas revolucionarias nacientes.

La construccin desde abajo de una nueva hegemona, de un nuevo poder, requiere de un tipo de organizacin y conduccin polticas raizalmente diferentes de las modalidades y los mtodos de trabajo y organizacin propios del vanguardismo del siglo pasado. Adems del pecado de la soberbia de creer que la verdad era patrimonio de unos pocos: los de la direccin del partido y, ms concretamente, de su secretario general, el vanguardismo responde a la lgica del todo o nada, la de las contraposiciones blanquinegrinas, las que confunden la lucha de clases con el enfrentamiento frontal permanente de dos sectores sociales, caricaturescamente tergiversado como motor del cambio y desarrollo sociales. Por eso, en vez de preparar el trnsito que supone el crecimiento de la conciencia colectiva y la formacin de una correspondiente voluntad y deseo de querer vivir en una sociedad y un mundo diferente al del individualismo capitalista que ciega y mata‑, los propugnadores de la binarizacin social apuestan consiguiente y permanentemente a la polarizacin de la sociedad para as crear un clima propicio a las soluciones inmediatas y superficiales digitadas desde arriba. Sus puntos de vista se corresponden con los de la revoluciones desde arriba por ms que en los discursos agiten lo contrario.

Sostener esto no niega la existencia de la polarizacin social: esta es propia del capitalismo y su lgica de mercado. Precisamente por ello, el trnsito y construccin de una nueva sociedad (por la va democrtica) supone eludir la trampa antagonizante del mercado, quebrar su lgica y empearse en construir otra racionalidad y otro sustrato tico para las relaciones sociales, no funcionales al mercado del capital. El antagonismo es parte de la realidad del capital, igualmente lo es la lgica polarizante que atomiza y fragmenta. Una lgica diferente que busca articular y construir protagonismo y conciencia colectivos como sustrato del poder popular se asa en otra lgica, en la solidaridad y el encuentro, en el reconocimiento y la aceptacin de las diferencias sin pretender su eliminacin, entendindolas como riquezas y no como defecto. Esta lgica no puede basarse en la antagonizacin ‑y exclusin‑ de lo diferente, sino en la bsqueda de espacios donde la diversidad sea cada vez ms naturalmente incorporada, propiciando el trabajo interaticulado de lo diverso.

Se trata de no sostener ni traer al terreno propio ‑de lo popular y la construccin de lo alternativo superador del capitalismo‑ la lgica polarizante que divide y destruye lo diverso y lo solidario. Esto es parte del sustrato ideolgico-cultural de la posibilidad de construir otro poder y otra hegemona (populares). Y no tiene nada que ver ‑vale aclararlo‑ con la conciliacin de clases, con eludir las contradicciones y conflictos que se presentan y se presentarn ‑incluso agudamente, en determinados momentos‑ con los sostenedores histricos de los intereses y el poder del capital.

No se puede establecer de antemano y fuera de situacin como ser la trnsicin. Esta transcurre en la concatenacin contradictoria de procesos abiertos, definidos y protagonizados por actores vivos en disputa ‑poltica, econmica y cultural‑ constante con los sectores del poder del capital globalmente hegemnicos, en tiempos y situaciones histrico-concretas. La apuesta popular necesita buscar y explorar en territorio desconocido e incierto nutrindose e inspirndose con las experiencias de luchas y construcciones que ellos, los actores sociales populares y la poblacin no organizada‑ van desarrollando en las lgicas de los conflictos sociales y en los modos de interrelacionamiento de los diversos actores entre s y con el conjunto de los sectores populares y la sociedad, para ‑desde ah, en cada momento‑, entre todos, buscar, crear, construir, sostener y modificar lo nuevo.

Esto no significa desconocer, negar o eludir la existencia de la lucha de clases en el proceso de transicin-construccin democrtica hacia la nueva sociedad. Al contrario, es la conciencia de que lo nuevo no puede construirse con las herramientas que pertenecen a lo viejo hegemnico que se quiere desterrar y superar.

La construccin de lo nuevo supone tambin explorar cauces novedosos, diferentes, con diversas y complejas modalidades de organizacin, expresin y accin sociales que no pueden reducirse a la confrontacin directa y frontal de sectores. Adems de esto, vale reiterar que en las complejas realidades de las sociedades indo-afro-latinoamericanas lo clasista no equivale a la totalidad de lo conflictivo sociopoltico, as como tampoco la clase obrera o trabajadora puede identificarse con la totalidad del sujeto revolucionario. La clase obrera es parte constitutiva del sujeto, junto con otros actores sociales y polticos, del mismo modo que la lucha de clases es parte de un sinnmero de luchas y conflictos sociales no necesariamente de evidente carcter o contenido clasista. Por ejemplo: las luchas ecolgicas, de gnero, de identidad sexual libre, la de los pueblos indgenas originarios, la de los campesinos, la de las poblaciones urbanas empobrecidas y marginadas, etc. Obviamente, la clase obrera y sus organizaciones naturales como son los sindicatos, pueden desempear un papel activo motorizador de la articulacin de las luchas, problemticas y actores e identidades sociales, pero ello no es algo que ocurrir indefectiblemente. Si ocurre impulsa los procesos socio-transformadores, pero como lo evidencia nuestra historia continental reciente‑ no es condicin necesaria ni suficiente para ello.

En tiempos de larga‑ transicin democrtico-revolucionaria, lo ideolgico y lo cultural (y lo meditico), adquieren un predominio central: la disputa de las conciencias y la formacin de nuevas subjetividades irn construyendo o frenando la construccin‑ de la fuerza social de liberacin, actor colectivo de la revolucin, luchando por impulsarla hacia objetivos superiores en cada momento. La lgica del todo o nada (antagonizadora) no contribuye a la lucha poltico-ideolgica de estos tiempos, es propia de otras situaciones, catstrofes o guerras estriles que no son de desear ni invocar alegremente. Responde al raciocinio del manotazo propio del mercado y de quienes suean con la toma del poder por cualquier medio (incluso por la va electoral).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter